Debates sobre emancipación y sexualidad en la URSS

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Número 20, junio 2015.

En conversación con el historiador Dan Healey, recorremos algunos de los aspectos del trabajo de investigación que realizó en la década de 1990 sobre los debates alrededor de la homosexualidad en la Unión Soviética (Homosexual Desire in Revolutionary Russia), uno de los primeros países en eliminarla de su código penal. Esta y otras discusiones fueron parte de los novedosos aportes que se dieron, no sin contradicciones, durante el proceso revolucionario inaugurado por la toma del poder en octubre de 1917.

 

ENTREVISTA A DAN HEALEY

IdZ: Teniendo en cuenta la comprensión general de la época sobre la sexualidad (determinada por su “función” reproductora de la vida), ¿por qué considera que los bolcheviques asumieron un punto de vista de vanguardia y despenalizaron la homosexualidad?

No existen declaraciones explícitas de Lenin, Trotsky, Kollontai u otros pensadores bolcheviques sobre el tema de la homosexualidad, entonces tenemos que basarnos en la información que existe sobre el periodo.

Hay que recordar que en los primeros tiempos del gobierno bolchevique no había una “comprensión general de la sexualidad”, una línea articulada sobre la sexualidad como recurso colectivo [1], o de autonomía personal y autoexpresión. La “línea” del partido sobre sexualidad cambió gradualmente desde 1917 hasta 1930, y estaba llena de contradicciones. Existían diferentes visiones sobre cómo debería desarrollarse la sexualidad bajo el socialismo, y surgieron muchos problemas inesperados cuando los socialistas tomaron las riendas de un gobierno por primera vez en la historia.

Según mi investigación, los bolcheviques se hubieran sorprendido de que la despenalización de la homosexualidad fuera considerada “de vanguardia” o radical. Las pistas que nos dan las “conversaciones” de Clara Zetkin con Lenin sugieren que lo hubiera considerado una demanda política originada más en círculos “bohemios” o “intelectuales” del movimiento socialista, y menos en los círculos obreros y de soldados. Algunos expertos nos recuerdan que en Alemania la campaña del movimiento por la despenalización de la homosexualidad era apoyada por los socialistas parlamentarios y de “cuello blanco” [2]. Hay que recordar también que las ideas sobre la vida de los homosexuales como ciudadanos no estaban desarrolladas en ninguna parte del mundo; las sociedades sofisticadas como Alemania y el movimiento socialista compartían esa falta de desarrollo.

Los bolcheviques y los socialistas revolucionarios (SR), la primera coalición del gobierno soviético (diciembre 1917–marzo 1918), eran una combinación heterodoxa de socialistas, con muchas diferencias sobre temas centrales. Los SR fueron los primeros en proponer la despenalización de la homosexualidad masculina [3]. Creo que los SR, que ocupaban el Comisariado de Justicia durante la coalición, pensaban que esto era una extensión lógica de su visión sobre el derecho penal en general: secularizarlo, eliminar la influencia de la Iglesia y distinguir claramente entre “moralidad” y “ley” como esferas separadas en un sistema político moderno. Entonces no veían que borrar la “sodomía” del derecho penal fuera algo “radical”, solo parte de su programa mínimo. Echar a la Iglesia del derecho era un paso lógico, incluso lo veían lógico eventualmente en cualquier Estado burgués (como Francia en la Revolución). Según ellos, era tiempo de que Rusia lo hiciera. Y los bolcheviques acordaban con esa idea cuando se dispusieron a revisar el borrador del Código Penal, una vez que los SR habían dejado la coalición.

 

IdZ: Mediante el trabajo de Wendy Z. Goldman sobre el Código de Familia, conocimos las ideas de algunos juristas sobre el carácter transicional de las leyes que discutían. ¿Es posible encontrar esa visión general en el Código Penal?

Sí, creo que podemos encontrar expectativas similares en los primeros años del régimen bolchevique. El gobierno se manejó sin ningún tipo de Código Penal hasta 1922. Desde octubre de 1917, había juicios simplificados y se suponía que quien cometía un crimen sería castigado. Se esperaba que la Policía y los jueces reconocieran y juzgaran a los criminales utilizando su “conciencia revolucionaria” más que a un código [que no existía, NR]. El Comisariado de Justicia siguió trabajando en un borrador de código penal, pero los bolcheviques pensaban que la creación de leyes era menos prioritaria que ganar la Guerra Civil. Algunos teóricos del derecho del movimiento socialista, incluyendo bolcheviques, eran lo que se conocía como “nihilistas legales”. Creían que así como el Estado desaparecería en la transición al comunismo, lo mismo sucedería con el derecho. Las leyes no serían necesarias en una comunidad comunista autorregulada. A veces se pensaba que la situación durante la era de la Guerra Civil –incluyendo la “conciencia revolucionaria” para definir temas legales– era una evidencia de que no sería necesario el derecho en una sociedad comunista. Los códigos de Familia de los primeros años del gobierno bolchevique estaban influenciados por ese “nihilismo legal” y el sueño de una sociedad sin necesidad de derecho formal.

