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La desigualdad social en Brasil

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A una semana de las elecciones, varios intelectuales y sindicatos como la CUT se hacen eco de la propaganda oficialista difundiendo la idea de que con el PT en el poder Brasil está en la “senda correcta" de la reducción del abismo de la desigualdad histórica del ingreso.

Flávia Ferreira

San Paulo | @FFerreiraFlavia

Miércoles 1ro de octubre de 2014 | Edición del día

Las investigaciones de la Encuesta nacional por muestras domiciliarias (PNAD por sus siglas en portugués) anunciadas por el Instituto Brasilero de Geografía y Estadística (IBGE) en las últimas semanas señalan la reducción en la desigualdad del ingreso en Brasil. El último dado del IBGE del 25 de septiembre señala un índice de desocupación de 5,3% en agosto, el menor del mes desde 2001. Pero, ¿será que los datos dicen realmente lo que viene ocurriendo en la economía brasilera durante el gobierno del PT?

La divulgación inicial de datos de la PNAD apuntó el primer aumento en la desigualdad en el ingreso desde 2001 con un aumento del “índice de Gini” (cuanto más cercano a 1, mayor la desigualdad) a 0,498. Con la corrección de los cálculos hecha por el IBGE, el índice se fue a 0,495.

Sin embargo, es preciso cuestionar el cálculo realizado por el IBGE, que se basa en una encuesta domiciliaria, es decir, en la pregunta de “cuánto gana la familia”, ya que excluye los ingresos no declarados de los ricos, como los obtenidos a través de ganancias por aplicaciones financieras, en la bolsa de valores, por ejemplo. Esa ganancia extra de los ricos no es contabilizada, alterando la capacidad de la investigación de captar la realidad de la histórica y estructural concentración gigantesca de la riqueza en el país.

Por otro lado, la encuesta de la PNAD sobre estima el ingreso efectivo de los trabajadores en una familia (que en los últimos años creció en función del aumento del trabajo precario, tercerizado, subcontratado, en los sectores de servicios) ya que, debido al bajo nivel de los salarios, el ingreso de la familia se complementa con el salario de los hijos en trabajos precarios, en “changas” – que muchas veces no están registradas como rendimiento fijo, en relación de dependencia o por contrato, tampoco se consdiera que muchas familiar buscan trabajo extra o por encima de las 44 horas de trabajo semanales para complementar el salario.

Recordando, el promedio salarial en Brasil que alcanza a más de la mitad de la población es de 1,5 salarios mínimos, es decir, poco màs de 1100 reales. Según los investigadores de la Universidad Nacional de Brasilia (UNB), “el 5% más rico pasó de detentar cerca de 40% del ingreso total del país en 2006 a morder el 44% en 2012”.

En 2008, el 48,7 % de todo el ingreso nacional, estaba en las manos del 10% más rico de Brasil, incluso más ya que este número tampoco considera las ganancias financieras, mientras que el 10 % màs pobre tenìan solo el 0,8% del ingreso nacional (CEPAL).

Cerca del 36% de la población brasilera trabajaba más de 44 horas semanales según la investigación de la OIT de 2009, y 15% de los trabajadores reciben menos de 1 salario mínimo en el país. Los dados dejan claro que, a pesar de subestimar la realidad, los salarios pierden la participación en el total de la riqueza producida en el país, el PBI. Actualmente alrededor del 35% del PBI corresponde a salario.

De esta manera, las estadísticas del gobierno enmascaran la tendencia estructural de Brasil, que tiene una alta dependencia del capital extranjero, de la exportación a China, Europa y Estados Unidos sobre todo de commodities, y con un amplio mercado interno. La concentración del ingreso en Brasil, la precarización de la vida y del trabajo de las familias más pobres, al contrario de lo que propagandizan los intelectuales del petismo, no se revirtió con Lula y Dilma, sino que los ricos ganan cada vez más y los pobres ganan relativamente cada vez menos en comparación con las ganacias récord del os capitalistas.

La miseria relativa de la población viene creciendo en Brasil, a pesar de la leve reducción de la miseria absoluta con programas como Bolsa Familia, así como en toda América Latina, como muestran los datos de CEPAL. La crisis económica en la industria y en las exportaciones brasileras, junto con la austeridad y los ajustes que los empresario y los gobienos preparan para después de las elecciones, deben acelerar las tendencias al deterioro de las condiciones de vida y trabajo de la aplastante mayoría de las familias brasileras.





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