Y un día… fue Evo el que perdió la elección

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ALEJANDRO SCHNEIDER

Historiador, docente e investigador de la UBA y la UNLP.

 

El pasado domingo 21 de febrero, no fue un día más en Bolivia. Durante esa jornada cerca de 6,5 millones de electores, en el país y en el exterior, acudieron a las urnas para definir en un referéndum el futuro del presidente Evo Morales Ayma, quien pretendía postularse nuevamente a la Presidencia en el 2019 con el fin de gobernar por otro período de cinco años (2020-2025).

Durante esas tensas horas la mayoría de la población puso fin al sueño de una nueva reelección al rechazar la propuesta de modificación del artículo 168 de la Constitución Política del Estado (CPE) boliviano. De ese modo, dos días después, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) terminó de confirmar que existió una diferencia porcentual de 2,6 puntos entre las opciones en disputa.

En ese escenario, el presidente Morales, y su vice Álvaro García Linera, quienes en un primer momento hicieron toda una serie de declaraciones donde intentaron desconocer la tendencia ganadora, terminaron admitiendo la derrota, echándole la culpa a las “redes sociales”, a la “prensa”, al “imperialismo” y no, a sus propios errores. En ese sentido, sin desconocer que muy posiblemente hayan intervenido algunos de estos factores favoreciendo a la campaña opositora, no se puede negar que el Movimiento al Socialismo (MAS) ha tenido graves problemas tanto en la gestión gubernamental como en su relación con los movimientos sociales, base fundamental de su apoyo.

 

Un poco de historia

Quizás antes de pensar en posibles respuestas sobre por qué se dio ese resultado electoral conviene detenerse en algunos elementos que indicaban que este referéndum no iba a ser tan sencillo como lo pretendía Evo Morales a comienzos de este año cuando afirmaba que pensaba ganar por el 70 por ciento de los votos.

En las elecciones generales de octubre de 2014, el presidente Morales obtuvo un 62% de apoyo, lo que le permitió lograr un tercer mandato consecutivo. Sin embargo, a pesar de este triunfo accedía a una nueva gestión gubernamental signado por toda un serie de problemas (crisis económica evidenciada en la caída de los precios de los commodities) y de conflictos que había mantenido durante su segunda presidencia (TIPNIS, Potosí, asalariados mineros versus cooperativistas, resquebrajamiento de sus bases originales de apoyo, etc.).

Este panorama comenzó a ser evidente con dos importantes derrotas electorales que tuvo el oficialismo durante el año 2015. La primera de ellas fue en el mes de marzo, en los comicios donde se eligieron autoridades municipales, departamentales y regionales. En esa jornada, el MAS perdió en distritos muy significativos y simbólicos para su construcción política como son los departamentos de Santa Cruz, Tarija y La Paz junto con las alcaldías de El Alto y de Cochabamba. Por ese entonces, Evo declaró que “el pueblo paceño ha dado voto castigo a la corrupción”, sosteniendo que la culpa la tuvieron los ex candidatos Édgar Patana y Felipa Huanca, sobre quienes pesan acusaciones en cuanto al manejo de los recursos del Fondo Indígena. Simultáneamente, García Linera se quejaba de “la falta de liderazgos locales”.

No obstante, esta no fue la única derrota electoral del año pasado. La segunda de ellas se produjo en septiembre a raíz de la votación que se hizo en torno de la aprobación de los estatutos autonómicos en cinco departamentos (Cochabamba, La Paz, Oruro, Potosí y Chuquisaca) junto con las cartas orgánicas municipales de Huanuni, Cocapata, Tacopaya y los estatutos indígenas originario campesinos de los pueblos guaraní Charagua Iyambae y Totora Marka. En esa oportunidad, la propuesta del MAS que defendía la aprobación de los estatutos fue rechazada. Frente a ese fracaso, el gobierno señaló que no perdió su propuesta sino que “la población en esos cinco departamentos prefiere, reivindica y se inclina por la presencia de un Estado fuerte y centralizado”, indicando que el problema fue la “falta de conocimiento” de los documentos plebiscitados.

Pero más allá de estas contiendas electorales, el descontento que se expresó en los comicios del último domingo remite a otras cuestiones no menos importantes que se sucedieron en el 2015. Una de ellas, sin duda fue la masiva y trascendente protesta cívica efectuada en el departamento de Potosí, histórico bastión político del MAS, donde Evo perdió con un 53,26% (La Razón 23-2-2016).

