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La Izquierda Diario
18 de noviembre de 2018 Twitter Faceboock

SEGUNDA CARTA DEL PTS/FIT
¿Seremos capaces de construir un partido unificado de la izquierda revolucionaria y socialista?

La nueva etapa de la crisis nacional nos exige iniciativas para romper las divisiones que impone el régimen de los partidos patronales y el FMI, para unir las filas de la clase trabajadora y los sectores combativos del movimiento estudiantil y de las mujeres. Hay que superar la separación entre la necesaria agitación política en base a un programa obrero y socialista, y una práctica en los sindicatos y centros de estudiantes limitada a luchas parciales y a la rutina corporativa de organizaciones vaciadas de participación. La construcción de una alternativa revolucionaria al gobierno de Macri y a la “unidad opositora” de sectores del peronismo y el kirchnerismo, cuyo programa llevará también a que sigan siendo los trabajadores y el pueblo pobre los que paguen la crisis, implica revolucionar nuestros métodos de intervención en las organizaciones obreras, estudiantiles y del movimiento de mujeres, para que el programa internacional y nacional de lucha por el gobierno de los trabajadores adquiera fuerza material y nos permita derrotar a las direcciones burocráticas.

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Queremos en este texto ampliar los fundamentos respecto a la propuesta que hicimos en el acto de nuestro partido en el Estadio Cubierto de Argentinos Juniors el pasado 6 de octubre (en simultáneo con actos en Jujuy, Neuquén, Mendoza, Córdoba, Tucumán y Bahía Blanca) y en la carta que presentamos el sábado 10 de octubre con el título “Avancemos hacia un partido unificado de la izquierda, la clase trabajadora y socialista”. A partir de nuestro llamado hemos recibido respuestas de distintas organizaciones que se han sentido interpeladas por la propuesta y hemos iniciado una ronda de reuniones, comenzando por los compañeros del PO e IS con los que compartimos el Frente de Izquierda y de los Trabajadores. Pretendemos aquí clarificar lo más sintéticamente posible cuál es la urgencia de nuestro planteo.

1. Quienes nos reclamamos de la izquierda obrera y socialista en nuestro país estamos ante un nuevo desafío histórico. El gobierno de Macri, con la complicidad del peronismo que le ha votado todas las leyes al oficialismo en el Congreso, se encuentra llevando adelante un nuevo saqueo que redobla la opresión imperialista y la explotación capitalista sobre el pueblo trabajador. Con una deuda pública que está pronta a superar el 100% del PBI la perspectiva de un default asoma en el horizonte. La recesión en curso va a profundizarse continuando la pulverización del salario y la caída del empleo. El agravamiento de esta situación hace que aunque las conducciones burocráticas hagan todo para evitar que la lucha de clases explote abiertamente, un salto en el debilitamiento del gobierno o nuevas “corridas” cambiarias o bancarias, pueden precipitar la crisis aún antes de las elecciones del año que viene. Pero, aún si las fuerzas del régimen lograran trabajosamente contener el descontento e imponer una coyuntura electoral para 2019, quien asuma el gobierno, a la vez que verá incrementarse los pagos de deuda en los años siguientes, no podrá contar con más fondos del FMI, adelantados en la renegociación del acuerdo para el año que viene a cambio de profundizar los niveles de ajuste.

Solo estarán logrando postergar choques de clase decisivos que son inevitables. Mientras Macri espera algún milagroso rebote económico para intentar su reelección, el peronismo discute las variables para volver al gobierno. Una posible –aunque compleja- unidad de todos los sectores resignando Cristina Fernández de Kirchner su candidatura presidencial a cambio de lugares importantes en las listas para sus seguidores. Que la crisis se agrave y Cristina mantenga su candidatura en vista a ganar un balotaje aún con listas peronistas divididas. O el despegue de algún candidato que hoy “no mide” o la aparición de un outsider que modifique el tablero político, como fue Trump en Estados Unidos o Bolsonaro en Brasil. En cualquiera de estas variantes, quien gane tendrá que imponer ajustes aún más duros para pagar al FMI o enfrentar las consecuencias de una cesación de pagos, con una previsible nueva confiscación de ahorros y saltos devaluatorios contra el salario. No olvidemos que en 2002 la devaluación luego del default fue del 300% con una caída del 40% del salario real en pocos meses y que un cambio dramático internacional al alza en los precios de las materias primas permitió la recuperación posterior.

