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9 de febrero de 2019 Twitter Faceboock

DOSSIER: “NUEVAS FORMAS” DE PRECARIZACIÓN JUVENIL
Nuestras vidas valen más que sus ganancias
Natalia Sposato | Estudiante del Instituto Joaquín V. González / Agrupación 9 de Abril

imagen/Martín Cossarini/Enfoque Rojo

La nueva “moda” de laburar para las apps desnuda lo que vivimos las y los jóvenes todos los días en trabajos cada vez más precarizados, por el ajuste que empeora las condiciones de vida. Levantemos la cabeza para mostrar la fuerza que tenemos contra un sistema que nos exprime la vida para que un puñado se llene los bolsillos.

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Ahí estaba otra vez, la pantalla con mil pestañas de todas las páginas de bolsas de trabajo y armando un mapa para recorrer agencias. ¿Cuándo buscar laburo se convirtió en un trabajo? Desde que recuerdo siempre fue el segundo trabajo para poder encontrar un mango más, porque la guita nunca alcanzó.

Pagar el alquiler dependía de cuidar niños en una oficina, sin espacio propio ni lugar para almorzar, solamente algunos días en la semana. No queda otra que conseguir algo, por unas cuantas horas más, en negro, sin derecho a nada. Salgo a la calle, veo a los pibes y las pibas que laburan en Glovo o Rappi. La ciudad está repleta, pero no los consideran trabajadores, son simplemente “colaboradores” según dicen las empresas. Así no les reconocen sus derechos laborales, ni siquiera los más elementales.

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La cara de la precarización sigue siendo la de juventud

¿Cómo pudieron extender este sistema tan rápido? Además de la necesidad de miles, fue posible porque la mayoría ya vivimos en laburos rotativos y precarizados, donde todos los días tratan de convencernos de que no valemos nada. Es lo que se puede conseguir, a las pibas y pibes nunca nos llegó la “década ganada” y ahora, con la “macrisis”, la situación empeora y se hace más insoportable. Caí cuando en el verano tuve que renunciar porque arrancaba la cursada y se me hacía incompatible con mi laburo en el bar.

Siendo moza, los horarios se extienden hasta el cierre del local. La posibilidad de irse –tuya y de tus compañeros-, depende de cuánto desarrolles tu capacidad de hacer mil cosas al mismo tiempo: servir las mesas, atender a los clientes, tomar pedidos, lavar los platos y sonreír. Siempre sonreír, a pesar de todo.

Y es que no hay muchas más opciones, aunque en el mercado los empresarios te ponen “diversas” ofertas, como llamar a personas sin parar para venderles cualquier producto. Donde son diez minutos “reloj” para ir al baño, o el descanso es un premio a alcanzar, y si no lograste enchufarle nada a nadie, al otro día te cambian de campaña mientras te gritan por la vincha qué decir y cuánto insistir. Si no insistís lo suficiente, estás bajando la productividad. Es decir, las ganancias de la empresa.

Siempre estuve en negro o en el mejor de los casos en “gris”, con una parte del sueldo en blanco y otra en negro. Siempre me ofrecieron un par de horas, part time, y con contratos temporales, descontando las llegadas tarde por un día de trabajo aunque tuviera que hacer horas extras gratis si me caía un llamado y ya había terminado. Siempre con laburos rotativos y precarizados, para poder juntar cada peso y pagar los apuntes o el bondi y volver al otro día al trabajo. Quizás una salida el fin de semana para poder aflojar un poco. Pero no quieren que aspiremos a nada más. ¿Por qué tendríamos que conformarnos?

...Y la de las mujeres

Si sos mujer, sumale a la rotación interminable: que los gerentes y supervisores se aprovechan de tu necesidad y su poder para hacer todo tipo de abusos, que no salen a la luz bajo amenaza (dicha o no) de dejarte en la calle.

El sueldo es más bajo para nosotras, que ganamos un 25% menos que los varones según el Ministerio -ahora Secretaría- de Trabajo. Es así porque los trabajos que nos dan, en general, tienen que ver con las tareas domésticas o con servicios, que son más precarios. Pero incluso cuando tenemos el mismo trabajo, las mismas tareas, nos pagan menos. Ni hablar de acceder a mejores categorías.

