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20 de mayo de 2020 Twitter Faceboock

POBREZA URBANA
“Somos cuarenta familias sin agua”: imposible cuarentena a diez cuadras del centro platense
María Díaz Reck | Docente y congresal de Suteba La Plata
Valeria Jasper

Fotos | Enfoque Rojo

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http://youtu.be/pptbs4xw48E

Cuarenta familias viven en un terreno que ni Nación, ni Provincia ni el Municipio asumen como propio. La cuarentena imposible de un barrio “olvidado” hace treinta años en el mismo casco urbano de la capital bonaerense.

Link: https://www.laizquierdadiario.com/Barrio-Las-Vias-familias-sin-agua-luz-ni-ambulancia-a-diez-cuadras-del-centro-de-La-Plata

Es domingo por la tarde, baja el sol y en el barrio Las Vías van preparando la comida que repartirán en pocas horas. Desde hace un tiempo, entre los vecinos armaron una olla para que todos tengan un plato de comida en la casa. Frente a la falta de respuesta estatal a nivel nacional, provincial y municipal, son las familias quienes le ponen el cuerpo para que el barrio pueda comer

“Ahora estamos organizando una copa de leche y la olla popular. Entre todas las familias ponemos un poco para comprar las cosas y lo que tenga cada uno, lo que tengamos de los bolsones de alimentos que dan en las escuelas. Entre todos ponemos $50 y compramos carne”.

Entre vías y caballos de carrera, el barrio

En el límite con la localidad de Ensenada y a pocas cuadras del centro platense, siguiendo las vías del ferrocarril Roca y lindando con el Hipódromo de La Plata, se encuentra el barrio Las Vías o “41 y 120, sin número” como también lo conocen.
En la intersección de las calles 41 y 120 se encuentra la entrada al barrio. Unas cuadras separan el asfalto de las casas.

Son una cuarenta familias distribuidas en 30 casas, algunas viven allí hace casi treinta años. Los últimos años se sumaron más y el barrio se amplió unas cuadras. Según un censo que realizaron los propios vecinos, hay alrededor de 100 chicos.

La gran mayoría de las familias no cuentan con salarios estables. Los hombres trabajan en el mundo del turf, en la descarga de arena, pasto y avena para los studs de la zona y el vareo de caballos. Algunas familias sobreviven de la venta de cartón. Trabajos precarios que los obliga a salir a la calle, en tiempos de pandemia, para conseguir algún sustento que lleve comida los hogares.

Vista del barrio desde Google Maps
Vista del barrio desde Google Maps

“Nos falta todo”

Los y las vecinas relatan la situación del barrio y las complicaciones que tienen para poder garantizar las condiciones mínimas de higiene y salubridad, complicaciones que con la aparición de la pandemia y el aislamiento se profundizaron, como en el resto de los barrios populares que le hacen frente a la crisis sanitaria y económica que atraviesa el país. El coronavirus se propaga, como el hacinamiento y el hambre.

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“Tenemos miles de falencias, la principal es el agua corriente. No tenemos agua potable, tampoco tenemos alumbrado público, no tenemos calle para entrar y salir. Los días de lluvia hay mucho barro. Las conexiones de luz las hicimos entre los vecinos, son muy precarias. Se nos queman los electrodomésticos”.
En el barrio los servicios esenciales no están garantizados por el Estado, como tampoco el acceso a la salud: “Las ambulancias no entran. Los mismos vecinos te ayudan si tienen un auto o una moto y te llevan al hospital. Tampoco entran los bomberos así menos van a venir a fumigar”.

“¿Cómo hacemos la tarea si no tenemos internet?”

Tampoco llega internet, un servicio que se ha vuelto esencial en tiempos de aislamiento, lo que se vuelve una gran traba a la hora de ayudar a los chicos en las tareas.
“Estamos tratando de organizarnos entre nosotros. ¿Cómo hacemos la tarea cuando no tenemos internet? Yo ya hablé con la maestra y le dijimos que la nena iba a hacer lo que pudiera.
Tenemos datos móviles que se nos terminan en un suspiro. Otras mamás dejaron la escuela en 2do grado... A veces hay un solo celular para cinco chicos”.

“La pobreza enferma”

Varios son los testimonios que relatan cómo la precariedad en que viven afecta la salud, principalmente de los niños y niñas, y no se relacionan con las epidemias actuales de coronavirus o dengue.

