Una tendencia bajo el fuego de artificio de Piketty

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Sobre la caída de la tasa de ganancia

 

PAULA BACH

Economista, Instituto de Pensamiento Socialista Karl Marx.

Número 18, abril 2015.

 

La ley tendencial a la caída de la tasa media de ganancia, expuesta por Marx en el Tomo III de El Capital, fue y continúa siendo, objeto de vivas controversias. No es para menos. Marx la definió en su momento como “la ley fundamental del capitalismo”. En ella se pone de manifiesto el carácter históricamente limitado del modo de producción capitalista. Dicho de otro modo, en ella se exterioriza la contradicción existente entre el contenido material de la riqueza de la humanidad –los valores de uso– y su forma específicamente capitalista, el valor o, su expresión, el valor de cambio. Es una tendencia o un movimiento que habla de la relación de lo genérico y lo específico y por tanto, habla de la relación del capital con su pasado y sobre todo, con su futuro. Su formulación y los problemas que plantea no son sencillos. Se expresa de forma enmarañada y en gran parte Marx la dejó inconclusa –como no podía ser de otro modo–, aunque le cabe el exclusivo y sagaz mérito de haberla formulado. Sujeta a interpretaciones múltiples, dogmáticas o liquidadoras, desde la izquierda y desde la derecha, esta ley tendencial ha sido reiteradamente, objeto de incomprensión.

 

El propósito de Piketty

El Capital en el Siglo XXI, tiene en verdad, un doble designio. Por un lado, y como hemos señalado en diversos artículos [1], el economista francés transformó en best seller la tendencia intrínseca del capital hacia la desigualdad, solo atemperada levemente durante un corto período histórico en virtud de dos guerras mundiales y la crisis de los años ‘30. Semejante regularidad en la pluma de Piketty, queda picando a la búsqueda de alguna ley capaz de explicarla. Sin embargo y por el contrario, como contracara de su operación inicial, Piketty se ocupa también de convertir en best seller la inexistencia de cualquier ley propia del capitalismo que fundamente este fenómeno. Y en particular se encarga de “bestsellerizar” –si se nos permite el neologismo– una versión totalmente desfigurada del marxismo. Se ocupa de colocar entre las manos y ante los ojos de millones –aún a costa de su prestigio académico– unas poquísimas páginas de entre 600 de la edición castellana, en las que procura desacreditar la que según Marx era “la ley fundamental del capitalismo”. Como parte de una misma manipulación, declara a la vez y a viva voz que nunca “consiguió” leer el libro cuyo título le permitió convertir al suyo en “mejor vendido”. Perversa operación política de doble filo la del académico Piketty.

 

Un blanco falso

Así la emprende Piketty contra la ley tendencial a la caída de la tasa media de ganancia, una ley que a ciencia cierta, desconoce, a pesar de lo cual deviene blanco de todos sus dardos. Dice Piketty que según Marx “los capitalistas acumulan cantidades de capital cada vez más importantes, lo que termina conduciendo a una baja inexorable y tendencial de la tasa de beneficio (…) y causando su propia ruina” [2]. En un sentido similar señala en un reportaje concedido al diario Página/12, que en la teoría de Marx el descenso de la tasa de beneficios “(…) iba a conducir a una catástrofe final y al fin de este sistema” [3]. Con el objeto de refutar esta desfigurada tesis que adjudica a Marx y apelando a datos de Francia y el Reino Unido, Piketty constata que:

 

(…) desde el siglo XIX al siglo XXI, el rendimiento puro [4] del capital osciló en torno a un valor central del orden del 4-5 % por año, o más en general, en un intervalo comprendido entre el 3 % y el 6 % por año. No existe tendencia masiva en el largo plazo, ni al alza ni a la baja. El rendimiento puro ha sobrepasado netamente el 6 % luego de las enérgicas destrucciones y de los múltiples shocks sufridos por el capital en el curso de las guerras del siglo XX, pero retornó suficientemente rápido hacia los niveles más débiles observados en el pasado. Es posible que el rendimiento puro del capital haya caído ligeramente en un muy largo período: sobrepasaba corrientemente el 4-5 % en los siglos XVIII y XIX, mientras que en este inicio del siglo XXI parece aproximarse al 3-4 % a medida que la relación patrimonio/ingreso vuelve a sus elevados niveles observados en el pasado [5].

