Internacional

ESCASEZ DE AGUA EN SAN PABLO

Mitos y verdades sobre la falta de agua

Tiempo estimado 12:33 min


Si es verdad que la Compañía de Saneamiento Básico del Estado de San Pablo (Sabesp) y el gobierno no pudieron preveer ni resolver el problema, ¿qué explicación dan sobre la crisis hídrica? ¿Cuál es la “teoría sobre la crisis” de las autoridades y los responsables por el abastecimiento?

Viernes 14 de noviembre de 2014 | Edición del día

Examinemos la explicación que ofrecen las autoridades. Recordemos el silencio cómplice del intendente de San Pablo que actuó como si el problema ocurriera en otra ciudad. Observemos el palabrerío del gobierno federal, que criticó al gobernador del estado de San Pablo, Geraldo Alckmin, pero tampoco actuó, en ningún sentido de la palabra, contra la crisis. También olvidaron mencionar la crisis hídrica durante las elecciones, denunciar o proponer alguna solución.

Naturalizando las causas de la crisis

Las explicaciones que el gobierno brinda tienen el objetivo de encontrar un responsable o excusas para un gravísimo problema social, con el que muchos empresarios y políticos están ganando dinero y haciendo carrera.

Cuando la crisis estalla, solo hablan de aumentos en el precio del agua y de la luz, de racionamiento, culpando al consumo familiar por el supuesto derroche de agua. Estas explicaciones, divulgadas por los medios, no resisten el simple juego de la lógica. Veamos algunas.

¿El problema sería la falta de lluvias?

La verdad es que la población no cree en esta explicación. En una encuesta realizada al día siguiente de su divulgación, casi el 100% de los entrevistados o no aceptan o desconfían de esta versión. Publicada en el sitio brasilero Carta Capital como investigación del Instituto Data Popular, reveló que el 93% de los entrevistados no cree que el desabastecimiento actual sea un problema vinculado a la sequía.

Dejando de lado el hecho de que, con o sin lluvia, no falta agua en los barrios más ricos y que la “alta sociedad” no se queda sin agua para regar el jardín, para sus baños de sales. Para la elite no existe el problema de la falta de lluvias. Su racionamiento es distinto, es moral.

Sabemos también que los técnicos más independientes “desarmaron” mil veces esta hipótesis interesada – sobre que la culpa es de San Pedro. Tampoco sirve culpar a los cambios climáticos globales. En los años 50 hubo una sequía igualmente grave, con desabastecimiento, y no existía la discusión climática ni la devastación de las florestas de la Amazonia y de San Pablo en los niveles de hoy. Esto significa que si el problema fuese esencialmente climático tal crisis hídrica no hubiese existido 60 años atrás.

El problema climático actual está siendo utilizado ciento por ciento para encubrir la culpa del gobierno. Además, la actual sequía viene siendo anunciada desde hace años y el gobierno no hizo nada para prevenirla, ni siquiera amplió los reservorios o descontaminó los ríos de la ciudad.

Como ya se ha dicho, si fuese un problema de lluvia o sequía, las ciudades del mundo ubicadas en zonas desérticas vivirían en condiciones de calamidad hídrica. San Pablo no está localizada en medio de ninguna zona desértica. Ni Brasil es Medio Oriente. Por lo tanto, solo razones políticas pueden explicar que un país con tanta agua y lluvia pueda hacerse vulnerable y verse afectado por la falta de agua.

De hecho, el mismo gobierno que culpa a la naturaleza está trabajando contra ella: no preserva los lechos y cuencas de donde viene el agua, no protege los bosques o florestas (que tienen que ver con la oferta de agua) y contamina diariamente, década tras década, los ríos de San Pablo y la cuenca que alimenta San Pablo, Campinas y los alrededores. El gobierno del estado de Minas Gerais, donde nacen estos ríos, hace lo mismo. Para colmo, estos gobiernos promueven, en la agricultura, el mayor uso de pesticidas y fertilizantes químicos del mundo, toda una masa de contaminantes que comprometen los lechos subterráneos y los ríos y represas, al mismo tiempo que vierten desechos en las aguas. Después hablan de vándalos. Los vándalos están en los palacios.

