Reseña de LA ECONOMÍA ARGENTINA EN SU LABERINTO

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DE ESTEBAN MERCATANTE (BS. AS., IPS-CEIP, 2015).

 

JORGE OSVALDO MORINA

Docente-investigador de la UNLu y de la FCE-UBA.

 

En primer lugar, como se anticipa en el título, estamos ante un análisis crítico de la economía política durante los tres períodos de gobierno encabezados por Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández de Kirchner (2007-2011-2015). Es decir, los doce años que siguieron a la megadevaluación aplicada para hacer operativa la violenta salida del Plan de Convertibilidad, cuando el marasmo político, social y económico se expresó a través de extremos inéditos de pobreza, indigencia, miseria y hambre.

Ya en el Capítulo 1, “La `caja negra´ del crecimiento posconvertibilidad”, se presenta un estudio minucioso de la evolución de la rentabilidad del capital que, desde 2002, revierte la tendencia decreciente que mostró durante la recesión iniciada en 1998. Como contrapartida, los salarios reales y más aún los costos salariales registran fuertes caídas. Si tomamos solo el sector industrial los salarios caen un 19 % y los costos salariales un 36 % en 2002. El excedente captado por los empresarios industriales creció un 60 % en 2002 y “apenas” 9 % en 2003.

Con argumentos bien fundados el autor explica que la recuperación de la economía estuvo asentada sobre pilares como la gran devaluación que redujo los costos salariales y la utilización de parte de la capacidad ociosa instalada. Así, en el contexto de una gigantesca “desposesión” el empleo privado se dinamiza entre 2003 y 2008. Crece la ocupación, pero más crecen las horas trabajadas y la duración media de la jornada laboral, aumentando la fracción del trabajo que no es remunerado por los capitalistas. Cabe señalar que la centralidad que se asigna en la obra al incremento de la rentabilidad no subestima el cambio en las condiciones del comercio exterior, por la demanda sostenida y el ciclo alcista de los commodities que componen el grueso de la canasta exportadora del país. Se reconocen también las políticas públicas de estímulo a la demanda agregada.

En suma, el Estado ha cumplido sus funciones como actor clave en la regeneración de las condiciones de acumulación, en el marco de una acentuada concentración, centralización y extranjerización del capital.

Es bueno destacar el análisis sobre el llamado “desendeudamiento” que fue pregonado como soberano por los gobiernos del período. Partiendo de estudios confiables, con datos muy concretos sobre la deuda externa desde la última dictadura hasta el final de la convertibilidad, se presenta la evolución de la deuda pública como porcentaje del PBI hasta 2014. Tomando los datos oficiales y las reiteradas declaraciones de la primera magistrada en actos públicos, los argentinos pagamos U$S 190.000 millones en concepto de capital e intereses entre 2005 y 2013, distribuidos entre el sector privado (extranjero y nacional), el sector público nacional y los organismos internacionales de crédito. Pese a los enormes pagos, se señala que la deuda pública, que luego del canje de 2005 estaba en U$S 126.000 millones, llegó a U$S 221.748 millones en diciembre de 2014. Además, en 2013 y 2014, la deuda aumentó como porcentaje del PBI, incluyendo la parte en dólares.

Aunque el discurso gubernamental ha sostenido que el “desendeudamiento” habilita márgenes para políticas económicas con menores condicionamientos externos, lo relevante es identificar la orientación de esas políticas. En ese sentido, Mercatante logra demostrar objetivamente que la dependencia no se redujo y siguió siendo incontestable. Así, mientras la “división imperialista del trabajo” permitió acumular un superávit comercial de U$S 184.000 millones entre 2002 y 2014, la mayor parte de los recursos captados por el Estado se destinaron a pagar deuda externa. No se deja de lado que más del 80 % de las ventas al exterior se explican por unas pocas firmas del sector cerealero y oleaginoso, del sector automotriz (con balanza comercial específica negativa), del complejo petrolero (sobre todo PAE), siderúrgico (Siderca), minero (Minera Argentina Gold) y del aluminio (Aluar). Cabe consignar que en los primeros años de los doce analizados, las exportaciones de petróleo y gas prosiguieron con suficiente intensidad como para “alcanzar” el varias veces anunciado y entonces oficialmente ninguneado desabastecimiento energético. Como se verifica en el libro, el citado superávit no reorientó recursos para transformar la estructura productiva, no estuvo disponible para afrontar los problemas derivados del cambio de tendencia internacional y menos aún para cubrir el desbalance hidrocarburífero.

Con un arsenal metodológico que aplica distintas técnicas cuantitativas, contextualizadas en una sólida base teórico-conceptual, quedan al descubierto los fuertes procesos de extranjerización y concentración del capital, la pasiva adaptación de una burguesía argentina que defiende la integración subordinada al sistema económico mundial, cómoda en la senda semicolonial y dependiente. Senda que transitan al abrigo de suculentos subsidios estatales que también premian al capital extranjero.

La tergiversación, falacia y ocultamiento de datos de interés público, la escasa o nula reducción del empleo no registrado, la consolidación de la precarización y superexplotación de la fuerza de trabajo, la proporción de pobres que no bajó de los promedios de los años noventa y viene creciendo desde 2011, componen una realidad que no se condice con rótulos que reiteradamente han adjetivado al “modelo” como nacional y popular.

La evolución de la inversión en infraestructuras como porcentaje del PBI, los comportamientos en materia de exploración, extracción e importación de hidrocarburos, las balanzas negativas de las distintas ramas de actividad industrial, entre otros, son aspectos que, junto a los indicadores sociales más representativos, permiten concluir que pese a la enorme masa de recursos excedentes que manejó el Estado nacional, asistimos a cambios mínimos en cuanto al atraso relativo.

Una de las temáticas claramente reflejada por el autor es la del extractivismo exportador que caracterizó el período estudiado. Dentro de ese extractivismo destaco la profundidad con que se ha investigado el comportamiento del agronegocio, con una detallada caracterización de los actores intervinientes, incluyendo a los grandes propietarios de tierras, los pools de siembra, las sociedades agropecuarias, los contratistas, el Estado, los llamados “jugadores globales del agropower”. Más aún, aquí el lector puede entender el papel central de la renta diferencial, su generación y apropiación en el concierto de las articulaciones entre actores. Un mérito adicional es la seriedad con que se sintetizan las tan previsibles como lamentables consecuencias de la expansión sojera: experimento sanitario masivo a raíz del gran volumen de agrotóxicos aplicados; sustitución de otros cultivos, incluyendo producciones hortícolas y frutícolas; cierre de tambos; corrimiento y retracción de la ganadería vacuna para carne y expansión de los feedlots; deforestación masiva y expulsión de campesinos y pueblos originarios, violencia institucional mediante. En suma, un ataque combinado a la soberanía y seguridad alimentarias, a la biodiversidad y a la más mínima sustentabilidad ambiental.

Para finalizar, considero que este libro constituye un aporte valioso, de lectura necesaria en ámbitos académicos, para docentes, investigadores y estudiantes. Es también una herramienta para la acción política y gremial en el marco de las luchas de clase que se agudizarán con los planes de ajuste estructural de cuño ultraliberal que se preparan para ser implementados de manera inminente.

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