Vuelve a sonar el grito de revuelta

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Después de diez años, Sleater-Kinney edita No cities to love

 

FERNANDO PARDAL

Movimento Revolucionário de Trabalhadores.

Número 18, abril 2015.

 

We win, we lose

Only together do we break the rules

We win, we lose

Only together do we make the rules [1]

Sleater-Kinney, “Surface Envy”

El nacimiento del movimiento Riot Grrrl

La cuna de la banda Sleater-Kinney fue el movimiento de las Riot Grrrls en la década de 1990. Cansadas de ver la escena del rock dominada solo por hombres, una generación de mujeres jóvenes tomó para sí la música como forma de gritar –literalmente– sobre sus problemas. Cuestiones como el derecho al aborto, la violencia contra las mujeres, temas políticos y activismo de izquierda llenaban las canciones furiosas de las Riot Grrrls. Como en los orígenes del punk, para las Riot Grrrl la música era un grito de rebeldía contra el mundo: cruda, lacerante, sin importar si sonaría bien a los oídos de la sociedad contra la que se lanzaban.

El centro del movimiento era Olympia, en el estado de Washington. Las mujeres organizadas en sus bandas también hicieron del movimiento Riot Grrrl una cultura que iba más allá de la música, publicando fanzines, creando organizaciones de mujeres y discusiones feministas. Sus principales exponentes fueron bandas como Bikini Kill, Bratmobile y L7. Tobi Vail y Kathleen Hanna formaron, en 1989, el fanzine feminista Jigsaw –en el que se acuñó el término Riot Grrrl, algo así como chica rebelde o también grito de revuelta, haciendo un juego de palabras con la onomatopeya “Grrr” y la palabra “girl”, chica en inglés– y posteriormente la principal banda del movimiento, Bikini Kill y un fanzine con el mismo nombre.

En ese momento, Corin Tucker era parte de la primera línea del movimiento con su banda Heavens to Betsy. Carrie Brownstein, a su vez, era parte de la banda Excuse 17. Algunos años después, en 1994, las dos formaron Sleater-Kinney que, tras una serie de bateristas, se estableció con Janet Weiss. Corin y Carrie se alternaban como vocalistas y ambas tocaban guitarras afinadas en una entonación más grave (re bemol), lo que permitía que el bajo, ausente en la banda, fuese reemplazado, principalmente por la base desempeñada por la guitarra de Tucker.

Siendo parte del último período del movimiento Riot Grrrl, Sleater-Kinney llevó adelante temas feministas y políticos. Sin embargo, la banda fue más allá del propio movimiento. Entre 1994 y 2002 grabó sus seis primeros discos, fiel al estilo desgarrador de las Riot Grrrls. A partir de 2003, ya como una banda famosa en Estados Unidos, participaron de la gira de Pearl Jam como teloneras. Esa experiencia fue decisiva para el giro que representaría su próximo disco, The Woods, de 2005. Las experimentaciones que hicieron en el escenario se consolidaron en un disco más denso, experimental, que sin dejar de lado la furia visceral y los temas políticos y sociales, dio al sonido de la banda una marca propia más profunda y vigorosa. Tal vez haya sido por alcanzar un nivel que parecía difícil de superar que la banda decidió hacer un “hiato indefinido” en 2006.

 

De regreso a los escenarios

Diez años después, Sleater-Kinney está de regreso, mostrando que su música aún tiene camino por recorrer. En No cities to love, el octavo disco de la banda, muestran que su odio por el estado de cosas de esta sociedad patriarcal, machista y capitalista no se ha desvanecido. Por ejemplo, la canción “Price Tag”, que abre el disco, es una crítica a la sociedad de consumo, al trabajo alienado, al ritmo brutal que impone la sociedad del lucro:

It’s 9 am

We must clock in

The system waits for us

I stock the shelves

I work the rows

(…)
We never really checked

We never really check the price tag

When the cost comes in

It’s gonna be high

We love our bargains

We love the prices so low

With the good jobs gone

It’s gonna be raw

(Son las nueve de la mañana

Tenemos que marcar tarjeta

El sistema nos espera

Repongo las estanterías

Trabajo en los pasillos

(…)

Nunca nos fijamos realmente

Nunca nos fijamos en el precio

Cuando llegue el costo

Va a ser alto

Nos encantan nuestras ofertas

Nos encantan los precios muy bajos

Con el fin de los buenos empleos

Se pondrá crudo)

 

“Price Tag”, No cities to Love.

