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Red Internacional

El joven estudiante de Periodismo fue detenido, secuestrado y asesinado por la maldita Policía bonaerense el 17 de agosto de 1993 en La Plata. Los responsables y sus cómplices siguen sin decir qué hicieron con Miguel.

Martes 17 de agosto | 14:11

Miguel Bru, estudiante universitario de La Plata, fue detenido en la noche del 17 de agosto de 1993 por policías de la Comisaría Novena de la capital provincial. Según contaron testigos que estaban detenidos en esa dependencia, lo torturaron y llevaron en un auto. El cuerpo nunca apareció, a pesar de la incansable lucha de Rosa, su familia, amigos, organizaciones de derechos humanos y partidos de izquierda que no claudicaron (ni claudican) en la búsqueda de verdad y justicia.

En 1999, en un juicio oral y público, los oficiales Walter Abrigo y Justo López fueron condenados a prisión perpetua por la muerte y desaparición de Miguel. En el mismo proceso recibieron una pena de tres años el comisario Juan Domingo Ojeda y el suboficial Ramón Cerecetto. En marzo de este año el expolicía Luján Martínez fue condenado a prisión perpetua al ser “coautor responsable de homicidio calificado, por haber sido cometido con alevosía” por el asesinato en 2002 de Mauro Martínez. Martínez fue clave para determinar que Miguel Bru estuvo en la sede de la Comisaría Novena donde fue brutalmente torturado.
A pesar de las condenas, la unión en el absoluto silencio de la familia policial sobre el paradero de los restos de Miguel Bru fue y es absoluta.

“El gobernador era Eduardo Duhalde y el presidente Carlos Menem. El jefe de policía, Pedro Klodzyck, al igual que el gobernador decían, en ese entonces, que tenían que cuidar a su tropa, a su gente. El juez era Amílcar Vara, el mismo que tenía a cargo la desaparición de Andrés Nuñez (torturado y asesinado por efectivos policiales en 1990, cuyos restos fueron encontrados cinco años después en un campo de General Belgrano. NdR) y el fiscal Sequeiros nunca colaboraron con nosotros, como dice el dicho vulgar “Dios los cría y ellos se juntan”, relataba Rosa a este diario, con su voz tenue pero firme en relación al encubrimiento judicial que sostuvo, y sostiene, a la maldita policía.

Desde el inicio de la cuarentena, el gobierno dio vía libre al accionar de las fuerzas represivas a lo largo del país. Hemos venido denunciando los violentos desalojos de familias que buscan un lugar digno donde vivir, la persecución, hostigamiento y el asesinato de los jóvenes de los barrios populares, siendo el caso de Facundo Astudillo Castro una muestra cabal de la impunidad de las fuerzas represivas.

Hace días se cumplió un año de la aparición del cuerpo de Facundo. Rosa espera desde hace 28 años que llegue ese día. Las Madres de Plaza de Mayo lo hacen 45 años.

La desaparición forzada a manos de las fuerzas represivas mantiene un hilo conductor desde la dictadura hasta nuestros días. La responsabilidad del Estado también.




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