Todo el poder a los soviets: ¿slogan o estrategia?

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ACERCA DE UN DEBATE EN LA REVISTA HISTORICAL MATERIALISM

 

GASTÓN GUTIÉRREZ

Número 37, mayo 2017.

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El blog de la revista Historical Materialism publicó recientemente dos artículos de Eric Blanc acerca de la actuación de los bolcheviques en los primeros meses de la Revolución rusa de 19171. En ellos se propone revisitar la historia que opuso a Lenin con los denominados “viejos bolcheviques”, mediante la consulta de nuevas fuentes rusas y letonas, y recuperando parcialmente las investigaciones de Lars T. Lih2.

 

El viejo bolchevismo revisitado

Aunque discrepan en algunos puntos, los aportes de Blanc y Lih mostrarían que los viejo-bolcheviques mantuvieron en lo esencial una línea revolucionaria durante marzo y abril. Así, la crisis del partido, el regreso de Lenin y la adopción de sus innovadoras Tesis de abril, que proponían desechar al baúl de los recuerdos las viejas fórmulas, habrían sido hechos menos traumáticos para la corriente bolchevique de lo que se señala en la reconstrucción histórica realizada por León Trotsky en Lecciones de Octubre, Historia de la revolución rusa y otros trabajos3.

Según esta reconstrucción, el contexto post Revolución de febrero presentó características novedosas que pusieron a prueba a todos los partidos de la Rusia revolucionaria, haciendo que durante el primer mes y medio del proceso que culminaría con Octubre primara el desconcierto y la confusión en el bolchevismo. El partido que había moldeado por años a la vanguardia obrera que acaudilló la insurrección que derrocó al zar en Febrero, no pudo evitar que el poder pasara a manos de un gobierno provisional burgués. La fortaleza de los soviets de obreros, soldados y campesinos armados impuso una peculiar disputa en torno a en qué organismo (soviet o gobierno provisional) residía la soberanía política, dando lugar a una inestable situación de doble poder4. Con los Soviets hegemonizados por los partidos “conciliadores” (mayoritariamente social-revolucionarios y mencheviques) se imponía en éstos el apoyo al Gobierno Provisional, pero incluso la mayoría de los representantes bolcheviques en el soviet llegaron a plantear que “los soviets elijan representantes al gobierno”. La estrategia de los mencheviques de apoyo condicional a la burguesía liberal había encontrado al fin una forma política: un doble poder no resuelto.

Mientras tanto, desde el punto de vista de Trotsky, la parálisis y dubitación se hicieron dueños de un bolchevismo todavía desarticulado y reducido a su mínima expresión militante (contaba en Petrogrado con 2000 militantes organizados esencialmente en células fabriles). Varios centros organizativos bolcheviques expresaron diferentes líneas políticas en el periodo, pero con el regreso de Stalin y Kamenev (miembros del Comité Central bolchevique) el diario Pravda adoptó un claro rumbo oportunista, cediendo totalmente a las presiones de las instituciones de la “democracia revolucionaria” y sosteniendo un apoyo crítico a las acciones del gobierno (y actuando en común con los mencheviques en los soviets). Lenin polemizará con ellos denominándolos “viejo-bolcheviques” por mantenerse atados a un esquema estratégico anticuado, y en sus Cartas desde lejos, y especialmente en Las Tesis de abril, propondrá un rearme estratégico radical5.

Los artículos de Blanc no niegan este panorama de crisis, pero sostienen que el viejo bolchevismo sostuvo una posición de principios que mantenía la independencia política de la clase obrera y la lucha por su hegemonía en el proceso revolucionario. A través de una investigación sobre los periódicos bolcheviques rusos y letones, folletos, actas y resoluciones publicados no solo en las ciudades, sino en todo el imperio ruso durante marzo de 1917, Blanc rescata ejemplos de cómo los bolcheviques actuaron con una línea de oposición revolucionaria. Menciona los casos del Bureau Ruso, el Comité de Vyborg y líderes bolcheviques como Stucka, Shlyapnikov y Molotov, que sostuvieron una posición más radical que Kamenev y Stalin, aún dentro del esquema estratégico del viejo bolchevismo. Especialmente se detiene en un artículo publicado en letón por Peteris Stucka (ignorado en la historiografía sobre el tema) que señala claramente el carácter contrarrevolucionario del gobierno provisional, concluyendo que solo un “gobierno verdaderamente revolucionario, es decir, un gobierno provisional de obreros y campesinos” podría sacar a Rusia de su crisis y satisfacer las demandas del pueblo como la tierra a los campesinos o acabar con la guerra imperialista.