Mientras desde el gobierno, a poco de asumir su tercera presidencia, se comenzaba a pensar y poner en la agenda cotidiana la posibilidad de un cuarto mandato, los pobladores del departamento de Potosí realizaron numerosas protestas, movilizaciones a La Paz y un paro indefinido de cerca de treinta días en demanda de un conjunto de promesas electorales incumplidas. Entre otros reclamos, los lugareños exigieron: la construcción de una fábrica de cemento, la preservación del Cerro Rico, la construcción de un hospital de tercer nivel, la construcción de un aeropuerto internacional, la provisión de insumos para nosocomios y escuelas. En realidad, el conflicto volvía a reproducir y ampliar exigencias que no se habían resuelto en el 2010 y que, en el 2015, se agudizaban frente a la caída del valor del precio de los minerales que la región produce. Todo esto en un contexto en el que, durante los diez años de gobierno, el MAS no ha industrializado los recursos naturales y en el que sólo se ha limitado a captar la renta proveniente de las exportaciones y su posterior transformación en ayudas sociales como el bono escolar “Juancito Pinto” y la “Renta Dignidad” para los ancianos.

En segundo lugar, una cuestión no menor, fue el escándalo producido, y que aún subsiste, por el manejo del dinero del Fondo de Desarrollo Indígena Originario Campesino (FONDIOC)[1]. Desde comienzos de 2015 comenzaron las denuncias y las investigaciones judiciales por el “desvío” de dinero a “proyectos fantasmas” que nunca se concretaron. Así, la Contraloría General del Estado (CGE) informó un daño económico al Estado que supera los 71 millones de bolivianos por “irregularidades” en 153 proyectos desarrollados en la gestión 2010-2011. A partir de ese momento, un número importante de dirigentes de varias organizaciones sociales identificadas con el oficialismo, en particular con la Coordinadora Nacional por el Cambio (CONALCAM), y ex miembros del gobierno fueron procesados y detenidos por la malversación del dinero público. De ese modo, a más de un año de haberse iniciado las acusaciones 29 personas se encuentran encarceladas y otras 4.300 procesadas por la Fiscalía; entre otros, la presidenta de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), Melva Hurtado; los dos ex directores del Fondo (Elvira Parra y Marco A. Aramayo); la ex ministra de Justicia y Desarrollo Rural, Julia Ramos; y el senador por el MAS, Jorge Choque. Asimismo, se encuentran acusados y denunciados por esos delitos la ex candidata a la gobernación y ex secretaria ejecutiva de la Confederación de Mujeres Campesinas de Bolivia Bartolina Sisa, Felipa Huanca; Hilarión Mamani del Consejo Nacional de Ayllus y Marcas del Qollasuyo (CONAMAQ); Ever Choquehuanca de la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia (CSCIB), etc.

La malversación del FONDIOC por parte de los dirigentes sociales afectó tanto a la CONALCAM, identificada con el oficialismo, como al propio presidente. Al respecto cabe observar algunas cuestiones que terminaron siendo paradójicas. En primer lugar, Morales en numerosas ocasiones planteó que fueron esas organizaciones las que lo convencieron de hacer un referéndum para reformar la Constitución y poder habilitarse como candidato. En segunda instancia, el partido quedó fuertemente cuestionado en su integridad política, ya que el mismo siempre se identificó con la promesa de hacer “una revolución moral en la sociedad”, en donde los movimientos sociales eran su principal reservorio y fortaleza. En tercer lugar, Morales intentó contrarrestar las acusaciones de corrupción señalando que la cifra era mínima (“hacen escándalo por dos millones y medio de dólares”) y, a su vez, subrayaba que el “desvío” residía en la mala administración de los recursos económicos por los propios líderes sociales (Página Siete 19-1-2016). Por último, es válido pensar que la corrupción es parte inherente al sistema capitalista y que, en determinadas circunstancias, es funcional para lograr la supervivencia del sistema clientelar, en donde el MAS no es la excepción a la regla.

 

La campaña electoral

Ahora bien, con el escenario de fondo que había dejado el 2015, el MAS comenzó el año planteando el referendo por el artículo constitucional como si fuese un plebiscito a favor o en contra de Evo. En última instancia se trató de crear un ambiente donde lo que se juzgue sea un balance de los diez años de gestión presidencial, signada tanto por la bonanza económica (generada por las rentas coyunturales del gas, soja y minerales) junto con una cierta mejora de la riqueza vía aumento del consumo.

