Lenin

Del “viejo” al “nuevo” bolchevismo: El Lenin de la Estación Finlandia (parte 1)

El rearme estratégico de los bolcheviques en 1917, la pelea contra los “dogmas” y una nueva teoría marxista del Estado.

Por Guillermo Iturbide

Cuando Lenin baja el 3 de abril (16 de abril del calendario occidental) de 1917 del tren que lo condujo desde Suiza, en la Estación Finlandia en el barrio petrogradense de Viborg, es recibido por una multitud, entre ellos los principales dirigentes mencheviques y eseristas moderados. Estos últimos pensaban que el Lenin que llegaba era el mentor de la política conciliadora de los dirigentes bolcheviques del soviet, quienes además estaban en tratativas en todo el país para fusionarse en un solo partido con los mencheviques. Pero ni bien Lenin abre la boca, un baldazo de agua fría cae sobre todos ellos…

El comienzo del desarrollo de una nueva teoría marxista del Estado

En un artículo anterior escribíamos que Lenin a comienzos de 1917 plantea un “rearme” del bolchevismo, da un giro estratégico muy importante, sin el cual posiblemente no hubiera sido posible que su partido tomara el poder en Octubre. Los hitos de este giro se manifiestan en las Cartas desde lejos y pocos días después, ya vuelto Lenin a Rusia, en sus famosas Tesis de abril.

Hoy queremos plantear que este giro no es solo político, sino también un cambio teórico. No solo cambió el Partido Bolchevique, en la medida en que Lenin pudo lograr que se aprueben, con mucha lucha interna, sus tesis, sino que también había cambiado el propio Lenin en un problema fundamental: la cuestión del Estado. Nos parece que si tratamos de reconstruir cómo Lenin llegó a su concepción del Estado de 1917, donde supera sus propias concepciones previas, podremos llegar a entender lo radical del giro, y al mismo tiempo, tratándonos de ubicarnos por fuera de los sentidos comunes de hoy –por ejemplo, el que habla del leninismo como un “dogma”- veremos cuán antidogmática, disruptiva y novedosa que es su visión, al mismo tiempo que tenemos que decir que, contrario a un dogma, a lo largo de la historia del siglo pasado y el actual ha tenido muy poco uso.

El problema del Estado se había desarrollado poco en el marxismo luego de El 18 Brumario de Luis Bonaparte, los escritos de Marx sobre la Comuna de París y el prólogo de 1872 al Manifiesto Comunista.

Los antecedentes: el debate Kautsky-Pannekoek y Bujarin

Recién en 1912 estalla en la socialdemocracia alemana un debate a propósito del Estado entre un sector de la izquierda del partido, representado por Anton Pannekoek, y el sector del centro, autodenominado “marxista ortodoxo”, representado por Kautsky (1). Pannekoek plantea que la socialdemocracia estaba degenerando hacia un partido reformista debido a su parlamentarismo y su concepción del Estado, que habían quedado anticuadas debido al renacer de la lucha de clases y las convulsiones que, eventualmente, dos años más tarde, terminarían llevando a la Primera Guerra Mundial. Pannekoek, en sintonía con las viejas palabras olvidadas de Marx sobre la Comuna de París, planteaba que la clase obrera no puede simplemente tomar el aparato del Estado burgués y usarlo para sus fines, sino que debía “destruirlo”. Kautsky le responde simplemente que esa idea no es marxista sino anarquista, y que el fin de la socialdemocracia es llegar al poder consiguiendo una mayoría parlamentaria y ubicando al Parlamento como el centro del gobierno, pero no destruir el Estado burgués.

Posteriormente, en 1915, Nikolai Bujarin, otro líder bolchevique, que por ese entonces tenía relación con el sector de la izquierda socialdemócrata alemana donde militaba Pannekoek, publica un trabajo, “Sobre la teoría del Estado imperialista” (2), que polemiza de hecho con las concepciones predominantes sobre el tema en el movimiento socialista y con Kautsky, planteando la entonces controvertida afirmación de que "El proletariado destruye la organización estatal de la burguesía, se apodera de su marco material y crea su propia organización temporal de poder estatal". Lenin no ve con agrado este trabajo y considera que Bujarin tiene ideas semi-anarquistas, y se propone escribir una respuesta, retomando y reivindicando lo que hasta ese momento seguía siendo la teoría establecida de la mayoría del movimiento socialista internacional al respecto. Entre fines de 1916 y enero de 1917 Lenin consulta las mismas fuentes que Bujarin, estudia la polémica Pannekoek-Kautsky y vuelve a los escritos de Marx y Engels sobre la Comuna de París y, a pesar de sus intenciones originales, termina cambiando de opinión y, en vez de intentar refutar las ideas que llamaba “semi-anarquistas”, se convence de que el marxismo de la Segunda Internacional en el que él mismo se había formado estaba totalmente errado en la cuestión del Estado. Sin embargo, como veremos, Lenin dará un paso más allá que Bujarin.