Las consecuencias de la deforestación

Deforestaron el 79% de la vegetación de la cuenca del sistema de Cantareira (datos de SOS Mata Atlántica). Es esta deforestación de la zona de cuencas la que lleva a la situación de crisis, a secar San Pablo. Además de la liquidación de la mata ribereña: de los más de 5 mil km de ríos del sistema de Cantareira, el 77% han perdido sus matas ribereñas. Con esta pérdida se amplifica la crisis de agua por falta de una política de protección efectiva de las fuentes de agua. Este problema comienza en la represa Billings, ubicada en San Pablo y se extiende a todas las cuencas.

Para que haya agua es necesario contar con florestas, que protegen el flujo hídrico y las nacientes de agua. La recuperación de estas áreas debería considerarse una política de emergencia junto a la descontaminación de ríos y represas. Debería involucrar al estado de Minas Gerais, donde se encuentran las nacientes de las cuencas de los ríos Paraíba del Sul y del sistema de Cantareira, además de San Francisco y de Río Doce.

Lo que sabemos es que el nuevo Código Forestal redujo la protección del entorno de las nacientes y los márgenes de los ríos. Es decir, los gobiernos están creando un mundo donde sequías como la actual pasen a ser la norma. Son artífices de la barbarie ambiental y social. Por lo tanto, culpar a la naturaleza es la más inconsistente de las mentiras. Ni la naturaleza les cree.

Sin políticas preventivas o alternativas

La mentira de que el problema se debe a la falta de lluvias es insostenible: puede haber crisis si falta lluvia, pero no existe ningún esfuerzo serio para captar agua cuando sí la hay. Tampoco para corregir el problema bajo ningún punto de vista. Por ejemplo, cuando llega la época de las inundaciones, de las lluvias torrenciales: ¿cuántos sistemas de captación y almacenamiento de aguas de lluvia el gobierno viene construyendo a la altura de la demanda?

¿A quién se le puede ocurrir que en San Pablo tiene que diluviar durante una parte del año y producirse sequías y racionamiento de agua en la otra? ¿Por qué esta preocupación no existe en la cabeza de los gobernantes? ¿Alguien puede creer que sacarán lecciones de esta crisis y durante el próximo período de lluvias que comienza en noviembre cambiarán su política?

La sequía es un pretexto para “explicar” la crisis hídrica, al menos en el imaginario de los administradores políticos de la crisis. Pensemos: si los ríos que atraviesan San Pablo, que fueron convertidos en algo más que desagües a cielo abierto, fuesen descontaminados y los empresarios que contaminan fuesen multados y confiscados por tales acciones, ¿cuántas “represas” adicionales podríamos sumar para el abastecimiento de San Pablo? Seguramente contaríamos con una nueva y colosal fuente de agua al alcance de la mano.

Contamos con agua en la propia ciudad. La represa Billings, si fuese descontaminada, contribuiría al abastecimiento de San Pablo. Pero a ninguno de los gobiernos elitistas se le ocurre la descontaminación de esta represa y su transformación en una fuente de abastecimiento de agua para San Pablo. ¡Ubicada en la misma ciudad!

Según estimaciones, tendría el impacto de un sistema de Cantareira completo, con la ventaja de que queda a solo 20 km de distancia. Y el espejo de agua de la represa Billings es seis veces mayor que el de Guarapiranga. Hay que sufrir de deshidratación moral y política para culpar a las familias trabajadoras por falta de ahorro de agua cuando son los responsables de implementar una política que conduce a catástrofes.

¿Desperdicio?

Otra excusa. Les encanta hablar de que tenemos que "concientizar" a la población, en este caso, a los pobres, ya que los empresarios hasta hace poco contaban con un gran descuento en sus cuentas de agua (léase, licencia para el consumo de agua casi gratis). Cuando se llenan la boca para hablar de "desperdicio", por el que serán multados y concientizados, el tema central es el consumo familiar. Precisamente los que consumen menos agua. Según estudios, la mayor parte del agua, cerca del 70%, se destina a la agricultura, al agronegocio. Alrededor del 20% es consumida por la industria y el resto por el consumidor residencial. ¿Quién tiene que ser "concientizado"? Seamos serios.