 

Es nítido el sentimiento de urgencia y la influencia de la crisis económica que sacudió, y sacude, a Estados Unidos en las nuevas canciones. Según Corin Tucker, buscaba mostrar en “Price Tag” la realidad de “Alguien que trabaja en un empleo de salario mínimo e intenta sostener las necesidades de su familia”. Dice querer retratar “la lucha económica, que considero que sucede en Estados Unidos”, y que hablar de ella es una forma para lograr atraer a las personas, hacerlas sentirse parte de ella, hace el mensaje mucho más fuerte. Es una realidad de las mujeres trabajadoras, no solo de Estados Unidos, sino de todo el mundo.

Musicalmente, las guitarras y las voces de Corin y Carrie siguen buscando formas nuevas, intentando escapar de la fórmula fácil de hacer siempre más de lo mismo, como ocurre con la mayoría de los grupos, y en particular con los que logran el éxito, ya que la industria discográfica seguirá exigiendo “nuevos éxitos” para generar ganancias.

De esta forma, Sleater-Kinney mantiene lo fundamental para los artistas: su independencia en todos los sentidos. Se volcaron a grabar luego de un intervalo de diez años, pero no fue por un ímpetu de ganar dinero, refritando viejas canciones y ganando más dinero, repitiendo lo que ya habían hecho, sino porque sintieron el deseo y la necesidad de hacer su arte y decir algo. Están orgullosas de su trayectoria anterior, así como de haber formado parte de uno de los últimos movimientos musicales de esa época que realmente tuvo algo para decir, como parte del “espíritu de época” que criticó en la calle el neoliberalismo. Sin embargo, lo que buscan es algo nuevo, el arte pierde el sentido cuando se transforma en una mera repetición de patrones, porque entonces se vuelve mecánica, rutinaria, pierde cualquier potencial creador, contestatario, transformador.

Esas mujeres que fueron parte de la lucha feminista en el rock lo saben bien. Lo que buscan es una forma auténtica de expresar lo que tienen para decir. Es realmente increíble ver que, después de ocho discos y veinte años, aún logren reinventarse utilizando nada más que sus guitarras, una batería y sus voces. El juego de sonidos que son capaces de hacer, la inventiva de sus riffs y letras son sorprendentes.

En este mismo sentido es muy poderosa la forma como, aun habiendo sido la primera línea del movimiento Riot Grrrl, Sleater-Kinney nunca se apegó al rótulo de una “banda de rock de mujeres” porque, como dijo Carrie, siempre intentaron existir “más allá de esas definiciones”. Así, por más que la música cruda y ruda de las Riot Grrrls sea parte de su historia y constitución, Sleater-Kinney buscar ser más que eso. Carrie afirma que “es muy raro que una banda de hombres sea cuestionada, ‘¿Por qué son una banda solo de hombres?’, esa pregunta nunca fue hecha”. Esa forma de encarar su participación en la lucha por la independencia femenina, por su participación en el rock, nos trae una analogía muy interesante para pensar la lucha de las mujeres como un todo, en la que al mismo tiempo que es necesaria una reivindicación de género en la lucha contra el machismo y la opresión, la perspectiva es que esa identidad se disuelva en la conquista efectiva de la igualdad plena, la liberación y el fin de toda opresión.

Su último disco fue aclamado por la crítica, y señalado por muchos como “lo mejor” de su carrera. En cuanto a esa definición, dejamos que cada uno elija entre la ya considerable obra de una banda que merece ser mucho más reconocida y escuchada. Desde nuestro punto de vista, no parece para nada exagerada la opinión del crítico Greil Marcus que, en 2001, afirmó en la revista Time que Sleater-Kinney era “la mejor banda de rock de Estados Unidos”. Lo que es interesante, y parece ser unánime entre ellas, es que no hay muchos herederos. Janet Weiss afirmó en una entrevista en PBS del 23/01/2015 (disponible en Youtube), que sentía la falta de “urgencia” que le imprimen como banda a otros grupos musicales, y que “muchas canciones provocaban una sensación de abrazos reconfortantes, suaves, no amenazantes, y yo no me involucro tanto con ese tipo de música como con la música muy visceral, física”.

Hacemos nuestras las palabras de Janet. Que el rock visceral de Sleater-Kinney pueda servir de combustible para nuevas luchas, y que las nuevas luchas puedan abrir camino a bandas con la misma fuerza y vitalidad que Sleater-Kinney.

 

Traducción: Isabel Infanta.

 


[1] Una traducción posible de estas estrofas sería: Ganamos, perdemos / Solamente juntos rompemos las reglas / Ganamos, perdemos / Solamente juntos hacemos las reglas.

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