Presentación Ideas de Izquierda 38: el negocio de la polarización

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ESTEBAN MERCATANTE

Número 38, junio  2017.

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El gobierno de Macri se ilusionó después del 1A con un respiro que le permitiera marchar más cómodo hacia las elecciones de la mano de la estrategia de polarización con el kirchnerismo. La Corte con su fallo habilitando el 2×1 para delitos de lesa humanidad, primero, y la crisis en Brasil y su sombra (en lo económico y lo institucional), después, dieron por tierra con estas aspiraciones.

El fallo del caso Muiña generó un contundente rechazo en las calles, que obligó a una salida de “unidad nacional” en el Congreso y dejó a la Corte golpeada. El gobierno buscó despegarse del fallo y criticó a la Corte; pero más complejo le resulta desprenderse de su responsabilidad en crear un clima propicio para este tipo de decisiones revisionistas por parte del Poder Judicial. La llegada al poder de Cambiemos dio nuevo impulso a los “relatos para la impunidad” impulsados por sectores de la clase dominante, como ilustramos en nuestro número de marzo1.

El salto en la crisis en Brasil, que acorraló al golpista Temer, confirma que la tenue recuperación económica que anunciaban los analistas para el principal socio comercial de la Argentina seguirá posponiéndose. Con más de 8 puntos porcentuales de caída de su economía en los últimos tres años, la depresión del socio mayor del Mercosur viene golpeando fuerte a numerosos sectores de la industria argentina, con el automotriz a la cabeza. El relato de los brotes verdes que elabora el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne a pesar de todos los indicadores que lo siguen contradiciendo, se hace así cada vez más cuesta arriba; los consultores (los mismos que acompañaron las esperanzas de recuperación en el “segundo semestre” de 2016 que nunca se concretaron) vienen ajustando a la baja sus pronósticos para este año a la luz de las novedades negativas, que podrían agravarse si hay nuevos capítulos de inestabilidad financiera como el que se produjo el jueves 18 de mayo.

Al impacto económico se suman los coletazos del tembladeral político. El salto en la crisis de Temer ocurre después de la histórica jornada de paro general del 28 de abril, el primero en Brasil desde 1996. Estas jornadas mostraron la vocación de los trabajadores y sectores populares para enfrentar los ataques del gobierno de Temer, mostrando una fuerza que desbordó a las conducciones petistas de la CUT y CTB (que buscan evitar nuevas acciones y por el contrario quieren canalizar el descontento hacia salidas institucionales). La crisis de Temer expone así las dificultades para establecer un consenso para las políticas de vuelta al mundo y “meritocraria” que dejen definitivamente atrás el “momento posneoliberal”2 en América del Sur, lo que se suma a las dificultades que ya de por sí este proyecto enfrenta nada menos que los EE. UU. con Donald Trump, quien a pesar de haberse visto obligado a recalcular en muchas de sus orientaciones políticas, sigue prometiendo proteccionismo y fronteras rigurosamente vigiladas.

Por si esto fuera poco, la inminente revelación sobre el pago de coimas de Odebrecht en la Argentina promete generar un terremoto no solo para los miembros de la administración kirchnerista que manejaron la obra pública entre 2003 y 2015, sino también para el gobierno de Macri. El motivo no es ningún secreto: los contratistas del Estado que comparten obras concesionadas con la empresa brasilera abundan en las filas del gobierno y en la familia del presidente. A pesar de los esfuerzos de Carrió y Clarín por desviar la atención solo hacia los De Vido y López, las revelaciones de la firma brasilera pueden pegar sobre la credibilidad del gobierno tan fuerte como lo hicieron los Panamá Papers.

La aparición de Cristina Kirchner en el prime-time televisivo el pasado 25 de mayo fue definitivamente la señal de largada para una campaña electoral planteada en términos de polarización. Se trata de un negocio que beneficia a ambos bandos de la grieta. Al gobierno, para plantear la disputa en términos de “lo nuevo vs. el pasado”, con el objetivo de afianzar a su base para asegurar un futuro de ajuste contra el pueblo trabajador más acelerado después de octubre del que pudo aplicar hasta el momento. A CFK, para presentarse como la contracara del “gobierno para los ricos”, como si su “modelo” no hubiera tenido también como base sostener la elevada rentabilidad extraordinaria conquistada por el capital después de la megadevaluación de 2002 gracias a este ajuste y al “superciclo” mundial de los commodities (que permitió un precio altísimo en el valor de exportación de la soja). Si gracias a condiciones extraordinarias (amplio superávit fiscal y comercial) el kirchnerismo alimentó la ilusión de que era posible conciliar los beneficios al capital con algunas medidas “redistributivas” (siempre partiendo del bajo piso en que el brutal ajuste de 2001/02 había dejado las condiciones de los trabajadores y sectores populares), las capacidades para intentarlo ya habían empezado a desaparecer en 2012, signando desde entonces la declinación del “modelo” y empujando una primer ronda de ajuste. El mismo a cuya profundización contribuyó el peronismo desde que asumió Macri acompañando en el Congreso las principales leyes de ajuste (que no podrían haber salido sin el acompañamiento del PJ en Senadores), aplicándolo con igual ferocidad en las provincias donde gobierna y contribuyendo a la tregua social desde los sindicatos que conduce. La lista de “unidad” que impulsa CFK, estará llena de nuevos Pichetto y Bossio.

Ante estas falsas alternativas, sólo el Frente de Izquierda y de los Trabajadores plantea una salida para que se ajusten ellos. Frente a los políticos patronales ya sea de Cambiemos (PRO-UCR), o de la falsa oposición de los peronistas de todas sus alas, es necesario fortalecer la única fuerza que lucha por la independencia política de los trabajadores.

 

  1. Christian Castillo, “Relatos para la impunidad”, IdZ 36, abril 2017.
  2. Eduardo Molina, “Laberinto y péndulo: Metáforas de un campo de batalla”, IdZ 30, junio 2016.

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