La desorientación de los dirigentes bolcheviques entre febrero y abril de 1917

Como dijimos en el artículo anterior, Lenin y los bolcheviques hasta 1917 tenían como estrategia para Rusia la instauración de un gobierno provisional revolucionario, una “dictadura democrática de obreros y campesinos” que desarrollara la revolución democrático-burguesa hasta el final, como pre-condición para, en otra etapa, plantearse la lucha por la revolución socialista. Los soviets de 1905 eran vistos como el embrión de ese posible gobierno, como la base sobre la cual un gobierno provisional debía apoyarse y del cual debía surgir, donde ambas instituciones, un gobierno revolucionario democrático-burgués y los soviets, colaboraran. Esa visión seguía siendo la de los bolcheviques en febrero de 1917, pero ya no la de Lenin.
El Partido Bolchevique, bajo la dirección de Kamenev y Stalin en Petrogrado, guiándose bajo la vieja “norma” del bolchevismo, veía que la nueva revolución rusa recién comenzada sería una revolución que no se saldría de los marcos del capitalismo y la democracia burguesa. Sobre las ruinas del zarismo surge un gobierno provisional de la revolución. Sin embargo, contrario a la vieja hipótesis, los bolcheviques no participan de este gobierno, sino que adoptan una posición cercana a la vieja postura menchevique, de no participar pero al mismo tiempo no confrontar radicalmente con el gobierno liberal, ejerciendo "control" y "vigilancia" sobre él en pos de “hacer avanzar la revolución democrática” pero sin plantearse su eventual derrocamiento y la instauración de nuevo poder revolucionario de los trabajadores.

Un historiador norteamericano, Alexander Rabinowitch, basándose en un meticuloso trabajo de acceso a archivos, estableció que la organización bolchevique de Petrogrado estaba en realidad dividida en tres organismos distintos y relativamente autónomos que en distintos momentos competían entre sí, tenían posiciones diferentes y sacaban resoluciones y proclamas que muchas veces se contradecían: el Comité Central del partido (donde la derecha ligada a Kamenev tenía mayoría) la Organización Militar Bolchevique (que se dedicaba al trabajo dentro de las fuerzas armadas y que constituía el sector más de izquierda e impaciente con el gobierno provisional, debido a que expresaban la presión de un sector de los soldados que querían terminar urgentemente con una guerra que no sentían suya y en la que estaban en juego sus vidas) y la dirección de la regional local del Partido (que ocupaba una posición intermedia pero que a comienzos de 1917 estaba más cerca del ala derecha). Dicho sea de paso aquí tenemos, otra vez, una refutación fundamentada del mito del “partido monolítico” (3) . Según cuenta Rabinowitch, en el choque entre las alas derecha e izquierda de la organización bolchevique también pesaba la diferencia entre los militantes de vieja data, en muchos casos más formados pero también más anclados en las viejas fórmulas de 1905 de la revolución por etapas y de la “dictadura democrática obrero-campesina” por un lado, y los nuevos activistas incorporados al Partido al calor de la lucha por el otro: “El rápido crecimiento del Partido desde Febrero había inundado sus filas con militantes que no sabían casi nada de marxismo y que estaban unidos por poco más que una enorme impaciencia por la acción revolucionaria” (4) .

En la segunda parte de este artículo, que publicaremos mañana, abordaremos el contenido de las Cartas desde lejos y las Tesis de Abril, y discutiremos por qué sin este cambio teórico y político no hubiera sido posible la Revolución de Octubre de 1917.

Continuará mañana
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(1) El debate puede leerse en Serge Bricianer (ed.), Anton Pannekoek y los consejos obreros, Anagrama, Barcelona, 1976.
(2) Nikolai Bukharin, Toward a Theory of the Imperialist State www.marxists.org
(3) Alexander Rabinowitch, Prelude to Revolution, The Petrograd Bolsheviks and the July 1917 Uprising, Indiana University Press, Bloomington, 1991 (publicado originalmente en 1968), y The Bolsheviks come to Power, The Revolution of 1917 in Petrograd, Haymarket Books, Chicago, 2004 (publicado originalmente en 1976).
(4) Alexander Rabinowitch, The Bolsheviks come to Power, “Introduction”, p. XXXI.