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La Izquierda Diario
10 de octubre de 2017 Twitter Faceboock

ESTALINISMO DEL SIGLO XXI
El Partido comunista griego (KKE) se opone a la ley transgénero y defiende la familia heteropatriarcal
Josefina L. Martínez | Historiadora | Madrid

El parlamento griego aprueba una Ley de derechos para personas transgénero, con la oposición de los conservadores, la extrema derecha y los comunistas del KKE.

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Foto: Un grupo de personas celebran el reconocimiento legal de la libre elección de identidad de género, en el parlamento de Atenas (Grecia), 10 de octubre de 2017./EFE

La Ley aprobada este martes permitirá que las personas trans puedan cambiar su identidad de género a partir de los 15 años en sus documentos y en todo tipo de documentación legal, sin tener que demostrar ningún tipo de operación ni diagnóstico psiquiátrico. Antes que esto, las personas trans no podían cambiar su documentación sin demostrar que habían tenido una operación quirúrgica, además de requerir el aval de un psiquiatra que diagnosticara “desorden de género”. Ahora bastará con una declaración de la persona interesada, solicitando el cambio de género en su documentación.

Esto ha sido festejado como una conquista por la comunidad LGTB y colectivos trans en Grecia, que vienen luchando hace décadas contra una legislación muy conservadora, contra las enormes presiones que ejerce la Iglesia Ortodoxa griega.

En el Parlamento griego, la ley fue aprobada con 171 votos a favor, incluyendo al partido de gobierno, Syriza. Mientras que 114 diputados votaron en contra, pertenecientes a los grupos conservadores Nueva Democracia, Unión de Centro, la ultra derecha de Amanecer Dorado y los estalinistas del KKE.

El KKE griego, o cuando la homofobia se viste de rojo

Hace muchos años que el KKE cosecha fuertes críticas en Grecia por su oposición a los derechos de la comunidad LGTB. En este caso, justificaron su oposición a votar a favor del reconocimiento de las personas trans con el argumento reaccionario de que el sexo/género está “objetivamente” determinado por la biología, y que la heterosexualidad “predomina” justamente por esta razón.

Argumentos retrógrados similares utilizaron en 2015 para negarse a votar una ley de uniones civiles, sosteniendo que era el primer paso para los derechos para las parejas homosexuales, y para la adopción de niños por parte de las parejas del mismo sexo.

En una declaración completamente homofóbica aseguraban lo siguiente: “La orientación homosexual o la alternancia entre orientaciones homosexuales y heterosexuales es presentada por sectores intelectuales y artistas, especialmente a la juventud, como algo especialmente disidente, una forma radical de comportamiento (…) Proyectan la idea de que la identidad sexual es algo fluido, construido social y lingüísticamente. Esta es la corriente filosófica del posmodernismo, que niega la objetividad del sexo biológico que es la base de la predominancia de las orientaciones sexuales heterosexuales.” Y agregaban que “estas teorías llevan a la negación de las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, negando la objetividad de la identidad de género”.

Pero, por si esto fuera poco, en la misma declaración decían que “sobre la base de estos criterios, reiteramos que no estamos de acuerdo con la extensión de la institución familiar a las parejas del mismo sexo, mucho más en términos del reconocimiento institucional de la posibilidad de adopción o utilización de la Reproducción Médicamente Asistida”.

Y concluían, en una diatriba digna de la extrema derecha que “el origen biológico de la humanidad es el resultado de una relación sexual hombre-mujer que, como tal, es de interés y está regulada por la sociedad. Objetivamente, un niño que es criado por una pareja del mismo sexo, desde los primeros años determinantes de su vida, adquiere una percepción distorsionada de la relación biológica entre los sexos. Una correcta percepción de esta relación es un ingrediente esencial para su suave desarrollo psicosomático y social.”

El KKE continúa la tradición del estalinismo más “ortodoxo” y los partidos comunistas en la posguerra, que significó un retroceso sin parangón respecto de las conquistas democráticas de la Revolución rusa en cuestiones de género. La Revolución en sus primeros años había despenalizado la homosexualidad, legislado el derecho al aborto libre y al divorcio, además de avanzar medidas que implicaron un cuestionamiento integral a la opresión de la familia patriarcal. El estalinismo, en cambio, volvió a desplegar una ideología reaccionaria que colocaba a las mujeres como “garantes del hogar”, ensalzaba la biología como destino y condenaba la homosexualidad.

El KKE en Grecia hoy coincide en este tema con los sectores más conservadores y reaccionarios de la sociedad griega: la ultra derecha, la Iglesia ortodoxa y los conservadores. Que lo haga intentando disfrazarse de “izquierdista”, con un discurso que supuestamente defiende los intereses de “toda la clase obrera”, “sin distinciones de género o raza”, es pura hipocresía, y hace más necesario desenmascarar su cinismo. Porque la unidad de los trabajadores y trabajadoras (entre sí y con el resto de los sectores oprimidos) solo puede fortalecerse participando activamente de la defensa de los derechos democráticos y de las personas LGTBI, así como en la lucha contra la opresión racial, contra todas las opresiones y por todas las demandas democráticas de los movimientos sociales.

 
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