2. No solo la conducción burocrática de la CGT y el peronismo federal o de los gobernadores le están dando el aire imprescindible que el gobierno necesita para continuar el ajuste. El kirchnerismo, detrás de la desmovilizante consigna de “hay 2019”, fogonea la búsqueda de la unidad con “los traidores”, los votantes de la contra reforma jubilatoria y del Presupuestos del ajuste del FMI. Cierto, esto no es novedad. Todos integraron la coalición de gobierno de Néstor y Cristina Kirchner. Pichetto, sin ir más lejos, como su jefe de bloque de Senadores. El ultra antiabortista Manzur como su Ministro de Salud. Massa a cargo de la ANSES y luego como Jefe de Gabinete. Urtubey como uno de sus gobernadores estrella. Los Andrés Rodríguez, Gerardo Martínez y Armando Cavallieri como el sector de la burocracia sindical que junto con Antonio Caló y Ricardo Pignanelli formaron la ultra oficialista CGT “Balcarce” luego de la ruptura de CFK con Hugo Moyano, que junto a la CTA de Yasky carnereó los paros generales contra el robo al salario que significan los descuentos del impuesto a las ganancias para los trabajadores bajo convenio y otras demandas obreras.

3. Hay que marcar a fuego que, cuando estuvo en el gobierno, el kirchnerismo tuvo el objetivo de restaurar la autoridad del estado capitalista que quedó en crisis en el 2001 y la caída del gobierno “constitucional” de De La Rúa. Esto lo hizo en alianza con gran parte de lo peor de la burocracia sindical y con el peronismo más conservador (hoy colaboracionista abierto del gobierno macrista) como parte de su personal político fundamental. Y no vaciló en reprimir una y otra vez a la vanguardia obrera cada vez que esta dio luchas duras superando el control de las burocracias sindicales, porque allí se veía en embrión la superación por izquierda del peronismo.

Hay investigaciones que han constatado decenas de actos represivos por año bajo los gobiernos kirchneristas entre los realizados por el aparato estatal (tanto nacional como de los gobiernos provinciales) y las acciones paraestatales de patotas, predominantemente de la burocracia sindical. Entre estas represiones se cuentan: el desalojo brutal de la planta de Kraft Pacheco en huelga, numerosas represiones en la lucha de LEAR con balas de goma, gas pimienta y acción de la patota del SMATA, represión a los choferes de la 60, a las y los obreros de Kromberg y de Tango Meat, las patotas que actuaron con palos y cuchillos contra los trabajadores de DANA, todas en la Zona Norte del GBA; el asesinato de Mariano Ferreyra durante la gran lucha de los tercerizados del Ferrocarril Roca por la patota de Pedraza asociada a la empresa y al gobierno, así como represión policial a los ferroviarios del Sarmiento, EMFER y TATSA; a los obreros de Mafissa en La Plata; a la huelga del Hospital Garrahan, el ataque con patotas a la huelga del Hospital Francés, varias represiones y acciones de la patota del SOMU en la huelga del Casino Flotante, la acción permanente de la patota de UPCN contra los trabajadores del INDEC, represión estatal y para estatal con tres asesinados durante la ocupación del Parque Indoamericano, todas en CABA; represiones a los docentes de Santa Cruz y a los petroleros en Caleta Olivia, Las Heras y otras localidades; las de Libertador General San Martín (Ledesma) en Jujuy; a los trabajadores de Cargo- Renault en Córdoba y con las patotas del SMATA a los de FIAT-IVECO; represión contra la huelga de Mahle en Rosario y aprietes con la patota de la UOM a los metalúrgicos de Liliana; represiones varias a los desocupados incluyendo llevarlos a Campo de Mayo en privación ilegítima de su libertad; a los trabajadores ajeros de Mendoza, que le costó la vida a Carlos Erazo. Y más de conjunto, el Proyecto X, un sistema de espionaje, fichaje e infiltración sobre todo el que se movilizaba u organizaba. Es un listado que habla por sí solo.

