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La Izquierda Diario
7 de agosto de 2018 Twitter Faceboock

DEBATE CRUCIAL
¿A qué se juega el Frente para la Victoria con la ley de aborto?
Octavio Crivaro
María Chaves | Fundadora de Pan y Rosas | Socióloga

El giro de la senadora Larraburu no es casual. Se enmarca en el lobby parlamentario de sectores proaborto clandestino y del propio Francisco. El kirchnerismo le sumó otro voto a los antiderechos.

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A poco de ser tratado en el Senado el proyecto de legalización del aborto, la senadora Silvina García Larraburu del bloque del FPV, que se había comprometido a que la totalidad de sus nueve senadores votarían a favor, se “rectificó” y anunció su voto en contra.

Esto no es casual, se enmarca en un cambio de estrategia de los sectores proaborto clandestino y del propio Papa Francisco, que subestimaron en su momento al movimiento de mujeres que el 13J con su masividad consiguió un dictamen favorable. Esta vez, salieron a las calles, declararon municipios y provincias “promuerte” e intensificaron el lobby parlamentario para impedir su aprobación.

En el marco de esta cruzada medieval, que hace que al día de hoy el voto mayoritario en el Senado sea contrario a la ley reclamada por millones, el bloque del kirchnerismo le suma un voto a los antiderechos. Ante esto, la jefa” Cristina Fernández, quien dijo que votaría a favor, protagoniza un verdadero silencio de radio.

¿Casualidad o un guiño del cristinismo al Papa y una manito para el peronismo unido en 2019?

Un poco de historia y presente

La expresidenta siempre estuvo en contra del derecho al aborto. Ni siquiera dejó que se trate en el Congreso. El proyecto de ley elaborado por el movimiento de mujeres recorrió cajones y se llenó de polvo en la era kirchnerista, pese a la insistencia de las organizaciones que lo volvieron a presentar una y otra vez, entre ellas el Frente de Izquierda cuyo bloque es el único que la apoyó unánimemente y siempre.

Ante un movimiento de mujeres y de la diversidad sexual, acompañado por una inmensa cantidad de varones, que dio un mensaje audible y claro, que fue determinante para que muchos de los diputados y diputadas levanten la mano a favor de que el aborto sea legal, hasta la propia CFK -que históricamente rechazó este derecho- tuvo que anunciar que votaría por el sí.

Pero la encrucijada en la que se encuentra la ley de aborto, que si cae implica que sigan muriendo mujeres por aborto clandestino, no tiene sólo como responsables a la cúpula de la Iglesia católica, una miríada de grupos evangelistas y numerosos peones y alfiles de esta verdadera “banda antiderechos”, sino también a quienes supuestamente dicen apoyar la ley pero ni siquiera mantienen la disciplina de su bloque, como tantas veces supo imponer el kirchnerismo, no convocan a parar ni a movilizar masivamente desde los sindicatos y dejan que avance la ofensiva clerical.

Peronismo de pañuelo celeste

La única verdad es la realidad. No solo hubo “fuego” contra el movimiento de mujeres desde los sectores oscurantistas parapetados en el Gobierno o desde los previsibles y ancestrales grupos de presión de la Iglesia. También desde la oposición, y particularmente desde el peronismo, hubo “militancia” antimujeres.

Sí. La CGT no solo que no convocó ni a una marcha ni a una sola de las concentraciones y pañuelazos de las mujeres, sino que sacó un comunicado en contra del derecho al aborto apoyado por Hugo Moyano (ahora de nuevo amigo de CFK), Caló y Piumato, entre otros, lo mismo que hizo el Partido Justicialista encabezado por José Luis Gioja, aliado del kirchnerismo.

En las provincias, incluso, el panorama fue más turbio: fue el peronismo el que estuvo más activo, actuando como puño de las iglesias provinciales, esas mismas que encubren pedófilos, esas mismas que señalaban en la dictadura y que bendijeron la obra genocida de los militares.

Y no nos referimos solo a mandatarios oscurantistas y misóginos como el monaguillo de Salta, Juan Manuel Urtubey, militante clerical e impulsor de la “obra” del Doctor Albino. Hablamos también del peronismo tucumano que, con el Gobernador Manzur a la cabeza, impulsó actos, misas, desfiles y todo tipo de actividades contra la legalización. No olvidemos que Manzur fue, nada menos, Ministro de Salud de Cristina Fernández.

