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La Izquierda Diario
17 de mayo de 2017 Twitter Faceboock

SEXUALIDAD
La joven homosexual, una lesbiana que recorrió todo el siglo XX
Rosa D’Alesio

A Sigmund Freud acude, en febrero de 1919, un hombre de la alta burguesía vienesa disgustado: su hija de 18 años está coqueteando con una dama. El padre le pide que la encarrile, que la vuelva a la "normalidad".

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La joven había nacido en Lemberg en 1900 y murió en Viena en 1999. Desde sus 96 años recibió en el hogar de ancianos de Carita, donde vivía, la visita de dos amigas periodistas vienesas, Ines Rieder y Diana Voigt quienes luego escribirán su biografía: “Sidonie Csillag (1), la ‘joven homosexual’ de Freud”.

Una biografía construida a través de los relatos que ofrece la ya no tan joven homosexual, y de las salidas nocturnas que en ocasión realizan las tres. Frecuentan el Café Willendorf, en la mansión rosa-lila, donde gays y lesbianas beben y se besan. En 400 páginas se puede conocer su historia, atravesada por las dos guerras mundiales, la pobreza, su exilio a Cuba ante el avance del nazismo. Sus amores, su relación con Sigmund Freud... hasta una escena en el subte, a sus 97 años, cuando, mirando a una chica con minifalda, dice “¡qué lindas piernas tiene!”.

Pero volvamos atrás. A los 17 años durante una vacaciones de verano que pasó en el campo, Sidonie vio por primera vez a la baronesa Léonie von Puttkamer, que paseaba del brazo de otra mujer. En ese instante se enamoró de ella. La baronesa, hija de la antigua nobleza prusiana, era una conocida cocotte, que vivía, en ménage-à-trois, junto a un comerciante y su mujer. Sidonie averiguó quién era y dónde encontrarla. De regreso a Viena comenzó a perseguirla por las calles sin atreverse a dirigirle la palabra. Un día, mientras las dos esperaban el tranvía, la baronesa le preguntó si tomaba clases por la zona y ella respondió: “El único motivo por el que estoy aquí es para verla a usted”. A partir de entonces Sidonie la visitó todas las tardes. Durante una de estas salidas, mientras paseaban cerca de las oficinas del padre, Sidonie se encuentra con la mirada indignada de este, al encontrarla del brazo de la baronesa, una conocida prostituta de lujo e “invertida”.

En ese momento Sidonie exclama “Mi padre, ahí enfrente…”, y sale corriendo. Al rato vuelve, pero Léonie, le dice que no quiere volver a verla y que deje de enviar cantidades de flores como lo hace hasta ese momento, y es entonces que Sidonie se balancea hacia la fosa del ferrocarril.

El “intento de suicidio” no tiene éxito. Después de la convalecencia, una vez repuesta, vuelve a visitar a la baronesa.

El padre de la joven resuelve entregar a su hija al padre del psicoanálisis para que la cure. Sidonie promete dejar de ver a la dama e ir a sesiones, cinco veces a la semana. Sin embargo sigue visitando a la baronesa todas las tardes, después de salir del consultorio de Freud.

Una interpretación dentro del orden patriarcal

Freud escribe sobre la joven en 1920 “Psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina”, donde relata la escena en que la joven se arroja a las vías. Ella justifica su “intento de suicidio” en la desesperación por haber perdido para siempre a la baronesa, sin embargo Freud desestima esto e interpreta, dentro del orden sexual edípico de su teoría que “no obstante, tras la interpretación de ella el análisis permitió descubrir otra… el intento de suicidio fue, como cabía esperar… un cumplimiento de castigo (autopunición) y un cumplimiento de deseo. En cuanto esto último, significaba la consecución de aquel deseo cuyo desengaño la había empujado a la homosexualidad, a saber, el tener un hijo del padre…”. Caer en alemán significa parir, esto le permite a Freud interpretar que es el retorno del deseo negado.

Sidonie relata en su biografía que, tras esta interpretación, se fue a protestar, indignada, contra ese cretino a un bar en compañía de su amada.

¿Por qué Freud hace esta interpretación? Porque según él la joven a los 14 años había sufrido una terrible decepción debido a que, mientras ella revivía su Complejo de Edipo y fantaseaba con tener un hijo del padre, su madre había quedado nuevamente embarazada y que, fue a partir de entonces que la joven comenzó a coquetear primero con una profesora, una actriz y por último con la cocotte.

“Nuestra muchacha había rechazado de sí, después de aquel desengaño, el deseo de un hijo, el amor al hombre y, en general, su femineidad. En este punto podían haber sucedido muchas cosas, lo que sucedió en realidad fue lo más extremo. Se transformó en hombre y tomó como objeto erótico a la madre en lugar de al padre”, dirá Freud.

El “intento de suicidio” (entre comillas) porque cabe preguntarse si fue un intento de suicidio o intento de qué se trató, ya que ella misma dice que en realidad fue un intento de volver con su amada. Sidonie trasmite esta versión a través de sus biógrafas cuando les relata que se dejó caer por haberle fallado, por haber corrido hacia su padre. Fue el enojo de ésta lo que la hizo caer.