4. Con la conformación en 2011 del Frente de Izquierda y de los Trabajadores ayudamos a mostrar la falsedad de que a la izquierda del kirchnerismo sólo estaba “la pared”, una idea que buscaron trabajosamente construir en base a cooptación de diversas organizaciones (de DDHH, piqueteras, etc.) y “a los palos” en cada una de las represiones a la vanguardia obrera que señalamos. En base a un programa antimperialista, anticapitalista y socialista, con la clara definición de luchar por un gobierno de los trabajadores en ruptura con el capitalismo (como “denominación popular de la dictadura del proletariado”, Programa de Transición), defendimos la independencia política de la clase trabajadora frente a toda la izquierda que se diluyó en el kirchnerismo y a quienes apostaron por otras variantes de centro izquierda de menor envergadura, como Proyecto Sur de Pino Solanas o incluso el Partido Nuevo de Luis Juez, hoy con Cambiemos. Así como fuimos una oposición por izquierda a los gobiernos kirchneristas, sin mezclar nuestras banderas con la oposición derechista, desde que asumió Macri hemos estado en la primera fila de la lucha contra los ataques de Cambiemos contra el conjunto del pueblo trabajador. El FIT es además una referencia internacional muy importante frente a todas las variantes del neoreformismo, tipo Syriza o PODEMOS.

5. El PTS y el conjunto del Frente de Izquierda y de los Trabajadores venimos levantando un claro programa para que la crisis la paguen los capitalistas y no el pueblo trabajador. Sin ir más lejos, en la última declaración que hemos sacado convocado a movilizarse frente a la votación del Presupuesto 2019 en el Senado decimos: “Llamamos a los activistas y luchadores del movimiento obrero a batallar por la concurrencia el 14 al Congreso, reclamando plenarios y asambleas en lugares de trabajo y sindicatos, para que la voluntad de los trabajadores se imponga a la parálisis de la burocracia sindical. Inmediato aumento de salario y reapertura de las paritarias; ningún despido; 82% móvil para los jubilados; anulación de los tarifazos, apertura y duplicación de los planes sociales; por la ruptura con el FMI y el no pago de la deuda; por la nacionalización de la banca y el comercio exterior y la reestatización y nacionalización de las privatizadas bajo gestión de los trabajadores y el control popular. Que la crisis la paguen los capitalistas, no los trabajadores y el pueblo”. No son puntos levantados de ocasión, sino que reiteradamente hemos sostenido estas medidas de fondo sin las cuales no puede terminarse con la decadencia nacional, la dependencia y el atraso. Somos los únicos que planteamos no pagar una deuda que es ilegítima y fradulenta, de la cual de la dictadura en adelante los distintos gobiernos han pagado más de USD 600.000 millones pese a lo cual seguimos debiendo USD 400.000 millones. Los que señalamos que la fuga endémica de capitales (hay de USD 400.000 millones de argentinos en el exterior en gran parte sin declarar, sacados en forma ilegal para evitar el pago de impuestos) solo se frena con la estatización bajo gestión de los trabajadores del sistema bancario y con el monopolio estatal del comercio exterior. Que hay que terminar con el saqueo de las petroleras y los tarifazos de las privatizadas mediante la nacionalización bajo gestión de los trabajadores y representantes de los usuarios populares de todo el complejo hidrocarburífero. Que planteamos expropiar a los grandes terratenientes y a las cerealeras exportadoras para que los recursos de la renta y la ganancia agraria vayan a salud, educación y vivienda y no para un puñado de grandes propietarios. Que decimos que el salario tiene que cubrir el costo de la canasta familiar y que hay que repartir el trabajo entre ocupados y desocupados sin afectar el salario, y reducir la jornada laboral a 6 horas. Que sostenemos la plena separación de la Iglesia del Estado y la legalización del derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Y que hoy estamos planteando que frente a la crisis del régimen en su conjunto y los pactos a espaldas del pueblo hay que derrotar a Macri y los gobernadores e imponer con la movilización una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, no sometida a ningún otro poder estatal, para dar una salida democrática y de emergencia a la actual crisis en curso e implementar las medidas que señalamos.

Desde el PTS sostenemos el planteo de Asamblea Constituyente Libre y Soberana como una forma para que la gran mayoría del pueblo trabajador, que no concuerda aún con nuestra salida de un gobierno de trabajadores en ruptura con el capitalismo, haga la experiencia con este sistema y en la lucha por esta salida desarrolle sus organismos de autodeterminación y autodefensa, que de frente único para la lucha se vayan transformando en base del nuevo poder de los trabajadores (democracia de los trabajadores o dictadura del proletariado lo llamamos los marxistas), sin el cual no hay ninguna salida de fondo para la clase trabajadora.