Lo mismo el “Coqui” Capitanich, que auspició una importante misa de pastores evangelistas, hombres ellos, a favor de la muerte de mujeres pobres en abortos clandestinos. A Capitanich, desde ya, no lo conmueven las mujeres que mueren, como tampoco lo conmovieron los niños y bebés Qom que murieron de hambre y desnutrición en su provincia. Pero esto no llama la atención: lo llamativo es que el kirchnerismo considera al chaqueño como una de sus espadas progresistas, humo que llegó a intoxicar a corrientes como Patria Grande, que lo fue a visitar como un posible armador del progresismo. Bueno, no.

Salvemos los dos peronismos

El anuncio de la senadora rionegrina Silvina García Larraburu, da bronca, indigna porque debilita en el recinto lo que se fortaleció en la calle. Pero, la verdad, no sorprende. No llama la atención porque los “representantes” de los partidos tradicionales especulan. Para ellos no se trata de conquistar un derecho histórico y justo, sino de votos, cargos, reelecciones, quioscos políticos.

Por eso, en un accionar que sería cómico si no estuviéramos hablando de la vida de mujeres, pasó de sacarse una foto sonriente y convincente junto a Cristina y sus compañeras de bloque donde anunciaban el voto a favor del aborto, a darse vuelta como un panqueque y anunciar su voto en contra con argumentos sacados del baúl del peronismo conserva: que el aborto es una bandera de la derecha, que el peronismo es antiabortista, que es una moda.

La elocuencia de la senadora, tan orgullosa de no “ceder” a la “moda” de defender los derechos de las mujeres, contrasta, como señalamos antes, con el silencio atronador, calculado y hasta entusiasta de CFK. No dijo ni “mu” frente a su compañera de bloque que anunció su cambio de voto. La verdad, nuevamente, es que no sorprende: nos atrevemos a pensar que es más genuina cristinista la posición contra el derecho al aborto, “doctrina” que duró en cada uno de los miles de días en que el kirchnerismo fue gobierno.

Más aún: la expresidenta se cuidó, durante meses de debate, marchas, peleas políticas, de no decir nada más que lo necesario. Su silencio, tan estudiado, fue acompañado por un coro de colaboradores y seguidoras que decían que “se convenció”, que ella también se está deconstruyendo, colocando prolijamente un enorme pañuelo verde sobre el frondoso currículum antiabortista de la senadora y ex presidenta.

Así, nos presentan un peronismo de doble entrada, a la carta, donde los “progresistas” lamen las heridas que dejan los sectores antiderechos, mientras discuten ir juntos en listas en el 2019, dan mensajes de adhesión al Papa, dirigen sindicatos, algunos con mayoría femenina como el docente, y ni siquiera llaman a parar. El propio Yasky que se manifestó a favor de la ley siquiera convocó a una retención de tareas para el miércoles. Una chantada.

Un esfuerzo más de las mujeres, frente a la “transversalidad” antiderechos

García Larraburu no cae del cielo. Es, en general, uno de los obstáculos que ponen los partidos tradiciones a la pelea de las mujeres en particular y de los sectores populares y trabajadores en general.

Frente a la lucha por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, y en la discusión en el Senado, ha actuado una verdadera “transversalidad” antiderechos, donde representantes de todos los sectores políticos militaron, conspiraron y activaron contra las mujeres. Con el panquecazo de García Larraburu, el kirchnerismo entra en ese esquema, siendo leal a la tradición de 12 años de negarse a que se trate la ley.

En todo este largo debate, como señalamos, el Frente de Izquierda es el único cuyos parlamentarios en todo el país se pronunciaron a favor. Esta perspectiva es la que hay que fortalecer, la de una izquierda laica, consecuente, que pelea porque no nos arrebaten nuestro derecho y además reclama la inmediata separación de la Iglesia y el Estado como está levantando Nicolás Del Caño con una campaña que ya está reuniendo miles de firmas.

Como dijo Myriam Bregman, a las mujeres nunca les regalaron nada, y ahora no es la excepción. Los senadores juegan con sus vidas.

El miércoles tenemos que ser verdaderamente millones para mostrar que vamos a llevar hasta el final la pelea por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, que lejos de ser una moda como dice la kirchnerista García Larraburu, es una pelea que sale de adentro, que cruza a millones. El 8A, vamos por el derecho al aborto legal.

 
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