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La Izquierda Diario
31 de marzo de 2019 Twitter Faceboock

AGROTÓXICOS
El modelo agroquímico en Santa Fe: catástrofes y controversias
Lourdes Pacheco

Aquí analizamos en profundidad las polémicas alrededor del modelo productivo de los agrotóxicos en la provincia sojera por excelencia.

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Luego del ingreso de Monsanto a la Argentina en 1995, mediante la firma del Ministro de Agricultura del gobierno de Carlos Menem, Felipe Solá, el modelo agroquímico se profundizó abruptamente, incluso con la aparición de más agrotóxicos, semillas RR (modificadas genéticamente), multinacionales dedicadas al agro, como du pont, Syngenta, etc. Hasta la actualidad no hay leyes nacionales para la aplicación y regulación de agrotóxicos. Desde entonces se promulgó la ley general de ambiente 25675 y la ley de Residuos peligrosos 24051 – que no son específicas, pero rigen en la materia- y la recién reglamentada ley de envases de agroquímicos 27279, además varias resoluciones basadas mayormente en las BPA.

Regulación fantasma

En Santa Fe, pocos meses después de la llegada de Monsanto, se sancionó la ley 11.273, mal llamada “Ley de Fitosanitarios”, presentada por la diputada sojera del Partido Socialista, Inés Bertero, y aprobada por unanimidad por todos los partidos patronales.

La misma propone 500 metros libres de fumigaciones terrestres y 1.000 metros de aplicación área alrededor de las zonas urbanas, pero deja la posibilidad que mediante una ordenanza cada municipio/comuna pueda modificar las distancias. Esto derivó en que un poco más del 60% realicen la suya, con distancias irrisorias, con una mínima de 0 a 100 mts. En el otro 40% se fumiga sin tener la ordenanza correspondiente. Estas ordenanzas fueron discutidas con los gobiernos de turno, ingenieros agrónomos, aplicadores de agrotóxicos y dueños de campos. En ningún momento se contempló la opinión de los habitantes ni las consecuencias a la salud que traería aparejada una resolución como ésta.

Este tipo de ordenanzas resultan completamente regresivas y anticonstitucionales. Sus consecuencias son devastadoras: miles de enfermos de cáncer, personas con problemas respiratorios, abortos espontáneos, malformaciones en recién nacidos, entre muchas otras, que están científicamente comprobadas que son causadas por estos químicos.

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Activismo perseguido

En la provincia existe un activismo que lucha en contra de este modelo y sus integrantes sufren diariamente las consecuencias.
Uno de los luchadores perseguidos es Facundo Viola, habitante de la comuna de Arroyo Leyes, que continuamente es amenazado e incluso fue agredido físicamente por militar esta causa, denunciando fumigaciones ilegales y mostrando los efectos de los agrotóxicos. En marzo de 2019, ingresaron a su casa y le robaron la computadora donde tenía todo el material que iba a presentar ante la Justicia.

No hay peor ciego que el que no quiere (porque no le conviene) ver

Los vecinos de las diferentes localidades se enfrentan diariamente a discusiones con médicos que desmienten los efectos de los agroquímicos, a pesar de que son completamente visibles, y desestiman la cantidad de estudios que existen alrededor de este tema, o incluso luego de que la semana pasada se conociera que Monsanto fue declarado culpable de causar cáncer- por lo que tuvo que pagar una indemnización millonaria¬- o ignorando por completo la clasificación de la Organización Mundial de la Salud que establece al glifosato como posible cancerígeno.

Los ingenieros agrónomos defienden este modelo a la par de intendentes y jefes comunales, aduciendo que “es el campo el que nos da de comer”. Este es un mito extendido. La agricultura industrial está subsidiada en todo el mundo y Argentina no es la excepción. Este cuento lo repiten incluso personas intelectualmente honestas pero mal informadas.

Cuando se trata de producir, no hay control

Las leyes de ambiente y salud prevén que antes de utilizar químicos de manera extensiva se realicen estudios de impacto ambiental y en la salud, la categorización en la provincia de Santa Fe acerca del uso del suelo determina que los campos fumigados no estén incluidos en la necesidad de realizar estudios de impacto ambiental. Esto conlleva más consecuencias: enfermedades, inundaciones por deforestación para plantar monocultivo de soja con ayuda de la impermeabilización que producen los agroquímicos.

Incluso, los bidones de agrotóxicos, que son residuos peligrosos, no tiene ningún tipo de tratamiento y son arrojados, con suerte si es que no quedan en los canales o acumulados en alguno lote, en el basural de cada localidad y quemados sin ningún tipo de precaución por la contaminación que estos producen.

Contaminación hasta en la sopa

Se descubrió que la cuenca del Río Paraná, una de las grandes reservas de agua dulce, está contaminada por agrotóxicos, como el glifosato, AMPA (residuo del glifosato), endusolfan, prohibido desde 2013, y plaguicidas, poniendo en riesgo la vida acuática y la de los humanos.

Demagogia nivel: Partido Socialista

El gobernador Miguel Lifschitz presentó un programa de “buenas prácticas agropecuarias”, y declaró: “Creo que con un objetivo común, como el de desarrollar buenas prácticas en materia agropecuaria y potenciar la producción con garantías de sustentabilidad del medio ambiente, podemos empezar a transitar un camino positivo y acercar las soluciones a las demandas”. Pareciera desconocer que hay estudios realizados en Argentina que la deriva de los agrotóxicos es incontrolable. Señor gobernador, una buena práctica agrícola sería no fumigar.

 
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