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Mario Abdo: la derecha paraguaya y los desafíos a escala internacional

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El día de ayer, 15 de agosto, Mario Abdo, integrante del derechista Partido Colorado, asumió la presidencia en Paraguay dentro del marco de las protestas contra la corrupción en el país.

Valentina González

Estudiante Castellano. Pedagógico.

Jueves 16 de agosto de 2018 | 04:06

El pasado 22 de abril Mario Abdo se coronó en las presidenciales conquistando la primera mayoría en las votaciones, victoria que, nuevamente, deja a un partido conservador en el Gobierno, no obstante, esto se da en un momento de profundo cuestionamiento a la corrupción, que se ha traducido en importantes protestas que piden los cargos de todos aquellos que tengan investigaciones abiertas.

Lo anterior generó crispaciones al interior del partido conservador, el cual hoy se encuentra dividido entre el sector pro Castor, presidente anterior, y pro Abdo. Esto se ha reflejado en las líneas distintas que han tomado en las discusiones parlamentarias y que, entrecruzado al ser minoría en el congreso, lo empuja a buscar consensos con la oposición y parte de eso se vio reflejado en el discurso que dio ayer en la ceremonia de asunción: "Cada generación tiene una misión histórica; estoy convencido de que la nuestra es unir a nuestro país, unirlo en valores, que esa unidad sea una herramienta para que haya una transformación positiva y definitiva que venga de nuestras manos, juntos, para la construcción de un mejor Paraguay". Aquello hace de un gobierno inestable a la hora de pensar la “gobernabilidad”. Características en las que confluyen parte importante de los países que integran América Latina.

La derecha en Latinoamerica

Como mencioné antes, ayer se realizó la asunción de Abdo, ceremonia a la que asistió Temer y Macri, presidentes de Brasil y Argentina respectivamente, países que, al igual que Chile y Paraguay, comparten a la derecha en los principales cargos, pero esto no implica que estén asentados o puedan pasar sin problema alguno su programa histórico, es decir, sus ataques.

Ejemplo de lo anterior es lo que está pasando en Brasil, donde en miras de las elecciones aún no hay un candidato “fuerte” en un marco de censura y medidas antidemocráticas; Asimismo, Argentina mostró como la movilización y organización en las calles es una forma efectiva y viable para conquistar nuestras demandas ante un gobierno intransigente como lo es el de Macri, el mismo que para enfrentar al FMI pasa a llevar aún más la calidad de vida de los sectores más precarizados. O Chile con el gobierno reaccionario de Piñera, ese mismo que en menos de una semana tuvo que hacer tres cambios de gabinete ministerial por el aumento en la desaprobación de su gobierno, dentro del marco de los distintos ataques que directa o indirectamente ha implantado, parte de eso son los despidos masivos, el Estatuto Laboral Juvenil o el rechazo al aborto legal, libre, seguro y gratuito. Así también pensar lo de Paraguay con el cuestionamiento a la corrupción.

La inestabilidad de la derecha, de fondo, nos empuja a ver cuáles son los desafíos que como izquierda revolucionaria hoy tenemos planteados pues no podemos hacer vista gorda a las contradicciones que atraviesan al conjunto del continente: el desprestigio de las instituciones, el descontento con los partidos tradicionales, la corrupción, etc. porque así como puede implicar un avance de las conciencias, puede que no y que incluso, tienda a fortalecer una subjetividad más reaccionaria entendiendo el fuerte radio de influencia que posee la derecha. Y aquello es lo que hace nuestros desafíos hoy: mostrar una alternativa real que tienda puentes entre esos problemas y la conquista de un nuevo tipo de sociedad.





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