Una vida signada por la revolución

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LA ROSA ROJA, KATE EVANS (Ediciones IPS, 2017)

ANDREA D’ATRI

Número 38, junio 2017.

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Rosa Luxemburgo probablemente no necesita mucha presentación para lectoras y lectores de Ideas de Izquierda. Solamente destacar, sintética mente, que es una mujer de origen judío, inmigrante en Alemania, recibida de doctora en la Universidad de Zúrich en una época en que ésa era una del las pocas universidades que le permitía el acceso a las mujeres.

Rosa desarrolló un trabajo teórico marxista creativo e innovador, orientado por la lucha por la revolución, que signó su vida. Fue una exquisita agitadora, una aguda polemista y una destacada escritora. Tomó las armas de la crítica como nadie, para combatir contra la adaptación de los dirigentes de su propio partido a una rutina de la táctica parlamentaria

y de la táctica sindical que, finalmente, condujo a la dirección del Partido Socialdemócrata Alemán al más trágico oportunismo, cuando sus diputados aprobaron los créditos de guerra: en agosto de 1914, los diputados socialdemócratas votan los créditos de guerra y envían, con ese gesto, a millones de trabajadores a masacrarse con los trabajadores de otros países, en defensa de sus propias burguesías nacionales en la Primera Guerra Mundial.

Quien no conozca la vida de Rosa Luxemburgo va a encontrarse, entonces, en este libro, con una biografía gráfica que lo introducirá, con total seriedad, en el tratamiento de las ideas y los acontecimientos políticos en los cuales Rosa fue protagonista. La Rosa Roja es una buena introducción, sencilla y amena, que probablemente despierte interés por conocer, después, otras biografías de Rosa Luxemburgo, como la de Paul Frölich, que también publicó Ediciones IPS.

Este libro de Kate Evans, una artista inglesa, narra e ilustra con una cuidada edición, los hechos, las ideas, loss debates y polémicas más destacados de la vida de Rosa Luxemburgo. Sin embargo, para quienes ya conozcan su biografía, este libro también les resultará de interés, porque no es reiterativo respecto de otras obras más elaboradas y extensas sobre la vida de Rosa. Es que, además de los aspectos más conocidos de su vida–pletórica de grandes hechos históricos y grandes combates–, se encontrará aquí con otros menos conocidos, para cuyo desarrollo Kate Evans se nutrió de numerosas cartas personales de Rosa a sus amigas, amigos, compañeros, parejas. Esto permite un encuentro con la personalidad de Rosa Luxemburgo, que probablemente muchos no hayamos tenido anteriormente, porque la mayoría de esas cartas no están traducidas al castellano, salvo un puñado de ellas dirigidas a Leo Jögiches, un dirigente revolucionario polaco que fue su pareja durante varios años.

De esos aspectos, de su vida más personal, quisiera destacar dos que están muy bien retratados en este libro: uno es el espíritu absolutamente libertario de Rosa, más aún para su época, manifiesto en su forma de entablar sus relaciones sexo-afectivas. Algo que los va a sorprender es ver, en esta biografía gráfica, a Rosa Luxemburgo retratada desnuda, haciendo el amor con sus parejas, lo que parece una falta de solemnidad bastante grande respecto de una gran personalidad de la historia del movimiento obrero y el movimiento socialista internacional. Pero estos dibujos la muestran de una manera mucho más plenamente humana, algo que el bronce de la historia le ha restado a la vida de esta apasionada mujer.

La vemos, en este libro, en su relación con Leo Jögiches, con Kostia Zetkin (un hombre mucho más joven que ella y que era hijo de su mejor amiga), con Paul Levi y otros. Y en estas cartas que Kate Evans utiliza para armar los diálogos de las viñetas, resalta también algo que a mí me ha sorprendido –por desconocer estos textos anteriormente, acerca de cierta violencia de Leo Jögiches en su vínculo con Rosa, que ella supo enfrentar y resolver de una manera asombrosa, sobre todo para la época: se separó de Leo Jögiches y, al mismo tiempo, él siguió siendo parte de su equipo político hasta el final de sus vidas. Esta contradicción entre la relación personal, donde él le hacía escenas de celos permanentemente y ejercía cierta violencia que ella describe muy claramente y que, incluso, la lleva a tomar la decisión de comprarse un arma para resguardarse, ya que no sabía hasta qué punto podía llegar Leo, no impidió que de todas maneras, Rosa continuara teniendo con él un equipo de colaboración política. Me resultó una de las cosas más novedosas de esa biografía, quizás porque estamos en un momento en el cual el tema de la violencia contra las mujeres está atravesando, desde hace un par de años, la actividad política del movimiento de mujeres en Argentina y en el mundo y, por supuesto, también nuestra propia intervención política con nuestra agrupación de mujeres Pan y Rosas.

