Economía

PANORAMA ECONÓMICO

Guzmán, el HSBC y la dependencia económica e intelectual de la deuda

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El valor de la palabra devaluada del presidente en el Congreso. Guzmán pone a los estafadores del HSBC y al segundo banco de los Estados Unidos como Agentes Colocadores.

Pablo Anino

@PabloAnino

Sábado 7 de marzo | 00:40

Imagen I Enfoque Rojo

El último domingo, en la inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso Nacional, Alberto Fernández inició su discurso alertando que “la palabra se ha devaluado peligrosamente”. Y afirmó que él se resistía a seguir transitando con esa lógica de la que “nuestra política se ha valido [...] para ocultar la verdad o tergiversarla”.

La resistencia duró poco. Es que en la tarde del domingo, cantando bajito y sin mucha resonancia, la Secretaría de Finanzas del gobierno que preside Fernández emitió un breve comunicado que ponía en apuros otra reflexión del presidente en el Congreso, aquella que rezaba que “no sólo tenemos que evitar la dependencia económica de la deuda externa. También debemos evitar la dependencia intelectual de la deuda externa”.

El escueto comunicado de Finanzas del Ministerio de Economía indicaba que para la reestructuración de la deuda se había definido que Lazard sería el Asesor Financiero del Estado Argentino y que el Bank of America y el HSBC se constituirán como los Agentes Colocadores. Es decir, que toda la operatoria de la reestructuración de la deuda depende de agentes extranjeros.

Lazard es una multinacional cuyos orígenes se remontan a los Estados Unidos de mediados del siglo XIX cuando cinco hermanos franceses y sus primos fundaron la empresa que se “expandió a nuevos mercados en todo el mundo, convirtiéndose en una fuerza global en servicios de asesoramiento financiero y gestión de activos”.

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Durante la crisis de la década de 1930 la empresa cesó sus actividades en la banca comercial y se concentró en la asesoría financiera debido a los límites establecidos por la Ley Glass-Steagall (o Banking Act). Esa ley tuvo como fin poner en pie ciertas regulaciones (entre ellas, separar la banca comercial de la banca de inversión), para contener los negocios especulativos que habían conducido al crack bursátil de 1929. Luego Lazard regresaría a la gestión de activos. Desde 2005 cotiza en la bolsa de Nueva York. Actualmente tiene 40 oficinas en 25 países y gestiona recursos por un valor que equivale a la mitad de la economía argentina. Es un fondo de inversión que, vaya paradoja, va a asesorar al gobierno para negociar con los fondos de inversión.

Si existiese un ranking internacional de fraudes bancarios, es muy probable que el Hong Kong and Shanghai Banking Corporation (HSBC) lo lideraría. Su fundación en el siglo XIX está ligada a la guerra del opio y a la administración de los fondos generados por el tráfico desde Gran Bretaña a India y China. La historia de estafas parece no tener fin, tanto que el prontuario del banco en la vida real supera la ficción, no obstante la novela El libro de los mandarines de Ricardo Lisías retrata bien como actúa este banco pirata con sede en Londres.

Entre los ilícitos más recientes figura haber facilitado el lavado de dinero del narcotráfico de los carteles de Sinaloa (México) y del Valle del Norte (Colombia). Las denuncias fueron realizadas en 2012 por un subcomité del Senado de los Estados Unidos y por la Administración Federal Antidrogas (DEA). El HSBC aceptó pagar una multa por estas operaciones de narcolavado: “Aceptamos la responsabilidad por nuestros errores pasados”, explicó Stuart Gulliver, la máxima autoridad del banco. En 2014 también fue multado globalmente junto a otros bancos y fondos de inversión por manipulación cambiaria. Ese mismo año, el gobierno de Cristina Fernández acusó al HSBC de impulsar, con Shell y otras entidades financieras, la devaluación del mes de enero.