Estas nuevas fuentes sirven para dar cuenta de las heterogeneidades existentes en el bolchevismo, algo ya estudiado entre otros por Marcel Liebman o Alexander Rabinovitch6, sin embargo la interpretación de las mismas no ofrece material suficiente para refutar la tesis de que el viejo bolchevismo no podía desarrollar una orientación revolucionaria ante la situación de doble poder atado al marco estratégico previo a las Tesis de abril. Blanc reconoce que la llegada de Kamenev, Muratov y Stalin otorgan una orientación conciliadora al Pravda, pero sitúa tanto las posiciones derechistas, así como las más de izquierda, dentro del marco del planteo estratégico del viejo bolchevismo: la dictadura democrática de obreros y campesinos. De este modo Blanc reivindica la fórmula de Lenin previa a 1917 como una estrategia cuya flexibilidad/elasticidad permitía incluir, dentro de sí, las posiciones más diversas. Efectivamente, la fórmula estratégica “viejo bolchevique” contenía posibilidades algebraicas, como las denominó Trotsky, pero toda la intervención de Lenin apunta a subsanar esa indefinición a la luz de los acontecimientos de 1917.

Quién sí propone una narrativa histórica alternativa es el investigador Lars T. Lih, que ha ganado audiencia a partir de la publicación de Lenin rediscovered: what is to be done? In context. Allí Lih intenta demostrar las continuidades entre Kautsky y Lenin y, a través de ellos, las continuidades de la cultura organizacional de sus respectivos “modelos” de partido7. En varios ensayos posteriores a este libro Lih intenta demostrar también que los planteos viejo-bolcheviques no difieren ni con Lenin, ni con la práctica del Partido que tomó el poder en 1917. Para esto propone aplicar un método historiográfico que realice el ejercicio de contextualizar los textos del periodo y amplíe las fuentes, de modo tal que el bagaje de discusiones del bolchevismo previo a 1917 sea comprendido cabalmente a partir de situarlo en su época. Al mismo tiempo propone analizar los elementos constitutivos del discurso viejo-bolchevique (tal y como fue sostenido por Kamenev, Stalin y otros) y compararlo con las innovaciones que tuviera el discurso de Lenin en las Tesis de abril. En “The Ironic Triumph of Old Bolshevism: The Debates of April 1917 in Context”8 Lih sostiene, un poco provocadoramente, que fue el viejo bolchevismo el que triunfó sobre el nuevo bolchevismo de Lenin, porque los aportes de las Tesis de abril ya estaban comprendidos en los argumentos del viejo bolchevismo, lo que permitía que éste se mostrara más de acuerdo con el desarrollo efectivo de una revolución democrática en Rusia que no habría culminado hasta Octubre. Complementariamente Lih propone realizar un análisis filológico de algunos términos rusos, como ser el significado del vocablo vlast, que usualmente es traducido como poder aunque Lih sostiene que debería ser comprendido como autoridad soberana. No hay dudas de que Lih realiza aportes contextuales, como ser la historia acerca de que “todo el poder (vlast) a los soviets” no figura en las Tesis de abril, ni en otros documentos, hasta el Pravda del 2 de mayo en donde Lenin lo adopta de las pancartas de las movilizaciones populares aparecidas en las jornadas del 21 de abril9.

Sin embargo, para Lih la consigna no deja de ser un slogan y la pelea por la soberanía de los soviets para él no constituye una innovación de Lenin en abril, sino una continuidad de la política del viejo bolchevismo adaptada a las circunstancias post Revolución de febrero. La estrategia bolchevique estaba basada en la búsqueda de la hegemonía de la clase obrera en la revolución democrática, con la idea de llevar esta revolución “hasta el final”. La alianza social de obreros y campesinos se oponía a la burguesía liberal, y la fórmula gubernamental correspondiente era la dictadura democrática de obreros y campesinos. Para Lih la confrontación entre los mencheviques y los bolcheviques era la oposición entre la lucha por la hegemonía en contra de un pacto o compromiso (soglashenie) con la burguesía. De ahí que para Lih los viejos bolcheviques no eran contrarios a pelear por la soberanía de los soviets, que no presentaría innovación alguna con respecto a la línea bolchevique sintetizada luego de la Revolución de 1905 en la fórmula gubernamental anti-burguesa de dictadura democrática de obreros y campesinos. Luego de un análisis pormenorizado de los componentes de las Tesis de abril de Lenin, Lih sostendrá que ciertos elementos considerados novedosos por la lectura tradicional (la de Trotsky) como ser: la búsqueda de una “segunda revolución”, los soviets como alternativa de poder o la perspectiva de una revolución en occidente, ya eran parte del bagaje previo del bolchevismo. Donde Lih sí observa una innovación en el discurso de Lenin es en que por primera vez éste sostiene que el gobierno revolucionario puede dar “pasos al socialismo”. Mediante un aporte interesante Lih cita como fuente la influencia de un artículo de Kautsky publicado en la Die Neue Zeit en marzo de 1917, que explicita argumentos similares a los desarrollados por Lenin en sus Tesis10.

