Una nueva generación combativa en la fábrica

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SOBRE LA DISPUTA POR DIGNIDAD OBRERA, DE PAULA VARELA

 

AGUSTÍN SANTELLA

Número 35, noviembre-diciembre 2016.

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Cuando militaba en el MAS –estando en el colegio secundario en los años ‘80– una actividad recurrente era el “piqueteo” del periódico, puerta a puerta, en los barrios obreros de la zona norte del Gran Buenos Aires (en los partidos de Tigre y de Escobar, en realidad ya Provincia). La actividad tenía como objetivo no la organización vecinal, sino la propaganda partidaria, y el objetivo más específico de construir contactos en las fábricas de la zona. El método era a través de la “colocación” y discusión del periódico (Solidaridad Socialista). Se trataba de centrarse en la discusión política, pero de la conversación surgían todo tipo de temas ideológicos e históricos.

El libro de Paula Varela1 nos habla de cercanos barrios obreros, dos décadas después. El barrio que estudia, sin embargo, está más explícitamente centrado en torno de la fábrica FATE de neumáticos (Barrio FATE). Se trata además de una investigación científica sistemática, cuya problemática es la emergencia de una nueva generación de trabajadores reclamando sus derechos en la fábrica. El plan de exposición del libro se divide en tres partes: primero el relato del conflicto que culmina en una nueva dirección sindical del SUTNA (Sindicato Único de Trabajadores del Neumático de la Argentina) de la seccional San Fernando; segundo, una explicación de cómo surgió esta nueva camada de activistas; tercero, la ubicación de este caso como parte del “sindicalismo de base” en el país. Así la exposición va de lo particular a lo general, de lo “micro” a lo “macro” social. Se trata entonces de un estudio de caso que se enmarca en conceptos que permiten generalizar la interpretación. Pero además utiliza métodos especiales de construcción de los datos propios de la “etnografía”, donde la investigadora observa directamente los fenómenos, aunque sin participar en tanto obrera o habitante del barrio (no hay obreras en FATE, por otro lado).

La primer parte es un relato de la aparición de los grandes conflictos de los años 2006-2007 que culminan en una rebelión contra la burocracia de la dirección del SUTNA, tanto de la fábrica, seccional o dirección nacional. Comienza con una descripción del barrio y de la política peronista tradicional en el mismo. Las investigaciones que marcaron la agenda académica y política enhebraron un diagnóstico de la retirada del movimiento obrero y el hecho de que los barrios pasaron a ser el lugar de la política popular. En el libro se discute esta bibliografía, reponiendo la relación que los barrios obreros tienen con el mundo de la producción, negada por aquellos autores. La ausencia en la agenda de los investigadores entonces era el estudio de los barrios de los trabajadores industriales. Cuando comenzó su trabajo de campo, la autora encontró un barrio tranquilo. Pero en su transcurso estalló un conflicto que fue el tema de la política de los trabajadores. En el primer capítulo se enmarca el conflicto en la ola de huelgas que sucede en el país entre 2004 y 2006. Era el retorno del “gigante dormido” a las calles, luego de una larga siesta desde principios de los años ‘90. Durante 2004 se sucedieron diversas huelgas importantes (de unos 4 o 5 días, con tomas de establecimientos o cortes de rutas), comenzando por Subterráneos –seguramente la vanguardia aquellos años–, luego Telefónicos, el corte de la Panamericana hecho por SMATA en junio de 2005 y el duro conflicto en el Hospital Garrahan en el mismo mes.

En este contexto que recorrió a la mayoría de los gremios, el SUTNA convoca a asambleas generales para impulsar paros para encarar la ronda de acuerdos salariales. El conflicto en FATE comienza cuando sus obreros desacuerdan con los aumentos obtenidos. Este se expresará explosivamente hacia 2007 con paros espontáneos, asambleas en las que la burocracia perdía las votaciones o donde eran abucheados o echados, el corte de la Panamericana altura Márquez en mayo, hasta las elecciones de delegados, primero, y de seccional San Fernando después, donde la nueva Lista Marrón del activismo de base se impuso.

