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Independiente campeón de la Copa Suruga Bank: suma su 18º título internacional

Tiempo estimado 3:10 min


El equipo de Ariel Holan derrotó al Cerezo Osaka por 1-0 con gol de Silvio Romero. Se consagra en la copa que le faltaba: la que enfrenta al campeón de la Sudamericana con el de la liga japonesa.

Augusto Dorado

@AugustoDorado

Miércoles 8 de agosto de 2018 | Edición del día

Independiente de Avellaneda suma una estrella y una sonrisa: con esta nueva consagración son 18 títulos internacionales oficiales (en la era profesional), con lo que iguala a Boca Juniors. Con esta vuelta olímpica en Japón, la parcialidad roja siente el alivio de volver a estar en las primeras planas, el lugar en el que siempre quiere ver a Independiente.

El gran artífice de este momento es el DT Ariel Holan: le devolvió identidad y juego al club, pero además se tomó en serio el trabajo necesario para concretar un título; el entrenador llevó al plantel con la antelación suficiente como para concentrarse en el objetivo de conquistar esta copa.

El partido fue discreto y las emociones fueron escasas: Independiente tuvo un primer tiempo como dueño casi exclusivo de la pelota (una relación aproximada de 70 a 30 % en cuanto a la tenencia del balón) y buscaba sin desesperación ante un Cerezo Osaka muy refugiado en el fondo, que apostaba al cansancio de Independiente para postularse como protagonista para el segundo tiempo.

El Rojo no le encontraba la vuelta aunque no se desesperaba. Tuvo una llegada de rutina que debió haber culminado en penal por un manotazo torpe de la defensa japonesa y que el árbitro holandés no cobró; luego un tiro libre viene ejecutado por Hernández (el tucumano ex Celta de Vigo, una de las nuevas incorporaciones). Pero no mucho más, con los laterales demasiado contenidos, lo que le restaba variantes ofensivas.

La lógica del partido indicaba que si el visitante lograba marcar un gol le desarmaba el esquema al local: ese desequilibrio llegó en una buena combinación en el área del Cerezo que Silvio Romero –que apareció como un fantasma, sorpresivo y oportuno- plasmó en la red. Fue el 1-0 para la tranquilidad del Rojo.

El segundo tiempo tuvo al equipo japonés más metido, consciente de que se le presentaba otro partido, y comenzó a controlar más la pelota. En el poco peligro que llevaba al arco rojo se chocaba con la seguridad del capitán de Independiente, el arquero uruguayo Martín Campaña (pilar indiscutible de este equipo).

El tiempo fue transcurriendo o más bien –por el ritmo del partido- se fue escurriendo como la arena de un reloj, hasta que se cumplió el objetivo: Independiente pudo levantar esa copa que se le había negado en 2011. Ahora vuelve a mirar “desde arriba” a los más grandes del continente.

El Rojo obtiene envión anímico en una copa de menor categoría para su ambición principal: llegar lo más lejos posible en la Copa Libertadores, su gran amor. Correspondido, claro, porque la Libertadores no conoce a otro club que la haya conquistado más veces. Independiente ahora sabe que es capaz de hazañas o hasta de cumplir con objetivos como la Suruga Bank como si se tratara de un trámite. Y el pueblo rojo sueña…





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