Reseña EL PROFETA MUDO

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de Joseph Roth, Barcelona, Acantilado, 2012.

DEMIAN PAREDES

N.2, agosto 2013

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¿Una “novela perdida sobre Trotsky”?

La editorial española Acantilado, que ya ha editado una quincena de títulos del autor, acaba de publicar El profeta mudo, de Joseph Roth. Presentada como una “novela sobre Trotsky”, que se creía perdida desde hace varias décadas, se suma ahora a otras obras de similar temática publicadas recientemente: a la reconocida El hombre que amaba a los perros, del cubano Leonardo Padura, y a Laguna, de la norteamericana Barbara Kingsolver.

La historia, como buena parte de la obra literaria y periodística de Roth, se centra en los albores de la Primera Guerra Mundial; pasará por el triunfo de la Revolución Rusa de 1917; y seguirá su derrotero de aislamiento internacional y burocratización. Escrita tras la experiencia de haber sido corresponsal en Rusia durante varios meses para la Frankfurter Zeitung desde mediados de 1926, Roth sitúa el comienzo de su novela en una habitación de un hotel de Moscú, en momentos donde se libran en la URSS y en la Internacional Comunista (ambas en pleno proceso de burocratización) duras batallas políticas entre el estalinismo y el trotskismo, al finalizar ese año 26. Allí, una persona –el narrador– recuerda, ante dos oyentes (“los únicos que, no teniendo cargos oficiales, tampoco temieron escuchar la verdad”), la experiencia de Friedrich Kargan, protagonista de la historia.

Nacido en Odesa, Friedrich, adolescente, comienza a interesarse y a contactarse con gente para sumarse a “la causa”: se hace revolucionario en el mismo momento que, en Europa, existía una exaltada “juventud [que] aún no soñaba que muy pronto sería diezmada por una guerra mundial” (en gran parte de la obra de Roth, la Primera Guerra Mundial es un parteaguas fundamental en la historia y en las historias de sus personajes). El protagonista terminará, como la mayoría de los revolucionarios, desterrado. En Siberia, con sus inhóspitas extensiones (donde “la misma libertad es una cárcel”), se escuchará la primera “profecía”. Ante las grandes convulsiones que provoca la guerra, los “profetas” exiliados retornarán (y verán “el entusiasmo belicista del país” que, sin embargo, “eran, como se vería más tarde, los últimos momentos brillantes del zar”).

La revolución triunfa, lo que impulsa nuevos anuncios, “profecías”, acerca de las luchas en el mundo, en medio de las catástrofes, del lodo y sangre de la guerra. Y en la nueva Rusia, la revolución se encontrará con nuevos problemas: retorna el viejo “funcionariado” del régimen burgués-zarista que había sido poco antes desplazado del Estado, al mismo tiempo que una joven generación se mostrará escéptica con las “profecías” que auguran próximas revoluciones triunfantes… Fiel a la revolución, titubeando ante un amor perdido, Friedrich renunciará a las comodidades de una revolución burocratizada, lo que decidirá su suerte.

Ahora bien: hasta acá la historia; ¿pero estamos (o no) ante una “novela sobre Trotsky”? Si bien no hay ningún personaje que encarne más o menos fielmente a Trotsky es evidente que la historia que se cuenta es la que efectivamente ocurrió: es el gran drama histórico que opuso, tras la muerte de Lenin, a Trotsky contra Stalin por los destinos de una revolución que el mismo Roth vio y contó, admiró en muchas cosas y (finalmente) definió como “aburguesada” (podría pensarse incluso que esta “ausencia” de Trotsky en la novela tenga que ver con cierto escepticismo del autor: por ejemplo, el personaje de Friedrich es “fiel a la causa sin creer en ella”; otro personaje es más bien anarquista; y otro, oportunista; no hay ninguno que haya sido consecuentemente revolucionario en la lucha contra la burocratización, como lo hizo Trotsky, enfrentando lo que Roth plantea casi como una “ley histórica” acerca de que “los revolucionarios se volvían siempre a la derecha cuando empezaban a ejercer una actividad pública”). Por otra parte, y lamentablemente, no hay información en la –breve– nota del editor acerca de si el nombre de la novela –que remite, sin ninguna duda, al de la famosa trilogía biográfica de Trotsky escrita y publicada posteriormente, durante las décadas de 1950 y 60, por Isaac Deutscher– fue puesto por el mismo Roth…

Nacido en Galitzia –actual Ucrania– en 1894, y fallecido en Francia en 1939, Joseph Roth era de origen judío (su esposa murió en los campos de concentración nazis); participó de la Primera Guerra Mundial, se hizo comunista “cuando mataron a Rosa Luxemburgo” (como recordó recientemente, en un artículo, el escritor Juan Forn) y luego giró hacia un conservadurismo añorante de los “buenos viejos tiempos” del Imperio austro-húngaro (ésos que retrató magníficamente –en su hundimiento– en La marcha Radetzky). Su escritura, incisiva, inventiva, hecha –podría decirse– de una impresionante síntesis del “naturalismo” y el “realismo” del siglo XIX (relata por ejemplo, en todos sus detalles, la situación y rol social de las mujeres, antes, durante y después de la guerra; al mismo tiempo que sus “personajes ficcionales” se debaten en medio de verdaderos acontecimientos históricos), junto a un tono ágil y hasta divertido (los personajes de Roth, sean de la condición que sean, poseen una profunda carga de humanidad), es sumamente prolífica. Ahí están para demostrarlo tanto las publicaciones de trabajos inéditos como las reediciones de sus decenas de novelas, relatos y crónicas periodísticas: Viaje a Rusia, Crónicas berlinesas, El juicio de la historia, La cripta de los capuchinos, Job, La leyenda del santo bebedor, además de un gran volumen de Cartas (1911-1939), entre (muchas) otras.

El autor de Hotel Savoy observó y dio cuenta de los grandes cambios y convulsiones en Europa –por ejemplo, Hans Magnus Enzensberger menciona en su Hammerstein o el tesón las novelas y reportajes de Roth como claros testigos de lo que fue la fracasada República de Weimar–, ofreciendo frescas y sorprendentes crónicas junto a retratos personales y psicológicos de variadísimos matices. Hablamos, por supuesto, de uno de los más importantes escritores centroeuropeos de la primera mitad del siglo XX.

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