Cultura

[Entrevistas] TRAYECTORIAS EDITORIALES

Bendersky: “La concentración editorial atenta contra la diversidad cultural vinculada a los libros”

Tiempo estimado 16:28 min


Nicolás Bendersky es politólogo, docente en la UBA y en el nivel medio. Integra Ediciones IPS, publicó en 2016 “La fuerza de los fuertes”, de Jack London.

Sábado 1ro de agosto | 00:00

A pocos días de realizarse la Feria de Editores, que reúne a editoriales y librerías independientes, convocamos a diferentes actores que pueden ayudarnos a entender en qué situación se encuentra el mundo editorial del país, cómo las tecnologías que han modificado y creado nuevos consumos culturales, han transformado la producción y ese mercado. ¿Qué se publica? ¿Quién decide? Algunas experiencias importantes de edición en el país, vinculadas a la intervención política. ¿Qué fue el Centro Editor de América Latina y “Pasado y Presente”? ¿Qué novedades han publicado recientemente?

De todo esto conversamos con Nicolás Bendersky, integrante de Ediciones IPS. Pasen y lean.


LID: Recientemente se asociaron Planeta y Mercado Libre para la venta directa on line. En tu opinión, ¿qué consecuencias ha provocado y genera la tendencia a la concentración editorial de las últimas décadas?

Nicolás Bendersky: La reciente jugada de la plataforma e-commerce Mercado Libre asociándose con el Grupo Editorial Planeta generó mucho revuelo, y no es para menos. Estamos hablando del principal grupo editorial (que contiene los sellos Planeta, Tusquets, Seix Barral y Paidos, entre otros), que decidió “puentear” a las librerías y vender directamente mediante un acuerdo privilegiado, justo en la cuarentena que se disparó la venta on line… Esto se suma a la caída de las ventas y el cierre de librerías de estos años. Creo que es otro golpe a las librerías y marca una tendencia comercial a futuro. Por otro lado, las librerías que más dependen de los libros que comercializan grupos como Planeta son las grandes cadenas (como Ilhsa que tiene Yenny y El Ateneo o Cúspide) porque las pequeñas suelen especializarse más en la venta de libros de editoriales independientes o son librerías temáticas.

La realidad es que el resultado está abierto pero demuestra claramente que este tipo de acuerdos genera consecuencias en muchos actores. Estamos ante una expresión categórica de la concentración en el mercado editorial que no escapa a lo que sucede en otros mercados y, en definitiva, en el conjunto de la economía capitalista.

Los que más la padecen son los trabajadores por supuesto, en este caso de librerías, del resto de “la cadena del libro” y desde ya, los autores. A propósito de ello, recientemente el escritor argentino Sergio Olguín denunció desde su cuenta de twitter que Mercado Libre vende ebooks que no poseen los derechos de comercialización y por ende no paga derechos de autor por esas ventas (como sí pagan otras plataformas), y se queda con la comisión de las mismas.

En relación a la concentración editorial en nuestro país, se profundizó en la década del ´90 donde varias editoriales locales fueron vendidas y concentradas en grupos que iban adquiriendo sellos. De hecho Planeta se empezó a convertir en un jugador hegemónico en 1998 y 2000. Pero es interesante porque ese mismo fenómeno fue generando editoriales independientes que fueron ocupando nichos específicos del mercado basadas en su especialización temática sobre todo a partir de 2001. Pero no hay dudas, a la larga la concentración editorial genera monopolios que son los que definen políticas del sector, precios, etc.

Otra de las consecuencias de la concentración es que atenta contra lo que se conoce como bibliodiversidad. Algo así como la diversidad cultural vinculada a los libros. Es directamente proporcional la concentración editorial con la publicación de libros cuya temática está impregnada netamente por el criterio de “lo que más vende”, como los libros de autoayuda, neurociencias y otros best sellers. Esto empobrece la diversidad y cierra la posibilidad de publicación a aquellos temas y autores no comerciales o que no tienen un público amplio.