“Los chicos tienen problemas de piel, les salen como ampollas que si se revientan se infectan. Les salen por todo el cuerpo, les dura casi un mes. No sabemos si es el agua, la zona que es re polvorienta o por la arena del suelo. Cuando vamos al hospital te dicen que es un virus de la piel que no tiene tratamiento”.
“Creemos que es el agua o la tierra, uno no tiene las condiciones para poder mantener la higiene. Te mandan a lavarlos con jabón blanco y no tenemos agua”.

“Queremos agua”

Mientras “quedate en casa” y “lavate las manos” se han vuelto casi un mandato en estos días, para estas familias tener agua se volvió un lujo. “Al principio guardábamos distancia, tratamos de quedarnos en nuestras casas para cuidarnos del coronavirus, pero no tenemos agua ni para lavarnos las manos. Lo mismo con la cuestión del dengue. Acá no entran a fumigar; los pozos son a cielo abierto. También hay ratas porque tiran desechos de los studs”.

“Entre ABSA y la Municipalidad se tiran la pelota. El Hipódromo (dependiente de Provincia de Buenos Aires) nos proveía de agua hasta hace un año atrás. Cuando cambió de director no nos renovaron el permiso para que nos dieran el agua. Todo queda en palabras…”

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Un claro y total abandono por parte del Estado nacional, provincial y municipal para quienes el barrio no existe frente a los constantes reclamos por las condiciones de vida. “Cuando le pedimos al ferrocarril que vengan a limpiar somos del hipódromo, para el hipódromo cuando le pedimos agua somos del ferrocarril, que sería Nación. Para el intendente Garro y Bruera (ex intendente) no éramos nadie”. Sin olvidar los 16 años de Julio Alak, hoy paradójicamente ministro de Justicia y Derechos Humanos de la provincia.

Ellos tienen bien en claro que para la clase política hay ciudadanos de primera y de segunda. Lo viven a diario en el destrato que sufren mientras empresas como Imacova, conocida empresa constructora de la ciudad a la que llaman “usurpadores de primera clase”, se adueña de tierra.

“El usurpador de primera clase es Imacova, la empresa constructora. Ellos tienen buena presión de agua. Hace 10 años que están, tomaron los mismos terrenos que nosotros y cercaron. Nosotros pagamos por el terreno para entrar. Esta empresa no pagó a nadie”.

El barrio se organiza

Frente a la inacción de los gobiernos, la solidaridad y la organización en el barrio es lo que prima.
“Hemos cortado la calle en medio de la pandemia con las mamás y las criaturas reclamando lo que nos corresponde. Los muchachos empezaron a excavar casa por casa para ver si podemos encontrar un caño maestro que dicen que pasa por acá. Hace poco hicimos una carta al intendente que presentamos la semana pasada”.

En el documento manifiestan que la nueva gestión del hipódromo “cortó y prohibió que saquemos el agua de ahí porque argumentaron que ellos no están dispuestos a pagar por darnos un servicio tan básico como carente para nosotros”. Y agregan que “en varias ocasiones limpiamos con nuestras propias manos las vías, cuando eso depende del municipio o del ferrocarril, ya que somos un barrio que está ´DENTRO DEL CASCO URBANO´". La carta finaliza con el pedido al municipio para “solucionar de manera inmediata como primer medida el tema del agua potable… más cuando se trata de familias con varios niños que dependen de ella y hoy sufrimos su falta".

Esta carta aún no tuvo respuesta, por lo que los vecinos y vecinas evalúan organizarse para reclamar colectivamente a las autoridades municipales como provinciales.
“Queremos una boca de agua en forma urgente. Esa es nuestra demanda principal”

Este barrio, que está a no más de quince cuadras de la residencia del gobernador Kicillof (y de Vidal, Scioli, Solá y Duhalde), es parte de los miles de asentamientos y villas que se extienden en toda la provincia de Buenos Aires. Allí multitudes viven en condiciones inhumanas, sin elementos básicos para prevenir el contagio del Covid-19, con hambre, hacinamiento y contaminación, víctimas de la desidia estatal, mientras los empresarios siguen haciendo negocios con la especulación inmobiliaria.

Producción: Daniel Satur- Analía Banegas- Agostina Orellana

 
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