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1ro de septiembre de 2020 Twitter Faceboock

OPINIÓN
Insólito: buscan ligar protestas contra megagranjas a la disputa entre China y EE. UU.
Valeria Foglia | @valeriafgl | Editora de Ecología y ambiente

Mediante trascendidos adjudicados a Cancillería, tras las movilizaciones a nivel nacional contra el acuerdo porcino se intenta sembrar intrigas sobre las organizaciones que participan.

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Foto: Kresta Pepe

Cancillería habla. Por lo bajo, pero habla. Ante la notoria e innegable resistencia al acuerdo con China para la exportación de carne porcina a gran escala, que ya tuvo dos acciones nacionales de protesta, anunció la postergación de la firma con un escueto tuit que, acto seguido, dio lugar a trascendidos y versiones de “fuentes de Cancillería” en diversos medios de comunicación. La cartera que conduce Solá quiere enfatizar que la protesta de “jóvenes urbanos” esconde un “lobby” (así lo denominan en medios afines) donde se entremezcla la disputa comercial entre Estados Unidos y China. Según el insólito planteo, los activistas contra el acuerdo porcino, como lo llaman en redes, estarían alineados a la embajada estadounidense. ¿Se imaginan al negacionista climático Trump impulsando protestas ambientales?

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En la Cancillería miran con cierta desconfianza a una parte del movimiento ambientalista. Cuestionan el origen de los recursos que administran para desarrollar campañas de propaganda que desbordan lo virtual”, indica una nota en Perfil. Uno de los que con más énfasis y en forma más temprana lanzó esta acusación fue Ricardo Aronskind, economista de Flacso, que en un artículo de fines de julio en El cohete a la Luna directamente emparentó con una supuesta “nueva Guerra Fría”, esta vez entre EE. UU. y China, a quienes suscribieron el documento No queremos transformarnos en una factoría de cerdos para China ni en una fábrica de nuevas pandemias, entre los que se encuentra a Maristella Svampa, Enrique Viale, Guillermo Folguera y Soledad Barruti.

Protesta en Plaza de Mayo, 31/08/20 | Foto: Kresta Pepe
Protesta en Plaza de Mayo, 31/08/20 | Foto: Kresta Pepe

A Aronskind le resulta llamativa “la forma” en que se presentó el tema a la opinión pública, pero no se refiere al anuncio rectificado varias veces por Cancillería en una publicación en su web, sino al documento suscrito por intelectuales y activistas. El autor del artículo sostiene sin ruborizarse que “el Departamento de Estado de los Estados Unidos no lo podría haber redactado mejor”, en relación al señalamiento de que las fábricas son “para China” y que este tipo de establecimientos son focos de pandemias. Lo que no dice Aronskind es que el hacinamiento y la provisión de antibióticos al ganado porcino son capaces de fabricar pandemias en China y en cualquier parte, así como calla que el documento surge en respuesta al anuncio oficial de las negociaciones del memorándum con China, que estuvo por firmarse este mismo martes en ese país.

El intelectual afín al Frente de Todos tampoco dice que especialmente China busca “externalizar la producción y los riesgos” tras el brote de gripe porcina africana que hace dos años la llevó a sacrificar en formas cruentas a entre 180 y 250 millones de animales. Hugo Sigman, pope del agronegocio y la industria farmacéutica -detrás de la vacuna contra el covid-19-, es uno de los máximos impulsores empresariales del acuerdo porcino.

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El proyecto de un complejo tecnológico porcino en el país empieza por China, pero no se limitará a negociados con el Gobierno de Xi Jinping. Días atrás lo ratificó Jorge Neme, secretario de Relaciones Económicas Internacionales de Cancillería, en un encuentro organizado por el Movimiento Arraigo. En ese sentido también fueron las palabras de Alberto Fernández ante el empresariado norteamericano reunido en el Consejo de las Américas a fines de julio, tras el anuncio del acuerdo con China por parte de Cancillería. El presidente habló de “vender nuestra carne faenada en el mundo”, es decir, no discriminó a ninguno. Ni a China ni a Estados Unidos.

La diputada porteña Alejandrina Barry en la columna de la izquierda en Plaza de Mayo | Foto: Sebastián Linero, Enfoque Rojo
La diputada porteña Alejandrina Barry en la columna de la izquierda en Plaza de Mayo | Foto: Sebastián Linero, Enfoque Rojo

En el portal Política y Medios hablan directamente de que en Cancillería “preocupa el lobby” contra el acuerdo y que en el ministerio de Solá “siguen con atención las acciones de grupos veganos que han desplegado una costosa campaña en redes y calles contra el acuerdo porcino”. En el artículo, que no tiene firma, además se insiste en que las protestas son exclusivamente de “grupos veganos enojados”, lo que es una deliberada omisión de la amplia convocatoria, que reunió en todo el país a colectivos socioambientales, agrupaciones antiespecistas y la izquierda, cada uno con sus propios motivos contra el memorándum. El mismo artículo del portal platense intenta generar intrigas contra la convocatoria #BastaDeFalsasSoluciones. En forma temeraria sostiene que Cancillería “sigue de cerca el fenómeno” y que “deslizan sospechas sobre el trasfondo geopolítico de estas campañas”. Allí mencionan directamente a Health Save Argentina a propósito de la aparición de una “costosa campaña” de carteles en la vía pública, algo aparentemente impensado para una ONG ambientalista con representación internacional.

El Gobierno nacional busca utilizar los meses que siguen hasta noviembre, momento en que se firmaría el convenio, presumiblemente a partir del viaje de una comitiva encabezada por el propio presidente, para lavarle la cara a un proyecto que se denuncia por las consecuencias sanitarias y ambientales que ese modelo ganadero intensivo ya provocó en China. Aunque no incluyeron a Ambiente y Desarrollo Sostenible en el equipo técnico que negocia con Pekín, ahora buscarían “reforzar” la pata ambiental de un emprendimiento que requeriría la instalación de decenas de granjas industriales con 12 000 madres cada una, que a diario demandarían un millón y medio de litros de agua en zonas donde esta escasea.

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Podríamos pensar que, según el “manual” en estos casos, como vimos a lo largo de la historia de lucha ambiental reciente, el Gobierno busca demonizar o sembrar sospechas sobre quienes protestan para invalidar el reclamo. Lo cierto es que el plan porcino forma parte de toda una orientación a nivel nacional, anunciada por Alberto Fernández en su primer discurso a la Asamblea Legislativa en marzo de este año. Megaminería, fósiles en Vaca Muerta y agronegocio son los puntales del “modelo” del Frente de Todos para cumplir compromisos con especuladores y buitres de la deuda.

En las calles, autoorganizada y en lucha, incluso ante la represión policial, una generación en Argentina empieza a rechazar cada vez con más fuerza que sigan hipotecando su futuro para la ganancia de un puñado, esos que nos trajeron hasta acá.

 
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