Compañero Chiche Hernández, ¡hasta el socialismo siempre!

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Jueves 15 de septiembre de 2016 | Edición del día

El sábado 10 de septiembre, a los 56 años, falleció Oscar “Chiche” Hernández, dirigente obrero del PTS. Si bien falleció en la clínica de la UOM San Nicolás y trabajó años y años en la gigante Siderar (antes Somisa) de la misma ciudad, Chiche era un emblema de la ciudad de Villa Constitución, cuna de la enorme gesta conocida como el Villazo, rebelión obrera y popular que transcurre entre 1974 y 1975.

Oscar comenzó su vida militante muy temprano, a los 14 años, siendo uno de los hijos de los activistas y dirigentes metalúrgicos del Villazo, que enfrentaron no solamente a la burocracia sindical de Lorenzo Miguel sino también a la brutal represión de las patotas de la UOM y de la Triple A, que en 1975 saturaron Villa Constitución en un operativo que fue la “entrada” para el accionar del golpe genocida del 76. Como “hijo del Villazo”, y a pesar de su corta edad, Chiche tuvo una participación activa en la defensa de los activistas y de la heroica resistencia del pueblo de Villa. Su padre fue dirigente de este proceso y pagó su rol con la cárcel, donde Chiche visitaba no solo a él sino a otros presos políticos. En aquellos años turbios esos actos solidarios muchas veces se pagaba con la cárcel o con la vida.

A la salida de la dictadura Chiche comenzó su militancia en el MAS, como parte de una generación de obreros que abrazó las ideas del trotskismo, de la izquierda socialista. Ser hijo de un activista de Acindar le impidió entrar a trabajar a la emblemática siderúrgica de Villa y terminó trabajando en el otro emblema del acero, en la vecina ciudad de San Nicolás. A pesar de la cercanía geográfica el ambiente político era muy diferente en las dos fábricas: una era la sede de una de las tradiciones más combativas del movimiento obrero. Somisa era una fábrica estatal con una fuerte impronta de la burocracia metalúrgica, en este caso del todopoderoso Naldo Brunelli.

A pesar de ello, Chiche fue un delegado y un activista combativo, un referente antiburocrático con voz audible. En 1991 el gobierno menemista lanzó el plan para privatizar Somisa, echando a miles de trabajadores en el camino. La burocracia de Brunelli, firme colaboradora con el plan de Menem y de María Julia Alsogaray, para lograr consenso (cooptación) entre los obreros que no fueron despedidos, propuso la participación accionaria en la que los obreros pasaban a ser beneficiarios y “socios” con la patronal, cobrando sumas cuantiosas. Chiche fue casi el único de los obreros que rechazó ese “beneficio” envenenado. Claro: era parte de los obreros educados en las mejores tradiciones setentistas, lo opuesto al individualismo impuesto en los 90 por el neoliberalismo.

A pesar de que contaba con obreros combativos y consecuentes como Chiche, el MAS no opuso una resistencia igual de aguerrida frente al duro embate menemista,ni en Somisa ni en Telefónicos, ni otras privatizaciones y comenzó un proceso de degradación y rupturas. Cuando el PTS conoció a Chiche, en 1995, la relación fue a partir, justamente, de sacar lecciones de esas luchas, de esas derrotas, de esas batallas no dadas o mal dadas por la izquierda. Para el partido, conocer y convencer a Chiche fue parte de una temprana búsqueda de construir una izquierda obrera, un trotskismo que tuviera anclaje en los principales batallones del movimiento obrero, aparte de las organizaciones estudiantiles.

Así, aunque en ese momento el movimiento obrero retrocedía de sus posiciones a fuerza de golpes, la desocupación crecía y la moral caía, convencer obreros como Chiche expresaba en pequeño la voluntad de no ceder al vendaval desmoralizador. Chiche se sumaba al sector pequeño, pero significativo, de compañeros que luego de militar en el MAS, fundaron el PTS. Entre ellos, los compañeros del Astillero Río Santiago, como José Montes, o compañeros como Raúl Godoy. Luego de Chiche, aún a cuentagotas y aún en los duros años 90, se sumaron compañeros como Hugo Sívori, Oscar Coria y otros.

En 1999 Chiche fue parte de la fórmula presidencial que encabezó José Montes. El desempeño no habrá sido descollante y estaba lejos de los buenos desempeños electorales que la izquierda tiene actualmente. Pero sin lugar a dudas marcó un camino. En el medio de un huracán ideológico que decretó que la clase trabajadora había dejado de existir y que la perspectiva del socialismo había caducado, y que influenciaba a la izquierda, la fórmula “Trabajador vote trabajadores”, en boca de dos dirigentes que habían enfrentado valerosamente al menemismo, era un horizonte, una flecha que señalaba que el PTS no claudicaba en su intención de defender la construcción de una izquierda obrera y socialista, en serio.

Fue en base a estas luchas, dadas en las peores condiciones, y de las que Chiche fue parte, en las que el PTS preparó el profundo giro a insertarse en el movimiento obrero, en convencer trabajadores y en consolidar fracciones clasistas, y en perspectiva de izquierda, en el movimiento obrero. Y no fracciones “en general”, sino fracciones dispuestas a enfrentar a las burocracias, patronales y gobiernos.

Las luchas en Pepsico con Caty Balguer y Leo Norniella, o la gran lucha de Kraft en 2009, donde se destacaron compañeros como Poke Hermosilla u Oscar Coria, la de Lear, donde intervino Rubén Matu y una camada de jóvenes trabajadores, la de Liliana, la de los ferroviarios, la de los petroleros, hace ya 10 años la de Jabón Federal con Franco Villalba, la de Mafissa, la de los ceramistas neuquinos, la de los municipales junto a Alejandro Vilca en Jujuy, la del subte con Claudio Dellecarbonara, y tantas otras donde surgieron, se fortalecieron o se consolidaron las decenas de dirigentes obreros del PTS, estuvieron, en cierta forma, anunciadas en la “ida al movimiento obrero” en los años de perro de los 90 y en la defensa del marxismo como teoría y guía para la acción política del PTS.

Chiche, como dijo Titín Moreira en el homenaje que hicimos, no era un hombre ideal sino, como todos nosotros, un hombre real, es decir, con contradicciones. Por eso lo recordamos sin ningún culto sino en el contexto de las luchas dadas, junto a otros compañeros y junto a su partido, el PTS. Chiche fue un obrero político, como dijo Christian Castillo, y, como tal, fue un gran divulgador, uno de los mejores que tuvo el partido. No hay trabajador o estudiante que no haya sido seducido por la forma que tenía Chiche de hablar de las luchas de la clase trabajadora, en las decenas de charlas que dio desde Jujuy hasta Neuquén. Aún en sus últimos días juntó fuerzas de donde no la tenía y quería transmitir su experiencia a las nuevas generaciones, por ejemplo, en Rosario. Tres días antes de su muerte estaba discutiendo apasionadamente junto a jóvenes metalúrgicos de Villa Constitución.

Oscar “Chiche” Hernández murió y para todos es una dolorosa despedida. Pero él no solo deja su legado y su historia personal, que influenció a muchos compañeros y compañeras. Sino que nos deja el orgullo y la pasión por seguir construyendo un partido que cuente con compañeros forjados en los avances y retrocesos, triunfos y derrotas, bonanzas y crisis. Chiche fue parte de eso y así lo recordamos. De estas historias de vida sacaremos lecciones para construir el partido revolucionario para los combates futuros.





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