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HISTORIA

El internacionalismo según las épocas

El 1M en sus inicios tuvo un carácter internacionalista unificando los reclamos de los trabajadores ante la explotación brutal a la que los sometía un capitalismo en desarrollo (aún de “librecambio”) en el siglo XIX.

Gabriela Liszt

@gaby_liszt

Jueves 21 de abril de 2016 | Edición del día

En el Siglo XIX

El imperialismo inglés, y en menor medida el francés, eran las grandes potencias dominantes del mundo. La clase obrera también se desarrollaba al ritmo del aumento de la industrialización (más en los países imperialistas, menos en las semicolonias) y empezaba a comprender que tenía que organizarse internacionalmente para enfrentar un sistema mundial. Marx y Engels impulsaron la fundación de la I Internacional (AIT) que sacó las lecciones de las revoluciones europeas de 1848, donde la burguesía y los primeros trabajadores jugaron un rol diferente. En la AIT, distintas tendencias coincidían con el objetivo que era el socialismo, aunque diferían en sus métodos y la relación a mantener con la burguesía. Para Marx “No es cuestión reformar la propiedad privada, sino abolirla; no de paliar los antagonismos de clase, sino abolir las clases; no de mejorar la sociedad existente, sino establecer una nueva”. (Circular del Comité Central a la Liga Comunista, 1850). Con la Comuna de París en 1871, la primera toma del poder por los trabajadores, las tendencias se enfrentaron abiertamente, disolviendo la AIT.

En el siglo XX

“Uniendo entre sí a países y continentes que se encuentran en etapas diferentes de desarrollo a través de un sistema de dependencia y oposición, aproximando estos diversos niveles de desarrollo y alejándolos inmediatamente después, oponiendo implacablemente todos los países entre sí, la economía mundial se ha convertido en una realidad poderosa que domina la de los diversos países y continentes. Por sí mismo, este hecho fundamental confiere un carácter profundamente realista a la idea de un partido comunista mundial”. (Trotsky, Stalin, el gran organizador de derrotas). La II Internacional se fundó cuando el capitalismo empezaba a desarrollar importantes crisis económicas mundiales, el mundo estaba repartido, la concentración de la economía en grandes monopolios se aceleraba y las fronteras nacionales fijadas por las viejas burguesías eran una traba para su comercio. Para subordinar a los trabajadores, el imperialismo creó una capa privilegiada dentro de sus movimientos obreros reflejada en los socialistas que solo luchaban por reformar el capitalismo y defendían a su imperialismo.

La II Internacional siguió este camino en su gran mayoría, y en la Primera Guerra Mundial (la mayor expresión del cambio del capitalismo librecambista en imperialismo) votaron los créditos de guerra de sus burguesías. “La burguesía incita a los trabajadores de una nación contra los de otra en el esfuerzo por mantenerlos desunidos. Los obreros conscientes, dándose cuenta de que el desglose de todas las barreras nacionales por el capitalismo es inevitable y progresivo, tratan de ayudar a educar y organizar a sus compañeros trabajadores de otros paí- ses”. (Lenin, Capitalismo e inmigración de los trabajadores). La socialdemocracia llegó a gobernar países imperialistas, y aplicó políticas burguesas como hoy vemos en la Francia de Hollande. La celebración de 1M fue cooptada por la burguesía con la ayuda de los PS, cambiando su carácter combativo por un día festivo, “el día del trabajo” (EE. UU., el país originario nunca lo celebró ese día). “Las charlatanerías de toda especie según las cuales las condiciones históricas no estarían todavía ‘maduras’ para el socialismo no son sino el producto de la ignorancia o de un engaño consciente. Las condiciones objetivas de la revolución proletaria no sólo están maduras sino que han empezado a descomponerse. Sin revolución social en un próximo período histórico, la civilización humana está bajo amenaza de ser arrasada por una catástrofe. Todo depende del proletariado, es decir, de su vanguardia revolucionaria”. (Trotsky, Programa de Transición) Esta madurez se demostró en Rusia en 1917 con la primera revolución donde los trabajadores y el pueblo lograron tomar el poder y mantenerlo. No sólo las condiciones objetivas estaban maduras sino que se había desarrollado un partido revolucionario que junto a revolucionarios de otros países fundaron la III Internacional en 1919. Con la caída del zar, el 1M se conmemoró por primera vez en libertad. En 1918, ese día se organizó el primer desfile militar, iniciada la guerra civil en defensa de la revolución.