El libro continúa en sus capítulos volviendo atrás en el tiempo para explicar el funcionamiento de la fábrica y el control que los dirigentes sindicales tenían sobre los obreros, y como esto hace crisis hacia 2006. Aquí seguramente encontremos una articulación conceptual creativa para dar cuenta de este problema. La rebelión obrera es resultado de un desacople entre las expectativas de la “ciudadanía fabril” de los propios trabajadores, que eran mayores y no se veían cumplidas en un contexto de crecimiento económico que las hubiera permitido (desde 2003). Los obreros además añoraban una empresa donde había “justicia” cuando era dirigida por “Madanes”, el antiguo dueño, que consideraba a los obreros como personas2. El nuevo contexto económico de crecimiento, y el contraste contra la realidad de la “explotación” (en el sentido de falta de justicia interpretado por los obreros) fue generando la situación para el estallido abierto. Se fue construyendo un “sentimiento de injusticia” (tomado de John Kelly), que fue una condición fundamental para que los obreros salgan a luchar. Entonces el estudio da cuenta de la manera en que la fábrica consigue el consentimiento obrero a partir de un sistema moral de intercambios económicos (concepto tomado de Marcel Mauss), situación que habría ocurrido en la era “paternalista industrial” cuando reinaba el patrón Madanes. Durante mucho tiempo los obreros creyeron en la justicia de este régimen, e inclusive los jóvenes añoraban esos tiempos sin haberlos vivido.

A estos mecanismos hay que agregar el papel de los delegados burocráticos en la fábrica. Retomando ideas del debate sobre clientelismo político, Paula Varela las usa para describir un clientelismo sindical dentro de la fábrica por parte de los delegados. Así los delegados se comportaban como punteros sindicales que infundían miedo por su capacidad de generar represalias, pero también conseguían lealtades repartiendo favores. Sin embargo, este sistema de control es débil porque la distribución de estos favores se limita a un grupo dentro del conjunto de trabajadores. Un proceso central aquí, que se convierte en debilidad, es que los delegados individualizan el trato con sus bases en este intercambio, así como lo hacía el patrón Madanes. De este modo, impiden la conformación de un colectivo autónomo obrero (de clase). Más en general, el SUTNA era un sindicato débil políticamente, sea por su basamento de seccionales que giran en torno de grandes fábricas con mucha autonomía, o también por su alineamiento a una central sindical débil (CTA). La presencia de un grupo minoritario, pero militante, de activistas de izquierda, finalmente permitió dar un curso a estos sentimientos de injusticia hacia una salida colectiva.

Los nuevos dirigentes de base de FATE son parte de una nueva generación obrera. Así como muestra la Encuesta Obrera en otros establecimientos, una característica de los jóvenes es su “apoliticismo”. Sin embargo este fenómeno indicará también la crisis de la política peronista tradicional y la posibilidad de la acción colectiva de clase. Este apoliticismo también rechaza el papel que los sindicatos han tenido en la legitimación de la explotación durante los ‘90. Pero es a partir de este apoliticismo que surge la “repolitización fabril” que se expresa en la participación colectiva en las luchas (en tres indicadores: acción directa, asambleísmo y militancia de izquierda).