LID: Se dieron diversas experiencias de tradiciones ideológicas y militantes que han encarado proyectos culturales, revistas y editoriales en el país. Una de las más conocidas y singulares ha sido la revista “Pasado y Presente”. En tu opinión, ¿cuál ha sido su legado? ¿Qué otras experiencias te parece importante mencionar?

Nicolás Bendersky: Efectivamente, “Pasado y Presente” (PyP) fue una de las configuraciones político-culturales más singulares, profundas y destacadas de la historia argentina, que incluía emprendimientos revisteriles y editoriales.
A nivel ideológico se inscribe en un fenómeno mundial sucedido entre los ´50 y 60 que se denominó “Nueva Izquierda”, una especie de reagrupamiento de intelectuales marxistas influenciados por la Revolución húngara de 1956, la llamada desestalinización de Kruschev y la Revolución cubana con todo su impacto en América Latina especialmente; y luego por la resistencia en Vietnam, el Mayo Francés, el Cordobazo –naturalmente- y la llamada Revolución Cultural china, que tomaron diferentes caminos e iniciativas en el ámbito cultural, entre otros. En nuestro país, sus mentores principales fueron José Aricó y Juan Carlos Portantiero que provenían del PC argentino y buscaban huir del dogmatismo y la estrechez estalinista, renovando al marxismo con autores heterodoxos y poco conocidos en nuestro país. Claramente no tuvieron lugar en el estalinismo criollo y fueron expulsados en 1963. Comenzaron a publicar la revista PyP (cuyo primer número salió cuando aún eran parte del PC) de referencias explícitas con el pensamiento de Antonio Gramsci, no sólo en el nombre de la revista sino también por el acervo conceptual que utilizaban allí.

No se puede dejar de mencionar el devenir político zigzagueante que tuvo PyP en función de diversos fenómenos sociales y políticos que iban tiñendo sus elaboraciones y preocupaciones, ponderando autores y desarrollando reflexiones subsidiarias. Por eso se habla de un PyP guevarista, otro maoísta, otro peronista y otro radical.

El principal legado, creo yo, lo veo alrededor de la labor editorial. Lograron publicar entre 1968 y 1983 un total de 98 libros “Cuadernos de Pasado y Presente” (65 de ellos en la Argentina y 33 en el exilio mexicano). Facilitaron la lectura de autores marxistas que, o nunca habían sido publicados en nuestro país o estaban agotados y ciertamente fuera de circulación. Por ejemplo, textos inéditos de Marx, Kautsky, Rosa Luxemburgo, Gramsci, Isaak Rubin, Karl Korsch, György Lukács, Jean-Paul Sartre, Louis Althusser, Nicos Poulantzas, Eric Hobsbawm y José Carlos Mariátegui. Además, nuevas y mejoradas traducciones de El Capital y los Grundrisse de Marx. Y en cuanto a las temáticas fueron extremadamente variadas: desde libros sobre acontecimientos determinados como el mayo del ‘68 o el conflicto árabe-israelí, hasta reflexiones sobre teoría del partido político, del imperialismo, sobre el problema nacional y colonial o la teoría del valor; desde el rescate de los consejos obreros, los problemas filosóficos del marxismo, hasta la historiografía latinoamericana o la naturaleza del Estado, aparte de algunos dedicados a la historia del bolchevismo y los documentos de los congresos la Tercera Internacional Comunista, tanto los cuatro primeros de genuina tradición revolucionaria como los siguientes, ya de claro cuño estalinista. Como grafican estos títulos y temas, y todo el trabajo de edición, traducción, e investigación, el legado de PyP es gigante. Lo interesante es que, como destaca Raúl Burgos autor de Los Gramscianos Argentinos, el libro más completo sobre esta experiencia, pensaban la acción editorial como parte de una intervención política.

LID: Dentro de la historia de las editoriales en nuestro país se ha destacado el Centro Editor de América Latina por la envergadura del proyecto, la variedad de colecciones y las personalidades de la cultura que participaron. ¿Qué nos podés comentar de esta editorial? ¿Por qué la dictadura se ensañó con ella quemando miles de ejemplares?

