Sin salida del purgatorio

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INGRESO Y CONDICIONES DE TRABAJO

 

MÓNICA ARANCIBIA

Número 30, junio 2016.

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El libro Hora de balance, compilado por Javier Lindenboim y Agustín Salvia, permite una mirada a la evolución de las condiciones de trabajo, distribución del ingreso, y otras condiciones socioeconómicas durante los años kirchneristas.

El libro Hora de balance: proceso de acumulación, mercado de trabajo y bienestar. Argentina, 2002-2014 del economista Javier Lindenboim1 y el sociólogo Agustín Salvia2 (coordinadores), ofrece una mirada descarnada sobre los límites que encontró la recomposición de los salarios y condiciones de trabajo durante la supuesta “década ganada”.

El libro es el resultado de un trabajo realizado por investigadores de la Universidad de Buenos Aires que toma el período poscrisis del 2001 y analiza el mercado de trabajo y su composición, la precarización laboral, los niveles de ingreso, y desigualdad. Lo interesante es la comparación de estas variables con la década de los ‘90, un trabajo completo y riguroso sobre todo el período posconvertibilidad.

 

Problemas estructurales en Argentina

El trabajo inicia con una elaboración a cargo de Juan Graña, que a través de categorías marxistas pone de relieve condicionantes estructurales de la acumulación de capital en la Argentina que imponen un límite estrecho a las aspiraciones. Señala además algunas tendencias generales que el capitalismo a través de la competencia le impone a las empresas, y más específicamente a las que no logran sostener su competitividad. Se verifica un modelo cuya viabilidad depende de salarios bajos, endeudamiento externo, renta agraria y que se caracteriza por tener niveles de productividad por debajo de la media internacional.

El crecimiento iniciado hacia fines de 2002 fue importante por su magnitud y su capacidad de generar empleo, un crecimiento que estuvo basado en la devaluación que provocó un deterioro de los salarios, protección del mercado interno, caída de los costos y la competencia internacional. Estos procesos pusieron en funcionamiento a las empresas más rezagadas. La renta de la tierra, multiplicada por los precios internacionales en aumento, jugó un rol en la demanda necesaria para adquirir las mercancías que se estaban produciendo, una parte de esa renta se redistribuyó por parte del Estado nacional en función de retenciones, subsidios y transferencias.

A partir de 2008 la economía no siguió creciendo de la misma manera. Según Graña, la clave, nuevamente, se encuentra en que las condiciones estructurales de la economía argentina no se han modificado ni en uno ni en otro momento. La productividad promedio de la industria continúa creciendo por debajo de los estándares internacionales y su heterogeneidad interna se mantiene (p. 71).

La productividad emerge nuevamente como límite estructural. También, la renta de la tierra se volvió insuficiente por la desaceleración de los precios internacionales y la imposibilidad de continuar subiendo las retenciones, así el Estado no pudo seguir redistribuyendo de manera directa esa renta. Los limitantes estructurales comienzan a operar de manera directa.

 

La precarización laboral vigente

El empleo, la estructura de los ocupados y los niveles de precariedad son estudiados en varios capítulos del libro. En los resultados se verifica la recuperación del empleo luego de la crisis del 2001. Los ocupados crecieron en términos absolutos un 33 % entre 2003 y 2013, pero se distinguen dos etapas diferentes en el período, una de 2003-2006 y otra de 2007 a la actualidad. En los dos tramos la cantidad de ocupados aumenta con una dinámica diferente. En el primer período la cantidad de ocupados aumenta un 19 %, cuando en el segundo período el crecimiento cae un 10 %. Es decir que hay un relativo estancamiento en la evolución de la cantidad de ocupados en los últimos tres años.

Las condiciones laborales son analizadas por Jaccoud, Monteforte y Pacífico, quienes observan que al comienzo de la época de la posconvertibilidad más del 40 % de los asalariados tiene un trabajo sin aportes sociales (precario). Luego en el transcurso del período se reduce ese porcentaje pero sigue en niveles altos del 34 %. Los investigadores afirman que los puestos de trabajo no registrados para el total de la economía no han verificado un patrón de comportamiento diferente al de la década de los ‘90.

 

Trabajadores precarios con rostro femenino y juvenil

El universo de los trabajadores precarios incluye a dos sectores importantes, las mujeres y la juventud. Arakaki revela que la participación de las mujeres tanto en el empleo protegido como en el empleo precario ha aumentado durante el período 1995-2012. Según datos de la EPH, la media de la etapa estudiada fue del 34 % de mujeres con empleo protegido y 29,8 % con trabajo precario. Si se toma la fecha entre puntas, se observa que la participación de las mujeres en el universo de los protegidos en 1995 era inferior al del cuarto trimestre de 2012, mientras que las trabajadoras precarias eran en 1995 menos que el porcentaje alcanzado en el cuarto trimestre de 2012.