 

Lenin: del doble poder al nuevo Estado

Aunque la reconstrucción de Lih contextualiza e introduce precisiones terminológicas, ignora algunos elementos teóricos esenciales. Si vamos más allá de las consideraciones tácticas y de contexto ¿cuál era el verdadero debate estratégico propuesto por Lenin?

Para Lih, las Cartas desde lejos no eran una brecha con el “viejo bolchevismo”, sino su continuación. Pero, como señaló John Marot11 respecto del análisis que hace Lih de las Cartas desde lejos, Lih no analiza lo que Lenin escribió en la cuarta carta sobre cómo el proletariado debe “aplastar” (como decía Marx en sus escritos sobre La Comuna) la máquina del Estado y sustituir la policía, el ejército y la burocracia por el pueblo en armas, constituyendo ellos mismos los nuevos órganos del poder estatal (la Comuna de París de 1871, los Soviets en 1905 y en 1917). La importancia de esta carta reside en que el soviet no está pensado en términos de “organismo que pelea la soberanía” en el período de doble poder, sino que está presentado como un embrión del nuevo tipo de Estado que debería instaurar la revolución. De esta forma, se contrapone con la fórmula gubernamental de dictadura democrática de obreros y campesinos, es decir con la revolución democrática “hasta el final”, y constituye una innovación en el pensamiento de Lenin. El análisis contextual y textual de Lih limita las opciones de la Revolución rusa a una oposición simplificada entre quienes sostienen una política de pacto con la burguesía y quienes sostienen una lucha por una autoridad soberana de la clase obrera, pero no ofrece una lectura comprehensiva de la dinámica social de la Revolución rusa como la proporcionada por Trotsky con la teoría de la revolución permanente12. Si la perspectiva viejo-bolchevique quería disputar la soberanía popular y un nuevo gobierno revolucionario, debía aceptar que era necesario un nuevo tipo de poder estatal. La naturaleza de unos soviets en armas la llama a convertirse en una alternativa estatal o perecer, entonces el conjunto de la orientación estratégica cambia. Eso es lo que desarrollan las Tesis de abril, no la lucha por un nuevo gobierno revolucionario que radicalice el proceso democrático, sino la lucha por un nuevo tipo de Estado que combine la resolución efectiva de la revolución democrática con “los primeros pasos hacia el socialismo”. Y este es el punto de convergencia con las tesis de la revolución permanente de Trotsky. De ahí que Lenin le recrimina a los viejo-bolcheviques que los soviets:

…no solo han sido incomprendidos en el sentido de que la mayoría no tiene una idea clara de su significación de clase y de su papel en la Revolución rusa. Tampoco han sido comprendidos como una nueva forma; mejor dicho, como un nuevo tipo de Estado13.

Lenin en las Tesis de abril postula que de la república parlamentaria (aún en su forma extendida de una revolución democrática radical como la propuesta por los bolcheviques) es muy fácil volver a la monarquía (como había sucedido con las revoluciones del siglo XIX), ya que el aparato de opresión compuesto por el ejército, la policía y la burocracia estatal queda intacto. Mientras que el tipo de Estado de los soviets (así como el de La Comuna de París) destruyen y eliminan ese aparato. Es a partir de este rearme estratégico (que no está presente ni en el viejo bolchevismo, ni en Kautsky) que Lenin pondrá al Partido en una campaña de largo aliento por ganar la mayoría de los delegados obreros y campesinos mediante la explicación paciente de que todo el poder debería pasar a los soviets.

Así entendidos los soviets, se comprende mejor aquello que Lih sí considera una innovación del Lenin de abril: las afirmaciones de que el nuevo gobierno revolucionario podría dar pasos hacia el socialismo. Aplastado el aparato del Estado, una transición hacia el socialismo, que coincida ineluctablemente con una revolución en Europa occidental podía ser pensada, no como la instauración inmediata del socialismo en la atrasada Rusia, sino como una transformación permanente de las relaciones económicas, sociales y culturales en correspondencia con la hegemonía de la clase más avanzada. Pero para esto la vieja fórmula de gobierno, que en gran parte se basaba en la continuidad de una revolución democrática, debía ser abandonada de manera definitiva.

