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La Izquierda Diario
7 de noviembre de 2018 Twitter Faceboock

ESTADOS UNIDOS
El nuevo mapa político en Estados Unidos
Nicolás Daneri

Los resultados de las elecciones de medio término avizoran un futuro más complicado para el presidente Trump que, aunque mantuvo el control del Senado, perdió el control de la Cámara Baja.

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Este martes 6 de noviembre los ojos del mundo se volvieron hacia Estados Unidos para seguir las elecciones de medio término del gobierno de Donald J Trump, que él mismo había convertido en una especie de referendum de su gobierno. Se jugaba el control del congreso y una redistribución de las gobernaciones que podía redibujar el mapa político del país. Al cierre de esta edición el partido Republicano retenía el control del Senado y el Demócrata había recuperado Diputados después de más de 10 años.

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Los primeros resultados fueron alentadores para el partido azul (demócratas) que rápidamente conquistó dos nuevas bancas para la cámara baja en el estado de Virginia y que aún abrigaba una esperanza de avanzar sobre la cámara alta. Pero a medida que transcurría la noche, los republicanos se mostraron más firmes en las contiendas para Senadores, logrando incluso ampliar en dos bancas la mayoría que ya tenían. El dato de las elecciones en el Senado de todas maneras es relativamente distorsionado ya que no se elegía la totalidad de las bancas sino solo un tercio de ellas, la mayoría de las cuales ya estaba en manos de republicanos.

Este triunfo en en Senado le permitirá al trumpismo, entre otras cosas, manejar a su gusto los nombramientos de miembros del gabinete o jueces, que deben ser confirmados por esta cámara. Al mismo tiempo lo blinda ante un eventual pedido de impeachment en su contra, para lo que se necesitaría el voto de dos tercios de la Cámara alta.

Por su parte, el partido Demócrata al lograr la mayoría en la Cámara baja recuperó una buena cuota de poder ya que podrá bloquear cualquier iniciativa legislativa del presidente o su partido. Mucho más si se recuerda que mientras tuvo la mayoría en ambas cámaras, el único gran proyecto que logró aprobar Trump fue la reforma impositiva, una enorme transferencia de recursos del trabajo al capital con la excusa de aliviar la carga a las empresas que, así, generarían más trabajo.

Además, al tener la mayoría de los representantes, el partido azul también tendrá lo que se conoce como Subpoena power, que es la potestad de citar a cualquier funcionario del gobierno a testificar sobre un asunto que la cámara considere importante. Esto es particularmente peligroso para Trump debido a la investigación que lleva adelante el fiscal especial Mueller sobre la posible intromisión de Rusia en las elecciones de 2016 y por la cuál podría ser citado a declarar al congreso, aunque el fiscal no lo cite a declarar en la justicia. La actual líder de los Demócratas en Diputados, Nancy Pelosi, declaró anoche que, incluso aunque no citen al presidente, la sola posibilidad le amplía el margen de maniobra y negociación.

Pelosi también tiene su jugada propia ya que buscará volver a presidir la cámara de diputados, como lo hizo en 2007, cuando se convirtió en la primera mujer estadounidense en llegar a ese puesto y, como consecuencia, la tercera persona en la línea de sucesión presidencial, por detrás del vicepresidente. Pero se las tendrá que ver con un sector cada vez más amplio de Demócratas que la consideran la viva encarnación del aparato del partido, una adalid de la vieja guardia que dificulta la regeneración ideológica y generacional de los progresistas.

A las conquistas demócratas en el congreso hay que sumarle, 4 nuevas gobernaciones en los estados de Michigan, Illinois, New Mexico y Kansas, que emparejan el reparto de estados del país. Mención especial merece Florida, donde el Republicano Ron DeSantis se impuso sobre Andrew Gillum en lo que se había convertido en un asunto personal para Trump, que hizo campaña en Florida en reiteradas oportunidades y que seguramente festejará como un logro.

El resultado aún está fresco pero ambos bandos ya se proclamaron vencedores. Pelosi anunció que “mañana será un nuevo día para EEUU” y el presidente presumió en su cuenta de Twitter del “tremendo éxito” de su partido en las elecciones, que él ve como un éxito suyo. Lo que sin dudas es un éxito para Trump haber disciplinado a su tropa que hasta el año pasado aún se resistía a su liderazgo. Independientemente de si es por verdadera afinidad o porque Trump es el dueño de los votos, el partido Republicano deberá seguirlo a la batalla de 2020 que mañana mismo se empieza a preparar.

 
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