 

Piketty concluye entonces que “la tasa de rendimiento puro del capital es relativamente estable alrededor del 4 %-5 % en el largo plazo” [6] y que “sin duda no existe ninguna fuerza natural que necesariamente reduzca la importancia del capital y de los ingresos surgidos de la propiedad del capital en el curso de la historia” [7]. Cierto es que, como se le criticó ya reiteradas veces, Piketty iguala –debido a razones ideológicas– el concepto de riqueza (o el de patrimonio) con el de capital. Es verdad que esto lo conduce a pensar al capital como sumatoria de objetos, como cúmulo de valores de uso, incurriendo en una definición muy distante de la de Marx. Por supuesto, esta acepción del capital como cosa y no como relación social, lo induce a medir la tasa de ganancia utilizando variables muy distintas a las empleadas por Marx y los marxistas. Pero lo que nos interesa discutir acá es que más allá de este hecho, e incluso si tomáramos por válida su forma de medición, Piketty solo refuta su falsa interpretación de la teoría y no la teoría misma.

 

El sentido de una ley tendencial

No expondremos aquí la ley de la tendencia decreciente de la tasa media de ganancia. Solo resaltaremos su carácter tendencial, cuestión que Piketty repite pero no comprende y que –a diferencia de lo que pretende refutar– dista mucho de significar que desde los inicios del capitalismo hasta nuestros días, se tenga que probar la existencia de una curva descendente. Hay quienes, no obstante, utilizando de otro modo los datos de Piketty, evalúan empíricamente que, aún con oscilaciones, se probaría dicho descenso [8]. Lo que en todo caso sugiere, como mínimo, que los mismos datos y según como se los disponga, dan para múltiples elucidaciones. Pero en nuestra interpretación del asunto, el carácter tendencial de esta ley significa nada más –y nada menos– que en el curso de los distintos ciclos de la acumulación ampliada, opera un proceso lento y profundo mediante el cual el capital incorpora una proporción relativamente mayor de trabajo muerto (maquinaria, materias primas, elementos auxiliares, etc.) que de trabajo vivo (trabajo asalariado). Como el trabajo vivo es la única fuente generadora de plusvalor –trabajo humano no pago– y como el trabajo humano no pago es la única fuente generadora de ganancia, la reducción relativa de trabajo vivo en la composición total del capital, genera una tendencia (y remarcamos la palabra tendencia) a la disminución de la tasa de ganancia que se evalúa como la relación entre el plusvalor y la suma entre el capital constante y el capital variable. Pero ¿cuál es la causa que impulsa este movimiento? Necesariamente debemos volver a otra afirmación de Piketty según la cual Marx, a fin de formular su hipótesis, habría supuesto –implícitamente, dice– un crecimiento nulo de la productividad [9]. Pero una vez más Piketty yerra el blanco. Casualmente el crecimiento de la productividad constituye la piedra basal de la tendencia a la caída de la tasa media de ganancia [10]. Y esto es así, por partida doble. No solo porque el incremento de la productividad impulsa, según Marx y como veremos enseguida, el movimiento descendente de la tasa de ganancia, sino porque a la vez, la misma productividad deviene una de las causas que contrarrestan ese movimiento anulándolo muchas veces y transformándolo, precisamente, en una tendencia. Por un lado y en términos genéricos, es el desarrollo de las fuerzas productivas el que alienta el incremento constante de la productividad que se pone de manifiesto en la incorporación progresiva de nueva maquinaria con mayor nivel tecnológico. Bajo la forma específica del modo de producción capitalista, este movimiento es alentado de modo permanente por la competencia entre múltiples capitales privados independientes. Si para los capitalistas individuales y en virtud de la competencia, este proceso permite incrementar su tasa de ganancia, en los términos de la clase capitalista en su conjunto y a la larga, cuando las innovaciones se generalizan, operan incrementando la composición orgánica del capital y socavando la tasa general de ganancia. Pero a su vez y por otro lado, cuando Marx expone las tendencias contrarrestantes de la ley, señala:

