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La Izquierda Diario
3 de abril de 2016 Twitter Faceboock

EDITORIAL DE EDITORIALES
Macri, entre los abrazos de Obama y el país del ajuste
Eduardo Castilla | @castillaeduardo

Tarifazos, pobreza y crisis social. Macri, los bolsillos y la batalla contra la corrupción. Jaime y Schiavi. Peronismo, gobernadores y Senado. Las CGT, su unificación y progresismo.

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La semana que termina deja tres hechos que dan la pauta de las contradicciones políticas de la situación: la contundente votación a favor del acuerdo con los fondos buitre en el Senado; el anuncio de brutales tarifazos y la detención de Ricardo Jaime por acusaciones de corrupción. Como no podría ser de otra forma, los analistas de los principales medios hablan de esas cuestiones.

En La Nación, Jorge Fernández Díaz, señala que “Mauricio Macri gana a cada rato batallas políticas gigantescas. La semana pasada consiguió el padrinazgo explícito del presidente más poderoso de la Tierra; el miércoles último logró el acompañamiento del peronismo y del resto de la oposición para solucionar por fin el conflicto con los holdouts (…) Macri pierde combates en las góndolas, los sueldos, los trenes, los colectivos y las facturas. Su administración no supo exigirles en diciembre a los empresarios de la alimentación un armisticio de seis meses y ahora no alcanzó a comunicar bien esta suerte de shock tarifario dentro de su prudente película de gradualismo”.

Julio Blanck, en Clarín, indica que “los precios son cada vez más nuevos y los salarios se ponen cada día más viejos. La inflación de este mes se proyecta más allá del 5%. La medición de la pobreza hecha por la Universidad Católica dijo que pasamos del 29% que dejó Cristina al 32,5% luego de los tres primeros meses de Macri. Se puede argumentar, con razón, que esta es la parte dolorosa en el proceso para ordenar la economía y ponerla de pie. Suena lindo. Pero son 13 millones de compatriotas pobres”.

En el mismo diario, Ricardo Kirschbaum agrega que “los tarifazos, por más inevitables que sean, tienen un alto costo político. Y por eso mismo no es un costo totalmente endosable al kirchnerismo, que especula revivir con ese desgaste (…) está claro que este tiempo será un tiempo social, con la conmoción que se produce cuando se intenta esta variable de política económica. Este mes y el próximo serán de paritarias y todos los ajustes repercutirán sobre la inflación. El sindicalismo ya ha pedido la palabra y hará sentir su peso sobre un gobierno que tiene un margen acotado de acción si no quiere contradecirse”.

Para la Corpo mediática, el ajuste “doloroso” no deja de ser “inevitable”.

Desde Página/12 Mario Wainfeld señala que “la asimetría entre los avances políticos del macrismo y el desquicio económico social que provoca adrede signará este año y el próximo, solo para empezar”. El periodista, hablando de los despidos en el Estado, afirma que en la modalidad de “Planta Transitoria (…) Los trabajadores aportan al sistema de seguridad social, tienen derecho a vacaciones y aguinaldo, cobertura de obra social pero se pueden cesar sus servicios cuando vence el plazo (…) Es habitual que bajo ese velo se encubran relaciones permanentes, es una forma de burlar la ley. Hay otras modalidades de contratación que dejan inerme al empleado público”.

Wainfeld, como ocurre casi siempre, justifica el balance del kirchnerismo, en lo que hace a esta situación, afirmando que “en 2003 el porcentaje de contrataciones irregulares era altísimo. El kirchnerismo resolvió muchas situaciones, llamó a concursos... Mejoró el porcentaje de situaciones regularizadas sin poner fin a la dispersión y a la supervivencia de variantes de fraude laboral. Una mirada atenta y necesaria demostraría que el desempeño fuer dispar en diferentes áreas del Estado”.

Pero una mirada atenta también demostraría que el empleo precario siguió estando ampliamente extendido en el Estado en todos sus niveles. Eso facilita hoy enormemente el programa macrista de ajuste.

Por su parte Joaquín Morales Solá, desde La Nación, es quien “pone el cuerpo” a bancar al gobierno y afirma que “el populismo es siempre una receta que resulta cara. El cristinismo agotó todos los stocks que tenía el país: el energético, el ganadero y los dólares del Banco Central, entre otros. Modificar esa política es un camino de decisiones a veces impopulares, otras veces injustas. El trayecto no tiene atajos. O se cambian de raíz esas políticas públicas o el sueño concluye en una pesadilla parecida a la gran crisis de principios de siglo”.

Giros

La detención de Ricardo Jaime y la orden para que Juan Pablo Schiavi no puedan salir del país debe incluirse dentro de un giro político, donde la pelea macrista contra “la corrupción” (solo la ajena) se convierte en ariete para sortear los problemas de la crisis social y el ajuste.

Julio Blanck señala que “aunque llegó prometiendo ser implacable con la corrupción, al gobierno de Macri la perspectiva de Cristina enjuiciada no pareció atraerle demasiado (…) Pero hubo un momento en que esa postura timorata se modificó. El escenario económico parece determinar un cambio de conducta (…) el estruendo del espectáculo de la corrupción podría compensar en parte los desagrados de la economía, al menos por el tiempo que el Gobierno estima imprescindible para iniciar la recuperación. Sin pan, pero con circo”.