Todo con la complicidad de un Estado que sostiene esta opresión: negando salud reproductiva, educación sexual y aborto legal. Los dinosaurios no quieren eso ni refugios u otras medidas mínimas contra la violencia de género. Para las niñas y mujeres tampoco hubo “década ganada”.

Nos quieren sumisas y en silencio. Pero un odio profundo empezó a explotar en las mujeres y somos cientos de miles las que decimos #miracomonosponemos; las que no nos sacamos los pañuelos, protagonistas de la “marea verde” que llegó para quedarse y no naturalizar las violencias y opresiones constantes. ¿Y si esa marea salpicara a las millones de trabajadoras que hoy todavía no alzaron su voz? ¿Qué ladrillo puede quedar en pie cuando todas las jóvenes y trabajadoras nos asqueemos de lo que nos rodea?

Ayer y hoy, quieren robarnos el futuro

Las condiciones laborales no son nuestro único problema. El ajuste llega con los tarifazos, con la inflación y también entra de cabeza en la educación pública, con ataques como el que hizo este año Cambiemos con la reforma de UniCABA que busca cerrar y ajustar a los institutos terciarios, aprobado con el rechazo y a pesar de la gran movilización en contra que encabezamos las y los estudiantes. Luego en diciembre intentando cerrar las escuelas nocturnas, dejando afuera a las y los que laburan y hacen un esfuerzo enorme para terminar el colegio.

Como dijo el legislador Patricio del Corro (PTS-FIT): “La intención es clara, avanzar en la precarización de la educación, avanzar en la precarización del trabajo en especial de la juventud. Esta ley que traen es la ley del Banco Mundial y el FMI. Quieren pibes y pibas que vayan a laburar a los MC Donald´s o los Rappi, por dos pesos o gratis”.

No tenemos nada que perder, nos robaron hasta el miedo

El ajuste en 2018 pegó muy fuerte en los más jóvenes: 6 de cada 10 en el mercado laboral están desocupados o en trabajos precarios. En el país la pobreza llega a casi 14 millones, de los cuales 6 son niñas y niños. Y todos los pronósticos dicen que se va a profundizar la recesión. Macri y Bullrich quieren instalar una agenda de “seguridad”, que significa legalizar el gatillo fácil y la represión policial en los barrios y bajar la edad de imputabilidad. Trabajos como Rappi y policías como Chocobar: ese es el plan de Cambiemos para la juventud.

Cambiemos no está sólo: sin la complicidad de los gobernadores, diputados, intendentes y sindicalistas peronistas el ajuste no podría estar pasando así. El kirchnerismo se presenta como oposición, y nos dice que el único fin es “sacarlo a Macri” vía elecciones 2019. Pero que si ellos llegan no van a dejar de pagar la deuda, eso sí, renegociando el acuerdo con el FMI para que tenga “un rostro más humano”.

Quedó demostrado que cuando hubo más recursos no terminaron con lo que vivimos la mayoría de jóvenes y trabajadores. ¿Por qué lo harían ahora con condiciones más adversas? Ningún subsidio ni plan social, aunque hoy resulte una ayuda ante la situación desesperada de millones, cambia la situación de fondo, sino que la mantiene ¿Y los millones que quedan en lo que arrasa cada crisis? ¿Y los que nos rompemos de a miles? ¿De qué “mal menor” nos vienen a hablar si no proponen terminar esa miseria?

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Quieren apoyo a una alianza entre lo más rancio del PJ, los burócratas sindicales y la Iglesia, para que los empresarios la sigan “levantando en pala” y sigamos pagando la deuda con el hambre del pueblo como hicieron durante una década. ¡Ah! Y que no haya nadie “enojado” con la Iglesia llena de curas abusadores, mientras las niñas son condenadas a ser madres producto de violaciones o morir. Son espejitos de colores para desviar nuestra fuerza. Que no seamos protagonistas de cuestionar el futuro que nos quieren imponer.

