Juventud

MURIÓ OMAR CHABÁN

Nos faltan 194

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Martes 18 de noviembre de 2014 | Edición del día

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  • Nos faltan 194

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Fotografía: Pablo Suarez/Flicker.com

"Murió Chaban" dicen en la vieja radio que está en un estantecito en el laburo. Nuestras miradas se buscan; es un sector de pibes de entre 25 y 35 años. Nos quedamos en silencio. Es raro. De ninguna manera nos apena o entristece, y aunque el odio que genera igual que su "complice necesario" y responsable político Anibal Ibarra es enorme, nos recuerda que, citando al Chizo: "hoy nos faltan 194 hermanos rockeros". Y nadie nos lo va a devolver.

Todos tuvimos algún conocido, o amigo de amigo que estuvo en esa trampa para jóvenes. Mayra, que la tengo en frente, baja la mirada y suspira. Alguna vez mientras nos pasábamos la birra un viernes a la salida de la jornada nos contó de ella, Noemí, su hermana. Se la tragó el humo negro al igual que a los otros 193; hoy sólo quedan un par de Toppers colgando de un cable, recordando en su vaivén intranquilo que no hubo justicia. Creo que comentó que ese era su segundo nombre pero que no le gustaba el primero. Quería ser abogada, estudiaba derecho. La futura doctora cometió el error de ser joven, tener poca plata y gustarle el rock.

Mayra se levanta y va al baño. La Ale la sigue. Comunicación tácita de una generación marcada por el fuego de hace ya casi 10 años.

  •  ¿Se lo merecía, no? - dice El Chango, el primero en romper el silencio después de unos minutos largos. Nadie responde.

    Entonces me acuerdo de estar cortando un Mantecol, era 30 de diciembre a la noche, casi 31. Me acuerdo de mi primo entrando del cuartito donde estaba la tele, haciendo un chiste racista a propósito de una "bailanta incendiada", como Crónica dio a conocer la noticia en principio. Después dijeron Cromagnon y Callejeros. Y al igual que cualquiera de nosotros, pensé en ese conocido que sabía que iba a estar ahí. Pude hablar con Fede al otro día. Sólo se golpeó en esa carrera desesperada por la vida con forma de estampida humana, peleando a los codazos por un pedazo de aire, tratando de ganarse la libertad de una oscuridad candente que amenazaba con devorarlo. No todos tuvimos, o tuvieron esa suerte. Entre esos 194 están también los héroes anónimos. Aquellos que volvieron a meterse en las fauces de la muerte para tratar de arrancarle a algunos otros, y no volvieron. Esos pibes son los que echan por tierra los discursos de esos inefables como Chiche Gelblung o Eduardo Feinmann cuando dicen que la juventud está perdida.

    Y si bien los responsables tienen nombre y apellido podríamos decir que a los pibes se los comió el negocio. Y lo peor, es que ese mismo negocio es el que se fortaleció. Vino un señor calvo (en realidad ya estaba y era el vice de Ibarra) llamado Telerman, y luego otro con un bigote setentista más conocido como Macri. Y usando y amparándose en nuestro dolor, empezaron a cerrar centros culturales, lugares de encuentro y cultura joven, enrejando parques y militarizando las calles. El negocio de la clase de los Chaban quedó concentrado en menos lugares, más elitizados, y los pibos que no les da el bolsillo, lejos de ese circuito cínico que se supone nos cuida de horrores como el del 2004.

    Murió Chabán. Ibarra está libre. Nos faltan 194.





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