Reseña de Under the influence

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RESEÑA CASTELLA imagen

DE MORGAN NEVILLE (NETFLIX, SEPTIEMBRE 2015)

KEITH RICHARDS. EN EL NOMBRE DE LA MÚSICA (NEGRA)

 

FERNANDO CASTELLÁ

@CastelaFernando

Comité de redacción.

Número 24, octubre 2014.

 “No estoy envejeciendo, estoy evolucionando

Keith Richards.

 

El reciente documental estrenado por Netflix sobre la vida de Keith Richards tiene la estructura de un material dedicado a la promoción del último disco de la leyenda Stone, Crosseyed heart, editado en simultáneo el 18 de septiembre, 23 años después de su último trabajo como solista. La figura del músico y la propia dimensión de su extensa obra sobrepasaron la meramente publicitaria idea original, por lo que Under the influence terminó consolidándose como un documental que bucea en la historia de las influencias musicales del hombre que sigue representando el pulso y la marca registrada del sonido y la estética Stone, aquella marea rockera juvenil que, en los agitados ‘60, desde Inglaterra, fundaba una manera de hacer rock and roll que finalmente conquistaría el mundo.

Con el propio Richards como anfitrión y guía de todo el documental, entrevistado de a ratos por el reconocido crítico Anthony DeCurtis, los 80 minutos de duración transcurren como un homenaje permanente, generoso en respeto y admiración hacia el folk, la música country, el jazz y el blues, lo que, según Richards, constituye lo “verdaderamente importante” entre las cosas que “Norteamérica le ha dado al mundo”.

 

Arqueología musical

“Es un arqueólogo de la música, que insiste en la necesidad de información local; pero no sólo le interesan los orígenes de algo, sino cuáles son sus principios, sus propiedades”, arriesga Tom Waits, entrevistado especialmente para el documental. Algo de eso transmite constantemente el cofundador de la banda de rock más longeva de todos los tiempos, quien en diciembre cumplirá 72 años. Es que desde los tempranos años ‘60, cuando los discos de Chuck Berry y Muddy Waters captaban en su totalidad la fascinación disponible en Jagger y Richards, hasta la actualidad, el guitarrista no ha modificado un ápice su gusto musical, menos aún su absoluta admiración. El propio Crosseyed heart es, como él lo define, un disco anti-pop, tributo ortodoxo a Robert Johnson (el “abuelo del rock & roll”), Chuck Berry, Hank Williams o Gregory Isaacs.

De aquel joven londinense que tenía por único objetivo dar a conocer la música de Muddy Waters y Chuck Berry –“todavía me estoy recuperando de lo que produjo Chuck en mí” confiesa–, a la leyenda rocker que registra el documental, la esencia se ha mantenido incambiada. Aún se lo puede ver conmovido y estupefacto ante la música de los padres fundadores, imposibilitado de evitar la sonrisa inocente y fascinada que la infancia genera ante lo maravilloso.

A tal punto llevaron Richards y los Stones su admiración por la música negra norteamericana que, según su opinión, lograron un efecto que no tenían en mente y que trascendió el aspecto estrictamente musical: que la sociedad norteamericana volviera a su propia música, a la de sus raíces negras y populares, en el medio de la época oscura de segregación y racismo contra la comunidad negra. Así lo señala otro de los padres fundadores, Buddy Guy, quien aparece varias veces entrevistado en el documental, cuando le recuerda a Richards una anécdota emblemática: en la primera mitad de los años ‘60 el programa de televisión Shindig! en EE. UU. era de los pocos dedicados a la difusión de la música. La producción del programa quería que los Rolling Stones tocaran en vivo, pero los ascendentes músicos británicos pusieron una condición: que antes llevaran a Muddy Waters y a Howlin’ Wolf. Y así fue: Buddy Guy recuerda hoy que el acceso de los músicos negros a la televisión norteamericana, muy a contramano de la época, fue habilitada y condicionada por la estrella de esos jóvenes músicos blancos británicos en ascenso [1].