Nicolás Bendersky: Es difícil expresar la magnitud que tuvo el CEAL en la historia de la edición en la Argentina. Categóricamente, fue un proyecto cultural integral que no tuvo repetición. Recordemos que estamos hablando de la era pre-internet donde los libros tenían una centralidad mayor como repositorio de acervo cultural.

Su mentor fue Boris Spivacow quién fue gerente de Eudeba entre 1958 y 1966, fecha en que Onganía asumió el gobierno tras un golpe de Estado. Luego de la llamada “Noche de los bastones largos”, Spivacow renunció y fundó el CEAL donde poco a poco se fue rodeando de escritores, ensayistas e intelectuales argentinos que redactaban, traducían y prologaban las ediciones y fascículos. Por el CEAL transitaron y publicaron personalidades como Beatriz Sarlo, Carlos Altamirano, Noé Jitrik, Ricardo Piglia, Aníbal Ford, Graciela Montes, Alberto Pla, Sergio Bagú, Julio Godio, David Viñas entre otros. En ese entonces (y también luego, en la última dictadura militar) el CEAL fue refugio de gran cantidad de gente de la cultura, perseguida o amenazada.

Además del propio Boris con toda su experiencia, un puntal clave de la editorial lo constituía Oscar “negro” Díaz quien, como jefe de arte del CEAL, fue diagramador de la totalidad de colecciones de libros y fascículos desplegando innovación, creatividad y talento en el interior, pero sobre todo en uno de los lugares más importantes del libro como objeto: la tapa. El CEAL llegó a publicar más de 250 títulos al año, con records de ventas editoriales como Capítulo que era un fascículo semanal de historia de la literatura argentina que venía acompañado de un libro y que llegó a vender 150 mil ejemplares por semana. Impresionante… La clave del éxito era una fórmula bien precisa: gran calidad de contenidos, amplia distribución y bajísimo precio. Esto contribuyó a generar un papel relativamente democratizador del acceso a libros de alto nivel, sobre todo permitiendo que sectores no habituados a la lectura puedan acceder a un mundo cultural enorme.

Respecto a las colecciones, efectivamente eran amplísimas y fueron en total 78, con casi 5000 títulos. Colecciones de escritores argentinos, de historia de la ciencia, ensayos de literatura, escritores latinoamericanos, psicología, literatura mundial, teatro, educación, grandes pintores y poetas, sociología, narrativa infantil, historia argentina y de América, etc. Pero me quiero detener en dos en especial. Por un lado, Siglomundo, que dirigía el historiador José Vazeilles (a quien le tengo mucho afecto personal) que era una de las colecciones de historia integral más ambiciosas donde cada fascículo iba acompañado por algún material complementario como un disco de vinilo, un libro, documentos y láminas. Fue una colección de amplia circulación y no por nada la dictadura de Onganía lo censuró, pero luego Boris Spivacow ganó un juicio y volvió a publicarse.

Por el otro, la serie Historia del movimiento obrero que se publicó en 110 fascículos luego agrupada y reeditada en tomos. Fueron miles de trabajadores y jóvenes estudiantes, docentes e intelectuales no solo en nuestro país sino en América y Europa que se formaron con la colección dirigida por el gran historiador rosarino Alberto Pla.

Como se sabe, la última dictadura militar desarrolló una extensa censura de autores, libros y editoriales. Naturalmente el CEAL fue objeto de amenazas y atentados buscando su desaparición, como demuestra también la quema de 24 toneladas de libros y un millón y medio de ejemplares caratulados como “material subversivo y peligroso”. Creo que la dictadura se ensañó particularmente con el CEAL porque constituía una verdadera usina cultural, artística y científica; y la cultura era mala palabra para los militares quienes con el genocidio perpetrado buscaron terminar con la insurgencia obrera, disciplinar a la clase trabajadora y eliminar todo atisbo de pensamiento crítico y reflexivo.

LID: ¿Cómo describirías el mundo editorial actual de nuestro país? ¿Cómo redefinen las nuevas tecnologías digitales la industria editorial? ¿En qué medida influyen en Ediciones IPS?

