Internacional

CRISIS DE LA EUROZONA

Grecia: la Troika nunca se fue y su presión es cada vez más fuerte

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Luego del acuerdo del 20 de febrero con el Eurogrupo, Atenas aun no ha revelado la lista de reformas exigidas por la Troika para desbloquear el último tramo de 7.200 millones de euros del “plan de rescate” para Grecia. La presión de los gobiernos de la zona euro y del FMI es cada día más fuerte sobre Grecia.

Martes 28 de abril de 2015 | Edición del día

La necesidad de liquidez de Grecia para reembolsar los préstamos de la Troika y para pagar salarios y pensiones se hace urgente. ¿Los dirigentes de la UE darán un poco más de tiempo al gobierno Syriza-Anel? ¿Bajo qué condiciones? ¿Optarán por abandonar a Grecia, con todos los riesgos que esto conlleva? Ninguna hipótesis puede ser excluida hoy en día.

Necesidad urgente de dinero

En la reunión de los ministros de finanzas del Eurogrupo en Riga (Letonia) el viernes 24 de abril no se produjo ningún avance en la crisis griega. Se esperaba que fuese presentada una lista de reformas precisas que el gobierno griego se comprometería a aplicar. Pero en lugar de eso se pospuso la fecha límite al 11 de mayo o incluso al 30 de junio, fecha en la cual termina oficialmente la misión de la Troika.

Alexis Tsipras y su ministro de finanzas, Yanis Varufakis, esperaban obtener el desembolso parcial del último tramo del préstamo pero el Eurogrupo rechazó esta opción. Algunos días antes el gobierno griego había lanzado un decreto obligando a las diferentes administraciones locales e instituciones a girar al Banco Central heleno sus reservas en efectivo no utilizadas, lo que provocó la resistencia de ciertas autoridades locales y de los partidos de oposición. Esta medida refleja la gravedad de la situación financiera del país.

En las próximas semanas en efecto Grecia deberá conseguir 2.000 millones de euros para pagar salarios y pensiones, además de 970 millones de euros para rembolsar al FMI. Es por esta razón que Tsipras y Varufakis multiplicaron las declaraciones pidiendo a los “socios europeos” que aceleren el desbloqueo de fondos que permitirían a Atenas respirar un poco.

Por su parte la Troika juega con esta urgencia: cuanto más pase el tiempo, más el gobierno griego estará en aprietos, más la presión imperialista se sentirá y más fácilmente los acreedores podrán imponer sus condiciones a Atenas. Comienzan a correr rumores sobre un posible llamado a elecciones anticipadas o a un referéndum en el caso de que el gobierno griego y los acreedores no lleguen a un acuerdo.

¿Tsipras se estaría preparando a hacer la gran Yorgos Papandreu cuando éste, a la cabeza del último gobierno PASOK, había llamado a un referéndum sobre la austeridad para obligar a Bruselas a negociar? No olvidemos que entonces la UE le indicó a Papandreu la puerta de salida…

Es en este cuadro que hay que entender la visita oficial de Tsipras a Moscú. El ex líder de la Juventud del PC griego no solo quiso hacer un gesto al sector más chauvinista de la izquierda griega, ferozmente hostil a la OTAN y a los tutores anglo-sajones, por un lado, y más proclives a establecer alianzas pro-rusas, incluso por cuestiones de identidad ortodoxa, por otra parte. Tsipras se reunió con Vladimir Putin sobre todo para mostrar que en caso de que le cortasen las vías de financiamiento, estaría listo a encontrar nuevos socios.

Grecia cayó en la trampa tendida por la Troika y la orientación del gobierno Syriza-Anel no permite en nada evitarla. Al contrario. Lejos de llevar a cabo una política de “ruptura” con la Troika, como lo prometió a lo largo de la campaña, Tsipras decidió simplemente cambiarle el nombre a la Troika y continuar negociando para encontrar “soluciones satisfactorias para las dos partes”.

Durante la campaña y en los primeros días de gobierno, se trataba para Syriza y sus socios de “amenazar” a los acreedores con no pagar la deuda, con anular privatizaciones, con aumentar el salario mínimo. Sin embargo muy rápidamente el gobierno griego capituló ante las condiciones impuestas por los dirigentes imperialistas. Hoy, éstos se aprovechan de su relación de fuerzas favorable para hacer retroceder a Tsipras ante todo intento de cuestionar, incluso parcialmente, sus intereses en el país.