La otra cuestión que quería destacar es la profundísima amistad, animada por confesiones íntimas, ideas compartidas e incluso ásperas críticas, que la unió con otra dirigente de la socialdemocracia, Clara Zetkin, la gran organizadora del movimiento de mujeres socialistas. Rescatar este vínculo en un libro, cuando la amistad entre mujeres tiene tan mala prensa, es uno de los aspectos más atractivos de esta biografía. Más aún teniendo en cuenta que esta amistad no se basaba en esa vínculo que surge entre las mujeres en resistencia contra la opresión, sino que se trataba de una amistad animada por la producción creativa y en la dedicación de ambas a la lucha revolucionaria. Clara Zetkin dijo de Rosa Luxemburgo, que tenía “una indomable voluntad y una sensibilidad exquisita”. También dijo que “la obra de toda su vida fue la de preparar la revolución que habría de abrir paso al socialismo”.

Clara Zetkin, como es sabido, es la gran organizadora del movimiento de mujeres socialistas en Europa desde fines del siglo XIX y hasta entrado el siglo XX. Quisiera señalar una anécdota al respecto. Cuando Rosa Luxemburgo llega a Alemania y la dirección del Partido Socialdemócrata (mayoritariamente masculina) advierte que ella tenía un ojo muy crítico sobre el derrotero de esa dirección, que se estaba adaptando a esta rutina de incorporarse a la vida parlamentaria y sindical haciendo de esas tácticas su único objetivo, los hombres de la dirección, grandes socialistas de mucho prestigio en el movimiento obrero internacional, le sugieren que se dedique a organizar a las mujeres trabajadoras. Es decir, de manera “elegante”, intentaron relegarla a un aspecto parcial de la política, para que no tenga influencia en el conjunto de la dirección de la socialdemocracia alemana. Rosa, advirtiendo que la maniobra era para correrla de la dirección central del partido, se negó a asumir la responsabilidad sobre la política hacia las mujeres, aunque igualmente, sin tener el “cargo” oficialmente designado, siempre colaboró con su amiga Clara en esa tarea.

Dicho esto, entonces, la pregunta obligada es por qué publicar La Rosa Roja en la colección MUJER de Ediciones IPS. Sin embargo, creo que es una gran decisión haber publicado tanto la biografía de Paul Frölich como esta novedosa biografía gráfica en esta colección. Porque a casi un siglo de su asesinato y a un siglo de la Revolución rusa –que ha permitido grandes avances en la vida de las mujeres, de los cuales hoy atrasamos un siglo–, el Estado capitalista nos condena a la gran mayoría de las mujeres trabajadoras y de los sectores populares, a los más aberrantes oprobios: el crecimiento inusitado de las redes de trata y prostitución, el crecimiento infernal de la flexibilización laboral, los padecimientos de las mujeres incorporadas al mercado laboral en los peores trabajos, los más precarizados y, al mismo tiempo, condenadas por milenios al trabajo doméstico impago que se le suma a la jornada laboral, a muertes evitables con el desarrollo de la ciencia y la medicina, que sin embargo siguen ocurriendo como las muertes en abortos clandestinos o en los embarazos y en los partos. Y, simultáneamente, este Estado capitalista, mientras legitima y reproduce la violencia contra las mujeres, nos “permite” el único y paradójico derecho de reconocernos como víctimas y exigir justicia (siempre individual), cuando ya es tarde, cuando ya somos un cadáver, cuando ocurre la consecuencia de esa violencia machista en su grado más extremo, como son los femicidios.

Por eso, frente a esta barbarie a la que nos condena el capitalismo, creo que la vida de Rosa Luxemburgo es una fuente de inspiración para todas las mujeres que luchamos y anhelamos la emancipación de la humanidad y que no nos vemos satisfechas solo con algunas concesiones que lo que hacen es apenas aflojar la presión de los cerrojos, en vez de arrancar las cadenas que aprisionan nuestras vidas. Con la edición de La Rosa Roja, Ediciones IPS pretende aportar, con infinita humildad, a la formación de las futuras Rosas Luxemburgos que aún están por nacer en el siglo XXI.

Quiero terminar con palabras de Rosa: “En mi tumba, como en mi vida, no habrá nunca frases rimbombantes. Sobre mi lápida habrá solo dos sílabas, tsui, tsui. Éste es el canto del herrerillo, que yo sé imitar con tanta perfección que logro que acudan inmediatamente. Y en ese tsui, tsui, se oye desde hace unos días un pequeño trino, una minúscula voz de pecho. ¿Sabe usted lo que eso significa? Es la primera manifestación de la primavera. A pesar de la nieve, de las heladas y de la soledad, los herrerillos y yo creemos en la próxima primavera”.

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