Reseña de VACA MUERTA. EL SUEÑO DE UN BOOM PETROLERO ARGENTINO

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De Alejandro Bercovich y Alejandro Rebossio (Bs. As., Planeta, 2015).

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ESTEBAN MERCATANTE

Comité de redacción.

Número 20, junio 2015.

 

Cuando en 2011 la Administración de Información sobre Energía (EIA) de Estados Unidos estimó que Argentina era el tercer país con más recursos de gas y petróleo no convencional en el mundo, se desató el inicio de una nueva aventura petrolera Argentina. La recompra del 51 % de YPF S.A. por parte del Estado, expropiando la tenencia accionaria de Repsol, el convenio con Chevron firmado en 2013 y la nueva ley de Hidrocarburos reglamentada en 2014, son parte de este recorrido, al que ya nos referimos en Ideas de Izquierda.

La trama del reluciente futuro petrolero argentino con el que se ilusiona buena parte del arco político y empresarial comenzó a tejerse en el Estado norteamericano de Texas en los años ‘90. Esta fue la cuna del primer boom de los hidrocarburos conocidos como no convencionales, aquellos que se obtienen de la roca de esquisto; el que cambió completamente el panorama energético de los EE. UU. reduciendo su dependencia de las importaciones de combustible. Es allí, entonces, donde se dirigieron Alejandro Bercovich y Alejandro Rebossio para iniciar su investigación. Vaca Muerta. El sueño de un boom petrolero argentino, es el resultado de más de 250 entrevistas realizadas durante los últimos dos años en EE. UU. y la Argentina.

Los autores conversaron con los pioneros texanos del desarrollo de la explotación no convencional –también conocida como fracking por el método de fractura de la roca en el que se basa–. Desfilan además por las páginas del libro los directivos –locales y globales– de las más importantes empresas petroleras internacionales, así como de la “recomprada” YPF S.A., y de las contratistas que intervienen en las distintas etapas del complejo proceso de la fractura de la roca y el tratamiento de desechos. Y también funcionarios de la administración norteamericana así como del gobierno nacional kirchnerista, de la Provincia de Neuquén y de la localidad de Añelo, epicentro de la explotación no convencional en la Argentina. Tienen su lugar también las voces críticas, que se oponen al fracking como tal, o a la manera en que este se está desarrollando bajo la lógica capitalista: organizaciones ambientalistas, poblaciones mapuches afectadas, trabajadores.

Esta multiplicidad de voces permite a los autores mostrar las variadas facetas que involucra el debate sobre las perspectivas de Vaca Muerta. Siguiendo las historias que hilvanan estos relatos, se desarrollan elementos para profundizar una serie de interrogantes. ¿Será la Argentina una próxima Arabia Saudita en menor escala, como se ilusionan desde la presidenta Cristina Fernández hasta el economista del PRO Federico Sturzenegger, o apenas deberá contentarse con recuperar el autoabastecimiento? ¿Plantea la explotación no convencional una amenaza al medio ambiente en escala mucho mayor a los hidrocarburos convencionales o estas preocupaciones son desechables como afirman los “expertos” del sector petrolero? ¿Cuáles son los costos sociales, en términos de desigualdad, que puede ocasionar –o ya está ocasionando– el boom petrolero en el sur argentino? Estas son algunas de las candentes cuestiones sobre las que los autores indagan, sin ofrecer respuestas acabadas. El propósito, como expresaron los autores conversando con quien escribe en La Izquierda Diario TV, es abrir estos debates, que el fervor por la renta petrolera –y las preocupaciones que ahora viene causando el descenso de los precios del barril de crudo– ha dejado en un lejano segundo plano. En las páginas de este libro los contrapuntos entre posturas muy disímiles se suceden en todos los capítulos. El lector tendrá así elementos para sopesar, y deberá tomar postura.

Las caras visibles de la llamada “revolución del shale” en los Estados Unidos, los “frackers” que el periodista Greg Zuckerman retrata en el libro que lleva ese nombre, fueron un conjunto de empresas medianas de las que surgieron nuevos magnates petroleros. Estos pioneros se abocaron a la explotación no convencional mientras las grandes compañías petroleras miraban a Medio Oriente, África en busca de recursos convencionales, o incursionaban en la explotación marítima (offshore). Sin embargo, como observó el exsecretario de Energía norteamericano Daniel Poneman ante el ministro de Economía argentino Axel Kicillof, fue en realidad la inversión estatal la que permitió el desarrollo de esta tecnología.

La explotación de Vaca Muerta, aún incipiente, ha tenido sin embargo un impacto aluvional en el epicentro de su desarrollo, la localidad de Añelo. Completamente desbordada, sin servicios de salud ni tendidos de agua y energía adecuados, esta geografía adquirió todos los visos de un campamento. La avidez por el desarrollo de los pozos no ha ido acompañado de una generación de infraestructura para una población que se ha multiplicado. Ni las petroleras ni el Estado neuquino –ni la Nación– han aportado. El contraste con Texas resulta en este plano notorio. Sin embargo, observan los autores, la asociación entre explotación petrolera e incremento de la desigualdad social –por los efectos que tiene el desarrollo del negocio sobre los precios de alimentos, alquileres, etc.– se repite en ambas latitudes, con sus diversas manifestaciones.

El debate sobre los efectos ambientales de la fractura hidráulica –fracking– ocupa en el libro un lugar destacado. Kent Bowker, geólogo que jugó desde la empresa Mitchell Energy un rol pionero en el desarrollo de esta explotación, reconoce impactos ambientales, pero rechaza que estos sean mayores a los de la explotación convencional. Pero la imagen que recorrió el mundo gracias a la película Gasland, de una canilla lanzando fuego, está entre los daños colaterales que este experto llega a admitir. A los riesgos incrementados de la fractura hidráulica, en el país se agregan otros detalles alarmantes. En primer lugar, que el personal responsable de inspeccionar los pozos en la Argentina, es alrededor de un 10 % del que disponen las agencias de control norteamericanas.

En el libro también dicen presente los protagonistas de las acciones realizadas en la capital de Neuquén en 2013, cuando fue tratado el convenio con Chevron, entre ellos el diputado ceramista del Frente de Izquierda, Raúl Godoy, que acaba de ser nuevamente electo para un nuevo mandato en la legislatura provincial. Se trata de uno de los pocos legisladores que se opusieron a la firma del convenio, que incluía cláusulas leoninas, que fueron luego incorporadas en la ley de hidrocarburos. Se trató del punto más álgido de la resistencia contra el fracking, que logró nuclear a un amplio arco de organizaciones sociales ambientalistas, sindicatos como el de los ceramistas neuquinos y docentes, y miembros de comunidades mapuches. Desde entonces, las petroleras redoblaron la ofensiva para desactivar la resistencia al fracking y, como lamentan algunos de los entrevistados en el libro –como la socióloga Maristella Svampa–, no fue posible organizar nuevas acciones de esa envergadura.

Todo el arco de los partidos patronales comparte el “consenso de los commodities”, sobre el cual no admite ningún debate. Vaca Muerta, por el contrario, expone todos los claroscuros de este negocio que podría cambiar la Argentina.

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