La juventud presenta porcentajes altos de precarización. A pesar de que descendieron levemente los porcentajes durante el período de octubre de 1995 al cuarto trimestre de 2012 los jóvenes con empleo precario de 18 a 24 años pasaron de 35,3 % a 29,4 %. Por su parte, el sector de 25 a 34 años con empleo precario aumentó de 26,2 % a 30,7 % en la misma fecha.

 

No basta estudiar para conseguir un buen empleo

La conocida frase “si uno estudia obtendrá un mejor trabajo” no se comprobó en las décadas pasadas. Los análisis verifican que aumentó el porcentaje de trabajadores de nivel educativo medio/alto dentro del universo de los trabajadores precarios. En base a datos de la EPH, los trabajadores precarios con ciclo universitario completo pasó en octubre de 1995 de 6,4 % a 8 % en el cuarto trimestre de 2012.

Los cambios estructurales y educativos sobre el acceso a un empleo de calidad son investigados por Salvia y Vera quienes concluyen que el nivel educativo no fue una condición suficiente ni necesaria para obtener un empleo de calidad. En la década de la convertibilidad el empleo se deterioró afectando al conjunto de los trabajadores independientemente de su nivel educativo.

Durante la década pasada se revirtió el proceso de destrucción de empleo pero el aumento de empleo de calidad no implicó un cambio en la distribución sectorial del capital educativo de los trabajadores. En resumen, los autores sostienen que “la calidad del empleo y el nivel educativo requerido han estado y continúan estando principalmente determinados por el tipo de demanda laboral que genera cada sector económico ocupacional” (p. 238). Y agregan que

más allá de las mejoras laborales alcanzadas durante la fase de posconvertibilidad (2004-2012), el aumento de la demanda de empleo y las medidas de protección laboral no parecen haber generado una mayor integración sectorial en materia de calidad de empleo y recursos humanos calificados (p. 238).

 

¿Y el salario real?

Otro tema controversial en la década pasada es la evolución del salario real, cuestión que estudian Jaccoud, Monteforte y Pacífico. La década de la convertibilidad dejó un saldo neto de caída del salario real que se agudiza con la crisis del 2001. El deterioro del salario real que se vio en 2001-2003 recién logró recuperarse en 2009. En ese año alcanzó los valores del 2000. El saldo de la década de la posconvertibilidad es que el salario real no logra aumentar lo suficiente para mejorar los valores máximos obtenidos en los ‘90, se ubica un 3 % por debajo del mejor nivel salarial de dicha década.

La devaluación del 2002 causó la reducción de las remuneraciones reales de la fuerza de trabajo. Luego en la etapa 2004-2012 los salarios se recuperaron y esta recomposición fue tolerada por los empresarios porque el aumento de la tasa de ganancia en los años previos había sido muy importante. Pero la mejora en los salarios no fue para todos los sectores igual. El sector formal aumentó sus salarios reales en comparación con el año 1992 y también en el sector público, sin embargo si se observa el año de la crisis del 2001 los sectores recuperaron lo perdido y en el caso particular del sector público no llegó a cubrir el salario deteriorado.

Para ver en detalle esta evolución, Salvia, Vera y Poy estimaron la remuneración horaria real por segmento del mercado de trabajo según sectores y categorías económico ocupacional del Gran Buenos Aires entre 1992 y 2012. Es el promedio en pesos a valores constantes del segundo trimestre de 2012. Se puede ver que para el caso del sector público en 1992 fue de 25,4; en 2001 de 38,3 y en 2012 de 34,3, esto muestra que no se logró recuperar lo que se perdió con la crisis del 2001.

 

Brecha salarial entre trabajadores precarios y protegidos

Otra variable relevante es el cálculo de la brecha salarial para ver el comportamiento relativo de los salarios que analiza Arakaki. La brecha se estima como la diferencia entre el salario de los precarios y los protegidos, dividida por el salario de estos últimos. Este indicador muestra cuánto menos cobra un trabajador precario con respecto a un trabajador protegido. Si el índice de brecha salarial es negativo entonces el salario recibido por los precarios es menor que el de los protegidos.

Si la brecha es positiva el salario precario es mayor al de los protegidos. La etapa estudiada abarca desde octubre de 1995 al tercer trimestre de 2012 donde la brecha fue negativa y calculan que los trabajadores precarios recibieron durante el período un salario 47 % inferior que el de los trabajadores protegidos.

En la década pasada la brecha salarial mejoró con respecto a la década de los ‘90 pero la dinámica de esa mejora no fue constante para toda la década, se identifican cuatro etapas. Con la devaluación de 2002 se deterioró el poder adquisitivo, luego el salario real de los precarios se recuperó rápidamente entre octubre de 2002 y el cuarto trimestre de 2004 mientras que el de los protegidos casi se mantuvo sin cambios, solo creció 1,1 % en el mismo período.

En una segunda etapa entre el cuarto trimestre de 2004 y el mismo trimestre de 2008, hubo dos movimientos distintos. Hasta el cuarto trimestre de 2006 el salario real se recuperó para los trabajadores precarios y para los protegidos pero en distintos porcentajes, 15,5 % para los precarios y 21,7 % para los protegidos.