Lenin se alejó de esta visión en 1921, al anunciar la NEP (Nueva Política Económica) en un escenario donde la emergencia de la Guerra Civil retrocedía. Para implementar la NEP se hacía necesario un marco legal y el intervalo 1921-22 vio un periodo de creación de leyes, incluyendo el primer Código Penal Soviético en junio de 1922. Aún con este cambio, muchos teóricos legales todavía discutían la perspectiva de una eventual desaparición del derecho durante los años 1920. El partido no interviene para cerrar la discusión sobre la desaparición gradual del Estado. Aunque lógicamente, habiendo luchado tan duramente por conquistar el primer Estado socialista de la historia, no se disolvería por una previsión que solo comprendían unos pocos. Luego, bajo Stalin, los enfoques de la amenaza de la intensificación de la lucha de clases y la victoria del socialismo eran utilizados para justificar el fortalecimiento de las leyes, no su desaparición. Los partidarios del “nihilismo legal” cambiaban sus declaraciones o eran expulsados de los institutos de derecho, universidades y juzgados.

 

IdZ: Usted plantea que, aunque las relaciones entre personas del mismo sexo no eran un tema central, la eliminación de la homosexualidad del Código no fue accidental…

Mi libro plantea que la despenalización no fue accidental sino deliberada. Los documentos muestran un intento claro de eliminar la homosexualidad masculina del código. No conocemos el motivo, como dije, tenemos que inferir por qué sucedió. Mencioné algunos motivos anteriormente, principalmente, para secularizar el derecho penal. El partido no hablaba de los “derechos homosexuales”, la existencia y el estatus del ciudadano homosexual (…).

 

IdZ: En su trabajo hay un comentario citado de un jurista sobre el tema donde plantea que, “…cometer un acto de sodomía con adultos no infringe ningún derecho, que [los adultos] eran libres de expresar sus sentimientos sexuales de cualquier forma y que la intromisión del derecho en esas áreas es un vestigio de la Iglesia y la ideología del pecado”.

La frase es de un experto legal que escribe sobre el derecho relacionado con crímenes sexuales en 1927. Estaba intentando explicar por qué la sodomía no estaba en el Código, y podemos tomar esta explicación como un razonamiento típico de los juristas liberales y socialistas, y probablemente una parte significativa de la intelligentsia de los años 1920.

Sabemos que algunos homosexuales pensaban que la ley había cambiado por la “revolución sexual” y que ellos eran “hijastros de la naturaleza”, esto es, que la homosexualidad estaba biológicamente determinada. Por lo tanto, no debían ser culpados. Aparentemente, algunos médicos soviéticos también pensaban esto en los años 1920 y comienzos de la década de 1930. Eran los argumentos del socialista Magnus Hirschfeld, que fundó la campaña para despenalizar la homosexualidad en Alemania. Hirschfeld era ampliamente respetado en la URSS en los años 1920 como un reformador socialista de la sexualidad. El comisario del pueblo para la Salud, Nikolai Semashko, visitó a Hirschfeld en 1923 e incluso vio una película muda sobre la emancipación homosexual (Anders als die Andern, 1919). Se supone que Semashko estaba muy impresionado con la película e hizo alarde de que en la nueva Rusia, las leyes contra la homosexualidad se habían eliminado y “no había consecuencias lamentables” (…).

 

IdZ: En su trabajo, menciona la importancia de la pelea con la Iglesia. Esto me recuerda el rol [reaccionario] que jugó esta institución en los debates sobre el Código de Familia. ¿Sucede algo similar con respecto a la sexualidad?

Durante la investigación no tuve tiempo de examinar la reacción de la Iglesia a la despenalización de la homosexualidad; no encontré muchas fuentes sobre esto pero creo que mediante una buena búsqueda no sería difícil encontrar sermones o reacciones de la Iglesia durante los años 1920 al menos.

Las relaciones entre personas del mismo sexo sí eran parte de la batalla entre la Iglesia y los bolcheviques. De 1919 en adelante, los bolcheviques organizaron causas y juicios ejemplares contra curas, obispos y monjes que explotaban sexualmente a novicios y sirvientes [empleados de conventos e iglesias, NR]. Estos casos eran publicitados por la prensa soviética antirreligiosa. El mensaje de los bolcheviques era que la religión corrompía a la gente que alcanzaba, y que tenía el poder de “transformar” la heterosexualidad “natural” en “homosexualidad indecente”. Esto es una muestra de que no había un enfoque unificado sobre las relaciones homosexuales. Para el proletariado estaba permitido, posiblemente incluso como una forma de emancipación, pero para los enemigos de clase podía ser usado como una marca de impureza, de actitudes antisoviéticas, y como algo que corrompía a los jóvenes. Lo que quiero decir es que el Partido Comunista no tenía una línea única y coherente sobre la homosexualidad, sino que trataba todas las instancias mediante su análisis político y de clase.