6. Pero ante los desafíos que tenemos por delante es claro que un frente como el FIT, por más progresivo que sea y por más buenos resultados electorales que consiga, es absolutamente insuficiente. Sin la existencia de un fuerte partido revolucionario de la vanguardia obrera ninguna lucha decisiva podrá llegar a la victoria. Por eso la urgencia de lo que estamos planteando. Ni durante el “ensayo general” revolucionario de los ’70 ni ante los choques de comienzos de los ’90 con la ofensiva neoliberal del menemismo las fuerzas con mayor peso que se reclamaban de la izquierda obrera y socialista estuvieron a la altura para poder torcer el curso de los acontecimientos o, al menos, para sacar conclusiones revolucionarias de las derrotas. Tampoco en la crisis del 2001 pudimos evitar la contención y el desvío de la acción de las masas, aunque es cierto que llegamos con fuerzas limitadas por la derrota de los ’90 y que la clase obrera ocupada no estuvo al centro de los acontecimientos.

Hoy estamos frente a acontecimientos que amenazan tener una magnitud similar. El régimen político presiona para que nos conformemos con lo conquistado y dejarnos como apenas una voz crítica. Quieren que seamos apenas variantes de izquierda de los sindicatos o los centros de estudiantes tal como son, organismos en gran medida vaciados o que funcionan con criterios clientelares o limitados a la gestión. Una de las claves de la dominación burguesa frente a una clase con un gran poder social como la clase obrera es fragmentarla y dividirla, recurrir a burocracias que dejen sus luchas solo en un estadio corporativo liquidando toda perspectiva de conjunto y limando toda forma de solidaridad de clase. Separando la acción sindical de toda perspectiva de lucha por el poder político de los trabajadores. A esto se adapta una concepción del clasismo (en parte por los límites que tuvo la experiencia de SITRAC-SITRAM) como equivalente a un sindicalismo más o menos combativo e independiente de los partidos patronales pero donde no está incorporada la necesidad de construcción de un partido revolucionario de la clase obrera.

Necesitamos combatir una visión donde todo dirigente del movimiento obrero actúa como “secretario sindical” y no como “tribuno del pueblo” (Lenin). Esto último implica levantar no sólo un programa y sino métodos concretos de acción que tiendan a superar las fronteras impuestas entre efectivxs/tercerizadxs/en negro, ocupadxs/desocupadxs, varones/mujeres/LGTB, trabajadorxs/estudiantes, etc., en la lucha contra las patronales, los gobiernos y el estado, con el objetivo de construir la herramienta política revolucionaria sin la cual es imposible conseguir la emancipación de la clase trabajadora.

7. Consideramos indispensable que las organizaciones de izquierda nos propongamos revolucionar los sindicatos y comisiones internas, así como los centros y federaciones estudiantiles, donde tenemos peso de dirección y/o fuerza militante. Actualmente, esas organizaciones no han mostrado una fuerza de movilización que nos permita pesar en los acontecimientos relevantes de la lucha de clases. En los paros generales, por ejemplo, hemos tenido el mérito de hacer en forma unitaria piquetes y movilizarnos frente a las convocatorias “domingueras” de la burocracia.

También hemos participado con columnas diferenciadas en convocatorias realizadas por sectores de la burocracia. Sin embargo, la capacidad de movilización que conseguimos en estas acciones fue muy limitada. Otra sería la situación si a estas acciones hubiésemos movilizados algunas decenas de miles de trabajadores.

Estaríamos en condiciones muy superiores para imponer a la burocracia el frente único obrero (Tercer Congreso de la III Internacional), la política sintetizada en la idea de “golpear juntos” y “marchar separados” (como plantearan Lenin y Trotsky en decenas de oportunidades). “Golpear juntos” con las direcciones reformistas y burocráticas que aún mantienen peso de dirección sobre la clase trabajadora, porque esta tiene la necesidad y el derecho de enfrentarse como un solo puño al capital más allá de sus divisiones sociales, organizativas y políticas, y porque es a través de esta acción donde las masas pueden hacer su experiencia con sus direcciones oficiales. “Marchar separados” porque no confundimos nuestros objetivos estratégicos con los de estas direcciones, señalando nuestra independencia política respecto de las mismas y buscando desarrollar la experiencia de los propios trabajadores, para superarlas. Por esto es importante que contar con volúmenes de fuerzas propias para que esta batalla sea eficaz.