En ese contexto, la estrategia del MAS se desplegó a través de distintos caminos. En primer lugar, por medio de diversas declaraciones en tono catastrófico se quiso instalar una campaña de miedo[2]. En segunda instancia, con la activa participación de Morales en la campaña a través de actos, inauguraciones de estadios y material propagandístico (incluso imágenes de Evo como personaje de Star Wars) a pesar de los llamados de atención de la justicia electoral. Un tercer factor, ligado a lo anterior, fue la realización de una costosa campaña (en televisión, radio, medios escritos, redes sociales) sostenida con los recursos del Estado. Un cuarto aspecto fue que la agitación electoral se planteó como si fuese una disputa entre oficialistas y oposición, donde este último sector era señalado como un cuerpo homogéneo que respondía al “imperialismo”, a la “derecha”, a “medios opositores”, a la “diplomacia chilena”, etc. Sin embargo, cabe observar, que el arco opositor fue heterogéneo ya que comprendía desde los contrincantes tradicionales (que incluso en algún momento hicieron alianzas con el MAS) hasta aymaras e indios originarios de las tierras bajas defraudados con el indigenismo de Evo, junto con otros grupos que rompieron con la gestión presidencial en los últimos años por diversos motivos. Por último, no por eso menos importante, se sumaron las permanentes declaraciones de Morales afirmando que es “él la única garantía de estabilidad para el país”; en ese contexto, siempre rechazó la posibilidad de encarar una discusión con los impulsores del No argumentando que sólo “debate con el pueblo boliviano” (La Razón 21-1-2016).

Por su parte, los sectores opositores a la reforma también emplearon diversas tácticas para llevar adelante su campaña. Al igual que los partidarios del gobierno, no se discutió el contenido de la reforma sino que se hizo propaganda de distintos ángulos, aprovechando la heterogeneidad antes mencionada. Sin embargo, la singularidad que presentó el sector del No fue su propia diversidad, lo que hizo que estén agrupados distintos sectores que, como mencionamos más arriba, iban desde la derecha racista tradicional hasta sectores que en su momento fueron parte del MAS en sus distintos gobiernos. Ahora bien, por el estilo particular que el propio oficialismo impuso a la campaña de plebiscitar la gestión de Morales, y no la discusión sobre la modificación de un artículo de la CPE, este dispar conglomerado se fue homogeneizando en torno al rechazo de que su figura se perpetúe en el poder; más aún, cuando hacía pocas semanas se había celebrado el hecho que Evo era el mandatario con mayor tiempo a cargo del Poder Ejecutivo.

Con esas características se desarrolló la dispar cruzada por el No: siendo su eje central de campaña el hecho de que la reforma constitucional “sólo tendía a beneficiar a dos personas” para que sigan postulándose más tiempo del que señala la carta magna. Los grupos opositores se valieron de una activa participación en los medios de comunicación y en las redes sociales, al igual que el gobierno (aunque parece que hoy el oficialismo no recuerda que también lo hizo)[3]. En forma paralela, este arco heterogéneo se potenció a partir de las denuncias efectuadas sobre el FONDIOC (y el procesamiento de algunos miembros del partido y de dirigentes sociales), a la vez, también se valió de nuevas acusaciones, aunque algunas de estas aún no fueron corroboradas por la justicia. Al respecto, sobre estas últimas delaciones, la que más impacto tuvo fue la imputación sobre una ex pareja de Evo, quien (aparentemente) sirvió de intermediara para beneficiar a una firma empresarial china. A estos hechos se sumó, ciertos rasgos autoritarios por parte del Poder Ejecutivo contra todos aquellos que lo cuestionaban en su quehacer; en particular, esto se observó con la fuerte crítica que ejerció frente a algunos medios de prensa, periodistas y centros de investigación (Página Siete, Erbol, Amalia Pando, María Galindo, etcétera). Por último, pocas horas antes de la votación, se agravó el panorama tras una protesta de la Federación de Padres de Familia de El Alto (identificados con el MAS) que derivó en el incendio del edificio de la Alcaldía de El Alto provocando el fallecimiento de seis personas. Este luctuoso suceso, también muy posiblemente, impactó en aquellas personas de sectores de la clase media urbana que aún no habían definido su voto. Sin duda todos estos hechos mencionados jugaron un importante papel a favor del rechazo a la posibilidad de la reelección.