Algunos de sus logros fueron pioneros en todo el mundo. Pero la sociedad rusa no siempre estuvo “preparada” para estas medidas emancipatorias y, algunas de ellas, como el ambicioso código de familia investigado por Wendy Goldman, más tarde se revirtieron. No quiero terminar con un tono pesimista, solo subrayar que, como con otros temas, el enfoque de los bolcheviques hacia los temas de género y sexualidad tenía aspectos positivos y negativos, era una visión contradictoria.

 

Entrevista y traducción: Celeste Murillo.

 

***

CONVERSACIÓN CON DAN HEALEY

 

CELESTE MURILLO

Comité de redacción.

 

En el intercambio con Dan Healey, surgieron puntos de debate, aunque no todos quedaron plasmados en la entrevista. Por ese motivo, queríamos subrayar algunas cuestiones relacionadas con la temática sobre la que ha trabajado Healey de forma exhaustiva y profunda, pero también sobre el marco general de la política bolchevique en los primeros años luego de la revolución de octubre de 1917 y la posterior reversión que presentó el estalinismo.

En primer lugar, cabe señalar que la investigación de Healey es una de las pocas, en su campo, realizadas con un punto de vista “desde la revolución”. Esto a pesar de que, según nos contó durante la conversación, hoy ha cambiado su punto de vista sobre algunas cuestiones. Creemos, sin embargo, que sus diferencias o críticas actuales no restan la importancia al enorme trabajo de investigación realizado.

Healey reconoce las políticas relativas a temas de género y sexualidad como progresivas, en los primeros años luego de la toma del poder, y la reversión del estalinismo. Sin embargo, está ausente en su planteo la compleja situación que enfrentó la URSS, las consecuencias y contradicciones que significó para el partido bolchevique. Y al estar ausentes las tendencias en pugna y las fuertes luchas políticas, abona la (falsa) idea de una consecución natural e “inevitable” de los hechos.

En ese marco, quedan opacados los esfuerzos del bolchevismo, y más tarde del trotskismo, por penetrar en lo más profundo de la vida de las masas, especialmente sus sectores más golpeados por el viejo régimen zarista, las mujeres y la juventud, para desterrar a la Iglesia de la vida cotidiana y desnaturalizar instituciones como la familia, glorificadas, en cambio, por el estalinismo.

En ese sentido, compartimos la conclusión a la que llega la historiadora Wendy Goldman [4], en base a su amplia investigación sobre las políticas soviéticas relacionadas con la liberación de la mujer, que muestra (sin soslayar contradicciones) el punto de vista emancipatorio del bolchevismo:

 

Desde una perspectiva comparativa, el Código de 1918 se adelantaba notablemente a su época. No se ha promulgado ninguna legislación similar con respecto a la igualdad de género, el divorcio, la legitimidad y la propiedad ni en América ni en Europa. Sin embargo, a pesar de las innovaciones radicales del Código, los juristas señalaron rápidamente “que esta legislación no es socialista, sino legislación para la era transicional” [5].

 

Healey señala que existían contradicciones en la visión sobre las relaciones entre personas del mismo sexo. Por supuesto. También la visión sobre la liberación de las mujeres, incluso la de sus pensadoras más audaces como Alexandra Kollontai, estaba plagada de contradicciones: la maternidad seguía siendo algo incuestionable, sin embargo, no impidió que el bolchevismo viera que la emancipación de las mujeres era un aspecto central de la revolución, y no un tema ad hoc.

Aunque no abordaremos en este breve comentario el escenario que enfrentaba la Rusia soviética cuando se discute la NEP, podemos decir que es difícil resumirlo en la idea de que Lenin habría sido una contratendencia a la idea “nihilista” entre los juristas (leyes que desaparecen para un Estado que tiende a desaparecer) porque la NEP “necesitaba un marco legal”. La realidad era mucho más complicada. Como señala al respecto Andrea D’Atri en el prólogo a la edición en castellano de La mujer, el Estado y la revolución:

 

