Reseña de THE FALL

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de Allan Cubbit

CELESTE MURILLO

Número 13, septiembre 2014.

En esta miniserie británica de 5 capítulos, un asesino de mujeres ataca en Belfast (Irlanda del Norte), y la policía decide convocar a la especialista de la Policía Metropolitana de Londres, Stella Gibson (Gillian Anderson). El atractivo de The Fall está en sus personajes y la dinámica de la investigación. Y aunque es un policial y hay un misterio a resolver, desde el primer momento sabemos quién es el asesino. Como suele pasar en los policiales negros, el quién pasa a segundo plano y entran en juego el cómo, el dónde y, sobre todo, el por qué1.

El contexto político de Belfast aparece desde la llegada de Gibson, al pasar por uno de los tantos retenes militares de la ciudad. Esto se refuerza con el personaje de Jim Burns (John Lynch), un alto funcionario de la policía, opaco, incómodo y escéptico, pero que se mueve como pez en el agua en el entramado político institucional. Es quien le recuerda todo el tiempo a Stella Gibson que está en Belfast, donde “todo es político”, ante los interrogantes y solicitudes imposibles de la londinense. Como decíamos al comienzo, la serie empieza mostrándonos al asesino. Paul Spector (Jamie Dornan) parece un tipo normal, pero es un asesino hecho y derecho, sin justificaciones ni atenuantes. No es el típico psicópata estigmatizado, no es una sombra solitaria en la noche. Todo lo contrario, es psicólogo y trabaja como asistente social. Está casado y es padre de familia, come sano, hace ejercicio y cuida a sus hijos. Es meticuloso, paciente y sabe exactamente lo que hace.

Cabe destacar el perfil de sus víctimas: mujeres de treinta y pico, profesionales y económicamente independientes. Un perfil que coincide con el mensaje disciplinador de la violencia contra las mujeres y los femicidios: las que se salen del control que establece esa serie de reglas morales y sociales que es el patriarcado. La que anda sola (sin varones), la que no cumple la premisa del recato moral (por su vestimenta o su conducta) o la que no depende del varón (sexual, sentimental o económicamente). Esto no está expresado en términos ideológicos, pero está presente en la motivación del asesino. Y también aparece en la policía, en la forma en la que habla de las víctimas y cómo las presenta en los medios. En uno de los capítulos Stella dice:

 

No nos refiramos a ellas como inocentes… ¿y si la próxima que mata es una prostituta o una mujer que vuelve borracha a su casa a la noche en minifalda? ¿Serán menos inocentes por algún motivo, y entonces sus muertes menos dignas de investigación? ¿Culpables? A los medios les encanta dividir a las mujeres entre vírgenes y provocativas, entre ángeles y putas. No los alentemos.

 

Esto habla de la protagonista, y destaca un rasgo que la distingue de otros protagonistas de policial negro: su identificación con las con las víctimas es más ideológica, menos empática.

Sin duda, el pilar de The Fall es la detective Stella Gibson. Una mujer fuerte e independiente, que no ocupa un puesto de partenaire, una tendencia en ascenso en las series y la literatura policial. Y una de las cosas que distingue a Gibson es que no cae en la frecuente deriva de los personajes femeninos.

Es bastante común que los personajes femeninos se presenten mediante dos clases de estereotipos: los que reproducen los roles tradicionales patriarcales (virgen, esposa, madre), o los que reproducen los prejuicios sobre las mujeres que no cumplen esos mandatos (frías, calculadoras, sin sentimientos, con un perfil “masculino”). Stella es una obsesiva de su trabajo y es claro que se ha dedicado a su carrera, pero es una mujer como cualquier otra, tiene amigas y colegas, y se ocupa de todo en su vida (incluso de los detalles cotidianos como limpiar su departamento o preparar la comida). Este perfil no estereotipado se refuerza con el hecho de que tiene una vida sexual abierta, y choca con los prejuicios de sus colegas y superiores varones, lo que genera más de un encontronazo.

Una de las escenas que abre la serie “presenta” a Gibson de una forma peculiar, y nos da algunas pistas del personaje. En la escena está en pijama, limpiando el baño; la acción muestra su perfil obsesivo (algo que sospechamos de cualquier detective), y a la vez la despoja de cualquier de genialidad o superioridad; es simplemente un ser humano. Pero la acción elegida habla además de un universo femenino, cada vez más presente en el policial. La misma persona que arregla su departamento (aplicando un “mutiltask” típicamente femenino de limpiar y maquillarse al mismo tiempo) aparece más tarde encabezando la investigación (y decimos universo femenino porque, ¿cuántas veces vimos a protagonistas masculinos limpiando su baño antes de ir al trabajo?).

The Fall va más allá, se involucra en la sexualidad de Gibson, y vuelve cumplir: no pierde el tiempo con historias románticas (el único terreno “permitido” para la sexualidad femenina, además del reproductivo), y sube la apuesta al cuestionar explícitamente (en boca de Stella) los prejuicios sobre su sexualidad, en medio de una conversación sobre su relación con un colega.

 

Ah, eso es lo que realmente les molesta, ¿no? Que sea solo sexo. Si un hombre coge con una mujer: hombre sujeto, verbo coger, mujer objeto, está bien. Pero mujer coge con hombre: mujer sujeto, hombre objeto. Eso no es tan cómodo para ustedes, ¿no?

 

La presencia femenina es cada vez más notoria en los policiales. En literatura, son cada vez más las detectives, periodistas e investigadoras, pero fue Lisbeth Salander (de Stieg Larsson) la que marcó las rupturas más importantes y expresa muy bien la transición de mujeres-víctimas a mujeres-protagonistas. Porque Lisbeth es una vícitma que se niega a serlo y toma el toro por las astas, en un proceso plagado de obstáculos y sufrimientos.

En las series sucede algo similar: las mujeres ya no son solo víctimas o asistentes meticulosas y avispadas. En The Killing, Sarah Linden (Mireille Enos) lidera el equipo que investiga los asesinatos en Seattle. En The Bridge, Sonya Cross (Diane Kruger) está a la par de su colega mexicano en la investigación del asesino de mujeres. Y en Top of the lake la detective Robin Griffin (Elizabeth Moss) investiga la desaparición de una chica de 12 años embarazada. Pero en estos casos, las protagonistas son personas atormentadas, sus vidas están opacadas en la historia, y en los tres casos el tratamiento de la sexualidad es negativo: está ausente, es patológico o es un problema.

En The Fall el tratamiento es opuesto, la sexualidad es uno de los perfiles que le dan fortaleza al personaje, son parte de su independencia. La sexualidad atraviesa toda la serie y se la presenta como parte de la vida, está presente en la vida del asesino (en la “normal” y en la otra), y también en la de Gibson.

The Fall termina su primera temporada cerrando un círculo, no tanto sobre el sospechoso, sino sobre la propia Gibson, que encarna ella misma el sujeto que obsesiona al asesino.

 

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1. “Novela negra: mentiras verdaderas”, IdZ 12, 2014.

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