Reseña de UNA SUERTE PEQUEÑA

0
Share Button

9789877380743

DE CLAUDIA PIÑEIRO (BUENOS AIRES, ALFAGUARA, 2015)

 

AZUL PICÓN

Comité de redacción.

Número 25, noviembre 2015.

 

Una mujer vuelve a Argentina luego de 20 años. Su nombre –hoy– es Mary Lohan, pero era Marilé Lauría cuando una tragedia la obligó a escapar. La excusa para su regreso es evaluar un colegio, el Saint Peter, que quiere asociarse con el Garlic Institute, institución donde ella trabaja en su “nueva vida” en Boston.

El motivo de la huida fue una tragedia en la que ella ¿tuvo? responsabilidad. Por lo menos eso siente y le hacen sentir quienes la rodean, un micromundo acomodado de Temperley, que concurre al prestigioso colegio inglés Saint Peter. Una comunidad alimentada por los prejuicios y la hipocresía, donde la mirada del otro juzga y la condena social se impone.

Marilé Lauría tenía hasta entonces una vida casi perfecta. Pero esa circunstancia trágica, esa situación límite, la obliga a tomar una decisión que actuará como una bisagra que separa su vida anterior de su nueva vida: irse. Irse es al mismo tiempo, su manera de castigarse: “Irse y seguir viviendo, ningún castigo podía ser peor”. “Peor que el suicidio, indudablemente peor. Un dolor sin fin, un dolor para siempre” (pp.169/170).

Claudia Piñeiro hace reflexionar profundamente a su protagonista. A modo de diario de viaje, (y por momentos a modo de carta), Mary Lohan irá contando su historia, develando qué la hizo huir y transmitiendo el profundo dolor por el que transita en primera persona, “Porque el dolor solo se puede contar así. El dolor, el desgarro, la huida, el partirse en mil pedazos que nunca volverán a unirse, la mirada lejana, el abandono, el abandonarse, las cicatrices, solo se pueden narrar en primera persona” (p.19). La autora logra que el lector se ponga en la piel de los personajes, de la protagonista, claro, pero también en la de personajes más oscuros y difíciles.

La culpa, la responsabilidad y el dolor –que atraviesan todo el libro–, acompañarán a Mary el resto de su vida. Ella tiene (tuvo) que aprender a vivir con ese dolor, como reflejan las palabras de Alice Munro que dan inicio al libro:

Este dolor agudo. Se hará crónico. Crónico significa que perdurará aunque tal vez no sea constante. También puede significar que no morirás de ello. No te librarás pero no te matará. No lo sentirás a cada minuto pero no permanecerás mucho tiempo sin que te haga una visita. Y aprenderás algunos trucos para mitigarlo o ahuyentarlo, tratando de no destruir aquello que tanto dolor te ha costado.

El “incidente” saca a la luz la soledad en la que Marilé se encuentra, a pesar de estar rodeada de gente. Dependerá de la amabilidad de los extraños, y de las suertes pequeñas, cotidianas, para ir rehaciendo su vida. “Así llegué hasta el lugar de donde me fui veinte años atrás. Gracias a la amabilidad de los extraños. Gracias a mi suerte, no aquella que decía mi madre, sino una pequeña suerte” (p.190).

La maternidad es un tema central en las reflexiones de Mary Lohan. ¿Eligió ser madre? ¿Qué pasa cuando una mujer no quiere tener hijos? Cuando una es madre, ¿tiene que saber cómo debe ser? ¿Se aprende? La protagonista se pregunta y cuestiona la maternidad como mandato social impuesto a las mujeres, que ella misma aceptó como natural, en un círculo social donde era “la mujer de” y “la madre de”. Las reflexiones sobre la maternidad –eso que no sabe si eligió, pero que se convirtió en el centro de su vida– están inevitablemente atravesadas por la relación con su propia madre y el que ella cree su destino: “Se confirmaba aquello a lo que siempre supe que estaba condenada: no podía ser una buena madre, no estaba programada para eso, no, no sabía cómo serlo, había venido fallada”(p. 165).

Es Robert, el vínculo sanador que le ayuda a rearmar su vida, quien le deja encomendada –antes de fallecer–, la tarea de volver al lugar del que escapó. Volver, reencontrarse con los lugares y los actores que fueron parte de su pasado y de su drama, es un paso difícil, pero imprescindible para recomponer su vida y pensar –por primera vez en muchos años– en el futuro.

Con personajes profundos y reflexiones agudas sobre grandes temas como el dolor, la maternidad, el amor, el abandono, la soledad, el desgarro y también sobre las cosas más pequeñas, triviales y cotidianas, Claudia Piñeiro logra conmover y atrapar con un libro, que sin ser un policial, mantiene el suspenso y la tensión dramática durante toda la obra, llevando a los personajes a situaciones límites combinando intriga y reflexión.

No comments

Te puede interesar

Soviet, electricidad y cine

LA REVOLUCIÓN DEL LENGUAJE CINEMATOGRÁFICO EN LA RUSIA DE LOS ‘20 - VIOLETA BRUCK Y JAVIER GABINO - Número 41, noviembre 2017 - Lenin caracterizó ...