Cuando nos referimos al desperdicio tenemos que referirnos a la Sabesp, en primer lugar, y también a los clubes de moda y al estilo de vida lujoso de los ricos, al agronegocio, y no desviar la acusación hacia aquellos que necesitan el agua para sus necesidades vitales.

Pero es en vano: buscar culpables de la crisis en los marcos del Estado que gobierna para los empresarios significa, histórica e inevitablemente, que es la clase trabajadora la que tiene que pagar por la crisis. Como en la fábula del lobo y el cordero: los empresarios contaminan el agua, destruyen las cuencas hidrográficas, no hacen nada para evitar que la catástrofe anunciada suceda, pero luego descargan la crisis sobre los trabajadores con impuestos, aumentos en el agua y la luz y todo tipo de sufrimientos innecesarios. La opción de la clase obrera es organizarse para enfrentarlos.

Sabesp está recortando inversiones en mantenimiento y despidiendo personal para garantizar las ganancias multimillonarias de la empresa. Esto explica muchas cosas. ¿Por qué los ricos no se ven obligados a racionar el agua? Nuestra hipótesis es que los ricos se benefician con la empresa y mandan sobre el Estado. No olvidemos que el mantenimiento de la red significa un costo y el objetivo de la Sabesp es el lucro. Esta es la ecuación que explica el derroche.

¿Consumo excesivo en San Pablo porque creció demasiado?

Otra excusa que balbucean de vez en cuando es que el consumo de San Pablo es muy elevado, que San Pablo creció mucho. Nuevamente, evasivas.

En Brasil, donde la clase dominante construye la desigualdad y la falta de oportunidades, se generan dos Brasil en términos de concentración de la riqueza, lo que termina sucediendo es que una masa de las familias trabajadoras se ve arrojada de su tierra natal y va hacia el Sudeste, más rico. No es novedoso este mecanismo demográfico desde que el capitalismo se ha desarrollado en Brasil, y va a continuar así mientras este sistema siga en pie.

En este marco San Pablo se ha convertido en la mayor metrópolis del país, con todas las contradicciones típicas del capitalismo, donde el resultado inevitable es la explosión demográfica. En otras palabras, más gente, más consumo de agua, más de todo. La élite en el poder en San Pablo, que gobierna la región en su beneficio, sabe que San Pablo es un polo de atracción y reproducción demográfica y lo seguirá siendo.

En realidad, la solución se encuentra en este terreno en la medida en que esta gigantesca masa trabajadora en expansión sea la que haga política. Si toma en sus manos la gestión y la política, la planificación de la producción de toda la riqueza que produce, se terminan los problemas y comienzan las soluciones.

Esta es la única estrategia que no se ha intentado hasta ahora. Es falso explicar la crisis aludiendo al aumento de la población y por tanto que el consumo de agua se tornó insuficiente. No es esa la causa, ni la sequía ni cualquier otro problema técnico o de ingeniería.

¿De dónde proviene la falta de agua?

Viene del hecho de que la elite gobernante, responsable de la ciudad del estado de San Pablo, miró de brazos cruzados cómo la población aumentaba de cinco a ocho, de ocho a diez, de diez a veinte millones y no construyó ninguna obra de infraestructura para capturar suficiente agua, y por si fuera poco, contamina uno a uno todos los ríos que atraviesan la ciudad. Cada río o cuenca cerca o al interior de Sao Paulo se ha convertido en un vertedero de residuos industriales y cloacales.

Este es el verdadero problema, no el aumento del consumo de agua. Es la clase dominante la que debe ser desalojada del poder, ya que jamás demostró la minima competencia para resolver ningún problema social básico, desde el agua hasta la educación, la salud, la movilidad urbana y todas las demandas que las Jornadas de Junio de 2013 denunciaron en las calles.





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