 

Ausencias

Under the influence es un documental hecho a la medida del protagonista y de la promoción de su último disco. En tanto tal, resulta condescendiente con algunos de los aspectos oscuros de la vida de Richards, aquellos que, en una carrera de más de medio siglo junto a los Rolling Stones, se encuentran sobre todo entre las intensas y furiosas décadas del ‘60 y ‘70: la muerte del joven afro-americano Meredith Hunter en 1969 a manos del grupo motoquero Hells Angels, contratado por los Stones para hacer de guardaespaldas y seguridad privada en el recital gratuito de Altamont, California; o la violenta relación con el Rolling Stone de la primera hora, Brian Jones, y la actitud de desprecio abierto ante su temprana muerte, forman parte de las ausencias del documental si bien es justo decir que el mismo está enfocado en la biografía musical de Richards, también es cierto que tiene alusiones a su biografía personal, respecto de la relación con su padre sobre todo.

 

Con la música como único centro

“He sido bendecido, y tocaré hasta que no pueda más. Es lo único que puedo hacer”. Con esa idea concluye Richards su recorrido. Musicalmente el documental ofrece una serie de novedades, entre las cuales sin duda sobresale la historia detrás de Street fighting man, aquella monocorde y furiosa canción de 1968, inspirada en, y dedicada a, el Mayo Francés que, descubrimos ahora, no tiene una sola guitarra eléctrica grabada, sino que lo que se escucha son guitarras acústicas aporreadas con violencia por Richards una sobre otra hasta lograr un sonido inigualable, modificado por la simple grabación en un radiograbador modelo 1967.

El hombre asegura que ya no es una estrella pop, y que no quiere serlo. Que tuvo el privilegio de estar en el lugar justo a en el momento exacto en el que la música country se fundía con el blues para dar nacimiento al rock and roll [2], experiencia que luego repitió en Jamaica, a principios de los ‘70, donde vivía cuando el reggae hizo su explosión de la mano de Gregory Isaacs, Jimmy Cliff y Bob Marley [3]. Su último disco comienza con una canción absolutamente rural, como si el mismísimo Robert Johnson se hubiera apoderado de Richards. Terminando ese primer track, se escucha a Richards decir “es todo lo que tengo para dar”. Quizás sea allí donde hay que buscar los motivos y deseos de uno de los más grandes músicos de rock, hoy una leyenda, esa que sigue colgándose de la cabeza vinchas, aros y calaveras como si el tiempo no hubiera pasado (“nunca terminás de madurar”, asegura), y que edita hoy un disco de 15 canciones que parece rendir homenaje a la idea de que el progreso es hacia atrás.

Evidentemente no era sólo rock and roll.



[1] Para profundizar acerca de la música negra norteamericana, su origen y legado, ver en IdZ 7: Fernando Aiziczon “Cosa de negros”.

[2] De ahí la experiencia de haber grabado en 1964 en el mítico Chess Records, en Chicago, donde grabaron todos los más importantes músicos de blues. Es el lugar en donde conocieron a Muddy Waters, con quien darían un concierto histórico en 1981, en un bar, el Checkerboard Lunch de Chicago, según Richards “lo más importante que me pasó en la vida”.

[3] Sobre los años en Jamaica, Richards reflexiona lúcida y ácidamente que “estaba de vuelta en los orígenes de algo grande, sentía lo mismo que en la época del rock and roll. Los jamaiquinos habían encontrado una voz, su voz. Me resultaba extremadamente natural, para nada forzado. En esa época yo estaba harto de la música rock, pero no del rock and roll. La música rock es la versión del hombre blanco, que la convirtió básicamente en una marcha. Discúlpenme, pero prefiero el roll”.

1 comment

  1. romy 21 octubre, 2015 at 16:23 Responder

    Fer te luciste con esta nota. Indicada y recomendada para cualquier seguidor de los stones.
    Como una de ellas, fue un placer leerlo!

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