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La Izquierda Diario
20 de marzo de 2017 Twitter Faceboock

TRIBUNA ABIERTA
La dictadura militar y el 1° de Mayo (I)
Leónidas Ceruti | Historiador

El 1° de Mayo bajo la dictadura del 76-83: conmemoración obrera, la CGT, el mensaje y los anuncios del gobierno dictatorial.

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Discursos, amenazas, represión y disciplinamiento

Durante los años de la dictadura militar del 76 no se dejó de conmemorarlo, de una u otra forma, a pesar de las prohibiciones y las persecuciones. Lo hicieron algunos sindicatos, agrupaciones gremiales, partidos políticos y militantes. Pero también hubo colaboracionistas con los dictadores que en esos días hicieron declaraciones formales, vacías de reclamos. A su vez, desde el gobierno dictatorial, a través de sus ministros, aprovechaban la ocasión para atacar al movimiento obrero, justificar las persecuciones, y las medidas anti obreras que fueron tomadas.

La Junta Militar designó como Ministro de Trabajo al General Liendo, quien luego de ordenar una batería de medidas contra la clase obrera, participó activamente en las reformas a la Ley de Contratos de Trabajo, por la cual se dejaba sin vigencia una serie de normas que hacían a los derechos individuales. Entre sus primeras actividades estuvo definir la política del gobierno hacia el movimiento obrero en su mensaje del 1º de mayo de 1976. En el mismo, con todo cinismo, fijó las pautas de la política laboral, al afirmar que “la intervención militar no se hizo en contra de un determinado sector social, partido político o sistema económico, sino para corregir excesos, impedir desviaciones, reordenar y reencauzar la vida nacional, cambiar la actitud argentina con respecto a su propia responsabilidad, facilitar en suma, el desarrollo pleno de nuestra potencialidad”. Para luego puntualizar que “referido a las disposiciones legales que encuadran la actividad y estructura gremial, su revisión no tiene en modo alguno como objetivo lesionar el principio protector incito en el derecho laboral, ni cercenar ningún derecho inalienable del trabajador. Su finalidad es la de corregir excesos, vicios, instrumentar normas que eviten la corruptela en la utilización de fondos y reconstruir la armonía en el campo laboral a través de las relaciones individuales de trabajo”. (4)

Posteriormente, defendió las modificaciones a la Ley de Contrato de Trabajo, la reglamentación del derecho de huelga, que se hallaba suspendido, la Ley de Asociaciones Profesionales y la intervención de la CGT. Finalmente, dejó en claro cuál era la política para cualquier oposición en las fábricas a la dictadura al afirmar que “Con relación a la actividad de la subversión en el ámbito fabril se sabe que ella intenta desarrollar una intensa y activa campaña de terrorismo e intimidación a nivel del sector laboral. Los objetivos de esa campaña son: la destrucción de la Nación, la paralización del aparato productor, la instauración de una dictadura marxista y la negación del ser nacional. Para combatir y destruir a la subversión hay que conocer su modo de actuar: adoctrinamiento individual y de grupos para la conquista de base obreras, colocándose a la cabeza de falsas reivindicaciones, creación de conflictos artificiales para logra el enfrentamiento con dirigentes empresarios y el desprestigio de los auténticos dirigentes obreros, el sabotaje a la producción, la intimidación, secuestro y asesinato de obreros y empresarios que se opongan a sus fines. Ejecutores de ese accionar son agentes infiltrados y activistas perfectamente diferenciales de los verdaderos delegados que ejercen la representación gremial de sus mandantes. Frente a ese accionar, el gobierno y las FFAA han comprometido sus medios y su máximo esfuerzo para garantizar la libertad de trabajo, la seguridad familiar e individual de empresarios y trabajadores y el aniquilamiento de enemigo de todos”. (5)

Todos los primeros de mayo, las FFAA daban a conocer distintos mensajes con una serie de medidas. En 1977, el Comando del II Cuerpo de Ejército, con asiento en Rosario, emitió un comunicado del arma, en el cual puntualizó que “La suspensión temporaria de algunas actividad gremiales tuvo como finalidad corregir factores distorsionantes de la vida nacional, teniendo en cuenta que serán paulatinamente restablecidas en cuanto se logre el reordenamiento y reencauzamiento planificado y se ubiquen por encima de lo coyuntural. El Ejército defiende la necesidad de un orden mínimo imprescindible para la convivencia y el progreso de la Nación, ordenamiento cuyos límites han sido fijados teniendo en cuenta las especiales circunstancias que vive el país. Esos limites son lo suficientemente flexibles para evitar que una excesiva rigidez los convierta en un esquema estático fácilmente superable por una realidad en permanente cambio”. Para luego aclarar que se lo hacía “para evitar que su trasgresión desate la puja de intereses sectoriales y se convierta en un impedimento para la consolidación de unidad nacional. El Ejército Argentino sabe perfectamente que el sector sindical tiene espíritu y vocación nacional y que a pesar de todos los intentos realizados desde distintos puntos del espectro ideológico para infiltrarlo no ha sido contaminado ni por el marxismo ni por ninguna otra doctrina extranjerizante opuesta al sentir nacional”. (6)

