Mundo Obrero

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La huelga aceitera y las “posiciones estratégicas” de la clase obrera (II)

Tiempo estimado 11:18 min


La huelga general aceitera duró 25 días y logró romper el techo salarial. Los trabajadores aprovecharon sus "posiciones" para paralizar el complejo oleaginoso más grande de Latinoamérica y uno de los centros capitalistas de nuestro país. ¿Cómo tomar esa experiencia para pensar los futuros combates de la clase obrera y la izquierda?

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Viernes 5 de junio de 2015 | Edición del día

“Todas las ruedas se detienen, si así lo quiere tu brazo vigoroso” (canción de los obreros alemanes)

En las últimas paritarias, la Federación Aceitera había logrado “romper” los techos salariales. Algo similar habían logrado los obreros de la alimentación en 2010, con el “efecto Kraft”. Este año, la historia se volvía a repetir.

La “previa” venía agitada. Desde marzo, el gobierno nacional había dejado clara su postura de cerrar su “última paritaria” con un tope del 27%. Además en La Rioja, los obreros aceiteros de Aimurai habían tenido que ir a la huelga bloqueado la fábrica por el despido de su Secretario General Alfredo Irazoque. Cuando la policía reprimió y detuvo activistas, la Federación lanzó un paro nacional.

No solo de pan vive el hombre

Las reuniones se sucedieron durante todo abril. Como decían los representantes obreros a La Izquierda Diario, “si las empresas dicen que no pueden otorgar ese aumento, que lo demuestren abriendo sus balances. Si el gobierno y la mesa de negociación con la CGT y la UIA determinan que es una cifra menor, que digan qué derecho hay que sacarle al trabajador. ¿Cómo se puede vivir hoy con un salario mínimo de $4.700? Nosotros pedimos que se lleve el salario de un trabajador con la mínima categoría a $14.931”.

Alejandro, trabajador de Molinos Rosario, lo explica claramente: “el salario de los obreros a la empresa le significa menos del 1% de sus ganancias. Hay gente que dice ¿cuánto quieren ganar? Nosotros no hablamos de porcentaje sino de las necesidades básicas que tiene un trabajador”.

Porque no solo de pan vive el hombre. Y porque hoy la mitad de los trabajadores en la Argentina gana $5500. Los aceiteros opinan que es una miseria.

Cuando un compañero habla del salario mínimo y sólo habla para los aceiteros, ese compañero no tiene conciencia de clase (1).

Así fue que el 4 de mayo decidieron iniciar una huelga por tiempo indeterminado. Lo habían adelantado sus delegados a La Izquierda Diario: “si el lunes no hay respuesta, paralizamos toda la exportación de oleaginosas”.

Muchos creyeron que estaban exagerando.

A la huelga compañeros

Desde ese 4 de mayo, tras declararse en estado de asamblea permanente, realizaron toda clase de acciones: huelga de brazos caídos en la mayoría de las plantas, piquetes en otras para garantizar el paro en las 40 plantas, bloqueos en puertos y lugares estratégicos, dos movilizaciones al polo agroexportador de San Lorenzo, en una permaneciendo por cinco días. El lunes 25 de mayo hicieron en Rosario una asamblea nacional aceitera con más de 1500 activistas y trabajadores.

Durante 25 días de lucha, los aceiteros paralizaron uno de los centros del capitalismo argentino

Pero además de sus acciones directas, los aceiteros sellaron alianzas para sumar fuerzas a su pelea. En lo que ellos llaman “unidad de acción”, las acciones buscaron involucrar a miles de trabajadores de las terminales portuarias de San Lorenzo, Puerto General San Martín y Rosario. En total, son 13 los gremios incluidos en el convenio del Complejo Oleaginoso Portuario Agroexportador (COPA).

Esas alianzas también ayudaron a fortalecer los piquetes. Como relataba La Izquierda Diario desde el lugar, “los bloqueos contaron con la participación de delegaciones del F.T.C.I.O.D de Córdoba, San Luis, Entre Ríos y Baradero, además de organizaciones sindicales y políticas como la CGT San Lorenzo, la CTA Rosario, PTS y PO en el Frente de Izquierda y la CCC, entre otros”. La izquierda fue la única fuerza política que apoyó abiertamente el conflicto.

