Política

JUICIO POR ANA MARÍA MARTÍNEZ

Una solidaridad que nace de compartir trincheras

Tiempo estimado 6:07 min


En las trincheras que compartimos juntos contra la dictadura genocida se forjó esa fraternidad. Por caminos separados y con visiones distintas del pasado y del presente pero todos orgullosos de haber levantado esas trincheras, con nuestros mártires a cuestas y luchando por condena a sus asesinos.

Viernes 16 de noviembre de 2018 | 22:39

La ronda de testigos, muchos ex militantes del PST que compartimos aquellos años con Ana María, culminó con las exposiciones de la Dra. Raquel Coronel (por internet desde el juzgado de Río Gallegos) y del Dr. Luis Zamora, ambos abogados que militaban en el PST cuando asesinaron a Ana María (a) Rosalía. Luis recordó como había sido asesinado un compañero en San Juan en 1981, y Raquel relató el secuestro que sufrió cuando había viajado a Catamarca a interiorizarse de unas causas a presos políticos en esas fechas.

Luis aportó pruebas de la tarea realizada apenas se enteran de la desaparición de Ana María: hábeas corpus, solicitada en los medios con importantes personalidades encabezada por Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato, marchas con las Madres en la Plaza de Mayo, entrevistas, recorrida por las comisarías, que siguieron incluso después que apareciera el cuerpo, una semana después, ya que las autoridades militares y policiales ocultaron todo lo que pudieron, e incluso enterraron a Ana María como N.N. pese a la enorme repercusión mediática que había suscitado su caso.

Este jueves 14 fueron los alegatos de la querella y fiscalía. Comenzó el Dr. Ciro Annicchiarico, de la Sec. de DDHH de la Nación, que solicitó de entrada que este crimen debería estar en el marco del genocidio perpetrado en nuestro país entre 1976 y 1983.

Luego fue el turno del Dr. Pablo Llonto, que es el abogado de la causa, la nº 407 del megajuicio por Campo de Mayo, el mayor centro de detención clandestina y desaparición de personas que tuvo nuestro país, de donde salieron muchos de los malditos vuelos de la muerte. Tuvo la asistencia de Coco que demostró el accionar conjunto de FFAA y Policía.

Su alegato fue impecable. Basado en años de investigación, en las declaraciones de los testigos, en informes de los mismos represores, en documentos aportados por la Comisión Provincial de la Memoria, como es el caso de la infiltración policial al PST especialmente al equipo que dirigía Ana María, se fue demostrando en forma contundente la responsabilidad criminal de los imputados, los militares Apa y Muñoz, responsables de Inteligencia y de Personal en Campo de Mayo.

Culminando su exposición (al final del juicio podremos acceder a la filmación que realiza el INCAA), agradeció a los que con su aporte, como el caso de Guillermo Schelling, ex esposo de Ana María, permitieron que se realizara este juicio. Guillermo viajó especialmente desde Catalunya, donde reside hace 40 años, para el juicio. Este jueves vino al juicio la compañera Rosa que también llegó desde Barcelona y con quien milité en el PST en esa época.

Pablo describió la militancia en aquellos años, bajo la clandestinidad, el riesgo que implicaba pese a los resguardos que se tomaran. Hizo una semblanza de Ana María y de su compromiso militante. La emoción nos iba contagiando a los presentes. Dijo que se recomienda que quienes defienden una causa de esta naturaleza deben evitar estar relacionados en forma personal, afectiva a la misma, para evitar una presión extra. Y continuó. “Soy el abogado de la causa, pero yo fui militante del PST en ese tiempo… cuando compañeras como Rosalía combatían a la dictadura… y es por ella, y tantas Rosalías que cayeron….”. La emoción le impidió seguir. Se dice en estos casos: “se quebró”. Sería un error decirlo en este caso. No hubo quiebre alguno. Al contrario. Es mostrar desde lo más íntimo, desde los sentimientos, de la emociones, que van más allá de un contundente y documentado alegato, la bronca, el dolor y la sed de justicia frente al crimen atroz.

Nublada la vista por las lágrimas que brotaban, como a todos los que estábamos ahí, y con un nudo en la garganta igual grité un Vamos Pablo en momento que toda la sala estallaba en aplausos, para darle ánimo y a su vez reconocer todo lo que hizo por este juicio.

Es común, dicen, que en los juicios de crímenes de lesa humanidad las víctimas sobrevivientes, o familiares de los que ya no están se emocionen hasta las lágrimas. Pero nunca había escuchado que fuera el abogado querellante a quien le sucediera.

Trincheras compartidas

En el cuarto intermedio, aún emocionados, salimos al patio y nos abrazábamos. De la Comisión de amigos y familiares, que encabeza su cuñada Carmen, compañeros y compañeras del PTS, de IS, del MST, del PSTU, de CS, de OS, de los que militan en otros organismos sociales o de DDHH. Muchos fuimos ex militantes del PST. Era notoria en el ambiente una comunión de solidaridad. Tenía una fuerte raíz, pese las diferencias actuales algunas de larga data y profundidad. Es que como recordó el amigo y camarada Manolo Romano, de pura coincidencia ese mismo día y por un tema similar, León Trotsky en su folleto “Su moral y la nuestra” había escrito que la solidaridad forjada en las trincheras o en las barricadas es muy superior a la solidaridad humana en general.

Y es en esas trincheras que compartimos juntos contra la dictadura genocida donde se forjó esa fraternidad. Por caminos separados y con visiones distintas del pasado y del presente pero todos orgullosos de haber levantado esas trincheras, con nuestros mártires a cuestas y luchando por condena a sus asesinos.

Al final un compañero de la Juventud del PTS se acerca y me dice. “Que fuerte fue esto”. Y ahí está la otra tarea que nos queda. Transmitir esa tradición a las nuevas generaciones que aprehendiendo (y aprendiendo) del pasado tengan más claridad de la lucha por la sociedad sin explotadores ni explotados por las que junto a ellos estamos levantando nuevas barricadas y trincheras hasta triunfar.





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