 

Si se considera el enorme desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social aún solo en los últimos 30 años, en comparación con todos los períodos precedentes –especialmente si se tiene en cuenta la enorme masa de capital fijo que entra, además de la maquinaria propiamente dicha, en el conjunto del proceso social de la producción–, la dificultad que se nos presenta no es ya la que ha ocupado a los economistas [11] hasta el día de hoy –la de explicar la baja de la tasa de ganancia– sino la inversa: explicar por qué esa baja no es mayor o más rápida. Deben actuar influencias contrarrestantes que interfieren la acción de la ley general y la anulan, dándole solamente el carácter de una tendencia, razón por la cual, hemos calificado a la baja de la tasa general de ganancia de baja tendencial [12].

 

Y es precisamente el mismo incremento de la productividad del trabajo, en tanto desarrolla con fuerza de necesidad el aumento de la plusvalía relativa y el abaratamiento de los elementos que componen el capital constante, un factor clave que contrarresta a la vez la caída de la tasa de ganancia. Concomitantemente se interponen otros múltiples factores que actúan en sentido contrario a la ley, otorgándole el carácter de una tendencia. Entre ellos por ejemplo, el incremento de la plusvalía absoluta, la caída de los salarios, su estancamiento o crecimiento a un ritmo menor, las propias crisis cíclicas –y con mucha mayor contundencia, las guerras– que operan a la vez destruyendo o abaratando los elementos físicos del capital y el precio de la fuerza de trabajo. La pauta que determina que esta tendencia opere como un ronco movimiento efectivo, más allá de los múltiples factores que la contrarrestan, se deriva del hecho que mientras el incremento de la explotación del trabajo en sus formas absoluta y relativa posee un límite (la parte del trabajo pago no puede disminuir a cero), la acumulación del capital carece de esa limitante. Nada impide no obstante, que en nuevos ciclos de acumulación, la tasa de ganancia vuelva a incrementarse, aunque el conjunto de movimientos contradictorios señalados, adopta distintas fisonomías en cada momento específico y por supuesto, acarrea importantes consecuencias.

 

