Sociedad

Latinoamérica

Los bárbaros, guerra civil y lucha de clases

Tiempo estimado 6:19 min


Una reflexión sobre las excusas de las burguesías latinoamericanas de las últimas semanas.

Guillermo Torrent

Asesor legislativo FIT - Córdoba @Guillotadas

Domingo 1ro de diciembre | 17:09

Ilustración: Romina Echevarría

La antigua Grecia, con su organización en diversas polis y la expansión derivada de hacer de “la esclavitud algo absoluto en su forma y dominante en su extensión, transformándola así de puro instrumento secundario en un sistemático modo de producción” [3] hizo de la guerra una forma constante.

Sin embargo, los griegos diferenciaban entre la Stasis y el Polemos. Mientras la primera era una guerra civil, entre pares, con un pasado y costumbres en común, el Polemos refería a la lucha contra el extranjero, el bárbaro.

Para cada uno de estos conflictos existían, teóricamente, distintas reglas referidas al nivel de destrucción del oponente. En la guerra civil, el uso de la violencia era limitado para que, una vez terminado el conflicto, avanzar en la reconciliación además, no estaba permitido reducir a la esclavitud a los vencidos, cuestión que sí era uno de los objetivos del Polemos

Paradójicamente esto no sucedió así, los niveles de violencia entre hermanos suelen ser despiadados, prueba de esto son los métodos brutales usados por las dictaduras cívico militares en Latinoamérica para clausurar a sangre y fuego los procesos revolucionarios abiertos en la década del 60. Desde esta perspectiva, Alejandro Rabinovich, docente de la Universidad Nacional de La Pampa e investigador del CONICET , y acá nos adentramos en el tema que nos interesa, busca entender las luchas civiles del Río de la Plata en la primera mitad del Siglo XIX. [4] momento en el cual las identidades provinciales primaban sobre la identidad común americana. Eso hacía que, por ejemplo, a Buenos Aires se le dificultara hacer combatir contra el caudillo oriental Artigas a las tropas reclutadas en el litoral.

Durante la historia de nuestro país y el continente americano, las clases dominantes han acusado a las clases trabajadoras de extranjerizantes en el momento en que estas se organizan y luchan por sus derechos, está claro que no son nada originales en la recriminación. El peronismo hizo bandera de esta línea con el slogan “Ni Yanquis, Ni Marxistas”, denostando la ideología que abrazaron millones de obreros y obreras en todo el mundo para su liberación.

Hoy, la lucha de clases, en forma de revueltas, se manifiesta abiertamente en parte importante del continente. En las últimas semanas, con las enormes peleas que se vienen dando en Ecuador, Chile, Bolivia, y más recientemente en la huelga general colombiana, vemos como la burguesía temerosa acusa por los desmanes a agentes extranjeros que siembran el desorden para desestabilizar a gobiernos democráticos. Entre ellos, los refugiados venezolanos en Chile y Colombia, los médicos cubanos y periodistas argentinos en Bolivia. Pero sin ningún lugar a dudas, el primer premio es para la primera dama chilena, que habló de la famosa invasión alienígena. Se les hace imposible creer que tengas que compartir sus privilegios con los que sobran desde la dictadura de Pinochet, sus propios condenados de la tierra.

En nuestro país, el gobierno de Macri hizo gala de esta línea, acusando de cosas insólitas a cada movilización y reclamo popular. Fue particularmente intenso en la segunda mitad del 2017, cuando creyeron asentar una nueva hegemonía, primero denostando al pueblo mapuche, con la desaparición de Santiago Maldonado y luego, ante la enorme movilización de diciembre de ese año que repudio la reforma jubilatoria, señalaron que ambas protestas estaban motorizadas por agentes venezolanos, chilenos e iraníes, hasta kurdos y vascos.

Más allá de demostrar lo ridículo que pueden ser muchos informes de inteligencia, este tipo de operaciones tiene una finalidad: descartar las penurias del pueblo provocadas por las políticas que ellos aplican y dar la imagen de una comunidad pacífica e idílica que se ve alterada por las ideas foráneas, en un intento de borrar del horizonte la lucha de clases y las posturas contrapuestas que existen al interior de una formación nacional. Al tiempo que habilita la represión feroz sobre los movilizados.

No estamos frente a un Stasis sino frente a un Polemos, un bárbaro al que es lícito reprimir, derrotar físicamente y dejar en la esclavitud, donde no es necesaria una reconciliación, ya que lo que buscan es imponer una nueva hegemonía.

Pero los verdaderos extranjerizantes son las propias burguesías cipayas del imperialismo. Las que entregan los recursos naturales como el litio, el petróleo, el gas o el cobre. Las que prometen honrar las deudas con el FMI, deudas contraídas para que se enriquezcan los contados fondos buitres. Son ellas quienes no tienen ningún interés en realizar la independencia nacional. La burguesía y el imperialismo, ponen toda su energía en dividir a la clase trabajadora.

La misma composición de la clase obrera, en sus distintas variantes, ya sea en los servicios, la industria, con distintos niveles de estabilidad o precarización, le da a esta una riqueza única. La mezcla de orígenes y tradiciones le da vitalidad, y es la única clase capaz de construir una nueva hegemonía, un nuevo orden combinando los métodos tradicionales con las nuevas formas que otorga el desarrollo tecnológico para superar la fragmentación. Esto, de la mano de una estrategia para vencer con la conquista de posiciones estratégicas y la huelga general.

Los marxistas revolucionarios hacemos del internacionalismo una de nuestras banderas, sabemos que en esta etapa la lucha adquiere una forma nacional. La simpatía que levantan las rebeliones latinoamericanas, en las clases subalternas son enormes. Son sobrados los casos de solidaridad proletaria a nivel internacional en la historia, quizás el más recordado de ellos sean las brigadas internacionales que enfrentaron al fascismo en la guerra civil española.

Así, mantiene toda su vigencia, y se reactualiza el célebre final del Manifiesto Comunista, escrito hace más de 170 años “Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar. ¡Proletarios de todos los países, uníos!”



[1ANDERSON, Perry. Transiciones de la Antigüedad al Feudalismo. Pag. 13

[2Rabinovich, Las Guerras Civiles en el Río de la Plata en Guerras de la Historia Argentina. Pag. 139

[3ANDERSON, Perry. Transiciones de la Antigüedad al Feudalismo. Pag. 13

[4Rabinovich, Las Guerras Civiles en el Río de la Plata en Guerras de la Historia Argentina. Pag. 139





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