Para 1921, la economía del joven estado soviético estaba devastada. “No somos lo suficientemente civilizados para el socialismo”, había señalado Lenin, refiriéndose al atraso industrial, la baja población urbana y la preponderancia del campo en la economía del estado. Entonces propone impulsar la Nueva Política Económica (NEP), bajo la cual se restauraba la propiedad privada de la producción en algunos sectores agrícolas y se liberaban las restricciones comerciales con el extranjero: por medio de la introducción controlada de ciertos mecanismos del mercado, se buscaba revitalizar la economía que se encontraba en ruinas. Entretanto, el gobierno alemán reprimía brutalmente el levantamiento de los obreros encabezado por el Partido Comunista, debilitando las fuerzas revolucionarias en Europa y aumentando el aislamiento de la Rusia soviética (…) también hay que señalar que emergió una nueva e incipiente clase media, que aprovechó la ocasión en beneficio propio. En 1922, la cosecha alcanzó las tres cuartas partes de la producción normal anterior a la guerra; pero mientras los nepistas aumentaban su poder social y económico, la clase obrera industrial –principal protagonista de la revolución victoriosa– se veía diezmada: su vanguardia, politizada y valerosa, había sucumbido en la guerra civil, otros tantos habían asumido responsabilidades como funcionarios del naciente estado soviético, asimilándose al ambiente burocrático; miles de proletarios abandonaron las ciudades –durante las hambrunas- y regresaron al campo de donde eran originarios. La industria no tenía el mismo ritmo de recuperación que el campo: la industria pesada estaba paralizada y los niveles de producción de la industria ligera eran apenas un cuarto de los alcanzados en la preguerra [6].

 

La ausencia de estos factores nacionales e internacionales hace muy difícil comprender cómo se llega a la reacción estalinista. Healey menciona, con más peso en su libro de 1994, la diferencia entre los primeros años y el estalinismo, pero en nuestro intercambio sobre la relación entre el estalinismo y la “herencia” de la revolución surge nuestra principal diferencia: no hay una identidad entre bolchevismo y estalinismo. Nuestra visión es opuesta: “No hay una continuidad entre los primeros decretos alborozados del naciente estado obrero de 1917 –cuando las leyes también se imaginaban tan transitorias y episódicas como el Estado mismo, como toda la sociedad revolucionada– y estas prescripciones solemnes del orden estatuido por la burocracia (…) fueron necesarios muchas deportaciones, campos de trabajo forzoso, miles de torturados y presos, miles de asesinados. A la revolución, fue necesario oponerle una contrarrevolución…” [7].

 

Para las mujeres, el estalinismo significó un retroceso absoluto, y lo que es peor, se hizo en nombre del socialismo: se limitó el desarrollo de la socialización de los servicios tales como guarderías, lavaderos y comedores. También se restableció el culto a la familia, la normalización de las relaciones sociales, el disciplinamiento de la juventud, para mencionar solo algunas medidas. En ese sentido, Goldman señala: “La reversión ideológica de la década de 1930 fue esencialmente política, no de naturaleza económica ni material, y llevaba la impronta de la política stalinista en otras áreas. La ley de 1936 tenía sus raíces en las críticas populares y oficiales de la década de 1920, pero sus medios y sus fines constituían un marcado quiebre con las primeras corrientes del pensamiento, de hecho con una tradición de siglos de ideas y prácticas revolucionarias” [8]. Estos y otros elementos son esenciales para abordar el proceso de la Revolución rusa, los debates a su interior, su legado y conclusiones.



[1] Se refiere a que la sexualidad se veía limitada a su función reproductiva. Cabe señalar que esa visión era extendida en el marxismo, y no solamente, sino que era parte del “sentido común” de casi todas las corrientes políticas y pensamiento de la época. Una de las excepciones destacables entre los socialistas podría ser el de Edward Carpenter, miembro fundador de la Sociedad Fabiana y el Labour Party, que abogaba por las virtudes del sexo no reproductivo y la aceptación cultural y legal de la homosexualidad como parte de de emancipación socialista. Ver Tristam Hunt, El gentleman comunista. La vida revolucionaria de Friedrich Engels, Barcelona, Anagrama, 2011. [NR]

[2] Ver Hekma, Gert, Harry Oosterhuis y James Steakley, eds., Gay Men and the Sexual History of the Political Left, Binghampton, NY, Harrington Park Press, 1995.

[3] La homosexualidad femenina casi no estaba contemplada. Ni siquiera se hablaba de sexualidad entre mujeres, sino de “amor” entre mujeres [NR].

[4] Para conocer mejor la visión de Wendy Goldman, ver “Mujer y revolución”, Ideas de Izquierda 5, noviembre 2013 .

[5] Wendy Z. Goldman, La mujer, el Estado y la revolución, Buenos Aires, Ediciones IPS, 2010.

[6] Prólogo a Goldman, “La mujer…”, ob. cit.

[7] Ídem.

[8] Wendy Goldman, “La mujer…”, ob. cit.

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