Derivaciones de un movimiento ronco

Piketty descarrila en el aspecto fundamental del asunto. Quiere demostrar con medias matemáticas de larguísimo plazo, lo que en tal caso debería exponerse como un movimiento y sus consecuencias al interior de cada período de acumulación. No hay forma de verificar una tendencia dinámica que palpita al interior de períodos históricos concretos mediante la fría inmovilidad de los promedios. Y es al interior de esos períodos concretos, donde se produce ese movimiento profundo que impulsa a su vez y con fuerza de necesidad el desarrollo de las causas que lo contrarrestan. Esto significa, por ejemplo, que las altísimas tasas de rentabilidad de la Segunda Posguerra –a las que llamativamente Piketty asocia a un bajo nivel de acumulación de capital– hallaron un límite hacia el fin del boom, entre las postrimerías de los años ‘60 y principios de los ‘70. Dicho límite desató el desarrollo de “fuerzas contratendenciales” siniestras. Léase reaganismo-thatcherismo o contraofensiva neoliberal. Dictaduras salvajes en los países de la periferia, restauración del capital en los países en los que había sido abolida la propiedad privada, incorporación progresiva de la numerosa mano de obra china –y de Europa del Este– a la explotación del capital internacional y utilización de China como plataforma para la acumulación, precarización laboral, estancamiento –o casi– de los salarios, destrucción de conquistas sociales, disminución de impuestos a los ricos y al capital corporativo [13], desregulación del movimiento de capitales, y un conocido y largo etcétera. La tasa de ganancia del capital, como es evidente, se recompuso. El grado de su recomposición, no obstante, aún es materia de discusión entre distintos autores que realizaron estudios empíricos como Duménil, Husson, Shaik, entre otros. Pero resulta que las mismas causas que actúan contrarrestando ese movimiento profundo del capital, tienen consecuencias. Y gran parte de las veces son esas consecuencias y no la propia tendencia descendente de la tasa de ganancia, las que desatan las crisis. Por ejemplo el desarrollo de la financierización –y las consecuentes burbujas de crédito como estímulo al crecimiento durante las últimas décadas, que condujeron a crisis como la del 2008– junto con la debilidad de la inversión y el incremento declinante de la productividad del trabajo, son indicativos de un exceso de acumulación del capital. Dicho exceso resulta un fenómeno derivado del movimiento profundo de la tasa de ganancia en la medida en que las mismas causas que provocan su baja, condicionan una acumulación acelerada del capital con el fin de incrementar la masa de ganancias. Probablemente los efectos de este proceso se pongan de manifiesto en la actualidad como herencia del período del fin del boom de Posguerra, agudizándose durante los últimos años con la concentración de capitales en regiones de alta rentabilidad, como por ejemplo muestra el caso de China. La cuestión se complejiza además en un presente en el cual las intervenciones estatales –que en gran parte responden a los riesgos de la internacionalización del capital–, actúan limitando los efectos destructivos de las crisis. Más allá del método y los modelos neoclásicos a los que apela Piketty, interesa resaltar la foto que observa al señalar que en los períodos de bajo crecimiento como el actual, la rentabilidad del capital sería mayor que el crecimiento económico. Se puede establecer como hipótesis un nexo entre esa eventual relación, la sobreacumulación de capitales y el proceso de recuperación de la tasa de ganancia de las últimas décadas que no se condice con un incremento acorde de la acumulación ampliada. Por otra parte, el incremento de la desigualdad –tema central de la investigación de Piketty– y base de la debilidad de la demanda de consumo que tanto aqueja a los economistas mainstream, es una resultante de la contracción salarial y la pérdida de conquistas derivadas de las contratendencias destinadas a recuperar la tasa de ganancia. Pero Piketty tiene como misión prioritaria huir como de la peste de toda regularidad que cuestione la existencia de un sistema al que considera parte de la naturaleza humana. El deslucido ataque a la tendencia a la caída de la tasa media de ganancia, se inscribe en esta operación que es la piedra fundamental de su programa [14].



[2] Piketty, Thomas, Le capital au XXIe siècle, París, Editions du Seuil, septiembre 2013, pág. 361. Traducción propia.

[3] Página/12, 30-11-14.

[4] El concepto de “tasa de rendimiento puro” está asociado a que Piketty deduce de la tasa de rendimiento medio del capital, lo que considera los “costos de gestión” o el “trabajo empresarial”.

[5] Piketty, T., ob. cit., pp. 325-6.

[6] Ídem, p. 319.

[7] Ídem, p. 370.

[9] Piketty, T., ob.cit., p. 944.

[10] Tan importante es el rol del crecimiento de la productividad en la exposición de la tendencia a la caída de la tasa media de ganancia, que un economista infinitamente más estricto que Piketty como el japonés Nobuo Okishio, elaboró en la década del ‘60 el teorema que lleva su nombre a fin de demostrar que en el movimiento expuesto por Marx, las contratendencias resultaban al final del proceso más fuertes que la propia tendencia, provocando un incremento y no una caída de la tasa de ganancia. El Teorema de Okishio fue refutado desde distintos ángulos por Anwar Shaikh, Andreu Kliman y posteriormente por el propio Okishio, entre otros. Hace pocos años, el marxista argentino Rolando Astarita elaboró también una respuesta. A su vez y desde el punto de vista empírico, la objeción de Okishio quedó refutada por la fuerza de los hechos en las condiciones específicas que pusieron fin al boom de Posguerra y dieron comienzo a la crisis de los años ‘70.

[11] Marx se refiere a la economía política clásica.

[12] Marx, Karl, El Capital, Tomo III, Volumen 6, México, Siglo XXI, 1995, p. 297.

[13] Cuestión que como observan algunos autores como Andreu Kliman, es un elemento que contribuye a una mejoría claramente más elevada de la tasa de ganancias después de impuestos, fundamentalmente en el caso de Estados Unidos.

[14] Este artículo fue elaborado profundizando y desarrollando conceptos esbozados previamente en Thomas Piketty a la luz del estancamiento secular.

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