Esta táctica no busca solamente la unidad de trabajadores sindicalizados (poco más de un tercio de la clase) sino también con aquellos no organizados y las y los desocupados. De ahí que en los momentos más agudos de la lucha de clases, cuando las capas más profundas y mayormente desorganizadas de la clase obrera salen a lucha es fundamental que existan organizaciones independientes de masas, ya sea a partir de los sindicatos recuperados de las manos de la burocracia que pasen a incluir a todos los trabajadores (ocupados, desocupados, contratados, tercerizados, etc.) y/o mediante la creación de organizaciones ad hoc que sean expresión organizativa del frente único del conjunto de la clase trabajadora contra el capital, y en perspectiva organismos de autoorganización de las masas (Consejos de trabajadores). Elementos de este tipo expresaron las Coordinadoras Interfabriles durante el ascenso obrero en los años ‘70.

Tomemos como ejemplo de las limitaciones de las direcciones sindicales que hemos conseguido desde la izquierda un lugar con mucha militancia y tradición, las seccionales de SUTEBA dirigidas por la Multicolor, de las que somos parte. Más allá de funcionar en base a los mandatos de asamblea y de tener una posición más combativa que la burocracia, es un hecho que no hemos podido superar a la conducción burocrática de Baradell y, en general, no hemos tenido una política persistente para coordinar y organizar a las madres y padres que los gobiernos de turno intentan volver contra los docentes. Salvo excepciones, las asambleas tienden a estar limitadas a algunas decenas de activistas.

En los centros de estudiantes, salvo en momentos específicos de lucha como fueron las tomas y las movilizaciones de este año, predomina la rutina entre la “gestión” y las elecciones o, a lo sumo, que algunas decenas de militantes lleven la bandera del centro o la federación a las movilizaciones. Esto ha conspirado contra el desarrollo de una franja significativa del movimiento estudiantil que vaya más allá de sus luchas inmediatas y que intervenga en las calles junto a los explotados.

8. Ninguna de estas cuestiones creemos que puede explicarse simplemente por los límites que fija la realidad. Este año, sin ir más lejos, se han desarrollado luchas importantes del movimiento de mujeres, de los estudiantes universitarios y terciarios y de sectores del movimiento obrero como en Río Turbio, Astilleros Río Santiago, Télam, etcétera. Los paros generales, además, tuvieron un altísimo nivel de adhesión a lo largo y ancho del país. Pero, para no actuar como lo que Lenin llamaba “secretarios sindicales” no podemos conformarnos con participar e impulsar estas luchas. Esto es una condición necesaria pero no suficiente. El gran desafío que tenemos por delante es como lograr que el activismo que ha despuntado no quede limitado a las luchas y reclamos de su sector, sino que sea parte de una militancia consciente por unir a las y los explotados y oprimidos en la perspectiva de construir un gran partido revolucionario para terminar con la explotación capitalista. Lo mismo ocurre con quienes se limitan a votarnos o acompañarnos en las campañas electorales del FIT. Nuestro planteo de partido unificado de la izquierda obrera y socialista apunta a que nos propongamos a la vez revolucionar las organizaciones de masas de los trabajadores y los estudiantes en los que intervenimos y elevar a la lucha política consciente por terminar con este sistema de explotación y opresión a miles de los nuevos activistas que han surgido.