Las centrales sindicales nacionales, oficialistas y opositoras, no hicieron una sola medida de solidaridad durante el conflicto. Si la hubieran hecho, se hubiera resuelto en 2 días.

Elogio del piquete

Desde el acceso Vicentin, con un solo recorrido ocular, puede uno atestiguarse la monumental ingeniería del complejo oleaginoso más grande de Latinoamérica. Una línea de pinos, como opacados centinelas, dibuja el perímetro de la Planta Molinos-San Lorenzo. Entre el vacío que deja la silueta de los árboles, se puede ver una pequeña llama que flota sobre la chimenea. Desde la distancia parece a una vela. Podría ser la vela ante la cual se inclinan las patronales suplicando que a estos trabajadores se les quite tanta decisión. Pero no tienen suerte: el tambor y los cantos dicen lo contrario. “Ya les cortamos todo / aceiteros carajo”.

  •  Yo no soy como esos que se quedan en la casa escuchándola por la radio. Los dirigentes – dice Alejandro – decían que algún día iba a llegar la madre de las batallas. Parece que llegó Ahora, estoy orgulloso de los compañeros, hay mucha gente que esta acá que uno ni creía.

    En el piquete y la convivencia cotidiana se alimenta la confianza.

  •  Allá en la planta eramos compañeros, acá creció la amistad.

    Cientos de aceiteros de distintas seccionales fueron a bancar los bloqueos a las grandes plantas de San Lorenzo. La cúpula del sindicato local carnereaba la huelga.

    Uno no puede dejar de recordar aquellas palabras de la huelga de la construcción de 1936. “Ninguna huelga se mantiene ni triunfa sin la existencia de los piquetes. Ellos son el vigor de la lucha, el fuego de primera línea, las brigadas de avanzada en el ataque. Esta línea avanza al encuentro del traidor y lo domina, busca al equivocado y lo convence y lo empuja al lado de los camaradas. Del piquete depende la huelga” (2).

    Un conflicto testigo

    Cada día de huelga y bloqueos, cada barco parado, cada día sin “oro verde”, hicieron crecer la importancia del conflicto aceitero. No sólo las multinacionales, también el gobierno nacional se empecinó en derrotarlos: amenazaban el techo salarial del 27%. Como nos contaba un delegado de Dreyfus en los piquetes, “esta lucha ya dejó de ser una pelea salarial, estamos peleando por una conciencia social en la que se deje de desangrar la clase trabajadora por el enriquecimiento de las empresas. Además deja de manifiesto la mentira del gobierno de que las paritarias son libres. Hay mandato del gobierno de no dar más de un 27%”.

    Alejandro, de Molinos, también explicaba que “esta ya es una pelea de clases entre trabajadores y el Estado. Porque están perdiendo mucha plata, la mayoría de los barcos parados, la Bolsa de Comercio hace 10 días que no tiene negocios que hacer, no entran divisas”.

    El conflicto excedía entonces la cuestión puramente económica: ponía en cuestión la política oficial de ajustar a toda la clase trabajadora. Para muchos trabajadores, la experiencia de la huelga significaba pasar de sus históricas posiciones anti-burocráticas y anti-patronales, al convencimiento de que también estaban enfrentando al gobierno.

    No aflojaron. Con sus métodos de lucha y las alianzas que construyeron, llegaron a paralizar 40 plantas, 150 barcos, desorganizando todo el complejo agroexportador. Pusieron en juego todas sus “posiciones estratégicas”.

    Lenin, dirigente comunista, decía que “las huelgas infunden siempre tanto espanto a los capitalistas precisamente porque comienzan a hacer vacilar su dominio. Las fábricas, las tierras, las máquinas, los ferrocarriles, son ruedas de un enorme mecanismo. Cuando los obreros se niegan a trabajar, todo este mecanismo amenaza con paralizarse".

