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2 de abril de 2021 Twitter Faceboock

Genocidio
María Ester Alonso Morales: “Los hijos que nacimos en cautiverio fuimos un botín de guerra”
Valeria Jasper

La joven, que nació en cautiverio bajo el gobierno peronista de María Isabel Martínez, declaró en el día veinte del juicio que lleva adelante el TOF N°1 de La Plata por los crímenes perpetrados en los Pozos de Quilmes, Banfield y El Infierno. También lo hicieron Raúl Marciano y un tercer testigo cuyo testimonio no fue transmitido.

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María Ester Alonso Morales fue la primer testigo en declarar en la audiencia del pasado martes 30 de marzo.
Realizó un relato pormenorizado de los acontecimientos vinculados al asesinato de su padre, Jacinto Alonso Saborido, ocurrido en octubre de 1974; el secuestro de su madre, Rosa Delfina Morales y su nacimiento (junto a su hermana melliza, María Elena, quien falleció en 1991).

Describió la reconstrucción que realizó sobre la historia de su padre y su propia historia, a partir de una investigación pormenorizada que llevó a cabo a través de la localización y análisis de expedientes judiciales, fichas criminológicas y periódicos de la época que corroboraron los relatos de su madre (quien vive en la ciudad de La Plata) y el de compañeros y compañeras de su padre. Reconstrucción histórica que comenzó en el año 1995 cuando se encontraba cursando la carrera de Derecho en la UNLP.

Sus padres se conocieron a partir de la militancia en el PRT-ERP. Enmarcó el asesinato de su padre, ocurrido el 7 de octubre de 1974, como consecuencia de lo que se conoció como masacre de la Capilla del Rosario donde fueron fusilados 16 militantes del ERP en agosto de 1974 en la provincia de Catamarca, al intentar tomar el Regimiento de Infantería.

En lo que fue una decisión política de la organización de responder y cumpliendo con esta orden, un grupo de militantes entre los que se encontraba Alonso, ataca el auto del Mayor del Ejército Jaime Gimeno. En el hecho, son heridos de gravedad al menos cuatro militantes, incluido Alonso, quien a las pocas horas fallece en el hospital Gandulfo.

Luego del asesinato de Jacinto Alonso, su compañera Delfina cambia varias veces de domicilio hasta llegar a Bernal, donde el 13 de noviembre es secuestrada junto a otros compañeros y compañeras. Son llevados a la comisaría 2° de Quilmes, y salvo Delfina, el resto es trasladado al Pozo de Banfield. Aquí comienza a relatar el calvario que vivió su madre hasta su liberación y salida del país en 1976: sesiones de tortura, robo de pertenencias (resalta el robo de una valija con ropa para sus bebés), simulacros de fusilamiento, amenaza con sustraer a sus hijas, prácticas que se tornaron cotidianas hasta su legalización a manos del Poder Ejecutivo Nacional.

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Durante su secuestro dio a luz a las mellizas el 17 de noviembre de 1974, en un policlínico cercano a la comisaria, el cual fue tomado con un operativo de seguridad el día del parto. María Ester relata, con gran emoción, cómo médicos y enfermeras realizaron una colecta para comprar ropa para las bebés y comida para su madre. “Fue lo primero que comió después de varios días, tenía que comer para producir leche”.

Dos días después, las tres son trasladadas a la Unidad 8 del penal de Olmos, en la ciudad de La Plata. Allí se encuentran con otras detenidas que también dieron a luz en cautiverio como María Esther Alonso, Susana Mata y Laura Franchi. El 16 de enero de 1976 es puesta en libertad y debió abandonar el país, siendo su destino Perú. Sus hijas quedaron al cuidado de una compañera (que aún permanece desaparecida). Al retornar a Argentina de forma clandestina en 1977 localiza a las mellizas con un matrimonio colaborador de la organización que vivía en La Plata.

Por un tiempo se radicaron en Santiago del Estero, tierra de la familia materna. Allí comienza un nuevo peregrinaje para la familia, con la llegada de la dictadura cívico- militar- eclesiástica, con nuevos cambios de domicilios y escuelas. Recién en 1984 las niñas pudieron obtener su DNI y al año siguiente regresaron a La Plata. “Volvimos las tres, juntas otra vez”

En esta reconstrucción familiar donde toma contacto con su abuela paterna, un tema crucial para María Ester fue su identidad. Se acerca a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad e inicia un legajo por filiación en 1996, siendo el primero para determinar identidad sin que fuera un nieto o nieta apropiado. “Fue reparar estos lazos familiares históricos”. Así logró ser inscripta como Alonso Morales.

