Economía

MITOS DEL DISCURSO ECONÓMICO

¿Mantener o levantar el “cepo” cambiario? Esa no es la cuestión

Las restricciones para la compra de dólares están en el tope de la agenda para el próximo gobierno. Macri prometió un levantamiento inmediato de cualquier traba; Massa un plan de cien días para liberar las operaciones cambiarias. Scioli prevé un cambio gradual. ¿A quién afecta el cepo y qué implicancias tienen los planes de los candidatos?

Esteban Mercatante

@estebanm1870

Viernes 23 de octubre de 2015 | Edición del día

Los críticos del gobierno popularizaron con el término “cepo” las restricciones para la compra de moneda extranjera que rigen desde fines 2011, a partir de que empezaron a evidenciarse problemas en la disponibilidad de dólares del país. El mismo es rechazado desde sectores afines al oficialismo. Por ejemplo el periodista Alfredo Zaiat define las restricciones como un “eficiente” manejo del tipo de cambio, aunque nunca explica por qué esta “eficiencia” recién se descubrió en 2011, en medio de urgencias, y cuando ya el empresariado argentino y toda clase de especuladores habían desfalcado más de 90 mil millones de dólares desde 2003.

Los planes sobre las restricciones para la compra de dólares tienen un lugar importante en la discusión sobre las medidas que tomará el próximo presidente en el arranque de su mandato. Mauricio Macri prometió una restauración inmediata de la “libertad” para comprar dólares. Parecería que acceder a los verdes es un derecho inalienable que debe ser asegurado sin demora. Sergio Massa ha dejado hablar a su asesor estrella, Roberto Lavagna, que habló de un plan de cien días para restablecer un mercado cambiario unificado sin trabas. Mientras tanto, Miguel Bein, referente de Scioli, dio a conocer el miércoles un documento donde plantea “una estrategia de partida donde, sin soltar los controles de capitales, es el BCRA el que define el valor del dólar en un esquema de flotación administrada, mientras se avanza en la recapitalización de la entidad monetaria”. Es decir, mantener el “cepo” mientras la emisión de deuda no alcance, y probablemente después también.

Pero la cuestión no puede reducirse a cepo o “libertad” para la compra de dólares. Es necesario analizar qué dice la escasez de dólares sobre la economía argentina, y lo que está en juego en los distintos planes para remover el cepo.

¿Dónde están los dólares que “faltan”?

Entre 2002-2014 la economía argentina vendió más mercancías al extranjero (en primer lugar granos de soja, maíz, girasol) de las que fueron compradas desde acá a otros países. Gracias a esto, la Argentina registró un superávit comercial que suma en este período 184 mil millones de dólares. Sin embargo, a partir de 2011 el Banco Central, que es el que acumula como reservas buena parte de las divisas que entran al país, empezó a afrontar escasez de dólares. ¿Cómo se explica esta situación? Es que en tiempos de abundancia se transfirió recursos a ritmo acelerado al exterior en nombre del “desendeudamiento”, los capitalistas extranjeros y la burguesía nacional también colaron en el exterior buena parte de los frutos de su ganancia. Los recursos excedentes se concentraron en alimentar esta salida de dólares. Más que falta de dólares, lo que tenemos es un verdadero desfalco, orquestado por el gobierno, la burguesía argentina (que tiene en el exterior entre 200 mil y 400 mil millones de dólares según distintas estimaciones) y el capital extranjero radicado en el país.

Los usureros, sin cepo

Desde el kirchnerismo se defiende la necesidad del cepo, pero “olvidan” mencionar el privilegio para acceder a dólares que tienen los acreedores externos. Sólo en octubre recibieron 6 mil millones de dólares por pagos de deuda. Mientras tanto, las grandes empresas consiguen dólares a través de operaciones como el “contado con liqui” y “dólar bolsa” para fugar capitales y presionar por una devaluación. El gobierno opera contra estos mecanismos pero sin frenarlos. A pesar de ciertas trabas los deja hacer. Las trabas para acceder a dólares terminan afectando principalmente, a una parte de los trabajadores y la clase media que quiere preservar sus ahorros frente a la inflación.

Son quienes recurren al ahorro en dólares para intentar acceder a una casa propia, a un auto, para hacer turismo y esparcimiento, en un esfuerzo que en muchos casos implica enormes privaciones, los que más se ven afectados por las restricciones. La prevención de estos sectores que los lleva a recurrir al ahorro en dólares se apoya en la experiencia de que el sistema bancario actual es una asociación ilícita en contra de los ahorristas medios y pequeños, que los ha saqueado una y otra vez a lo largo de las últimas décadas con apoyo del Estado.

¿Y entonces?

El dólar es un “insumo” central para una economía obligada a importar para sostener la producción, adquirir combustible y otros bienes fundamentales. La economía argentina que deja el kirchnerismo, a pesar de los discursos sobre reindustrialización y soberanía, mantiene un aparato productivo fuertemente desarticulado, heredado de la salvaje reestructuración iniciada a mediados de los años ’70 y profundizada durante el gobierno de Menem con políticas aperturistas y liberalizadoras. Por eso, sin dólares no marcha la producción. Esto significa que para asegurar una producción al servicio de las necesidades sociales, administrar las divisas que surgen del comercio exterior y evitar las maniobras especulativas que hace la clase capitalista con los dólares, constituyen problemas de primer orden que estarán en la prioridad para un gobierno de los trabajadores como el que propone el Frente de Izquierda y de los Trabajadores.

El kirchnerismo tapono algunas operaciones de compra de divisa, pero no atacó las causas de la gangrena que genera la escasez. Para esto son necesarias medidas como dejar de pagar la deuda, nacionalizar la banca creando una banca nacional única controlada por los trabajadores, y establecer el monopolio del comercio exterior para administrar los dólares en función de las necesidades de una producción al servicio de las mayorías populares y no de las ganancias de unos pocos. Una banca estatal única, permitirá asegurar el conjunto de los depósitos de los pequeños y medianos ahorristas, a diferencia de la banca privada que desfalca los depósitos como primera medida ante cualquier crisis, uno de los motivos centrales que explica la “huida” al dólar. Con esta garantía, sumada al crédito barato, permitirán responderá a los motivos de fondo que explican el vuelco a la divisa extranjera.

Enfrentar el problema del dólar saliendo de la falsa disyuntiva sobre el cepo y cargando los costos sobre quienes lo generaron, es decir el capital financiero, las empresas que manejan el comercio exterior, y los bancos articuladores de la fuga de capitales, son las medidas que propone el FIT.




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