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ELECCIONES EN BRASIL

Brasilia, ¿derrota de las viejas oligarquías locales o más de lo mismo?

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Jueves 30 de octubre de 2014 | Edición del día

En la misma línea política que San Pablo, la votación en Brasilia fue mayoritariamente para Aécio Neves del PSDB (62% contra apenas el 38% para Dilma). El Distrito Federal fue el cuarto lugar del país donde Aécio obtuvo el mayor porcentaje de votos. De la misma forma que en San Pablo, aquí se levantó una “muralla contra el PT”: el rechazo era general y el PT no logró un senador y perdió diputados distritales. El candidato a Gobernador por el PT había quedado en tercer lugar en la primera vuelta, es decir que ni siquiera había logrado llegar al segundo turno, que fue disputado entre el PSB (Partido Socialista Brasileño) y el PR (Partido de la República).

Sin ninguna opción por izquierda, y con el actual gobernador del PT (Angelo) ampliamente desmoralizado, una parte importante de los trabajadores públicos –sector fuerte y característico de la ciudad– votó en blanco, nulo o se abstuvo o, claramente, dirigió sus votos a Aécio.

A gobernador venció Rollemberg, un joven senador del PSB, “aecista” de última hora y presentado como candidato del “cambio”, con el 55% de los votos válidos contra el 44,5% del rival (representante directo de los tradicionales caciques políticos locales).

Rollemberg, sin embargo, tiene poco que ver con el cambio. No está tan desvinculado de las oligarquías políticas que circulan en el Distrito Federal. Y tampoco impulsará cambios, más allá de un populismo de “manos vacías”.

Prueba de esto es que para ganar Rollemberg hizo alianzas con caciques que están entre lo peor de la política local; semanas antes apareció en los medios sellando un acuerdo con los tucanos (miembros del PSDB), una casta local con fuertes lazos con el populismo de derecha y disidencias rorizistas (ligados a la figura de Roriz, del PRTB-DF). Además al armar la lista con la cual ganaría la banca al senado, incluyó como su suplente a Hélio Gambiarra, un petista acusado de corrupción y pedofilia.
Este personaje que ahora asume como senador (reemplazando a Rollemberg), ingresó al folclore político local por haber logrado apenas seis votos cuando se lanzó a la política para diputado distrital.

Rollemberg, considerado como político “ético”, hizo un acuerdo con el rorizista Rogério Rosso, para el puesto de vicegobernador. Es decir, para ganar el senado en su momento y ahora la gobernación, Rollemberg hizo acuerdos con todo un sector de los caciques populistas del sector de Roriz y con corruptos.

En síntesis: el “moderno” gobernador y la “tercera vía” en verdad es más de lo mismo en términos de que tan solo ganó por haberse aliado a la vieja oligarquía política local (que es quien hubiera ganado la elección si no hubiese sido alejada por sus “antecedentes”). Y solo gobierna a través de acuerdos políticos con ella. De “nueva política” solo tiene la apariencia. Además, el actual gobernador petista anunció lo mismo cuando fue electo, que representaba lo “nuevo” (tan cínicamente como Rollembeg, ya que del mismo modo, traía como candidato a vicegobernador a Filipeli, un cacique de la vieja política local, oriundo del rorizismo.

Por lo tanto, nada nuevo parece estar sucediendo bajo el cielo del Distrito Federal, más allá del aluvión de votos contra el PT y de un fuerte sentimiento de cambio, en la juventud especialmente, sentimiento que atraviesa una crisis de representación política.





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