El Ministro de Trabajo Gral. Liendo para el primero de mayo de 1977 desgranó estos conceptos: “Hemos partido de una intolerable situación de desorden y desequilibrio en las relaciones laborales y debemos llegar a una nueva situación de armonía con entidades representativas y sólidas”, para luego llamar al “diálogo”, al pronunciar que “el gobierno ha llamado al diálogo y a la participación y esa convocatoria es, en el ámbito laboral, el medio idóneo para efectuar la tarea preparatoria de la normalización gremial. Ese diálogo estará encuadrado por las pautas siguientes:

- Responsabilidad de los interlocutores
- Prudencia en los enfoques y en las soluciones propuestas
- Representatividad legitima. El gobierno no admite la invocación de mandatos inexistentes
- Conducta. La República está empeñada en una empresa de reivindicación moral y la claridad de los procedimientos es requisito inexcusable en el ejercicio de las funciones representativas.
- Espíritu nacional. Los intereses sectoriales deben subordinarse al interés general de la comunidad, aun cuando sea preciso declinar transitoriamente aspiraciones legítimas o llegar incluso a renunciamientos personales”. (13)

Luego de ese discurso oficial, la prensa de Rosario comentó que “en los medios sindicales de nuestra ciudad prevalece el comentario favorable al mensaje del Gral. Liendo. Se ha fortalecido la tesis de que, visto lo dicho por el ministro, queda reabierto el diálogo entre el Poder Ejecutivo y la dirección de los gremios, el que estaba prácticamente paralizado. Cabe señalar que esa paralización se debió sobre todo a las desavenencias habidas entre los dirigentes de los sindicatos con motivo de la elaboración del comunicado. Tal comunicado, suscripto por la Comisión de los Veinte que integran organizaciones intervenidas y no intervenidas y que no tuvo publicación, sino que circuló privadamente, parece -según se afirma en los círculos aludidos- contribuir a que las cosas marchen bien en el futuro”. (14)

Para el aniversario de 1978, a varios sindicatos y medios de difusión de Rosario, el Departamento de Información Pública de la Armada Argentina les hizo llegar la reproducción de la obra “A pleno sol” del artista Benito Quinquela Martín. La gacetilla que acompañaba la postal planteaba que dicho pintor “constituye un arquetipo de una vida dedicada al trabajo con esfuerzo y humildad y sin duda uno de los mejores ejemplos para las nuevas generaciones. A quienes que con su trabajo defienden nuestra soberanía va el reconocimiento de la Armada Argentina”. Todo un signo de hipocresía por parte de los marinos que continuaban con su cruzada de crímenes y desapariciones. (7)

El Ministro Reston, en 1979, hizo referencia al paro de actividades que hacía pocos días se había realizado, afirmando que “el gobierno y el pueblo están dispuestos a consolidar los objetivos alcanzados por encima de intereses mezquinos, sectoriales o individuales, cuya acción perjudica al conjunto de la Nación”. Dejando una observación para los sindicalistas, que “debían asumir sus responsabilidades, cumpliendo con sus deberes y derechos”, y finalizando con una nueva advertencia: “En esta dura prueba que la Nación debió afrontar, hemos ganado la paz y la seguridad. No debemos olvidar que nuestros enemigos, aunque derrotados, están presentes y se manifiestan de diversa manera. Contra ellos debemos estar prevenidos y no dejar de mirar el rumbo...ya que el Proceso de Reorganización Nacional aún no concluido su misión y la gran labor de todos ha sido que impere un orden social y para lograrlo el gobierno tiene comprometida toda su voluntad y energía”. (8)

En síntesis, los mensajes de los genocidas del 76 en los distintos primeros de mayo hicieron hincapié en los objetivos económicos del proceso, la necesidad de sacrificios y esfuerzos de los trabajadores, las tareas de ordenar y recuperar a la Nación, a la vez que se destacaba que se buscaba el punto de equilibrio entre el desarrollo de sus riquezas potenciales y la armonización de su crecimiento económico y social, como también corregir los excesos y vicios, e instrumentar normas que eviten la corruptela en la utilización de fondos sindicales y reconstruir la armonía en el campo laboral a través de las relaciones individuales de trabajo.

O sea que esas conmemoraciones transcurrieron entre los discursos de los Ministros de Trabajo; los pocos actos de los gremios y los partidos políticos, dada la represión y las prohibiciones existentes; los distintos comunicados gubernamentales, algunos con tonos amenazantes, otros conciliadores, los restantes de denuncias.

NOTAS

1.- La Capital, 30 de abril de 1976, pág. 1.
2.- La Capital, 2 de mayo de 1976, pág. 1 y 27.
3.- La Capital, 2 de mayo de 1977, pág. 1 y 4.
4.- El País, sábado 29 de abril de 1978, pág. 11.
5.- La Capital, 2 de mayo de 1979, pág. 1 y 2.
6.- Abós, Alvaro, Las organizaciones sindicales y el poder militar
(1976-1983)
, pág. 36, CEAL, Nº 60, Buenos Aires, 1984.
7.- La Capital, 29 de abril de 1976, pág. 5.
8.- La Capital, miércoles 2 de mayo de 1979, pág. 1.
9.- Mensaje de Rubén Ghioldi, para el 1º de mayo de 1979, en archivo de
Empleados de Comercio de Rosario.
10.- La Capital, 2 de mayo de 1977, pág. 7.
11.- La Capital, 2 de mayo de 1977, pág. 1-4.
12.- La Capital, miércoles 2 de mayo de 1979, pág. 1.
13.- La Capital, Miércoles 29 de abril de 1981, pág. 3.
14.- La Capital, Jueves 30 de abril de 1981, Pág. 8.

 
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