 

¿Lenin redescubierto?

La discusión de este momento de la revolución de Octubre presenta un interés histórico y un interés estratégico, que conserva actualidad. Histórico, porque esta cuestión continúa siendo uno de los temas más controversiales para la historiografía de la revolución socialista y estuvo en el centro del conocido “debate literario” que enfrentó a Trotsky con la troika de Stalin, Kamenev y Zinoviev. Éste tenía el sentido de comprender teóricamente el proceso de la Revolución rusa, para extraer lecciones para el desarrollo de la revolución internacional, especialmente para la revolución alemana. Oponía a los partidarios de la revolución permanente con los de la revolución por etapas, y en última instancia a los de la revolución internacional con los del socialismo en un solo país (que dividió aguas en la III Internacional). La propuesta historiográfica de Lih, así como las nuevas fuentes analizadas por Blanc, permiten acrecentar la visión que tenemos de los bolcheviques en los primeros meses de la Revolución rusa, y ciertos elementos que hacen a la cultura organizacional bolchevique, sin embargo no permiten ofrecer una contra-narrativa alternativa a la de Trotsky.

Estratégico, porque el problema de la estructura del doble poder no remite solamente a las peculiaridades de la Revolución rusa. Con posterioridad a la misma, el surgimiento de organismos del movimiento de masas capaces de confrontar con el Estado es un debate presente en diferentes estrategias y tradiciones. Estudiar los problemas del doble poder en la Revolución rusa de 1917, lejos de un interés puramente historiográfico o conmemorativo es la posibilidad de una ilustración de los problemas tácticos y estratégicos que implica una situación genéricamente presente en los procesos revolucionarios. En un contexto de giros bruscos de la política mundial y en el cual asistimos al fracaso de los neoreformismos europeos (Syriza o Podemos), así como a la debacle de los populismos latinoamericanos, se pone en el centro la necesidad de comprender el carácter de clase del Estado y el rol de la constitución de organismos autónomos de las masas (soviets y consejos) en una dinámica no de gestión del Estado capitalista, sino de ruptura con éste.

 

  1. Eric Blanc, “Before Lenin: Bolshevik Theory and Practice in February 1917” y “Line of March: ‘Old Bolshevism’ in Early 1917 ReExamined”, disponibles en http://www.historicalmaterialism.org.
  2. Lars T. Lih estudió filosofía y ciencias políticas en las universidades de Yale, Oxford y Princeton. Fue profesor en la Universidad de Duke y del Wellesley College y actualmente enseña en la universidad McGill de Montreal, Quebec.
  3. El libro Lecciones de Octubre es el prólogo escrito por Trotsky al volumen de sus obras escogidas rusas que compilaba los artículos de 1917. Hay una versión abreviada en L. Trotsky, 1917, Escritos en la revolución, Buenos Aires, Ediciones IPSCEIP, 2007.
  4. Sobre la dualidad de poderes ver L. Trotsky, Historia de la revolución rusa, cap. XI, Madrid, Sarpe, 1985. Así como los artículos de la línea de tiempo publicados en laizquierdadiario.com/revolucion-rusa/.
  5. Lenin, V.I., Obras selectas, Tomo dos, Buenos Aires, Ediciones IPS, 2013. Ver Guillermo Iturbide, “El rearme estratégico de los bolcheviques en 1917”, en laizquierdadiario.com/revolucion-rusa/ .
  6. Liebman, Marcel (1978), El leninismo bajo Lenin, México, Editorial Grijalbo y Rabinowitch, Alexander, The Bolsheviks come to Power, The Revolution of 1917 in Petrograd, Chicago, Haymarket Books, 2004.
  7. Lih, L., Lenin Rediscovered: “What Is to Be Done?” in Context, Historical Materialism Book Series, Leiden, Brill, 2006. La revista Historical Materialism, V. 18, I. 3, 2010, repone el simposio sobre el libro.
  8. Lih, L., Russian History, Vol. 38, Nº 2, 2011.
  9. Lih, L., “‘All Power to the Soviets!’ Part 1: Biography of a slogan”, 2017. disponible en johnriddell.wordpress.com.
  10. Lih, L., “Kautsky, Lenin and the ‘april theses’”, el artículo de Kautsky es “Prospect of the Russian revolution”, Die Neue Zeit de marzo de 1917.
  11. Marot, John, “Lenin, bolchevism, and Social-Democratic Political Theory. The 1905 and 1917 soviets”, Historical Materialism 22, 2014, pp. 129- 141.
  12. Lih, L., “The lies we tell about Lenin”, disponible en jacobinmag.com.
  13. Lenin, op. cit., p. 47.

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