El listado de fraudes es largo. Pero tal vez la mejor muestra del accionar del banco es la develación de Herve Falciani, un exempleado del HSBC que dio a conocer miles de cuentas abiertas en Suiza para evadir impuestos y ocultar activos, entre ellas las de 4.040 de los argentinos más ricos por un total de U$S 3.500 millones: una de las cuentas más afamada correspondía a la fallecida Amalia Lacroce de Fortabat, quien envió a Suiza, gestión de Alfonso Prat Gay mediante, los dólares que obtuvo de la venta de Loma Negra. La falta de plata, la escasez de dólares, la restricción externa, siempre es relativa en un país donde la burguesía se lleva las divisas al exterior con una aceitada sistematicidad. Alberto Fernández, según anunció en el Congreso, ordenó al Banco Central analizar la fuga de capitales en la era Macri ¿Dará a conocer las operaciones del HSBC?

En la investigación judicial por lavado de activos del HSBC en la Argentina está involucrado Gabriel Martino, un amigo de Mauricio Macri. Martino fue el CEO de la filial local del banco hasta que en noviembre del año pasado, con el advenimiento del recambio presidencial, la entidad decidió enviarlo con nuevas tareas al Reino Unido, para lavar, no activos, sino la cara de la entidad. Martino fue quien acercó a Michael Hasenstab, por entonces un exitoso administrador del fondo Templeton, en septiembre de 2016 a la quinta de Olivos. Para esa fecha, según los diarios económicos, comenzó el “shopping” de títulos emitidos por Argentina: es decir, colocación de deuda por necesidad de los grandes fondos especulativos para quienes era un negoción comprar deuda local gracias a las tasas altísimas que pagaba el generoso Macri mientras en el mundo eran (y siguen siendo) cercanas a cero o negativas. Ahora el HSBC actuará como colocador en la reestructuración que tiene a Templeton como uno de los principales acreedores del país.

El Bank of America es el segundo banco más grande de los Estados Unidos. Tiene su propio capítulo en el prontuario de la banca internacional. En 2012 el Departamento de Justicia de los Estados Unidos le impuso una multa por más de U$S 1.000 millones por haber fabricado (junto con el Countrywide, un banco adquirido por el Bank of America) activos financieros tóxicos con préstamos hipotecarios de baja calidad que provocaron la quiebra de Fannie Mae y Freddie Mac, entidades semipúblicas que adquirieron los títulos durante la crisis desatada en 2008.

El miércoles 12 de febrero, en oportunidad de defender en el Congreso la Ley 27.544 de Restauración de la Sostenibilidad de la Deuda Pública Emitida Bajo Ley Extranjera, el ministro de Economía, Martín Guzmán, realizó una definición fuerte: ”No vamos a permitir que fondos extranjeros nos marquen la pauta de la política macroeconómica”.

La forma firme, el tono confrontativo, no se corresponde con la ley que Guzmán estaba defendiendo, que justamente establecía la prórroga de jurisdicción extranjera para la reestructuración de la deuda: esto significa que cualquier litigio se define en el exterior, principalmente en los juzgados de Nueva York. La utilización de la prórroga de jurisdicción es un requisito que ponen los “fondos extranjeros” y que se expandió durante el neoliberalismo. En nuestro país fue introducida progresivamente por las dictaduras de Juan Carlos Onganía y la genocida iniciada el 24 de marzo de 1976.

La deuda es un mecanismo de dominación y saqueo de las potencias imperialistas sobre las economías con rasgos semicoloniales como la Argentina. Por eso, la izquierda plantea un desconocimiento soberano de la deuda externa, para que junto con otras medidas elementales de preservación de los recursos del país como la nacionalización de la banca (la función “social” de la banca privada está bien graficada en el prontuario del HSBC) y el monopolio estatal del comercio exterior impidan el fraude, las maniobras devaluatorias del gran capital, de los pocos dueños de todo, y permitan orientar los medios productivos en función de una reorganización de la economía que atienda prioritariamente las necesidades sociales, con la participación democrática de todo el pueblo trabajador. Es la única forma sensata de “evitar” la dependencia económica e intelectual de la deuda externa. Con el HSBC, el Bank of America o Lazard, con la prórroga de jurisdicción, el país sigue atado de pies y manos.

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