9. Cuándo todavía no hay un ascenso revolucionario ni radicalización generalizada, ¿cómo superar la rutina de campañas electorales cada dos años, luchas y elecciones sindicales o/estudiantiles a las que nos propone limitarnos el régimen burgués? Si queremos estar a la altura de los tiempos que tenemos por delante y llegar lo mejor preparados a los acontecimientos decisivos esta es una pregunta tan crucial para respondernos como levantar un programa correcto.
Cada organización de la izquierda obrera y socialista ha desarrollado sus propias intervenciones en la lucha de clases que nos ha tocado vivir en estos años, y en la lucha política e ideológica más en general. En función de esto cada una aportará sus propias experiencias y conclusiones. Pero esto no puede hacernos conformistas sino sólo tomarlas de forma crítica para proponernos objetivos superiores. Por nuestra parte, tomamos como base para nuevos desafíos, nuestra participación en batallas de todo tipo, muchas dadas en común con otras organizaciones de la izquierda y miles de trabajadores, mujeres y jóvenes: en la gran lucha de Zanon y los 17 años de gestión obrera, así como la tradición clasista de los obreros y obreras de la ex Donnelley, hoy Madygraf, que vienen gestionando hace 4 años la fábrica expropiada en las difíciles condiciones de una industria capitalista en crisis. En luchas obreras que han tenido impacto nacional, como Astillero Río Santiago, Lear, Kraft, Pepsico, Subte, tercerizados ferroviarios y otras que no han sido menos duras: Jabón Federal, Maffisa, Casino, telefónicos, docentes, estatales, entre tantas otras, acompañados siempre en la primera fila -incluso en las represiones- por nuestros diputados y diputadas. En la defensa de los contratados y tercerizados, rompiendo el divisionismo de la burocracia sindical. En la construcción de una militancia en el movimiento estudiantil que se ha movilizado en decenas de oportunidades en las madrugadas en los cortes y piquetes de diferentes luchas obreras, siendo parte a su vez de cada lucha estudiantil y de los debates contra las distintas ideologías reaccionarias, populistas o posmodernas. En las batallas dadas en el movimiento de mujeres, señalando que la lucha consecuente contra el patriarcado es inescindible de la lucha contra el capitalismo, al que sigue como la sombra al cuerpo. En la lucha consecuente por la separación de la Iglesia y el Estado y por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. En el esfuerzo por recrear la teoría marxista, defendiendo su carácter revolucionario. En el desarrollo de la Izquierda Diario, un gran ejemplo de periodismo militante de la clase trabajadora. En impulsar desde hace siete años el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, detrás de un programa antimperialista, anticapitalista y socialista. Consideramos estas experiencias como puntos de apoyo para encarar nuevos objetivos que nos pongan a la altura del momento histórico que estamos viviendo.

La izquierda no puede contentarse con ocupar lugares en las organizaciones de masas y que sigan tal cual son. Tenemos que proponernos revolucionarlas para ir logrando la capacidad de movilizar decenas de miles en los eventos decisivos de la lucha de clases. La propuesta que estamos haciendo está ligada con este planteo.

10. La necesidad de abrir la discusión sobre un partido revolucionario unificado de la izquierda obrera y socialista se apoya en los desafíos que nos plantea la situación internacional y nacional, en la necesidad de ganar a los nuevos sectores que se han puesto en movimiento (en el movimiento de mujeres, en la juventud estudiantil y trabajadora, entre la clase trabajadora que resiste) para una militancia revolucionaria anticapitalista y socialista integral y en los puntos de acuerdo programático en los que se basa el FIT, punto de partida para avanzar en un programa más acabado, para el cual aportamos el Proyecto de Programa del PTS que discutimos en una reciente Conferencia Programática de nuestro partido. También ponemos a consideración las resoluciones y documentos de la última Conferencia de la Fracción Trotskista- Cuarta Internacional de la que somos parte junto con revolucionarios de Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia, Venezuela, México, EE.UU., Estado Español, Francia y Alemania, a los que sumaron en la última reunión organizaciones de Perú, Italia y Costa Rica. En tal sentido creemos sigue vigente nuestro planteo de luchar por un Movimiento por una Internacional por la Revolución Socialista (Cuarta Internacional) y las bases programáticas sobre las cuales sostenemos construirlo.

11. El objetivo no es conformar un partido de tendencias permanentes sino uno basado en el centralismo democrático, que permita plena libertad para la discusión y conquiste la mayor disciplina en la acción. Esto no quita que seamos conscientes que esto es un objetivo a conseguir, que si avanzamos en el proceso podemos acordar formas transitorias hacia el objetivo que nos proponemos. Como ya señalamos en nuestra carta anterior, no planteamos construir un “partido común entre reformistas y revolucionarios” ni tampoco un “partido anticapitalista” en general, sin delimitación estratégica, sino un partido revolucionario de la clase trabajadora, que luche por la reconstrucción de la IV Internacional.

12. Por último, no contraponemos el comienzo de la discusión por un partido unificado al fortalecimiento y la intervención del FIT en la actual coyuntura política. Por el contrario, creemos que la apertura del debate fortalecería inmediatamente al FIT, al ponerse al frente de la tarea estratégica que tenemos planteada. A su vez, estamos por seguir desarrollando iniciativas de intervención común lo más intensas posibles, como hicimos con la declaración y acto común frente al tratamiento del Presupuesto 2019 en el Senado, y como haremos ante la Cumbre del G20. Pero plantear que nuestra propuesta es “distraccionista” es sencillamente no creer verdaderamente que hay una crisis profunda del régimen político y que más tarde o más temprano vamos a choques decisivos entre las clases que no se van a resolver en el terreno electoral sino en las calles, en el de la lucha de clases.

 
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