El problema de la politización es posiblemente uno de los más complejos del libro, por este tipo de paradojas conceptuales (la politización sobre la base de la despolitización). Si la base de la nueva generación es la despolitización puede que esté presente un aspecto de debilidad en la formación de la conciencia política de clase. Hay un debate sobre la “ilusión de lo social” (que toma de Daniel Bensaïd) hacia el final del libro. El filósofo militante francés nombraba con este concepto la ilusión del rechazo de la política y la posibilidad de la emancipación sin la toma del poder. Podríamos decir que la nueva camada se alimenta mucho de esta ilusión. Políticamente este punto es relevante en relación a un balance de la fortaleza del “sindicalismo de base”, una categoría fundamental en la propuesta de Paula Varela. La debilidad de este sindicalismo es precisamente su basismo, que denota la falta de politicidad para convertirse en alternativa de la clase y el pueblo. Esto no se resuelve con el parlamentarismo a la Kautsky. Nos referimos a complementar, o directamente reemplazar, la falta de desarrollo político en el movimiento obrero con la cosecha de votos en las elecciones. Esta es una tentación que ha recorrido a las izquierdas a lo largo de su historia. La formación de un poder alternativo es social y política a la vez, o en todo caso, pasa por una comprensión del poder en estos dos aspectos que aparecen separados en la ideología. Los votos son necesarios, pero no indican poder para imponer decisiones. Aquí la alocución de Daniel Bensaïd estimula nuevos debates.

Esta investigación ayuda a explicar la rebelión obrera contemporánea partiendo desde lo micro-social. Debe complementarse con perspectivas macro-históricas como la de Beverly Silver, Fuerzas del trabajo (2005) o del mismo Rethinking industrial relations de John Kelly (1998) que se usa en el libro. Pero la clase obrera todavía permanece dentro de la hegemonía capitalista o de variantes políticas y sindicales que la movilizan pero no la cuestionan. Internamente, en el despliegue histórico, estos dos momentos (hegemonía y rebelión) se encuentra en el mismo caso FATE, antes, durante y después de los ‘90. En este sentido se trata de una indagación que ilumina la contradicción de los trabajadores en su sujeción bajo el capital, así como la crisis de la misma.

La disputa por la dignidad obrera puede recorrerse en sus implicaciones para una teoría marxista de la conciencia de clase. En la metodología del caso extendido de Michel Burawoy esto es lo que se buscaría. Reconstruir lo general a la luz de la interpretación de lo particular. Se trata de un ejercicio intelectual muy exigente que requiere una investigación distinta en el doble plano de la teoría acumulada (o si se quiere “la experiencia histórica”) y el estudio empírico acotado al caso nuevo. En vistas de nuevas generalizaciones, el libro de Paula Varela puede sumarse a una serie de estudios del “marxismo sociológico”3. Michel Burawoy y Erik Ollin Wright acuñaron este nombre para impulsar nuevos programas de investigación social en la tradición marxista. Este programa propone una “ciencia social emancipatoria”, entendiendo por esta la emancipación de clase. Uno de los rasgos de este programa es la apertura de distintas perspectivas metodológicas, políticas o argumentales, dentro de su marco general. También la idea de que el marxismo es una teoría en construcción, que para ello puede y debe alimentarse de lo más avanzado de las ciencias sociales. Es lo que hace Paula Varela en su libro. La narrativa sobre la rebelión obrera en FATE discurre en el desarrollo de la observación en un diálogo con distintas voces y lenguajes, articulados por un propósito claro. La conceptualización es parte del recorrido, no es arbitraria. Debemos rescatar, no obstante, la importancia de esta conceptualización porque es un aporte novedoso a los estudios empíricos sobre clase obrera de la nueva generación. Dejamos para otro lugar un balance sobre la proliferación de la investigación académica que acompaña la revitalización del sujeto obrero en los años 2000. Pero hay que comparar este libro en ese contexto, como un estímulo para otros libros. Tenemos ahora una imagen distinta del barrio.

 

  1. Bs. As., Imago Mundi, 2015.
  2. “Los obreros de FATE exigían ser tratados como personas dentro de la planta. La minoría de ellos, exigían volver a ser tratados como personas (cuyo modelo era el trato que les profería el viejo Madanes)”, p. 144.
  3. Tomamos esta idea de Rodolfo Elbert, quien incluyó esta obra su seminario sobre marxismo sociológico en la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de La Plata. También se incluía nuestro estudio sobre la acción sindical en el sector automotriz (Labor conflict and capitalist hegemony in Argentina, Leiden, Brill, 2016).

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