El historia de María Elena y su hermana, nacidas en cautiverio mientras su madre fue secuestrada bajo el gobierno peronista de 1974, es una confirmación de cómo se fue gestando el plan genocida años antes de su irrupción en 1976 y la responsabilidad que le cabe a quienes formaron parte de dicho gobierno.

Familiares de compañeros y compañeras detenidas con Delfina Morales presentaron varios habeas corpus por apremios ilegales a los días de producirse las desapariciones. Estos expedientes, de un gran valor histórico y puestos a resguardo en la Secretaría Única del Juzgado Federal 1, son los que le permitieron a María Ester reconstruir los pedazos de su historia y de la historia de una época por la que aún hay mucho por contar.

Los traslados, parte del infierno

La declaración de Raúl Alberto Marciano es un testimonio que confirma, como muchos otros, los recurrentes traslados que padeció por diversos centros clandestinos de detención, entre ellos el Pozo de Banfield.

Fue secuestrado junto a su esposa a fines del mes de marzo de 1976, en un operativo ocurrido en su domicilio de la localidad de Del Viso. Recuerda que fueron personas de civil los que ingresaron a su casa y se los llevaron, dejando a su hijo de 2 años solo con otros integrantes de la patota del operativo. “Fue nuestra peor tortura no saber de nuestro hijo”.

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Describió su paso por la comisaría de Escobar, el Tiro Federal de Campana. Recuerda haber estado en un barco, el Ara Murature al que describe como “un infierno”. Pasando por el Arsenal Naval y una mansión abandonada en Zárate, llegó al Pozo de Banfield. Reconoció el lugar ya que en la declaración que realizó en la Conadep hizo un croquis del lugar que coincidió en su totalidad con el que contaba el organismo.

En Banfield permaneció alrededor de cinco días. Fue en el primer lugar donde pudo comer. Describe que los tratos recibidos fueron distintos, suponiendo que intentaban mejorar su salud para poder legalizarlos.
Recuerda encontrarse en un segundo piso y refirió poder escuchar las torturas del piso de abajo con solo apoyar el oído en el piso. “Los sentidos se exacerban y uno puede percibir cosas que en condiciones normales no las notamos. A todos nos pasó”.

En su paso por Coordinación Federal, ya legalizado, pudo cruzarse con su esposa. En ese sitio pudo percibir cómo abusaban de las mujeres, delito que ha comenzado a investigarse en los últimos juicios de lesa humanidad.

Mediante traslado aéreo llegó al penal de Sierra Chica, donde pasó tres años hasta que trasladaron a todos los presos políticos y arribó al penal de Caseros. Recuerda que durante otros “tres años estuvo sin cielo abierto” ya que la cárcel era un edificio de 18 pisos. Aquí pudo recibir visitas de su hijo, tuvo que esperar “siete años para poder abrazarlo”

En agosto de 1982 el matrimonio es liberado. Durante un año estuvieron bajo libertad vigilada debiendo concurrir tres veces por semana a la comisaría local. La reconstrucción de su vida en democracia estuvo rodeada de solidaridad de vecinos, organismos de derechos humanos e incluso de algunos consulados.
Refiere haber podido terminar la secundaria e ingresar a la Universidad donde trabajó hasta su jubilación. Su esposa pudo recobrar su cargo docente. Continúan viviendo en Del Viso.

La exigencia de justicia y castigo a los culpables del genocidio es una bandera que levantan todos los sobrevivientes y familiares en cada testimonio de cada juicio. Y la exigencia de la apertura de los archivos es una cuenta que aún permanece pendiente.

En el cierre de su declaración, María Ester Alonso Morales dedicó un poema a las hijas e hijos:

Madurar.
Nacimos huérfanos, crecimos a la intemperie, envejecimos de chicos.
Nacimos a la intemperie, crecimos huérfanos, envejecimos de chicos.
Huérfanos de intemperie, envejecimos de chicos.

Seguí la cobertura del juicio a través de La izquierda Diario.

 
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