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La Izquierda Diario
13 de diciembre de 2014 Twitter Faceboock

HISTORIAS DE MUJERES
Sojourner Truth: ¿acaso no soy una mujer?
Celeste Murillo | @rompe_teclas
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Sojourner Truth no se llamaba así cuando nació. Su nombre era Isabella Bomefree y creen que nació en 1797 en el estado de Nueva York (Estados Unidos). Su fecha de nacimiento es estimada porque no se registraban los nacimientos de las personas que eran propiedad de otras personas. Sojourner era negra, hija de esclavos y mujer. La historia en el Estados Unidos esclavista no le deparaba un buen futuro.

A los nueve años fue vendida como un “adicional” de un lote de ovejas a un terrateniente en Nueva York. Trabajó en granjas, en cocinas, aró y sembró la tierra. A los 18 años, se enamoró de un esclavo, cuyo amo prohibió la relación porque si Sojourner quedaba embarazada, él no sería el dueño de sus hijos.

Aunque su dueño le había prometido emanciparla antes de que se completara la abolición en el estado de Nueva York, ante la negativa de cumplir su promesa, huyó con una de sus pequeñas hijas en 1826 (un año antes de la abolición). Cuando regresó a buscar a otro de sus hijos, se enteró de que había sido vendido ilegalmente. Sojourner decidió llevar el caso a la Justicia y ganó. Así se transformó en la primera mujer negra en ganar una demanda a una persona blanca. Unos años más tarde se convirtió en cristiana practicante, pero no abandonó nunca la lucha por la igualdad.

Fue abolicionista, peleó contra la esclavitud y por los derechos de las mujeres. Sojourner no peleaba por los derechos de un sector, no quería representar a las mujeres negras, sino que solía recordarles a las sufragistas y feministas de la época que no había solo mujeres blancas. Les recordaba que existían mujeres que eran tratadas legalmente como propiedad, vendidas y compradas como objetos, sometidas y humilladas por sus amos.

La palabra sojourner significa residir en un lugar, y truth significa verdad. De ahí que el nombre que ella misma había elegido fuera tan simbólico: la residente de la verdad. Famosa por su oratoria, en un momento donde no muchas mujeres hablaban en público (mucho menos las afrodescendientes), Sojourner combatía desigualdades y prejuicios cruzados. El abolicionismo soslayaba los derechos de las mujeres y el movimiento sufragista ignoraba a las mujeres negras, que estaban degradadas a la esclavitud y les era muchísimo más difícil pelear por derechos civiles.

Mucho antes de los debates sobre interseccionalidades de raza y género, Sojourner cuestionaba concretamente el discurso y la visión del movimiento sufragista, que solo hablaba (por acción u omisión) de las mujeres blancas.

“¿Acaso no soy una mujer?”, les preguntó Sojourner en 1851 a las mujeres reunidas el Congreso de Mujeres realizado en Akron (en el estado de Ohio), y conmovió al auditorio:

“¿Acaso no soy una mujer? ¡Mírenme! ¡Miren mis brazos! ¡He arado y sembrado, y trabajado en los establos y ningún hombre lo hizo nunca mejor que yo! Y, ¿acaso no soy una mujer? Puedo trabajar y comer tanto como un hombre si es que consigo alimento, ¡y puedo aguantar el latigazo también! Y, ¿acaso no soy una mujer? Parí trece hijos y vi cómo todos fueron vendidos como esclavos, cuando lloré junto a las penas de mi madre nadie, excepto Jesucristo, me escuchó y, ¿acaso no soy una mujer?”.

En 1869, un 10 de diciembre, las mujeres obtuvieron derecho a votar por primera vez. El derecho no fue reconocido por Estados Unidos, sino por Wyoming, que en ese momento era uno de los territorios asociados. Pasaron más de 20 años antes de que Wyoming se integrara a Estados Unidos. El derecho, otorgado como una forma de atraer población femenina a una zona donde vivía muy pocas mujeres (en 1869, en el territorio había mil y seis mil hombres), se mantendría, aunque recién se reconocería el derecho a votar de las mujeres en 1920, luego de una gran lucha del movimiento sufragista.

Pero en ese momento, a las mujeres negras les fue negado nuevamente el derecho, como había sucedido en el siglo XIX. Y aunque debieron pasar muchos años hasta que las mujeres negras conquistaran sus derechos civiles, aun restringidos por una democracia que sigue siendo racista, Sojourner dejó un legado que permanece intacto. Y sus discursos filosos ponían a las propias sufragistas, luchadoras sinceras por los derechos de las mujeres, ante las contradicciones de su movimiento y sus limitaciones políticas.

La extensión de las protestas en Estados Unidos desatadas por el asesinato de Michael Brown, y hoy por Eric Garner, sellan un cierre cada vez más firme de la ilusión de una sociedad posracial, que se había instalado con la llegada de Barack Obama a la presidencia. El legado de mujeres como Sojourner Truth, Ida Wells o Rosa Parks vive en la juventud que corta los puentes de Brooklyn, inunda las calles en Ferguson y bloquea las autopistas de Los Ángeles.

 
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