Reseña de ¡VIVA LA SANGRE!

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de Ceferino Reato

EDUARDO CASTILLA

Número 5, noviembre 2013.

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El debate sobre los ‘70, y la violencia política, sigue sumando publicaciones. Entre los intentos de relectura del pasado se encuentra el del periodista Ceferino Reato. Su más reciente libro se titula ¡Viva la sangre! y, junto a otros publicados anteriormente, pretende presentar a la guerrilla como corresponsable del crecimiento de la violencia política que culminó en el golpe genocida.

¡Viva la sangre! pone el centro de su análisis en Córdoba. La violencia ejercida por el aparato estatal y el Comando Libertadores de América; la presencia de los principales dirigentes de Montoneros y el ERP junto a acciones guerrilleras espectaculares conforman el marco que hace de Córdoba la “capital de la revolución argentina”.

“La expresión ¡Viva la sangre! busca reflejar esa glorificación de la violencia como medio para lograr fines políticos, que sedujo a tantos en la Argentina de los setenta”, dirá el autor. Esta definición estructura el libro. Cada capítulo ejemplifica esa “glorificación de la violencia”.

En el análisis ocupa un lugar marginal la acción del movimiento de masas y la existencia de una amplia vanguardia obrera antiburocrática. La atención está centrada, capítulo tras capítulo, en las acciones de las organizaciones guerrilleras, en los vaivenes que sufren dirigentes y militantes frente a la represión estatal, y en la relación entre Montoneros y Perón. La historia del período es reducida, esencialmente, a la de las organizaciones armadas y su choque con los aparatos represivos.

 

Córdoba, capital de la revolución (montonera)

Reato escribe “Una de las hipótesis de este libro es que luego del retorno del peronismo al gobierno, en 1973, Córdoba se convirtió en el centro estratégico del tablero político nacional (…) donde, por ejemplo, se definió la crucial disputa entre el general Perón y los Montoneros por la conducción del peronismo” (p. 25). Esta definición sintetiza su perspectiva para analizar el período, donde invisibiliza el proceso de masas de los ‘70 en el que la insurgencia obrera ocupó un lugar central, combinando levantamientos locales (como el Cordobazo) con el desarrollo de fuertes corrientes obreras antiburocráticas y clasistas. Amplios sectores de la clase trabajadora enfrentaban crecientemente a las conducciones sindicales burocráticas, al empresariado y al gobierno peronista, en una perspectiva que podía amenazar la dominación capitalista en Argentina. Pero de las más de 400 páginas de ¡Viva la sangre!, el Cordobazo, el clasismo y el sindicalismo antiburocrático ocupan menos de 30. En la descripción de esa enorme semiinsurrección de masas de Mayo del ‘69 están ausentes importantes elementos. En ese marco, Reato adhiere a la “teoría de la organización” del Cordobazo, que afirma que la acción fue dirigida por las organizaciones sindicales, negando de cuajo la actividad espontánea de las masas. Esa idea –difundida por sectores afines a la burocracia sindical como el abogado Garzón Maceda, entrevistado por Reato– busca represtigiar el rol de las organizaciones sindicales, falseando la dinámica real de los acontecimientos1.

En esta relectura del pasado, Reato presenta a Elpidio Torres como el dirigente “más decidido” en el Cordobazo. Pero, como lo muestran investigaciones más serias (como El Cordobazo de James Brennan), la conducción sindical fue superada por la acción de masas, quedando completamente desorientada. Reato sólo menciona al pasar la llamada “guerrilla fabril”, definición que amalgamó el accionar de la guerrilla con el desarrollo de la lucha obrera al interior de los establecimientos industriales. La “guerrilla fabril” enfrentaba el aumento en los ritmos de explotación e, incluso, desarrolló tendencias al control obrero de la producción. El autor solo consigna que la represión estatal “fue brutal y no distinguió entre acciones armadas y actividades sindicales” (p. 200). Pero en las grandes concentraciones obreras radicaba la fuerza social que estaba poniendo en cuestión el poder capitalista. De ahí la brutalidad de la represión. A tono con esta lógica, el análisis del Navarrazo se centra en las peleas al interior del peronismo. Obregón Cano es presentado como el “desafiante cordobés”,  estrechamente ligado a Montoneros y posible sucesor a la muerte de Perón (p.347). Esta explicación reduce el peso de la vanguardia obrera opositora a la burocracia sindical peronista. Luego del golpe policial, la represión se abatió abiertamente contra sindicatos combativos como SMATA y Luz y Fuerza.

Reato solo dedica unas pocas líneas a las movilizaciones de junio y julio del ‘75 contra el Plan Rodrigo.

Esas jornadas se iniciaron en Córdoba y paralizaron al país a lo largo de un mes. Lógicamente, el autor omite cualquier mención a la Mesa de Gremios en Lucha que, desde la clandestinidad, dirigió masivas movilizaciones, en oposición abierta a la CGT oficial. Estos ejemplos ponen en evidencia lo recortado del análisis de Reato. La reducción de los ‘70 a la violencia entre organizaciones guerrilleras y fuerzas represivas no es un error de enfoque. Semejante relectura del pasado tiene una función política de actualidad.

 

Los “usos” de los ‘70

El kirchnerismo se vio obligado, producto de la enorme convulsión socio-política de 2001, a impulsar los juicios a los represores mientras se apropiaba del discurso contra el golpe genocida. Así aportó a la construcción de un relato sobre los ‘70 que ponía en cuestión la Teoría de los dos demonios2, hegemónica desde el retorno de la democracia. ¡Viva la sangre! y otras publicaciones recientes3 buscan instalar la idea de que el golpe fue la resultante de un clima de violencia construido por la guerrilla y las fuerzas armadas y aceptado por toda la sociedad. Si todos fueron responsables, todos deben ser juzgados por igual, sean militantes guerrilleros o genocidas. Desde esta perspectiva, Reato denuncia al kirchnerismo por inventar víctimas del terrorismo estatal, al contar a quienes murieron combatiendo. Esto implica gastar “mucho dinero público” (p. 169) en indemnizaciones a los familiares de estas “falsas víctimas”. De conjunto, la relectura de Reato intenta empujar a derecha el debate sobre los ‘70. Busca construir un nuevo relato sobre el genocidio que desligue el mismo de su razón fundamental: la liquidación de una generación obrera y juvenil que amenazaba trastocar el dominio capitalista en Argentina.

 

Blog del autor: apuntesdefrontera.blogspot.com.ar.

 

1. Hemos hecho una crítica a esta idea en “Cordobazo y revolución”, apuntesdefrontera.blogspot.com.ar.

2. Ver Christian Castillo, “Elementos para un ‘cuarto relato’ sobre el proceso revolucionario de los ‘70 y la dictadura militar”, Lucha de Clases 4, Noviembre, 2004.

3. Entre otros se pueden mencionar Un testamento de los años ‘70 de Héctor Leis o la reedición de Política y/o violencia de Pilar Calveiro.

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