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La Izquierda Diario
8 de septiembre de 2019 Twitter Faceboock

EL CÍRCULO ROJO
2001-2019: el optimismo de la resignación
Fernando Rosso | @RossoFer

Imagen: Reuters

Las convergencias y divergencias entre la crisis actual y la que inauguró el siglo argentino en el editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite todos los domingos de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos, 89.9.

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  •  Existe cierto consenso entre dirigentes políticos, analistas, periodistas y comunicadores, tanto oficialistas como opositores, en torno a que la crisis que atravesamos en la actualidad “no es igual al 2001”. La mayoría manifiesta una intención política cuando acentúa este diagnóstico: los guía cierta “ética de la responsabilidad” en la que, presuntamente, se sienten con la obligación de transmitir calma y tranquilidad a la sociedad.

  •  Es verdad que la crisis es diferente en muchos aspectos a la hecatombe de 2001, tanto en el terreno económico, social o político.
  •  La evolución de la economía en el presente es lo más inquietante e incluso puede retomar una dinámica catastrófica. La semana pasada se alcanzó una minicalma en el sistema financiero, cierta estabilización del dólar, pero a un costo muy alto por la sangría de reservas del Banco Central que se mantuvo a niveles preocupantes. En esta semana que comienza se definirán varias cuestiones como, por ejemplo, si aparece la oferta de dólares y la demanda se tranquiliza. Es decir, si la obligación de liquidar los dólares a los exportadores se cumple y, sobre todo, si finalmente se aprueba el desembolso de 5.400 millones que el FMI debería realizar y aún no autorizó. Aparte de la caída de reservas, un cuarto de los depósitos en dólares salieron del sistema bancario en las últimas semanas. Y no existen señales de que la salida se vaya a detener por el momento.
  •  Quiero decir que, si bien hay economistas que destacan que hay más respaldo de dólares que en 2001 para detener eventuales nuevas corridas y que la economía no está atada a la convertibilidad como en aquel entonces, no está para nada descartado que la situación se agrave y retome un ritmo dramático.
  •  En el terreno social, la situación es muy grave, pero también es verdad que no se alcanzaron las cifras descomunales de una desocupación que rondaba el 20 % en 2001, una pobreza que superó al 50 % e incluso posdevaluación de 2002 se acercó al 60 %. Es decir, bastante más de la mitad de los argentinos eran pobres y otro tanto, indigentes. Pero además, acá hay que tener en cuenta que una de las lecciones que sacó el conjunto del régimen político fue que debía contener a la cada vez mayor masa de pobres con políticas de asistencia social. Que debía articular con un amplio entramado de organizaciones que en sus orígenes irrumpieron en la escena de manera radicalizada hacia fines de los años ‘90 y luego se fueron transformando en lo que la investigadora Luisina Perelmiter bautizó como “burocracia plebeya”, administradora de la asistencia social. Los optimistas del vaso medio lleno dicen que esto es bueno porque por lo menos hay una contención. Aunque también se puede pensar que es una manera de mantener la preciada “paz social”, mientras pasan los ajustes sin la irrupción de estos sectores en las calles y sin estallidos sociales. Por otra parte, el grueso de los dirigentes de gremios que integran la CGT hace bastante tiempo que pusieron la mayor distancia entre ellos y algo parecido a la “lucha”.
  •  En la esfera de la política, en octubre de 2001 tuvieron lugar unas elecciones únicas: la abstención electoral que venía subiendo desde 1989, alcanzó el impactante 26,6 % en aquellos comicios. Aunque el mayor golpe fue causado por la combinación de votos blancos y nulos que alcanzó el 21,1 % del padrón total. En Capital Federal, la izquierda en su conjunto llegó a obtener alrededor del 27 % de los sufragios. Eso fue una verdadera crisis de representación de los partidos tradicionales, una ruptura violenta entre representantes y representados que luego explotó con el “que se vayan todos”. Hoy es diferente porque se realizaron elecciones y la mayoría optó por una fuerza política para rechazar al ajuste, tuvo un componente de “voto castigo”, pero distinto a aquel “voto bronca”. También esa fuerza trabaja para este amplio “partido del orden” en medio de esta crisis. Algunos benévolos dicen que actúa con responsabilidad, otros creen que está dejando que Macri complete el trabajo sucio del ajuste para tener allanado el camino a una futura “reconstrucción”.
  •  Entonces: es verdad que hay muchas divergencias con el 2001, pero esto no implica para nada de que “hay que llevar tranquilidad”. Entre otras cosas, porque la “tranquilidad” está construida también por un sistema político que tiene el dudoso mérito de resistir “sin que se caiga” (como dijo el ministro Nicolás Dujovne allá lejos y hace tiempo) mientras continúa un ajuste brusco, se destruye un país, todos nos empobrecemos y muchos quedan condenados a una vida precaria. Alfredo Zaiat describe hoy en Página 12 un panorama tremendo sobre cómo se expresa a nivel de la desvalorización de empresas que cotizan en bolsa, los otros datos los leemos o los vemos todos los días en la calle, en los supermercados o en la vida misma.
  •  Cada uno o cada una puede hacer lo que quiera con su optimismo, pero éste “optimismo” por las diferencias con el 2001 (sin ahondar en las causas profundas), se parece bastante a una resignación.

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