Todos los gobiernos mantuvieron la precarización en sector público y privado. Fue el gobierno de Néstor y luego el de Cristina los que profundizaron la precarización laboral pos 2001, sobre todo de la juventud. Y cuando la juventud y el sindicalismo de izquierda ganaron fuerza no dudaron en usar la represión de Berni y las patotas de Pignanelli o Pedraza, asesinas de Mariano Ferreyra.

Así se preparan ellos. ¿Cómo vamos a agachar la cabeza cuando cada día nos pisan más? No hay espacio para medias tintas. Son ellos o nosotros.

La unidad que necesitamos es con las mujeres que toman las calles, los estudiantes, los laburantes y sectores populares contra el ajuste, para poner de pie al conjunto de la clase trabajadora. Confiar en nuestras propias fuerzas, rompiendo con la división que imponen las organizaciones sindicales: ocupados y desocupados, varones y mujeres, nativos o extranjeros, efectivos o contratados, o los centros de estudiantes que en el mejor de los casos quieren pelear por mejores condiciones de cursada, pero nunca aliándose al resto de los sectores para enfrentar el ajuste. Esas divisiones la mantienen para debilitarnos. Hay que organizarse ahora.

Sus ganancias o nuestras vidas

No queremos las migajas, ¡queremos trabajo efectivos para todos! La tecnología avanza, ¿no debería ser para trabajar menos y todos? Si se repartieran las horas de trabajo entre todas las manos disponibles con un salario igual a la canasta familiar como mínimo, podríamos terminar con la desocupación y reducir la jornada de trabajo a 6 horas, 5 días por semana, dejando tiempo para descansar, estudiar, estar con nuestras familias o lo que queramos hacer. Junto con un plan de becas que permita estudiar, igual a media canasta familiar.

Estas propuestas las hacemos con Nicolás del Caño en el Frente de Izquierda y son parte del único programa que propone una salida a la crisis basado en las necesidades de los trabajadores y sectores populares y en vez de pagar la deuda externa destinar recursos a vivienda, salud, educación y obra pública.

Por una vida que merezca ser vivida

Si “ellos” se preparan para hambrear a millones ¿Por qué nosotros, los jóvenes, que no tenemos nada que perder, no empezamos a poner un poco de nuestro tiempo a prepararnos también? Que la historia en la que perdemos "los de abajo" no se repita una y otra vez como el 2001.

¿Y si toda la energía que ponemos en peleas importantes pero aisladas, como no perder un peso más de salario, o que no cierren los terciarios o las escuelas nocturnas, la transformamos en militancia para cambiarlo todo de raíz? Basta de migajas, ¡queremos toda la panadería!

Que toda la bronca de la juventud, que no le debe nada al capitalismo ni a sus políticos, se transforme en una fuerza imparable. Empezando desde hoy por construir corrientes de izquierda en los sindicatos, en los centros de estudiantes y peleando por las ideas del feminismo socialista en el movimiento de mujeres. Que nuestra bronca, nuestra rebeldía y nuestro tiempo sirvan para pelear junto a miles de trabajadores y mujeres para poner en pie un partido revolucionario que en los momentos decisivos tenga la fuerza para terminar con este sistema de opresión, explotación y miseria.

Porque de algo no hay dudas. El capitalismo es totalmente irracional. Mientras unos pocos se enriquecen de forma obscena a costa de la sangre de millones, en todo el mundo aumentan las guerras, las migraciones, las redes de trata de mujeres y niños, el hambre y la esclavitud. Pero también vemos la fuerza que podemos tener, ¡como los chalecos amarillos en Francia!

Luchemos por ponerle final, empezando en nuestro país pero en perspectiva de una revolución mundial, que le arranque el poder a la clase capitalista y sobre sus cenizas pongamos en pie una sociedad donde los trabajadores podamos reorganizar los recursos y medios de producción acorde a nuestras necesidades. El primer paso al socialismo.

La única liberación puede venir de la construcción del comunismo, donde sea posible aprovechar el avance técnico para trabajar menos, teniendo en cuenta las necesidades del conjunto social, y poder desarrollar todo el potencial de cada persona, con tiempo para el deporte, el arte y el disfrute de la vida, sin explotadores ni explotados, sin opresores ni oprimidos. ¡Por una vida que merezca ser vivida!

 
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