Desde esta fecha hasta el final de 2008 el salario real de ambos grupos no creció. En la tercera etapa, desde el cuarto trimestre de 2008 hasta el mismo trimestre de 2011, la brecha salarial se mantuvo estable. En el último período, el salario real de los trabajadores registrados cayó 2,6 % y el de los precarios aumentó un 2 %.

A pesar de la evolución favorable observada a partir de 2004, los dos grupos solo han alcanzado niveles salariales similares a los de mediados de los noventa. Con respecto a la brecha salarial, en el cuarto trimestre de 2012 sigue siendo favorable para los protegidos. El salario real del trabajador precario es un 44,3 % menor que el de los protegidos. Si bien en términos históricos la brecha se redujo se mantienen los niveles altos.

 

A modo de conclusión

Los resultados de las investigaciones que corresponden al mercado laboral manifiestan que el nivel de empleo informal se encuentra en valores similares a la década de los ’90 porque no hubo cambio estructural y por su parte, el salario real que recibió un gran golpe con la crisis del 2001, con los años de crecimiento económico posteriores no logró crecer lo suficiente para superar los niveles más altos que tuvo en los ‘90. Entre las principales variables analizadas se registra una reversión desde los máximos alcanzados durante la crisis de la convertibilidad, pero con un piso más alto de deterioro.

Agustín Salvia, encargado de redactar las reflexiones finales del trabajo, sostiene que en Argentina está vigente un modelo de acumulación heterogéneo que es dependiente del mercado mundial, donde continúan los procesos de concentración, mientras siguen vigentes los mercados y las prácticas de subsistencia.

Para el autor no hubo un cambio sustantivo en el régimen de desarrollo durante el kirchnerismo, aunque reconoce las mejoras en materia de nivel de empleo, caída de pobreza y desempleo. Pero, afirma que el núcleo duro de desarticulación productiva, marginalidad económica y desigualdad social sigue inalterado.

El libro resulta interesante porque devela la persistencia de patrones regresivos en la distribución y deterioro de condiciones laborares y de remuneración, patrones que siguen vigentes porque se deben a condiciones estructuralmente dadas que el kirchnerismo sostuvo a pesar de afirmar que está haciendo lo contrario.

Ante este diagnóstico, en las reflexiones finales, Salvia señala que no alcanza únicamente con el crecimiento económico ni la extensión de políticas sociales sino que debería haber un proceso de integración económica que englobe a todos los sectores sociales donde haya productividad creciente, pleno uso de la fuerza de trabajo, mejores salarios, mayor inversión social y servicios públicos de calidad. Pero una aporía que se puede desprender de las conclusiones del libro, es que esto debería alcanzarse mediante un mayor desarrollo capitalista. Justamente el ciclo kirchnerista, que se desarrolló bajo condiciones inusitadamente favorables para la acumulación de capital en el país, expone por eso de manera tajante lo ilusorio de estas pretensiones.

El ciclo kirchnerista contó a su favor con una situación internacional favorable, con el interregno de la crisis del 2008-2009 hasta fines de 2013, cuando la Argentina, así como varios países “emergentes” padecieron problemas por la caída de los precios y la demanda de las materias primas. Estas condiciones generaron un escenario complejo y diferente a las condiciones que beneficiaron a la economía argentina hasta 2013.

En el marco de estas condiciones favorables, el techo relativamente bajo que encontró la reversión del deterioro de las condiciones de trabajo y regresividad distributiva durante la etapa de la posconvertibilidad se explica por el sencillo hecho de que en un mundo signado por las consecuencias de la restauración burguesa neoliberal, y en medio de una crisis iniciada en 2008 que sigue produciendo nuevos episodios, las pretensiones kirchneristas se dieron sobre la base de asegurar todos los derechos del capital trasnacional, como son los regímenes laborales flexibles y los estímulos impositivos para la radicación de inversiones, así como los tratados bilaterales que comprometen al Estado Nacional en la reproducción del capital global3.

Por otra parte, es evidente que un mayor desarrollo del capitalismo no logrará revertir las condiciones estructurales de Argentina, si observamos que no solo en el país se verifican estas tendencias; basta observar la regresión social que se profundiza en las economías imperialistas más desarrolladas así como en el resto del mundo.

La conclusión que se desprende del balance de estos años es que, sin cuestionar las reglas de juego de la economía capitalista semicolonial y terminar con el saqueo que impone el imperialismo, será utópico esperar un cambio estructural de Argentina.

 

  1. Javier Lindenboim es investigador del Conicet y profesor de la UBA, dirige el Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped) en esa universidad.
  2. Agustín Salvia es investigador del Conicet y está a cargo del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA).
  3. Esteban Mercatante, La economía Argentina en su laberinto. Lo que dejan doce años de kirchnerismo, Buenos Aires, Ediciones IPS-CEIP, 2015.
Kirchnerismo

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