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Aumenta la tensión en Sudán tras la huelga general

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El ejército de Sudán declaró este jueves que el campamento de protesta es "una amenaza para la seguridad nacional", tras la huelga general que paralizó Sudán por 48 horas el martes y miércoles. Se profundiza la crisis abierta.

Viernes 31 de mayo | 09:20

La huelga general de 48 horas convocada por la Asociación de Profesionales de Sudán (APS), el martes y miércoles de esta semana, paralizó casi el 100% de la actividad en el país. Aeropuertos, terminales de ómnibus, destilerías, comercios, bancos, medios de comunicación y hospitales con la exigencia de que pase el poder a un gobierno civil. Miles se manifestaron con alto grado de organización frente a sus empresas, estudiantes, mujeres y trabajadores golpearon con un solo puño por todo el país.

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El campamento de la capital, Jartum, frente al Ministerio de Defensa, sede central del Ejército, se mantiene firme desde el 11 de abril, día de la caída del presidente Al Bashir. Es el centro de organización de las manifestaciones, símbolo de lucha contra el régimen de Al Bashir, es la piedra en el zapato del Ejército, pero con la huelga general, las cosas elevaron el nivel de enfrentamiento.

Las declaraciones del ejército de este jueves contra los manifestantes son un salto en la escalada de tensiones. En un transmisión televisada el general Bahar Ahmed, jefe regional del ejército en la capital, dijo: “El campamento en Jartum es una amenaza para la seguridad nacional”. Una retórica que plantea un aumento represivo a las manifestaciones. “Los campamentos se han vuelto un lugar inseguro, incluso para los mismos manifestantes”, lanzó el general. Se refiere a los ataques que vienen recibiendo de parte de cuerpos paramilitares, pero más que nada de la Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un grupo de paramilitares mercenarios que participó del genocidio de Darfur, al oeste del país. Incluso, dijo que un vehículo militar de las RSF había sido atacado y secuestrado cerca del campamento. Decenas de manifestantes murieron por los ataques, y muchos más resultaron heridos por el hostigamiento de atacantes que son identificados como pertenecientes a las fuerzas armadas.

Las negociaciones entre el Consejo Militar de Transición y la Alianza por la Libertad y el Cambio (ALC) se suspendieron el 21 de mayo ante la falta de acuerdo con respecto a un al Consejo Soberano de Transición. Ambos quieren obtener la dirección y gozar de una mayoría de representación en el seno del futuro Consejo Soberano, que deberá garantizaría la transición política durante tres años. La huelga general fue convocada por la ALC para hacer una demostración de fuerza para ejercer mayor presión sobre el mando militar acorde sus objetivos de obtener mayor espacio de poder en el futuro gobierno.

El alto acatamiento del paro de 48 horas y las demandas de la calle, que siguen gritando "abajo todo el viejo régimen", no están en linea con los deseos de los líderes opositores que han descartado varios de sus objetivos programáticos como un gobierno 100% civil, la agenda de género (a pesar de la fuerte presencia de mujeres en las protestas) o la convocatoria a una Asamblea Constituyente, además de no pronunciarse sobre los acuerdos con el FMI que han venido hundiendo al país en la miseria.

El Ejército cuenta con el respaldo de Arabia Saudita y Emiratos Árabes, lo que les brinda legitimidad internacional. Por esta razón, este mismo jueves entre otros medios que fueron censurados, cerraron las oficinas de Al Jazeera, el medio de comunicación qatarí disidente del régimen saudita, y con relaciones con Irán. Por lo que la disputa geopolítica se hace evidente.

El proceso que sacó a Al Bashir en Sudán está generando dolores de cabeza a Arabia Saudita y Emiratos Árabes. Son países que operaron para frenar todos los procesos de la Primavera Árabe, desde participar en represiones como la de Bahrein o intervenir en una guerra civil en Yemen, de la que participa el ejército sudanés como carne de cañón. Los intereses saudíes y emiratíes son evitar cualquier tipo de gobierno civil, y sostener vía las Fuerzas Armadas la cooperación militar y la estrecha relación financiera a través del Banco Islámico Faisal de Sudán (saudí) y el Banco Nacional de Abu Dhabi (emiratí).

Los saudítas no paran de “colaborar” con los jefes militares. La apuesta de las monarquías del golfo más probable es construir un hombre fuerte a la altura de Haftar en Libia, o Al Sisi en Egipto que pueda dirigir el país africano. La principal preocupación del país árabe, es la influencia de Qatar, Turquía o Irán.

La huelga general fue un enorme pronunciamiento contra régimen, y la respuesta del Ejército deja planteado a la ALC que la salida negociada es un camino muerto. La firmeza de las protestas y la irrupción de la huelga general como método para que caiga el Ejército, son la piedra angular para que se cumplan sus demandas.





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