Eduardo Van der Kooy, desde las mismas páginas, agrega que “no hay noticias alentadoras para los bolsillos. Tampoco se avisaron pronto en el otro campo. ¿Alcanzaría la detención de Ricardo Jaime para atenuar esa carencia? (…) tal aparente desacople disparó la reacción intempestiva de Elisa Carrió. También el activismo de la Oficina Anticorrupción. En pocos días Laura Alonso solicitó que el Estado se constituya como parte querellante en las causas Hotesur y Ciccone, que tiene procesado a Amado Boudou. Por la misma razón, pidió la indagatoria de Ricardo Echegaray, ex jefe de la AFIP y actual titular de la Auditoría General de la Nación (AGN)”.

Herencia, provincias y nación

Es Horacio Verbitsky quien se propone hacer una suerte de justificación del rol jugado por los gobernadores al presionar a sus senadores para votar el acuerdo con los fondos buitre.

Afirma el periodista de Página/12 que “atribuir el resultado a un cambio de clima político o a la habilidad de un par de operadores (…) es una interpretación simplista que prescinde del análisis de algunos condicionamientos estructurales de la política argentina, cuyo centralismo no depende del temperamento de los gobernantes sino de la desigualdad de recursos entre la Nación y las Provincias (…) Para medir el declive de las autonomías provinciales, basta recordar que a mediados del siglo pasado las provincias financiaban con recursos propios el 80 por ciento de su presupuesto. En las actuales condiciones los gobernadores serán transversales a cualquier gobierno nacional, con independencia de sus definiciones políticas”.

Agrega además que “la peor derrota del kirchnerismo no debe buscarse en una votación en el Congreso, que podrá revertirse mañana, sino en la perpetuación de esas dos fallas estructurales: la falta de autonomía de las provincias ante la Nación y de la Argentina en el mundo, sin las cuales no hubiera sido posible la regresión política que implica la Alianza Cambiemos”.

Verbitsky escribe como si no hubieran pasado 12 años de gobiernos kirchneristas, marcados además por un crecimiento de la economía que llegó a alcanzar “tasas chinas” como se afirmaba en un momento. Esa relación entre Nación y provincias, lejos de intentar subvertirse, se mantuvo y profundizó bajo el kirchnerismo.
Yendo en el mismo sentido, Morales Solá afirma que “el peronismo está dividido entre los que gobiernan y los ideológicos. Los que gobiernan (gobernadores e intendentes) prefieren resolver los problemas antes que empeorarlos. Un ejemplo: el senador Miguel Pichetto se reunió con los principales intendentes peronistas bonaerenses dos días antes de que el Senado tratara el acuerdo con los holdouts. Pichetto ya tenía la opinión de los gobernadores, que apoyaban el acuerdo. Los intendentes le dijeron lo mismo”.

La burocracia sindical y el progresismo

La visita de las conducciones sindicales al Congreso de la Nación y su reunión con múltiples legisladores de la oposición fue otro de los hechos políticos de la semana.

En relación a eso Horacio Verbitsky escribe que “la presencia en el Congreso de los secretarios generales de las tres CGT y las dos CTA marca un punto de inflexión, que para algunos puede parecer liviano y tardío, mientras para otros presagia el comienzo de la luna de hiel con el gobierno. La presencia de un centenar y medio de diputados de la oposición es un dato político de primer orden, más allá de las diferencias de enfoques que subsisten entre los distintos bloques y centrales”.

Por su parte, Martín Granovsky, desde el mismo diario, afirma que “el foco, en el mundo sindical, alumbra una perspectiva: la unificación de las tres organizaciones con la sigla CGT que hoy conducen Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y Antonio Caló. Ocurrirá de aquí a octubre si el diablo no mete la cola (…) Sin embargo hay otro foco posible. No se contrapone con el anterior y se vincula con un concepto que la jerga sindical suele llamar “unidad en la acción”. Es decir, la coincidencia sobre objetivos inmediatos y formas concretas de protesta más allá de la central de pertenencia”.

La única “unidad de acción” hasta el momento ha sido la gestión parlamentaria de los reclamos y la emisión de comunicados o documentos. Entre tanto, más de 100.000 puestos de trabajo se han perdido.

El periodismo progresista parece haber encontrado en este discurso de las conducciones sindicales un nuevo lugar donde depositar sus esperanzas en el marco de la crisis que atraviesa al kirchnerismo en su conjunto.

Es un hecho que las conducciones sindicales, al asistir al Congreso, toman una ubicación política que el peronismo en su conjunto no puede llevar adelante. Pero eso se hace en desmedro de llevar adelante medidas de lucha para enfrentar el ajuste.

Las acciones de los trabajadores estatales, de las que se dio cuenta en la edición de ayer, muestran una amplia disposición a la lucha y hacen más que necesario romper la tregua de las conducciones sindicales y garantizar un verdadero plan de lucha contra el ajuste.

 
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