¿Hacia un default de Grecia?

A diferencia de los primeros años de la crisis económica griega cuando cada vez que se invocaba la posibilidad de un default del país el pánico ganaba a los mercados, cada vez más voces evocan hoy una posibilidad real de bancarrota griega. Y esto no parece enloquecer demasiado a los mercados internacionales. En efecto, se habla de riesgo de contagio a otros países muy limitado y, para algunos, la UE sería capaz controlar una posible salida de la zona euro de Grecia.

Esta “tranquilidad” de los mercados frente a un default de Grecia puede explicarse ampliamente por el hecho que la parte de la deuda helena en manos de inversores privados pasó del 80% en 2010 a menos de 20% hoy en día. Son sobre todo los bancos alemanes y franceses los beneficiados por esta verdadera operación de “socialización de pérdidas”.

Como lo señala un artículo de la agencia Bloomberg: “la opción adoptada consistió simplemente en remplazar un problema por otro: los préstamos de la UE y del FMI fueron utilizados para rembolsar a los acreedores privados (…) Cinco años más tarde, la deuda pública pasó de 130% del PBI a cerca de 180% y una crisis económica y una deflación profundas que comprometen la capacidad rembolso para el gobierno griego”. Con el pretexto de no provocar un caos económico a nivel mundial, se mantuvo con vida artificialmente a Grecia. Hoy (como ayer de hecho), para muchos analistas, el default de Grecia no es más que una cuestión de tiempo… y una decisión política.

Los riesgos para los intereses de las grandes potencias de la UE

Más allá de esta confianza superficial de los mercados, lo que preocupa profundamente a las potencias imperialistas centrales de la UE, empezando por Alemania, son las consecuencias que un default de Grecia o incluso un “Grexit” podría tener sobre otros países endeudados. En efecto, ¿si Grecia se fuera de la zona euro, o incluso de la UE, cuál sería su orientación política y económica?

Georges Friedman de Stratfor considera en un artículo reciente que es imposible que la economía griega salga del marasmo “sin las protecciones que tanto Alemania como los Estados-Unidos tuvieron durante su periodo de crecimiento económico”. Dicho de otra forma, para Friedman, es muy probable que una salida de Grecia de la zona euro y tal vez de la UE la empuje a optar por una vía proteccionista para intentar resolver un problema mucho más profundo que la cuestión de la deuda: cómo reestructurar y redinamizar su aparato productivo.

Esto podría constituir un precedente para otros países endeudados y un primer paso hacia una posible dislocación del mercado común europeo, que es uno de los logros más importantes del imperialismo europeo, sobre todo para Alemania cuyas exportaciones van en un 50% hacia países de la UE. En este sentido, para Friedman lo que teme Alemania no es tanto un “Grexit” sino una reconfiguración de sus barreras aduaneras, lo que podría dar ideas a otras burguesías en aprietos de la UE.

Políticamente hablando, un escenario de guerra comercial y económica podría tener como consecuencia el refuerzo de tendencias euroescépticas y nacionalistas a través del continente. De hecho, incluso un fracaso de las negociaciones entre la Troika y el gobierno Syriza-Anel podría reforzar el ala euroescéptica dentro del gobierno.

Es para evitar escenarios catastróficos e incontrolables que los dirigentes de la UE tratan de encontrar una solución que comporte los menores riesgos posibles, entre los cuales posiblemente un nuevo rescate de Grecia para seguir ganando tiempo. Así, el periódico británico The Independent evoca tres perspectivas: ya sea “Grecia es salvada nuevamente, no hay default y se queda en la zona euro; Grecia no es salvada, formalmente entra en default, pero encuentra la forma de permanecer en la zona euro; hay un default de Grecia y sale de la zona euro”.

En los distintos escenarios evocados, ninguno responde a los intereses de la clase obrera y de las clases populares en general. Después de haber salvado a los bancos, las instituciones y Estados imperialistas pretenden recuperar sus inversiones en la deuda griega a través de una degradación aun más profunda de las condiciones de vida de las masas en Grecia. Retomar el camino de la lucha, las calles, las plazas, las fábricas y empresas, las escuelas y universidades se torna cada vez más crucial para las clases populares.





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