En resumen, en un escenario donde el desgaste que de por sí conlleva ejercer el gobierno tras diez años de gestión, sumado a una situación económica que ha comenzado a sufrir serios problemas debido a la caída en el valor de los bienes exportables y en el que se agregan fuertes acusaciones de corrupción, son elementos a considerar para comprender la dividida votación del domingo 21. Tampoco escapa al análisis el hecho de que Bolivia no es ajena a la marea continental que representa el ascenso de una nueva derecha en la región, en parte, por los propios límites en la distribución del consumo de los autodenominados gobiernos progresistas.

Es evidente que Evo sigue siendo la principal figura política de Bolivia y, el masivo respaldo que cosechó su persona (48,7%) no nos debe hacer perder de vista que aún el MAS no tiene una figura de recambio. Este polarizado panorama, en lo inmediato, conduce a pensar una serie de cuestiones. En primer lugar, el Poder Ejecutivo trata de mostrar hacia a la sociedad que la pérdida de la elección se debe a diversas “causas externas y novedosas” (redes sociales, injerencia del imperialismo, medios opositores, etc.) y no a dificultades de su gestión. Sin embargo, más allá de esas apreciaciones, hacia el interior del oficialismo ya se inició una feroz disputa sobre la responsabilidad interna del fracaso; así, por ejemplo, surgieron declaraciones de algunos dirigentes de los movimientos sociales donde empezaron a impugnar a los burócratas del gobierno. Esto, en cierta forma, remite a temas como “la corrupción, la escasez de liderazgos locales”, que se expresaron también en los comicios regionales de marzo del año pasado. Por otra parte, está planteada la posibilidad que en un escenario económico cada vez más desfavorable, se produzca una crisis política en sectores internos del movimiento frente a la imposibilidad de seguir distribuyendo cargos gubernamentales y recursos en forma clientelar.

Asimismo es válido observar que la oposición, hoy en día, a diferencia de otros países de la región no ha logrado imponer a una nueva figura que aglutine un único polo de atracción. Por diversos motivos, es poco probable que lo logre en poco tiempo. Además, los sectores opositores conformaron un conglomerado heterogéneo donde se expresan grupos que, en la elección de 2019, posiblemente vuelvan a votar por el candidato que presente el MAS. En otras palabras, la unidad que se dio en torno a la opción al No es efímera y dispersa.

Finalmente, el presente análisis nos permite pensar también en los límites intrínsecos que han tenido los denominados gobiernos progresistas. No sólo en cuanto a su perspectiva de real transformación de la economía sino también en que han generado fuertes líderes que los han convertido en “irremplazables”. De este modo, han ejercido gobiernos que han imposibilitado figuras de recambio emanadas desde las propias bases sociales que dicen representar.

 

[1] Las organizaciones representadas en el FONDIOC son: la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qollasuyu (CONAMAQ), la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia (CSCIB), la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas Originarias Campesinas de Bolivia – Bartolina Sisa (CNMIOB-BS), la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG), la Coordinadora de Pueblos Étnicos de Santa Cruz (CPESC) y la Central de Pueblos Étnicos Mojeños del Beni (CPEM-B).

[2] García Linera en un acto público en la comunidad paceña de Viliroco expresó: “Papá, mamá: no lo abandones al presidente Evo. No lo dejes solo, no lo abandonen. El presidente Evo, si tiene apoyo, construye colegios. Si no tiene apoyo, regresarán los gringos, regresarán los vendepatrias, regresarán los asesinos y a las wawas (bebés) les van a quitar todo y no habrá destino y va a haber llanto. Y el sol se va a esconder y la luna se va a escapar. Y todo va a ser tristeza para nosotros. No se olviden”, Página 12, 3-1-2016.

[3] De acuerdo con diversos relevamientos, el oficialismo contó con el apoyo de cuarenta páginas de Facebook y de Twitter. Además, el gobierno tuvo numerosos medios a su favor, entre ellos, Bolivia TV, radio Patria Nueva, radio Jacinto Rodríguez, radio Bolivia, radio Integración, radio Latina y el sistema nacional de radios comunitarias y emisoras afines a la gestión presidencial.

 

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1 comment

  1. carlos 16 marzo, 2016 at 14:19 Responder

    Siempre muy interesantes los análisis y comentarios del Prof. Schneider. Tengo grabado aquí todavía aquel curso televisado en Bahía Blanca con Raul Godoy y el dirigente de de CTA (creo Gandolfo), sobre historia de la clase obrera donde despanzurraste al peronismo del derecho y del revés. Muchas gracias por tu articulo.

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