A partir de la burocratización de la URSS, Stalin comenzó a plantear la teoría del “socialismo en un solo país” en 1924, devaluando el carácter internacional del 1M y la importancia de la III Internacional. El “culto a la personalidad” de Stalin convirtió este día en desfiles del aparato militar burocrático. En 1943, Stalin disolvió la III Internacional por considerarla innecesaria. La llamada “Guerra fría” con EE. UU. y la carrera armamentista se dieron mientras coexistían pacíficamente desde la Segunda Guerra Mundial. “Mientras más largo sea el tiempo que la URSS permanezca rodeada por un medio capitalista, más profunda será la degeneración de los tejidos sociales. Un aislamiento indefinido provocaría infaliblemente, no el establecimiento de un comunismo nacional, sino la restauración del capitalismo”. (Trosky, La Revolución Traicionada). Lamentablemente este pronóstico se dio y con la caída del Muro de Berlín, el imperialismo declaró la muerte del “socialismo”, igualando al socialismo de Marx, Engels, Lenin y Trotsky y al Partido Bolchevique con su contrario: la burocracia estalinista.

En el Siglo XXI retomemos el internacionalismo

Existe en el mundo una clase obrera de más de tres mil millones que, si supera las divisiones de origen étnico, cultural, nacional o de precarización laboral, tiene la potencialidad para terminar con este orden de explotación. Sólo por la fuerza de su trabajo funciona el conjunto de los medios de producción y de cambio de todo el planeta. Décadas de restauración burguesa y retroceso y la acción de direcciones que colaboraron con la ofensiva del capital, minaron la confianza de la clase obrera en sus propias fuerzas e implicaron un retroceso en organización y capacidad de lucha. El proletariado necesita recuperar la confianza en sus propias fuerzas y convertirse en sujeto social hegemónico del conjunto de los explotados y oprimidos. Los rescates estatales de 2008/9 a los grandes bancos y corporaciones evitaron por ahora una depresión como en los 30 pero no una salida a la crisis. Esta política llevó a un endeudamiento estatal insostenible que los gobiernos capitalistas pretenden hacer pagar a los trabajadores y sectores populares.

La respuesta de los explotados aún no está a la altura de la crisis capitalista y del ataque de la clase dominante. El movimiento obrero internacional arrastra una crisis de sus organizaciones tradicionales (sindicatos y partidos) combinada con una crisis histórica de dirección revolucionaria. No hay un Partido de la Revolución Mundial, como llamó a construir Trotsky y la IV Internacional. Hay que refundarlo, terminando con los obstáculos reformistas o centristas. Hay que retomar y actualizar teórica y prácticamente al marxismo. Desarrollar un internacionalismo práctico, sacando las lecciones programáticas de los principales acontecimientos de la lucha de clases y definir dónde están dadas las condiciones para que los marxistas puedan jugar un rol decisivo en la lucha de clases o fenómenos políticos de la clase obrera. Unir lo que la burguesía divide, como los trabajadores de las automotrices donde cada parte se hace en un país pero, si uno para, las multinacionales pueden producir en otro o trasladarse donde tengan más ganancia. El partido de la revolución en Argentina y la organización de la revolución mundial solo surgirán de la fusión de los marxistas con la vanguardia obrera y juvenil, producto de discusiones y de una práctica común en la lucha de clases.




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