    "Cada huelga recuerda a los capitalistas que los verdaderos dueños no son ellos, sino los obreros, que proclaman con creciente fuerza sus derechos. Y abre los ojos a los obreros, no sólo en lo que se refiere a los capitalistas, sino también en lo que respecta al Gobierno y a las leyes”.

    También decía que las huelgas son una “escuela de guerra”, pero no la guerra misma. La estrategia, el camino que proponía, era pasar de las huelgas aisladas “a la lucha de toda la clase obrera por la emancipación de todos los trabajadores”. Esa tarea implicaba que los trabajadores se organicen no sólo para la lucha sino también políticamente. A través de un partido que defienda los intereses históricos de la clase obrera, podrían encabezar la lucha por su liberación, y con ella la de las grandes mayorías populares.

    Resultados (y algunas perspectivas)

    Finalmente, la Federación Aceitera selló un acuerdo con las cámaras empresariales que lleva el salario inicial de $10.500 a $14.300 para la categoría inferior, sin incluir los adicionales. Según informan, el 29 de mayo fue firmado en el Ministerio de Trabajo un aumento de 27,8%, y el 1 de junio uno complementario con las cámaras empresarias en forma directa, por $880. Así el porcentaje de aumento se ubica en un 36%. No acordaron aún el pago de los salarios caídos por los días de huelga.

    Con este resultado, rompían el techo salarial y daban un enorme ejemplo. Como decía José Montes, histórico dirigente del Astillero Río Santiago que junto a una delegación del PTS-FIT estuvo solidarizándose con los aceiteros: “es como volver al futuro, parece que estaríamos en mayo pero de 2016. Frente a lo que puede ser un gobierno de Scioli o de Macri, que quieran descargar más ajuste, la clase obrera va a responder de esta manera, con la dureza que están mostrando los trabajadores aceiteros. Esta enorme lucha que están llevando adelante, son un ejemplo de las luchas por venir de la clase trabajadora, para enfrentar los ataques del gobierno y las patronales”.

    En su declaración los aceiteros destacan la “gran victoria colectiva”, agradecen a sus familias y a las organizaciones sindicales, sociales y políticas que los ayudaron, y vivan la unidad de la clase trabajadora.

    Ha sido, como dicen ellos, una gran victoria colectiva. Pero además nos permite abrir otras reflexiones para los luchadores y la izquierda clasista.

  •  ¿Cuáles son las “posiciones estratégicas” que pueden torcer el brazo de los capitalistas, por ejemplo en la Zona Norte del Gran Buenos Aires, en el Gran Córdoba y otros centros industriales y de servicios?
  •  ¿Esas “posiciones” conquistadas, que incluyen también sindicatos o comisiones internas recuperadas, pueden transformarse en “estratégicas” para toda una clase? ¿Cómo aprovecharlas para encabezar una lucha por los sectores más explotados, esa masa de esclavos que cobran 5000 pesos y trabajan 12 o 14 horas bajo un régimen carcelario? ¿Cómo unir y potenciar las fuerzas de los sectores obreros que poseen mayores conquistas con las de esa juventud rebelde e indomable, llenos de odio de clase, que tuvo sus propios combates como en la cercana Liliana SRL?
  •  ¿Qué impide que esa solidaridad y unidad en los piquetes se transformen en una coordinación permanente de todos los sectores combativos y antiburocráticos?
  •  ¿Qué puede aportar la izquierda en estos procesos y combates?

    La izquierda y el sindicalismo combativo, que en la última década también han avanzado en “conquistar posiciones” y han protagonizado duros conflictos - como los del Subte, Kraft, Donnelley y la histórica batalla de Lear - han seguido con atención y apoyado la huelga nacional aceitera. Las lecciones que podamos sacar de ella serán un enorme aporte a los combates futuros, y al proceso de organización sindical y política que permita “la lucha de toda la clase obrera por la emancipación de todos los trabajadores”.

    Ver también: La huelga aceitera y las “posiciones estratégicas” de la clase obrera (I)


    Fuentes

    (1) Entrevista en el sitio www.notas.org.ar
    (2) Periódico Obrero Espartaco, 1936.

    Fotos: Cechu (Rosario)





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