Política

CRIMINALIZACIÓN DE LA PROTESTA SOCIAL

Antes de irse, Macri y Bullrich quieren descargar más represión contra la protesta social

Tiempo estimado 7:22 min


Los funcionarios reaccionarios toman el ejemplo de Chile para generar un clima represivo ante la posibilidad de “contagios” en Argentina. Le tienen odio y miedo a la rebelión contra el ajuste y miseria.

Daniel Satur

@saturnetroc

Martes 22 de octubre | 23:54

Este lunes, en las inmediaciones del consulado de Chile en pleno centro de la Ciudad de Buenos Aires, el Gobierno desató una represión con gases y balas de goma sobre una movilización de residentes chilenos y organizaciones políticas y sociales, convocada en solidaridad con la lucha del pueblo trasandino. Además de dejar un saldo de varios heridos, la Policía de la Ciudad detuvo a seis manifestantes, algunos de ellos referentes de organizaciones sociales.

El “justificativo” del Gobierno para desatar la cacería fue una serie de confusos hechos (entre ellos la repudiable agresión a periodistas) ocurridos poco antes de que el Frente de Izquierda Unidad realizara un acto frente a la sede diplomática.

Sospechosamente, entre esos hechos y la represión la ministra de Seguridad Patricia Bullrich dio una entrevista por al canal LN+ donde aseguró que detrás de la agresión a los periodistas estaba la izquierda e hizo especial referencia al candidato presidencial del FIT Unidad, quien en el debate del domingo saludó la movilización popular en Chile ante el silencio ensordecedor del resto de los candidatos.

“En el debate el candidato Del Caño incitó a imitar a los chilenos que están incendiando Chile. Eligen la violencia como camino, y ese sendero es peligroso e incontrolable. Estamos decididos a seguir defendendiendo la Paz y la tranquilidad de nuestra sociedad, y nosotros actuaremos con todo el peso de la ley contra quienes quieran generar caos”, tuiteó la misma funcionaria poco después de que la represión en las calles porteñas se había consumado.

Alerta de contagio

En sintonía con el Gobierno, pocas horas antes de las balas y los gases contra la marcha, el diario Clarín publicó una breve nota, firmada por Natasha Niebieskikwiat, en la que se afirmaba que en la Casa Rosada están “en alerta por los contagios de la violencia en la región”.

Según ese artículo, “altas fuentes” oficiales están preocupadas por marchas como la de Capital, o por un cacerolazo realizado el domingo en La Plata por residentes chilenos, o por “movimientos de la Federación Anarquista de Rosario” o incluso por “comunicaciones por Whatsapp” con contenidos del tipo “#Fuera Piñera” o “#Huelga General”. Bizarro, pero real.

Este martes, mientras los detenidos continuaban esperando ser liberados al tiempo que eran imputados por causas inventadas, Bullrich insistió con su campaña reaccionaria. En una entrevista por Radio Metro con la periodista María O’Donnell, dijo que “hay que ver si los once muertos en Chile son por represión”. Y negó que en el país hermano haya “una protesta social. Es una insurrección con carácter cuasi terrorista, no jorobemos”.

Pero le dio una vuelta de rosca a su discurso, identificando a quienes reivindican las protestas en Chile con quienes reivindican “la ‘gran jornada’ del 20 y 21 de diciembre de la Argentina, ‘gran jornada’. A ver si empezamos a entender que esas cosas no se reivindican. No se reivindica la violencia bajo ningún punto de vista. Ya pasó en la década del 70”.

Parece que a Bullrich le falla el almanaque, porque las jornadas revolucionarias de 2001 de las que habla fueron el 19 y 20 de diciembre, no el 21. Pero además es lógico que no reivindique esa gesta popular, porque precisamente ella fue la ministra de Trabajo de Fernando de la Rúa en un gobierno que aplicó un brutal ajuste contra la clase trabajadora y terminó saltando por los aires después de decretar un criminal estado de sitio.

Campaña sucia

La campaña represiva se profundizó por estas horas con declaraciones de otros altos referentes del Gobierno. El candidato a vicepresidente de Macri, Miguel Ángel Pichetto, dijo en Rosario que “Latinoamérica vive un proceso de desestabilización preocupante que tiene un origen cubano y venezolano”.

A su rancio razonamiento, Pichetto le agregó un par de provocaciones. “En Ecuador un gobierno de centro tiene graves problemas con los pueblos originarios y sufre un levantamiento que no se sabe bien cuál es el origen”, afirmó. Y “luego en Chile, por una cuestión menor que se podría haber analizado en una audiencia pública, desató violencia con daños materiales y muertes”, sentenció.

Paralelamente, el canciller Jorge Faurie dijo por TN (también del Grupo Clarín) que existen “intentos desestabilizadores” en las protestas de Chile y Ecuador, al tiempo que advirtió que el Gobierno está “muy atento” a lo que pueda pasar en la Argentina luego de los disturbios frente al consulado chileno.

¿Cuál es el miedo que aqueja al Gobierno? Sin dudas un efecto contagio. Pero no un contagio “cuasiterrorista”, como dice Bullrich, sino un contagio de lucha en las calles por reclamar derechos elementales, esos que el propio macrismo se empecinó en negar para poder garantizar los negocios de los especuladores y los buitres para los que gobierna.

Macri, Pichetto, Bullrich, Faurie, Clarín y compañía le temen a la irreverencia popular, esa que viene demostrando en Francia, en Ecuador o en Chile que es posible torcerle el brazo a los saqueadores capitalistas que solo saben de ajuste y represión.

Consultada por esta escalada reaccionaria del oficialismo, la dirigente del Frente de Izquierda Unidad Myriam Bregman dijo que “hay una coordinación entre funcionarios para salir con esta campaña, es una línea oficial”.

La candidata a diputada nacional del FIT Unidad afirmó que “esto tiene que ver con algo mucho más profundo. Ellos se habían ilusionado mucho con el triunfo de Bolsonaro, con le avance de Trump en la región y su intento de golpe de Estado en Venezuela, creyendo que se venía una nueva oleada derechista. Pero las masas trabajadoras y populares lo empiezan a poner en cuestión, primero en Ecuardor y ahora en Chile”.

La campaña macartista y criminalizadora del Gobierno, que busca reforzar el amedrentamiento contra quienes pretendan salir a luchar contra el hambre, la miseria y el ajuste en sintonía con las masas chilenas, debería ser repudiada y a la vez combatida por todos aquellos que realmente se posicionan contra los planes del Fondo Monetario Internacional y quienes se benefician con ellos.

En este marco, el silencio de los máximos referentes del Frente de Todos, empezando por Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, respecto a estos nuevos aprestos represivos contribuyen al envalentonamiento del propio oficialismo. Ni siquiera parece conmover a las huestes peronistas que Bullrich y sus secuaces también acusen a referentes de su espacio, como Juan Grabois, de ser parte de la imaginaria cierta conspiración terrorista internacional.

¿Será que quienes se preparan para gobernar en reemplazo de Macri no ven tan ajena la necesidad de reprimir cuando miles salgan a las calles contra el ajuste del FMI? Ese ajuste que, pese a que Macri se va, parece estar destinado a quedarse.





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