Nicolás Bendersky: Además de la caída en las ventas de la industria editorial desde hace varios años, que repercute fuertemente en la retracción de lanzamientos y tiradas de ejemplares, el llamado ecosistema del libro se encuentra en un constante cambio. Y sin duda la crisis que abrió la pandemia lo aceleró. Por ejemplo, si vemos el ebook en nuestro país, antes tenía un uso acotado a un pequeño sector y comercialmente era un nicho marginal. Pero el aislamiento obligatorio hizo que mucha más gente se lance a la lectura digital a tal punto que el ebook aparentemente creció en estos meses un 150%. Obviamente este cambio de formato les resultó más fácil a los nativos digitales que a los que preferimos el objeto libro, pero la realidad es que tuvo una gran extensión al punto de que algunos hablan de un lector híbrido, que consume ambos formatos. Está por verse si la pandemia y el aislamiento funcionan como una suerte de “anabólicos” para la lectura digital o estamos ante cambios que llegaron para quedarse.

En Ediciones IPS, si bien no estamos por fuera de lo que sucede en el mercado editorial tenemos algunas particularidades. En plena pandemia tuvimos una política de mantener los precios bajos para que nuestros libros lleguen lejos, potenciado por la implementación de delivery propio. Y la digitalización de más de un tercio de nuestro catálogo, hizo también que nuestra venta de ebooks se multiplicara por 6. Existe hoy un cuestionamiento mayor al capitalismo y una creciente avidez -especialmente entre la juventud- por conocer las ideas socialistas y revolucionarias.

En los últimos años ampliamos nuestro catálogo y sumamos nuevas colecciones. Por un lado continuamos publicando la obra escogida de Trotsky (en coedición con la Casa Museo León Trotsky de México y el CEIP), que ya va por el volumen 13, lo que implica una iniciativa muy importante dado que sus libros no se publicaban en nuestro país desde los ´70 y muchos eran imposibles de conseguir. Por el otro hemos inaugurado colecciones como la de Debates marxistas contemporáneos, la de derechos humanos con el libro La disciplina de las balas de Carla Lacorte; o nuestra ya conocida colección Mujer. Una colección que ha tenido mucho éxito fue la de Ciencia y marxismo con el libro Genes, células y cerebros de Steven y Hillary Rose; y Revolución en Alemania de Pierre Broué de la colección Historia, una traducción sobre un proceso muy poco conocido.

Nuestras ediciones de clásicos marxistas y autores contemporáneos buscan empalmar con esas llamas de la rebelión y lucha de trabajadoras y trabajadores, mujeres y jóvenes contra la explotación y la opresión que genera el capitalismo, como sucede hoy en EEUU. Y contribuir a que esas peleas no empiecen de cero sino que se nutran de las revoluciones y experiencias revolucionarias, y en definitiva de la estrategia del marxismo para dar vuelta todo y transformar definitivamente el mundo. Así que estamos embarcados en un verdadero proyecto editorial militante.

LID: Lectura recomendada.

Nicolás Bendersky: De nuestro catálogo, El marxismo y nuestra época, un compilado de escritos fundamentales de León Trotsky que publicamos recientemente. Una excelente forma de acercarse o iniciarse en sus ideas. Y en otro campo, Hemisferio izquierda. Un mapa de los nuevos pensamientos críticos, de Razmig Keucheyan, quien compila algunos de los principales debates teóricos y es una buena guía del pensamiento crítico desde los 70 hasta el presente.

Estamos ante una expresión categórica de la concentración en el mercado editorial que no escapa a lo que sucede en otros mercados y, en definitiva, en el conjunto de la economía capitalista. (...) Los que más la padecen son los trabajadores por supuesto, en este caso de librerías, del resto de “la cadena del libro” y desde ya los autores.

Acerca del entrevistado

Nicolás Bendersky es licenciado en Ciencia Política, docente en la carrera de Historia de la UBA y en el nivel medio. Es editor y compilador en Ediciones del Instituto de Pensamiento Socialista (IPS), publicó en 2016 La fuerza de los fuertes, de Jack London.





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