En otra sesión, cuando la joven le narra un sueño en el que se casa, tiene hijos y en el que su vida libidinal aparece encausada, satisfaciendo la demanda de normalización que el padre solicitara, Freud responde que esos sueños son mendaces y que intenta engañarlo del mismo modo que lo hace con el padre. “Transfirió a mí esa radical desautorización del varón que la dominaba desde el desengaño por el padre” y agrega “le comuniqué un día que no prestaba ninguna fe a tales sueños, los cuales eran mentirosos o disimulados, persiguiendo tan sólo la intención de engañarme como ella solía engañar a su padre…”. Freud sospechaba que Sidonie tenía “una férrea voluntad de imponer su modo de vida... Interrumpí el análisis tan pronto hube reconocido la actitud hostil de la muchacha contra su padre…” .

Freud, quien con esta interpretación se ubica en lugar de sustituto paterno, decide no atenderla y la deriva a una médica psicoanalista.

Ella, la joven homosexual, recuerda en su biografía que él, “Freud, no había entendido un comino de ella, era un cretino”. Y tenía razón, no entendió un comino sobre su deseo sexual, pero no la consideró una perversión, como si lo hubieran hecho los médicos de la época.

¿Por qué Freud echó del consultorio a la joven?

Porque si bien el mérito de Freud es haberse opuesto a patologizar la homosexualidad, no dejó de tomar partido por la heterosexualidad. Freud sostuvo (2) que la sexualidad infantil, polimorfa, evoluciona de la naturaleza a la cultura, de lo primitivo a lo civilizado, de lo inmaduro a la madurez. En la niña, dirá Freud, la normativización sexual de su desarrollo hetero, debe realizar dos tareas: abandonar el amor homosexual originario por su madre y dirigirse a su padre lo que permite un abandono de la utilización precoz del clítoris para dar lugar a la vagina (3).

Bajo este ordenamiento simbólico de la sexualidad Freud no entendió un comino que de lo que se trataba con la joven no tenía que ver con el padre, ni con la madre, sino con su subjetividad, con su soberanía a decidir. Sidonie, en su biografía, demuestra que ni sus tres grandes amadas lograron subordinarla. Y amó mucho, pero conservando su dominio de sí.

El mismo Freud dirá al final del texto que escribe sobre la joven, que “de genio vivo y pendenciero… había desarrollado una potente envidia del pene… Era en verdad una feminista, hallaba injusto que las niñas no gozaran de las mismas libertades que los varones, y se rebelaba absolutamente contra la suerte de la mujer”.

Pero Freud no pudo escuchar esto y dio lugar a su teoría edípica que no cuestiona el orden social patriarcal, sino que lo sostiene y legitima. Su análisis sobre la envidia del pene prevaleció por encima de lo que él mismo constata: que la joven hallaba injusto que las mujeres carecieran de los mismos derechos que los varones.

Mientras que la joven homosexual, con sus sueños mendaces (con la baronesa preparaba qué iba a decir en sesión) ¿desafía la transferencia?, ¿había una relación transferencial entre Freud y ella?, ¿había lugar para ella en ese análisis?. Freud escucha la demanda del padre “encarrílela, vuélvala una mujer normal”. No había lugar trasferencial para ella, (por lo cual opta por engañarlo para cumplir con su deseo: continuar amando a una mujer. El análisis, establecido a partir de la demanda del padre, hubiera sido un obstáculo para su objetivo).

Sidonie cuenta que Freud, al despedirse de ella, le dice “Usted tiene unos ojos tan inteligentes. No quisiera la vida con usted en calidad de enemigo”.

La importancia del caso de la joven homosexual no radica en destacar la vida de Sidonie, sino en cuestionar las teorías falocéntricas y patriarcales que Freud inventó. La vigencia de esta crítica se encuentra en que aún hoy se analiza desde este ordenamiento sexual normativizante, y aún más, la formación académica está atravesada por estos saberes dominantes que saben cómo hacer para dejar piedra sobre piedra en la estructura patriarcal.

¿Por qué echó Freud a la joven homosexual del consultorio? Quizás para no caer él como psicoanalista al quedar demostrado que no la había podido encausar hacia la heteronorma; para poner a resguardo su teoría y el deseo del padre. ¿Cuál de los dos padres? Los dos, porque mientras Freud recibía la demanda del padre de Sidonie para que la cure, él, el padre del psicoanálisis, atendía a Anna Freud, su hija, seis veces a la semana, a quien alentaba en su relación con Lou Andreas-Salomé. Ambas fueron admitidas el mismo día a la Sociedad vienesa de psicoanálisis, por iniciativa del mismo Freud. Ambos padres se enfrentan a la homosexualidad de una hija. Mientras el padre de Sidonie la deplora, el padre del psicoanálisis la alienta. El primero porque está en juego su reputación, el segundo porque se beneficia de esa relación al conservar junto a él a Anna que, además, continuará con su obra.
Nuevamente, lo que estaba en juego, para Freud, era el psicoanálisis.


(1) El seudónimo que eligieron para la joven homosexual.
(2) En 1915 Freud escribe Fases evolutivas de la organización sexual, una sección que agrega a Tres Ensayo.
(3) Freud La organización genital infantil, 1923; La sexualidad femenina, 1931

 
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