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16 de septiembre de 2016 Twitter Faceboock

OPINIÓN
Macri alienta la “justicia” por mano propia
Facundo Aguirre | IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Los linchamientos a presuntos delincuentes y la “justicia” por mano propia se extienden y son aplaudidos como forma de respuesta al aumento de la criminalidad social.

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La situación expresa un elemento importante de descomposición social tanto por las causas que generan el crimen (la miseria y la marginalidad a que es sometido todo un sector del pueblo pobre) como de las respuestas de los “buenos ciudadanos” que se arrogan a sí mismos el derecho al castigo.

El propio presidente Mauricio Macri salió a apoyar a quienes se defienden por mano propia mostrando la completa impotencia del poder político frente a la violencia social agravada por su política de ajuste. Las declaraciones de Macri aprueban el uso privado de la violencia para defender la propiedad, mientras condena y reprime la protesta social.

El Presidente manifiesta su incapacidad de enfrentar a las mafias policiales una de máximas expresiones de la descomposición estatal.

Lo asombroso del caso es que Macri es portador de una moral que sostiene una visión dual del delito. Como presidente es el representante de una clase social y de camarillas empresarias que recurren al delito de guante blanco, en su afán de riquezas como la fuga de capitales, el lavado de dinero del narcotráfico, el contrabando o la utilización fraudulentas de cuentas off shore, tal como las que la familia presidencial posee según demostraron los Panama Papers. Estas acciones delictivas son consideradas por los capitalistas como legítimas en función de los negocios y el gobierno macrista les dio su bendición a partir del blanqueo de capitales.

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Hay que decirlo claramente, los linchamientos y la “justicia” por mano propia son un brote de fascismo, que apunta contra los más pobres y le reclama a sus amos (la burguesía y su Estado) que tengan mano dura. Los linchamientos sólo pueden alentar el gatillo fácil, la represión a la juventud, el discurso manodurista y por ende la impunidad de las mafias policiales que manejan la delincuencia organizada del narcotráfico, la trata de personas, el robo de automotores y cuanto delito rentable puedan explotar.

Los medios de comunicación alientan bajo el mote de “justicia por mano propia” este blumbergrismo de acción directa. Lo cierto es que la ausencia del Estado burgués que reclama la oposición y los medios es una gran mentira. El Estado está ausente en resolver los problemas estructurales del pueblo oprimido, pero omnipresente para reprimir a los que y defender los negocios y ganancias de los capitalistas.

La moral burguesa, que es la que se expresa en estos brotes de fascismo, llama justicia por mano propia a los linchamientos de pobres, mientras que condena como violencia a los piquetes, las huelgas y las protestas. Es la voz de la obediencia al amo la que habla y no el justo anhelo de terminar con los delitos que tiene su raíz en un Estado burgués descompuesto y una sociedad de clases basada en la explotación y la desigualdad.

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Thomas Hobbes fue quien formuló la idea de una guerra de todos contra todos. Entre los hombres, iguales en cuanto a sus pasiones y deseos, existe el deseo de quienes no tienen propiedad o de quienes tienen menos que otros, por tener aquello que es del disfrute de los que más tienen. Esa es la base del desgarro social y el enfrentamiento. Hobbes lo dice con la fórmula “el hombre es el lobo del hombre”. La única forma de evitar esta lucha es con un poder superior al que todos los hombres teman, una fuerza a la que la sociedad ceda su soberanía, para evitar la guerra de todos contra todos y hacer respetar la paz y las leyes que regulen la vida en sociedad. La ideología reaccionaria del manodurismo exige a un Estado burgués descompuesto y lleno de mafias, que alientan la violencia social, que cumpla con su papel de guardián con una mayor dosis de violencia institucional.

La amenaza a la vida y la pequeña propiedad de las familias trabajadoras y desposeídas está en la subsistencia del régimen social y político capitalista, con su secuela de explotación, saqueo e impunidad. Con la irracionalidad de su dirección económica y su búsqueda constante de lucro. El Estado capitalista es el garante de esta desigualdad, una fuerza que se ejerce contra la sociedad, pero no por común acuerdo de sus integrantes, como planteaba Hobbes, sino como máquina de opresión al servicio de las clases propietarias de los medios de producción y de cambio, sobre una mayoría explotada de obreros, campesinos y pobres de todo tipo. Es una fuerza que somete a todo un sector de la población a los caprichos y necesidades de otro.

Hay que organizar la lucha de clases de los trabajadores y la juventud contra el gobierno su Estado y los patrones para apuntar contra el verdadero enemigo de todo el pueblo pobre y terminar con los brotes de fascismo.

 
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